Capítulo 1
¡Entra con decisión en el campo de la música clásica!
En este capítulo
En qué
consiste lo maravilloso de la música clásica
Cómo
encontrar lo que te gusta en la inmensidad del repertorio
Los
siete hábitos de los grandes compositores
El mundo de la música clásica es un lugar en el que reina el idealismo, en el que el bien vence al mal y el amor todo lo conquista, en el que tú siempre tienes una segunda oportunidad y todo termina bien, en el que se puede repicar y estar al mismo tiempo en misa.
La música clásica es una de las pocas artes vivas. Continúa existiendo al ser constantemente recreada, en vivo, frente a la audiencia. La música clásica te envuelve en tiempo real y renace delante de ti, lo que no ocurre con las artes visuales. Y, al contrario que la literatura y el teatro, puede ser comprendida por hablantes de cualquier idioma, o de ninguno.
Y por si todo ello fuera poco, a la música clásica se llega por el goce puro, en busca de consuelo, exaltación o trascendencia espiritual. Y si sigues nuestras sugerencias, por menos dinero del que crees.
¿Qué es la música clásica?
Pero empecemos por el principio, por la misma definición de música clásica. En lo que atañe a este libro, la música clásica es aquella compuesta en el hemisferio occidental en los últimos cuatrocientos años (sin incluir la música popular reciente ni la música folclórica). Es la música compuesta, en general, para instrumentos o voces, tanto da si a solo o en distintas combinaciones.
Hasta
épocas muy recientes (por lo menos en términos geológicos) la gente
no hacía distinción alguna entre música, “popular” y música
“clásica”. En los siglos XVII y XVIII
todo era música y a la gente le gustaba. Iban al estreno de una
sinfonía, ópera, concierto o ciclo de canciones como asisten hoy a
un concierto de rock: para divertirse. Animados por la expectativa
de ver a las estrellas famosas, oír sus melodías favoritas o
charlar con los amigos, se vestían informalmente, llevaban comida y
bebida, y aplaudían durante el espectáculo si les parecía bueno. La
música clásica era popular. Y “contemporánea”, al menos en el
sentido de que lo que se escuchaba eran obras de la época, nada de
cosas del pasado. De ahí que muchos compositores tuvieran que
afrontar jornadas de trabajo agotadoras y escribir prácticamente
una ópera nueva cada dos semanas...
El hecho es que la música clásica sigue siendo tan divertida como siempre. Pero ahora se ha vuelto mucho menos habitual. Eso es todo. Esta forma de arte se convierte en algo maravillosamente entretenido cuando uno se familiariza con ella.
¿Cómo sé que me gustará?
Ninguna obra musical te entusiasmará de inmediato, lo cual es lo más normal del mundo, aunque sólo sea porque algunas obras son más “accesibles” que otras, para usar un eufemismo común en este negocio. Esto quiere decir que algunas contienen hermosas melodías que podrás tararear de inmediato y repetir mientras te duchas o preparas el desayuno, mientras que otras suenan, al menos en su primera audición, como gansos succionados por un motor de avión.
¿Qué es lo que más te gustaría en este mismísimo instante? Pues sentimos decepcionarte, pero no hay una receta válida para todo el mundo. Cada uno es como es, y a lo mejor lo que te va a ti es que te toquen la fibra con la más emocionante de las melodías, mientras que tu vecino tiene, sin él saberlo, una sensibilidad especial para la armonía o el ritmo y prefiere cosas más “cañeras”. Por tanto, no hay una respuesta universal. Aun así, sí que podemos decirte algo: dado que se supone que escuchar música clásica es divertido, el truco reside en encontrar qué es lo que más te divierte.
Escucha el primer minuto, o algo más, de cada uno de los audios que
encontrarás en la web de este libro, en www.paradummies.es. Todas las piezas son obras maestras, pero de estilos musicales
diferentes. Esos audios incluye obras de estilo barroco (desde
mediados del siglo XVIII hasta mediados del siglo
XVIII), de estilo clásico (desde mediados del siglo
XVIII hasta comienzos del siglo XIX),
del del romántico temprano (primera mitad del siglo
XIX), de estilo romántico tardío (segunda mitad del
siglo XIX) y de comienzos de la pasada centuria.
