Anotaciones personales

UNA esclava me trae vino del Mediterráneo. Sus ojos verdinegros me miran mientras bebo. Ella sirve con delicadeza el jugo en una de las copas de oro. Anoche la invité a beber el vino, pero bajó los ojos, se tapó la boca con la mano derecha y se marchó riendo. No he rozado a una mujer desde hace años. Había muerto mi deseo desde mi tragedia. Pero justo ahora mi cuerpo siente una emoción que parece nueva. Mi pene, mi piel, sienten su presencia. Laya.