CUARTA PARTE
No me malinterpretes, estoy encantada de que esté muerto.
Estoy encantada con la idea. La prisión está muy bien y todo eso, pero no me hubiera gustado quedarme aquí tirada, pensando en ese tipo escribiendo la historia de su vida, creyéndose el jodido dueño del mundo, probablemente en libertad antes de cumplir los cincuenta. O interno en algún hospital, convenciendo a todo el mundo de que está chiflado, mientras se pasea tranquilamente sobre cómodas zapatillas, construyendo maquetas de aviones y recordando a las mujeres que mató.
Recordando lo que me hizo.
A la mierda con eso. Prefiero que esté muerto. Si alguna vez me pudieran sacar a dar un paseo durante el día, llevándome a donde quisiera en una furgoneta especial, les pediría que me llevaran a ver su tumba. Obviamente, bailar sobre ella no iba a ser una opción válida, pero me conformaría con que me dejaran echada sobre ella. Que me colocasen sobre él, con la cara pegada a la lápida, pensando cosas terribles que se filtrarían por la tierra y corromperían su ataúd como el ácido.
Me alegro de que esté muerto. Tieso y rígido, como yo.
No, no como yo. Él no araña desesperadamente la tapa del ataúd, ¿no es cierto? No se destroza los dedos intentando salir de ahí. No le alimentan. No le limpian. No respiran por él.
A propósito, no hay cambios. No respondo a los antibióticos y no hay posibilidad de que me retiren la ventilación asistida en un futuro próximo. Aparentemente, la neumonía de los pulmones se ha visto complicada por una infección. Virus y hongos. Como si me hubiera convertido en un jodido invernadero.
Lo que realmente no puedo digerir es que fue su elección.
Eligió esto por mí y eligió la muerte para él.
¿Sabes lo más irónico de todo? En realidad soy una persona muerta muy positiva. De verdad, lo soy. Puede que no te lo creas y sé que he tenido algunos altibajos, pero no me puedes culpar por eso. Prueba a hacer lo siguiente: túmbate de espaldas y fija la vista en el techo hasta que te lloren los ojos e imagínatelo. Imagínate estar medio vivo, medio muerto, sin que las dos partes se pongan de acuerdo. Anulándote por completo.
No es fácil estar feliz siempre.
Soy una persona positiva. Pero desde que estoy aquí echada, he dejado de pensar en mí como en una persona. Ni siquiera en una persona solitaria, sin nadie a su alrededor. No sentiría autocompasión por eso, si ese fuera el caso, pero no me siento así. Me siento como una pieza de museo.
Me siento como la criatura que él creó.
No creo en Dios ni en nada parecido desde entonces. Lo siento, pero ya no. Creo en las cosas como son. En como soy yo. Creo en la capacidad de la gente de hacer cosas terribles, como las que él hizo y creo que también hay alguna gente capaz de hacer el bien.
Me gustaría hacer el bien. Me gustaría hacer algo.
Mucha gente no tiene elección acerca de muchas cosas. No eligen ser infelices, o pobres y no eligen perder algún hijo o contraer cáncer. Pero así es la vida, ¿no es cierto? Es como una lotería. Es así para todos nosotros. Pero él eligió matar a la gente y eligió hacerme esto a mí; arrebatarme mi vida y darme la que decidió que debía tener; entonces, cuando estuvo preparado, eligió la forma de su propia muerte.
Anne vuelve al trabajo la semana que viene, creo. Tenemos que hablar.
No puedo hacer mucho, pero también puedo elegir. Quiero poder decir algo.
No quiero dejarle ganar.