Capítulo 21
Una vez más, con sentimiento: Tempo, dinámica y orquestación
En este capítulo
La
dinámica, o cómo saber si hay que tocar fuerte o suave
Cómo
indica el compositor si su música es rápida o lenta
La
orquestación, el arte de poner todos los instrumentos en la
partitura
Si has leído hasta aquí, estás todavía despierto y no te has ido a hacer cualquier cosa más placentera, entonces has sentido en carne propia los problemas a los que se enfrentan los compositores para escribir sus obras maestras. Se sumergen al detalle en notas, ritmos, alturas, compases, sostenidos, bemoles, tonalidades y todo eso que te hemos explicado en los capítulos precedentes de esta parte. Sin embargo, cuando se ejecuta la obra, a pesar de todos esos pormenores, puede sonar diferente de como la imaginó el compositor. El director y los músicos que la interpretan pueden lograr que suene mejor, o peor.
La música es un arte que exige la colaboración de muchas personas, a no ser que el compositor sea el propio intérprete de su obra y que ésta esté escrita para un único instrumento. Exceptuando ese caso, el compositor es sólo un eslabón de la cadena que va desde la partitura original hasta tus oídos. El teatro y el cine son similares en esto a la música. Una buena historia no garantiza un película excelente, porque puede haber una mala dirección y una peor actuación. La diferencia radica, por supuesto, en que un guionista cinematográfico gana sus honorarios de todos modos, mientras que hasta los más grandes compositores tuvieron que luchar lo indecible para conseguir cubrir el pago mínimo de sus tarjetas de crédito, noble tradición que se conserva hasta hoy.
En este capítulo vamos a explicar las razones por las cuales una composición puede sonar completamente diferente, dependiendo de quienes la interpreten. Leerás en esta parte sobre varias cualidades intangibles de la música que no pueden especificarse con precisión sino cuando se interpretan.
El dúo dinámico: fuerte y suave
La dinámica se refiere a los niveles de volumen del sonido, desde el débil hasta el fuerte, pasando por toda la gradación intermedia. La mayoría de los compositores especifica exactamente el nivel de sonido con que debe tocarse cada sección de una obra musical, mediante el empleo de símbolos especiales llamados precisamente signos de dinámica, que se colocan bajo la parte musical a la que se refieren.
La comprensión de los diversos signos de dinámica no es, por fortuna, difícil. Las dos letras importantes que hay que conocer son la p y la f, que son las iniciales de las palabras italianas piano y forte, “suave” y “fuerte”. Cualquiera de estas letras puede modificarse añadiendo la letra m, que significa “medio” (mezzo, como ya sabes de las mezzosopranos, siempre en medio de las sopranos y las contraltos). Los compositores emplean estas letras en combinaciones diversas, como las que se muestran en la tabla 21-1.
Tabla 21-1: Los signos dinámicos desenmascarados. |
||
Signo |
Significado |
Símbolo para |
ppp |
Increíblemente suave |
pianississimo |
pp |
Muy suave |
pianissimo |
p |
Suave |
piano |
mp |
Medio suave |
mezzopiano |
mf |
Medio fuerte (normal) |
mezzoforte |
f |
Fuerte |
forte |
ff |
Muy fuerte |
fortissimo |
fff |
Increíblemente fuerte |
fortississimo |
ffff |
Ensordecedor |
Como muchos otros estudiantes de música, te preguntarás la razón por la que se usan estas pretenciosas palabras italianas. ¿Por qué no emplear sencillamente los signos s por “suave”, m por “medio” y f por “fuerte”?
Pues porque así lo entenderían los músicos de expresión castellana, pero no un violonchelista alemán o japonés. Mientras que el clarinetista español que se enfrentara a la obra de un compositor eslovaco (que los hay, y muy buenos) se encontraría en la partitura indicaciones como m (de mäkké, suave), p (de polovica, medio) y s (silné, fuerte). O sea, ¡todo diferente!
Por
tanto, y dado que fueron los italianos los más diligentes en esto
de trabajar la terminología musical, con muy buen criterio se ha
optado por usar unos términos que sean comprensibles para todos los
músicos, sin importar su lugar de procedencia. Y son esos nombres
italianos los que se usan desde entonces.
