CAPÍTULO 24

Nom Anor no podía creer que Vergere se atreviera a sugerir que el Maestro Bélico perdiera el tiempo con un juego de infieles, y menos que sobreviviera a la afronta. Pero allí estaba ella, sentada ante Tsavong Lah, estudiando una versión de dejarik preparada por un cuidador, completa con sus monstruos animados y un tablero de terreno vivo. Al Maestro Bélico le quedaban dos monnok y un mantellian savrip en miniatura, mientras que su emplumada mascota tenía un zancudo kintano y tres babosas k’lor’. Aunque a Nom Anor nunca le había gustado el juego, se había visto forzado a jugarlo en su versión holográfica durante su estancia en la galaxia lo bastante a menudo como para reconocer a un maestro cuando lo veía. Y no había duda de que Vergere era una maestra.

—No habría valido la pena aprender a jugarlo si los únicos que practicasen este juego fueran los estrategas de la Nueva República —estaba diciendo Vergere—. Pero se dice que el dejarik fue una vez un tema de estudio muy apreciado por los Caballeros Jedi.

Eso explicaba cómo había convencido al Maestro Bélico para que cometiera semejante blasfemia, comprendió Nom Anor. Tsavong Lah haría cualquier cosa que pudiese ayudarlo a derrotar a los Jedi.

—Las estrategias son más sutiles de lo que parece, Nom Anor —dijo Tsavong Lah, sin apartar la mirada del juego, sorprendiendo al recién llegado que lo había creído demasiado concentrado como para notar su escrutinio—. Y un guerrero debe conocer la mente de su enemigo.

—Es un juego muy popular en toda la galaxia —replicó Nom Anor—. Yo mismo he jugado varias veces.

—¿De verdad? —Tsavong Lah apartó la mirada del tablero—. Entonces ¿quizá tengas alguna idea sobre la ruta que tomarán Jacen y su hermana para volver a casa?

—¿A casa? —Nom Anor estaba confuso. El Muerte Exquisita llevaba más de un día de retraso, pero eso no era extraño en las naves guía que operaban dentro de territorio enemigo y debían elegir sus rutas con mucho cuidado—. No sabía que hubieran escapado.

—¿Ah, no? —Tsavong Lah volvió a concentrarse en la partida de dejarik, y colocó su savrip entre dos babosas k’lor’ de Vergere—. Interesante. Había supuesto que a estas alturas eso sería obvio para cualquier jugador de dejarik.

Una furia acalorada llenó las bolsas bajo los ojos de Nom Anor.

—El último informe del comandante supremo aseguraba que Duman Yaght dominaba la situación. ¿Acaso ha habido otro comunicado del que no estoy enterado?

—Todavía no —repuso Tsavong Lah con una sonrisa mientras Vergere desplazaba el zancudo hasta su savrip, y él deslizaba su pequeño monnok por el espacio libre para matar al zancudo por detrás. Aprovechando esa muerte sorpresa el Maestro Bélico hizo un segundo movimiento y amenazó a una babosa k’lor’, sonriendo luego a Vergere—. Pero yo cada vez entiendo mejor la mente Jeedai. Mantendrán un perfil discreto y atacarán cuando su captor se confíe.

Vergere le devolvió la sonrisa.

—Atacarán, pero no donde creemos —en vez de mover la segunda babosa k’lor’ para que defendiera a la primera, la envió reptando dos escaques hacia el lado del tablero de Tsavong Lah—. Los videos de dejarik llaman a esto el gambito mortal del zancudo kintano. Derrota con promesas.

Ahora tenía tres babosas k’lor’ dispuestas en ángulo recto, con los dos monnok de su rival atrapados entre dos de sus monstruos. Atacase con el que atacase, los otros dos estarían en posición de contraatacar por detrás, efectuar un movimiento sorpresa y atrapar al monstruo restante en una presa imbatible. El Maestro Bélico lo entendió con una sola mirada, y las bolsas de sus ojos se volvieron peligrosamente oscuras al darse cuenta de la limpieza con que Vergere le había ganado.

—Veo lo que quieres decir —limpió el tablero del juego con un barrido de la mano, se levantó y miró por una lente visora al exterior, al enjambre de facetadas naves negras que flotaban bajo la luz de las estrellas junto al Sunulok—. Así que nos han engañado. ¿Con qué fin?

—Los Jedi no piensan de forma muy distinta a ti —Vergere miró las imágenes holográficas de los monstruitos y seleccionó uno, para proyectarlo al tablero del juego—. Golpearán con más fuerza aquello que más teman.

Tsavong Lah se apartó del visor y asintió al encontrar en el tablero sólo al rancor.

—Supongo que lo sabio sería asumir lo peor —se volvió hacia Nom Anor—. Cogerás el Ksstarr y te dirigirás enseguida al Baanu Rass.

Nom Anor asintió, no necesitaba explicaciones. El Baanu Rass orbitaba en ese momento el planeta Myrkr y era la mundonave más grande que había entrado hasta entonces en la galaxia. Tenía el cerebro moribundo y ya no controlaba su giro, por lo que los cuidadores que había en él empleaban dovin basal para dotarlo de gravedad. También estaba abandonado en sus tres cuartas partes, lo cual lo convertía en el lugar ideal para el programa de clonaje voxyn que estaba resultando tan efectivo contra los Jedi.

