Yo, el cronista

Divinidades envidiosas

VOSOTROS, que os decís hijos de los dioses, sabed que los hombres somos mortales, no os confundáis con las divinidades, porque aquellos que les retan y se enfrentan a su poder, aquellos que se vanaglorian de la victoria, un día u otro tendrán que cruzar el abismo. Yo, descendiente de escitas, de Anacarsis, observo y escribo lo que acontece en este palacio de Susa, bajo la orden de mi señor, el rey de los persas. Con la humildad que debemos a los dioses y el deber a mi rey, me enfrento al consuelo de la página en blanco. Lejos del ruido, de la maldad de fuera, contaré en el silencio una historia verdadera.