Horquillas italianas
La
belleza de la ejecución musical en vivo consiste, por supuesto, en
que no siempre la música pasa abruptamente de un nivel dinámico a
otro. Muy a menudo hay un flujo y reflujo en el volumen, a medida
que la emoción y la energía se apoderan de los ejecutantes. Observa
los cambios del medidor de volumen en el estéreo de tu automóvil y
comprenderás lo que queremos decir.
Un compositor no puede especificar realmente la emoción y la energía, pero puede informar a los ejecutantes que le gustaría un cambio gradual de suave a fuerte, por ejemplo. Para indicarlo escribe una especie de larga V acostada entre los dos signos, de la siguiente manera:
Este
símbolo, cuyo significado implica ir aumentando gradualmente la
intensidad mientras se toca, se denomina crescendo. Dicho
término musical, como otros que han ido apareciendo en este libro,
ha sido tomado por cooptación en otras formas artísticas por
algunos celosos oportunistas. En un artículo sobre deportes, por
ejemplo, se habla de “un crescendo de energía”; en las
revistas de cocina se menciona “un crescendo de aromas”, y
apostaríamos a que en algún boletín de la industria hotelera leímos
una vez la frase “un crescendo de artículos de
tocador”.
Puedes escuchar algunos poderosos efectos de crescendo en
los audios de este libro que encontrarás en la web www.paradummies.es. El último movimiento de la
Sinfonía n.o 6
“Patética” de Chaikovski (pista 7) está lleno de ellos.
Escucha en 0:37 y presta atención especial al largo
crescendo que comienza en 6:57.
El símbolo opuesto, que significa ir disminuyendo gradualmente la intensidad, se denomina decrescendo o diminuendo y el símbolo en cuestión es así:
Resulta interesante anotar que la palabra horquilla tiene un significado real y específico en los círculos musicales. Significa un crescendo seguido de un diminuendo, como se indica:
Por otra parte, un diminuendo seguido de un crescendo (un pajarraco dinámico algo raro) no tiene un nombre especial. Nos permitimos sugerir cepillo de dientes.
Cuestión de matices
Si el compositor escribe en la partitura indicaciones tan elaboradas como “¡Ahora fuerte!” o “¡Más suave!”, ¿cómo es que la música no suena siempre igual, independientemente de los ejecutantes?
La respuesta es que nadie puede decir cómo de fuerte hay que tocar cuando se lee la palabra “fuerte”. El público de un concierto de música rock tiene con seguridad un umbral de lo “demasiado fuerte” diferente del de los aficionados a la música clásica. Y aun entre éstos, el grado de lo que entienden por fuerte o suave, o la noción de la transición entre matices diferentes, puede variar incluso de una noche a la siguiente.
Una cosa más, que debe quedar entre nosotros. Si se examina de cerca el asunto, se verá que ciertos directores e intérpretes que conocemos ignoran, a veces deliberadamente, determinados signos dinámicos e introducen sus propios matices. Si piensan que la música sonaría más estimulante y apasionada, o de cierto modo impresionante, con una interpretación diferente de la dinámica, modifican esta última. Los compositores de música clásica se quejan rara vez si se ignoran sus indicaciones acerca de los matices, pero es que cuando esto sucede suelen estar ya muertos.
Rabietas por el tempo
Los compositores escriben en la partitura no sólo los signos que indican cuán fuerte o débil desean que se toque, sino también aquellos que denotan la rapidez a la cual quieren que se ejecute su música. La velocidad de una obra se puede indicar de muchas maneras. En la tabla 21-2 se especifican algunas de las indicaciones de tempo más frecuentes.
Tabla 21-2: Indicaciones de tempo con su explicación. |
|
Marca |
Significado |
Adagio |
Descansado, lento |
Lento |
Lentamente |
Largo |
Amplio, sin prisa, en estilo digno |
Larghetto |
Diminutivo de largo, menos amplio |
Moderato |
Moderado |
Andante |
A la velocidad de una marcha |
Andantino |
Un poco más rápido que el anterior |
Allegretto |
Bastante animado |
Allegro |
Rápido, vivaz |
Presto |
Rápido |
Prestissimo |
Muy rápido, como si te persiguiera la policía |
A
propósito, la indicación del tempo suele incluir
expresiones que indican el carácter de la música, además
de su velocidad. Por ejemplo, “con vigor”, o “violentamente”, o
“con petulancia”, o “con brío”. Sólo en el caso de composiciones
más modernas es posible que encuentres indicaciones digamos más
excéntricas, como Furioso mortifero, Burlesco
rustico o Agitato orribilmente. ¡Y no es broma! El
compositor danés Rued Langgaard gastaba de esta inventiva a la hora
de nombrar las secciones de sus cuartetos de cuerda. ¡Imagínate
cómo es su música!
