BERNARDINO DE MENDOZA A JUAN DE IDIÁQUEZ
3 de abril de 1588
No soy de opinión que nuestros barcos vayan a los puertos de Flandes, que son de poco calado. El desembarco en Inglaterra debe intentarlo primero solo el ejército que va en la Armada. El duque de Parma debe entretanto engrosar su ejército de Flandes y pasar luego parte de él a Inglaterra por donde pueda y si es preciso por Escocia. Para facilitar su asalto, recojo algunas ideas que considero de mucho aviso y provecho para ser tenidas en cuenta.
En un discurso de cosas tocantes al reino de Inglaterra y estados de Flandes que di al rey en El Escorial, y de las causas que obligaban a su majestad para conquistar aquel reino, ya dije que, para ejecutarse la empresa, se había de engrosar más el ejército de Flandes, para hacer frente a los ataques que podrían venir de Francia y Alemania, y formar otro tal en España. La mayor dificultad que existía —señalé— era el medio de juntar estos dos ejércitos y unir las fuerzas de ambos dentro de Inglaterra.
Dícese generalmente que el ejército de Flandes es poderoso y que el duque de Parma que lo gobierna tiene prevenidos en Dunkerque, Nieuwpoort y La Esclusa muchos bajeles pequeños, aunque suficientes para pasar gente en aquella travesía, que es harto corta, pero no debe acometer por sí solo la empresa, por no desamparar Flandes.
También se sabe de la Gran Armada que su majestad tiene en Lisboa, y que los galeones que vinieron de las Indias se pertrechan a toda prisa en el puerto de Sanlúcar de Barrameda, y están preparados para embarcarse más de doce mil infantes españoles, pero sin caballería; de donde es posible deducir que, por sí solos, tampoco acometerán la invasión.
De lo que he referido se puede entender también que la Armada irá a la vuelta de Flandes hasta ponerse entre los dos bancos de Goodwin Sands y Motrica, para recibir allí los navíos, gente y caballería del ejército del duque de Parma.
Pero si la Armada se sitúa en el paraje de los bancos, como he dicho, correrá harto peligro con mar revuelto, porque no tendrá puerto adonde recogerse, ni otro reparo que los ajustes y anclas que llevaren, y aunque el ser verano mitigará el mal tiempo, el mar allí es tal, que aun las zonas de calma fuera de las corrientes suelen ser tormentosas.
Y aun cuando el mar y los temporales sean apacibles, se me ocurren otras dos dificultades considerables: una es, que si acometemos a Inglaterra por aquella parte, tendrán los enemigos allí prevenidas todas las fuerzas del mar y tierra, y procurarán de hacer dura resistencia, de suerte que será muy dificultoso el desembarco; la otra es, que aun cuando el ejército de Parma logre desembarcar sin daño y se atrinchere en tierra, pueden los enemigos retirar los bastimentos de la comarca invadida, por lo que considero forzoso no apartarse mucho de la ribera del mar, para que la Armada pueda abastecer a nuestros soldados, aunque también esta padecerá la misma necesidad si no es socorrida desde Flandes, ya que el socorro de España queda lejísimos y resulta muy peligroso por las naves enemigas que aguardan para hacer presa en nuestros barcos.
Si el enemigo tuviese tan poderosa armada como para enfrentarse a la de su majestad, y la esperase a la entrada del Canal entre Francia e Inglaterra, tendré por muy acertado que se acometa por la Cambria y se vaya derecho al puerto de Milfort, que casi hace frente con Irlanda y está en el mismo mar fuera del Canal; porque esa provincia es más abundante de grano que las otras de Inglaterra, la gente más allegada a nuestra religión, y en ella está el origen de la lengua británica.
Este puerto de Milfort es de los mejores de Inglaterra y puede recibir dentro mucha más armada que la que puede ir de España; pero hay que ocuparlo antes de que llegue el invierno, porque está metido en la gran ensenada que hace la manga de Bristol y la costa de Irlanda de la banda del sur.
Si la armada del enemigo no fuera tan poderosa como para atreverse a enfrentar a la de su majestad tendré por mejor que se acometa por la provincia de Cornualles, que es un girón de tierra que se contiene entre la manga de Bristol y el canal de Flandes, y viene a hacer punta en las islas Sorlingas, que están ya fuera en la Mar Océana a la banda de España, y que el desembarco sea por el puerto de Portland, que es abierto y puede caber toda nuestra armada en él, y permite desembarcar el ejército aunque hubiera muchos enemigos a la defensa.
Otros muchos puertos hay en aquella provincia, pero de mi parecer debe elegirse ya este, porque por él se puede hacer mejor la travesía hasta Bristol; y al estar situado entre dos mares, enfrentar a la gente que cargase sobre él desde la parte de Londres.
He querido referir aquí mi parecer en este particular por si pudiera servir de alguna advertencia, con celo del bien universal de la Iglesia católica y del servicio del rey nuestro señor, y porque se sabe que los mayores capitanes que ha habido en el mundo, en ocasiones gravísimas, como ahora, consideraban mejor el criterio de algunos soldados veteranos de sus ejércitos que el de sus consejeros de guerra.
En realidad, percibo la situación enredada y confusa, por lo que deberemos seguir trabajando y confiando en Dios. Que Él nos salve.