—¿Y los Jeedai?

—Haz lo que sea necesario, pero los gemelos Solo se han prometido al señor Shimrra. A esos debes traerlos con vida.

—Como ordenes.

El sentimiento que inundó el corazón de Nom Anor se parecía más al triunfo que a la alegría. Aunque el Maestro Bélico había demostrado ser sorprendentemente tolerante ante los acontecimientos de Coruscant, tampoco había castigado a Vergere por interferir en su misión. Cruzó los puños sobre el pecho y retrocedió hacia la puerta, planeando ya cómo convertir esta misión en una prefectura sobre el sector.

—Creo que cometes un error, Maestro Bélico —dijo Vergere en voz baja para que Nom Anor se viera forzado a admitir que estaba escuchando en caso de que quisiera contradecir sus palabras—. Dado que está en juego su reputación ante el señor Shimrra, ¿no sería más sabio enviar a alguien de mano más segura?

Nom Anor contuvo la lengua, por poco, y continuó retrocediendo hacia la puerta, forzando el oído para escuchar la respuesta de Tsavong Lah.

—Si te refieres a lo sucedido en Coruscant, sé lo que sucedió allí. Nom Anor no es culpable de ello. Hizo bien al volver con nosotros.

Vergere continuó presionando, sorprendiendo más que irritando a Nom Anor.

—También hay que tener en cuenta la debacle con Elan y la Brigada de la Paz, y sus fracasos contra Mara Jade Skywalker. Se ha enfrentado muchas veces a los Jedi y siempre le ha ido mal.

La válvula de la puerta se abrió detrás de Nom Anor, pero éste se quedó donde estaba, inseguro de si debía irse o no.

Tsavong Lah se volvió hacia él.

—¿Entiendes lo que está en juego, Nom Anor? Las palabras de Vergere nacen de la rivalidad, pero lo que dice tiene sentido. Si no estás seguro del éxito, dilo para que podamos encontrar una solución entre todos.

—No hay motivos para preocuparse, Maestro Bélico —entendía perfectamente lo que estaba en juego: su prefectura y quizá hasta su vida—. No tengo dudas, ahora que sé que puedes ver a través de las intrigas de Vergere.

El rostro de Tsavong Lah se ensombreció.

—¿Y antes sí?

—Maestro, no he querido decir que dudase, sólo que no entendía tus métodos.

Tsavong Lah le hizo una seña para que volviese a entrar en la cámara.

—¿Y qué es exactamente lo que no entendías? —Su tono era cortante—. Y no vuelvas a insultarme mintiendo.

Nom Anor respiró hondo y volvió al tablero de dejarik.

—Maestro, en esta galaxia existe otro juego llamado sabacc, donde las cartas-ficha cambian de identidad ante tus ojos —dirigió una mirada a su rival—, Vergere fue prisionera de los infieles durante muchas semanas y aún no nos ha proporcionado una explicación satisfactoria de cómo escapó.

—Los Lectores estuvieron satisfechos —replicó Vergere—. Igual que los sacerdotes de Yun-Harla.

—Ellos no conocen a Han Solo —Nom Anor mantuvo la mirada fija en Tsavong Lah—. No es de los que dejan escapar a un enemigo.

—No me dejó hacer nada —replicó Vergere—. En mí hay más de lo que sabes.

—Y estaban en medio de una batalla provocada por la ineptitud de tus subordinados —añadió Tsavong Lah—. Y, lo que es más importante, durante su cautiverio Vergere aprendió muchas más cosas que jugar a dejarik. Sus consejos han salvado miles de naves, y hemos destruido tres flotas enteras de la Nueva República gracias a que adivinó correctamente sus intenciones.

—Es un pequeño precio a cambio de ganarse tu favor —la réplica brotó de los labios de Nom Anor casi antes de que se diera cuenta de que la pensaba—. Pero con esto no quiero decir que Vergere sea una traidora.

—Claro que no —dijo Tsavong Lah—. Sólo que carezco del juicio necesario para saber si lo es.

Nom Anor cerró los ojos.

—Yo nunca menospreciaría…

—Acabas de hacerlo. Pero eso no es lo que me preocupa —el Maestro Bélico calló y se mantuvo así hasta que Nom Anor se atrevió a abrir los ojos—. Lo que me preocupa es que seas tan imprudente como para creer que no eres transparente para mí —estudió a Nom Anor un largo rato antes de continuar—. Esta misión es más importante que cualquier otra que te haya encomendado. Y creo que sería sabio que llevaras un consejero contigo.

Ese día ya había menospreciado una vez la inteligencia de Tsavong Lah, y sabía que no debía volverlo a hacer.

—Si el Maestro Bélico lo considera así.

—El Maestro Bélico lo considera así —se volvió hacia Vergere y, con voz tan severa como la utilizada con Nom Anor, dijo—: Tú lo acompañarás.

—¿Como consejera suya? —a Vergere se le erizaron las plumas—. No se aconseja a las babosas k’lor’. No saldrá bien.

—Más vale que sí —Tsavong Lah les sonrió con dureza—. Y ya he soportado suficientes celos entre vosotros. A partir de este momento, triunfaréis, o fracasaréis, juntos.