¿Alguna obra te atrae más que las otras? En tal caso comienza tu exploración de la música clásica oyendo obras del mismo estilo o del mismo compositor.
Ahora bien, si te gustan todas, ¡magnífico!: nuestro trabajo será mucho más fácil.
Los siete hábitos de los grandes compositores
A pesar de la gran variedad de estilos que coexisten en el mundo de la música clásica, hay ciertas cualidades permanentes que distinguen a los mejores creadores que se han dedicado a ella. Te los explicamos a continuación.
La música les sale del corazón
Los grandes compositores no tratan de deslumbrarte con falsos adornos. Son gente que compone en serio. Considera, por ejemplo, al ruso Piotr Ilich Chaikovski. Pasó media vida en un tormento emocional y su música lo refleja. (Escucha la pista 7 de los audios del libro y comprenderás lo que queremos decir.)
Por su parte, Wolfgang Amadeus Mozart fue un compositor en el que las melodías brotaban a borbotones, sin esfuerzo aparente, y sus obras reflejan igualmente esta asombrosa facilidad. Y lo más milagroso del caso es que esas melodías, más que buenas ¡son sublimes!
Pero si ahora te acercas a Ígor Stravinski lo que descubrirás es un compositor riguroso, disciplinado, calculador y complejo, que consideraba la música como un arte objetivo que no tiene por qué emocionar. Y así es la mayor parte de su obra.
Estos tres compositores, de personalidades tan diversas, escribieron una música grandiosa, de un modo que ellos consideraron auténtico.
Utilizan una estructura que puedes percibir
Las grandes obras musicales tienen una estructura, una arquitectura musical. Puede que no la percibas de modo consciente cuando escuchas una gran obra, pero instintivamente notarás que está construida de cierta manera. Puede ser que la pieza siga un determinado patrón musical. (En el capítulo 9 podrás leer sobre patrones musicales como la forma sonata o la forma rondó). O puede que comience con una idea musical que retorna al final. De cualquier manera, sería difícil mencionar una gran obra musical que no posea una estructura coherente.
Estudios recientes realizados en la Universidad de California señalan que los estudiantes que escuchan a Mozart antes de los exámenes obtienen mejores notas que los otros. Cuando escuchas una obra de Mozart, tu cerebro crea aparentemente un conjunto lógico de espacios que la procesan, con el resultado de que dichos espacios quedan entonces habilitados para procesar otra clase de información. Así, la música clásica no sólo te da placer sino que, además, ¡te vuelve más inteligente!
Son creativos y originales
Seguro
que has oído hasta la saciedad que algunos de los grandes
compositores, incluso aquellos cuyas obras nos parecen hoy
fácilmente accesibles, fueron incomprendidos en su tiempo. No todo
el mundo pudo entender las composiciones de Beethoven, Brahms,
Mahler, Richard Strauss, Debussy, Stravinski o Ives cuando se
interpretaron por primera vez. (Incluso esta afirmación es un
eufemismo: en el estreno de La consagración de la
primavera de Stravinski la audiencia se amotinó, causó
destrozos en el teatro y hubo una estampida en las salidas.)
La razón de este primer rechazo fue básicamente la falta de familiaridad. Las formas musicales, o las ideas contenidas en ellas, eran enteramente nuevas. Pero eso es en realidad lo que las hace admirables. Porque una condición esencial de los grandes compositores es que tienen ideas propias.
Si has visto la película Amadeus, seguro que recuerdas que Antonio Salieri se nos presenta como un compositor mediocre completamente eclipsado por el genio de Mozart. En realidad Salieri fue un músico muy competente. Pero no fue uno de los grandes compositores porque su obra carecía de originalidad. Lo que, dicho en otras palabras, significa que lo que escribió sonaba prácticamente igual que lo que componían otros muchos contemporáneos suyos.
Expresan emociones humanas superiores
Los grandes compositores tienen algo importante que decir. Sus emociones son tan apremiantes que tienen que expresarlas. Las obras maestras de la música (de cualquier música, desde el rock hasta el rap, desde Frank Sinatra hasta Lady Gaga) aprovechan la capacidad de esta forma artística para expresar lo inexpresable.
