SEGUNDA PARTE

EL JUEGO

No he hablado con Anne en los dos últimos días. Ya sabéis, no me refiero a hablar en sentido literal. Bueno, dejemos esto claro. Quizá estoy presentando estas conversaciones como juergas con muchas bromas, plagadas de interesantes chismes y de chistes desternillantes. No seamos ilusos. Básicamente, ella habla sin parar y yo parpadeo ocasionalmente. No me malinterpretéis, esos parpadeos son pura dinamita, pero no creo que aún sea una buena candidata para asistir a un programa de entrevistas.

Probablemente, esté pasando conmigo todo el tiempo libre que le dejen su dócil policía y su dura cachiporra. Podría hacer muchos más chistes con el contenido de sus relatos y con el casco del policía, pero tengo demasiada clase como para eso.

Tengo la cabeza llena de chistes picantes, pero bueno, ¿qué otra cosa puedo hacer? Tengo un montón de tiempo en mis manos y no estoy agobiada por el exceso de trabajo, ¿no es cierto?

Ni siquiera puedo suicidarme. ¡Es un chiste!

Ojalá no hubiera perdido la fe en mí. Me refiero a Anne. No estoy colaborando en que los médicos vayan correteando de un lado para otro hablando de los milagros de la medicina. Eso ya lo sé. Hay días en los que me siento tan entera que es como si estuviese sujeta con chinchetas o agujas o algo así; y tan pronto como se caigan, podré levantarme, vestirme y salir a por Tim.

Pero también hay otros días.

Solía hacer esto hace años, cuando estaba en la cama e intentaba pensar en un color nuevo con todas mis fuerzas; uno que no existía o un sonido completamente nuevo que nadie hubiera oído antes. Creo que leí algo sobre eso en una estúpida revista de mujeres que trataba de la paz interior y chorradas de esas. Es algo bastante raro. Te sientes algo confundida al principio y terminas sintiéndote un poco borracha. Ahora siento algo bastante parecido. A veces, me tumbaba boca arriba y me quedaba mirando al techo durante horas y trataba de convencerme de que era el suelo. Si te concentras mucho, puedes llegar a hacerlo y comienzas a agarrarte a los lados de la cama, por si te caes. Aquí pasa lo mismo, sólo que esto es para siempre. Y no me puedo sujetar a los lados de la puta cama, ¿verdad?

Me caigo...