El compositor puede agregar, además de la indicación del tempo y a manera de bonificación adicional, una señal metronómica para especificar con exactitud la velocidad de la música. En el capítulo 10 puedes leer más acerca de estas señales y sobre cómo son ignoradas.
De los trombones a los heckelfonos: la orquestación como algo fácil
Además de la intensidad y la velocidad, otro factor importante para determinar cómo suena la música es la clase de instrumento en que se ejecuta.
Pensando en los timbres
La orquestación es el arte de asignar todas las notas de una obra musical a los diferentes instrumentos de la orquesta. Esta distribución puede cambiar por completo el efecto que la música produce en el oyente. Las mismas notas, que suenan nasales y penetrantes en un oboe, pueden sonar suaves y agradables en una flauta. Si multiplicamos estas mutaciones por las treinta clases diferentes de instrumentos que forman la orquesta estándar, tendremos una idea de las inmensas posibilidades que tiene a su disposición el compositor.
¿Cómo se indica la orquestación?
Para realizar la orquestación se escribe la parte de cada ejecutante en una gran hoja de papel pautado, cuya apariencia se muestra en la figura 21-1.
La música para el flautista se escribe en el pentagrama superior; lo que el oboísta toca en forma simultánea se escribe en el pentagrama siguiente; la música para los clarinetistas viene debajo de la anterior, y así sucesivamente hasta completar la página. La orquestación es un acto difícil, porque uno no puede correr al piano para descubrir la sonoridad de lo que acaba de escribir. Hay que imaginar la obra, y oírla en el cerebro, por lo menos hasta el día del primer ensayo con los músicos que van a interpretarla. Aunque también es verdad que hoy los ordenadores ayudan bastante a los compositores a hacerse una idea de cómo suenan los sonidos que su cerebro ha imaginado...
¿Quién es el orquestador?
En el
mundo de la música clásica, por lo general es el propio compositor,
un ser orgulloso que considera que la orquestación es un rasgo tan
característico de su estilo como puedan serlo sus melodías o
ritmos. De hecho, hay compositores que se reconocen de inmediato
por su manera de orquestar. Son los casos de
Wolfgang Amadeus Mozart, que siempre tiene una sensibilidad
especial para destacar las maderas, y de Ludwig Van Beethoven, que
concedió un relieve nuevo a los metales, sin olvidar a auténticos
magos de la orquesta como Hector Berlioz, Nikolái Rimski-Kórsakov,
Claude Debussy, Maurice Ravel o Ígor Stravinski, capaces de
arrancar sonoridades nuevas a los instrumentos de siempre que
encantan y arrebatan el oído.
La cosa cambia en el mundo del cine. Hay excepciones como John Williams, el autor de éxitos como Tiburón, La guerra de las galaxias, Indiana Jones, La lista de Schindler o Lincoln, que siempre orquesta y dirige la música que compone. Pero, por regla general, y dada la premura de tiempo en este ámbito, el compositor entrega la composición al piano y como mucho realiza alguna indicación de la instrumentación, y es otra u otras personas las que realizan la orquestación. Y lo mismo puede decirse del mundo teatral de Broadway: el compositor no es nunca el orquestador; escribe la melodía y quizá la parte del piano, pero para realizar la orquestación contratan a otra persona.
Figura 21-1: Página de una partitura de orquesta en la que se indica lo que toca cada instrumento.
Si deseas saber más sobre los instrumentos que constituyen la paleta sonora del orquestador, consulta la parte III de este libro. Por ahora, recuerda que cuando escuchas una obra de música clásica, está oyendo la representación de un inmenso trabajo por parte del compositor. Se trata de melodías y armonías que suenan gracias a un grupo de instrumentos cuidadosamente escogido.
En
caso de que estés perplejo por el título de esta sección,
cerraremos esta parte diciéndote que un heckelfón es un oboe bajo.
A los trombones ya los conoces.