Cuando Beethoven descubrió que se estaba volviendo sordo fue presa de una frustración agobiante, de una inmensa agonía, y sus composiciones lo reflejan; transmiten su frustración claramente, de modo inteligible, en términos musicales. La música de Beethoven es, en este sentido, intensa.
Ahora bien, esto no significa que las obras de todos los grandes músicos sean o deban ser intensas. Uno de los maestros de Beethoven, Franz Joseph Haydn, destiló su naturaleza jovial y juguetona en casi todo lo que escribió, que fue mucho y muy bueno. Como todos los grandes compositores, Haydn también tenía algo significativo que decir.
Su ritmo y variedad captan la atención
Los grandes compositores saben cómo mantener la atención. Su música es interesante de principio a fin.
La variedad se logra por medio de una determinada técnica. Si el compositor incluye en una obra ideas musicales diversas sobre dinámica (sonidos fuertes y débiles), melodías o armonías variadas, es más probable que mantenga vivo el interés. Así, una gran pieza musical es como una buena película. Una explosión al comienzo despierta la atención, pero, ¿has visto una película de dos horas en que ocurra una explosión cada dos minutos? Cada explosión se va volviendo menos interesante, hasta que al final ni siquiera se notan y sólo consigues aburrirte. Se necesita variedad, algo diferente y que contraste entre las explosiones.
Una explosión puede ser emocionante en una película, pero siempre que se use con el objetivo de graduar el suspense. Lo mismo pasa en la música de los grandes compositores. Éstos saben utilizar el ritmo dramático, que su música vaya creando suspense hasta explotar en el clímax. El Bolero de Maurice Ravel es un excelente ejemplo de ello: toda la obra es un largo crescendo (es decir, un incremento progresivo de la potencia sonora), de modo que el suspense se construye poco a poco, durante quince minutos, hasta alcanzar un clímax explosivo.
Su música es fácil de recordar
En el mundo de la música popular de hoy la palabra estribillo se refiere al elemento repetido y pegadizo de una pieza musical. Las canciones de The Beatles son pegadizas porque casi todas tienen un estribillo. Como en Help, A Hard Day’s Night o She Loves You (“Yeah, Yeah, Yeah”). Esto no constituye una característica medible en términos científicos. Sin embargo, se reconoce un estribillo cuando se escucha.
El
mismo concepto se aplica a la música clásica. Un estribillo ayuda a
recordar e identificar una pieza musical en particular. Las
composiciones de Mozart, Beethoven, Chaikovski, Chopin, Rajmáninov,
Bizet, Dvo
ák, Gershwin,
Grieg y Schubert contienen estribillos en abundancia, tantos que
varios de ellos han sido usurpados y utilizados en melodías de
canciones actuales. La canción Aranjuez, mon
amour, que fue el mayor éxito del cantante Richard Anthony, se
basa por ejemplo en la célebre melodía del Concierto de
Aranjuez de Joaquín Rodrigo. Y seguro que recuerdas también el
Himno a la alegría del roquero Miguel Ríos, cuya melodía
no es otra que la del final coral de la Sinfonía n.o 9 de Beethoven... La música de
los grandes compositores, pues, está llena de elementos que se
fijan en la memoria.
Sus creaciones son emocionantes
La cualidad más importante de los grandes compositores es su habilidad para cambiar la vida de los demás. ¿Alguna vez has salido del teatro o del cine con la sensación de que el mundo es diferente? ¿Has sentido el mundo real cargado de peligro, tristeza y felicidad, o como algo maravilloso?
Una obra maestra de la música puede darte una mayor valoración del potencial de la humanidad, aumentar tu espiritualidad o simplemente ponerte de un humor excelente.
Nada tan glorioso como el final coral de la Sinfonía n.o 2 “Resurrección” de Mahler. Después de oírlo uno se siente renacer, fresco y, en cierta manera, mejor preparado para enfrentarse el mundo.
Dicho lo cual, ¿te atreves a acompañarnos en este camino?