CAPÍTULO 17
Lando dejó que la sudorosa palma de su mano reposara en la pernera del pantalón y se pasó el datapad a la mano algo más seca para enseñarle la pantalla al subalterno de la partida yuuzhan vong que había subido a bordo. La imagen mostraba a diecisiete jóvenes Caballeros Jedi amontonados en una mesa del comedor del Dama Fortuna. Ninguno de los Jedi estaba comiendo pese a tener los cuencos llenos de thakitillo verde, pues Lando había pedido al chef que en este viaje sólo se sirviera de lo mejor. La mayoría ni había cogido los cubiertos.
—Parecen preocupados —dijo el subalterno. Un guerrero de aspecto brutal con un flequillo de largo pelo negro que miraba al datapad a un brazo de distancia, como si no se profanase al mantenerlo apartado—. ¿Seguro que no saben que estamos aquí?
—Son Jedi —contestó Lando, fingiendo irritación ante una pregunta estúpida—. Desde luego podrían sentir las aprensiones de mi tripulación, pero no diré que sepa lo que pasa por su mente. Sólo puedo decir que he tenido los miradores cerrados durante todo el viaje.
Al cabo de un momento, el subalterno asintió para sí mismo y se volvió hacia el superior desarmado, pero muy acorazado, que esperaba ante la escotilla del Dama Fortuna.
—Eia dag sables láser, Duman Yaght. Yenagh doa Jeedai.
El superior dio un paso fuera del túnel de trasbordo de bordes rojos. Era algo más bajo que sus subordinados, y se había esculpido la cara para que pareciera un enrejado de cicatrices verticales. Al igual que el subalterno de la nave de abordaje, llevaba dos villip en los hombros, en vez de uno como era habitual. Se detuvo ante Lando y esperó expectante.
—Éste es Fitzgibbon Lañe, dueño del Sueño Estelar —dijo el subalterno, dando los nombres falsos con que viajaba Lando—. Es quien envió el mensaje.
Lando miró al subalterno y esperó a que le presentara a su jefe. Cuando el guerrero se sintió incómodo y bajó la mirada, Lando clavó los ojos en el superior y siguió esperando. Por nervioso que estuviera por este trueque concreto, sabía que no debía iniciar negociaciones si no era en calidad de iguales.
—Soy Duman Yaght, comandante del Muerte Exquisita —dijo el superior al cabo de un momento—. ¿Tienes Jeedai para mí?
—Para vuestro Maestro Bélico —le corrigió Lando. Interpretó la presencia del comandante como indicio de impaciencia y le alargó el datapad para enseñarle el cebo—. De hecho, tengo diecisiete.
El subalterno lanzó un bufido y alargó la mano para apartar el profano instrumento, pero el comandante alzó una mano.
—No. Debo verlo por mí mismo.
Duman Yaght miró por la videopantalla, donde Anakin y algún otro comía thakitillo con desgana. El grupo de asalto no había sido avisado del abordaje, en parte porque Lando quería que sus reacciones parecieran reales, y en parte porque los yuuzhan vong habían llegado muy pronto. El Dama Fortuna había estado flotando junto a un cometa que salía del sistema, a la espera de que el ordenador trazara la última etapa del viaje, cuando la lanzadora de abordaje apareció por la cola.
Había ido directamente al portal de atraque, un túnel de trasbordo agusanado que ya estaba extendido.
Apenas hubo tiempo de alertar a Tendrá antes de que la alarma del puente anunciara el contacto con la esclusa de aire. Lando autorizó igualar las presiones y corrió a la parte de atrás para encontrarse con el subalterno abriendo ya la esclusa externa. Una mirada al datapad le dijo que un coralita del tamaño de una corbeta había aparecido desde el otro lado del cometa para cubrir la aproximación de la lanzadera, y Lando se dio cuenta de que la nave ya estaba a la espera cuando él entró en el sistema. Se sintió casi idiota, hasta que se dio cuenta de que esa hábil maniobra delataba la impaciencia del comandante yuuzhan vong.
—¿Satisfecho? —preguntó Lando—. Les pediría que levitasen pero eso podría descubrirnos.
—No será necesario. Ya hemos confirmado su naturaleza.
—¿De verdad? —a Lando no le gustó cómo sonaba eso, pero sabía que no debía pedir detalles—. Si los quieres, haz que dejen pasar a los rehenes de Talfaglio.
—Si los quiero, los cojo —dijo Duman Yaght.
Lando alzó el datapad y presionó un botón.
—Los dos sabemos lo que pueden hacer diecisiete Jedi avisados. No haga que deje de apretar este botón.
El comandante se acercó más a él.
—¿Crees que eso me importa?
—Claro que no —Lando sonrió con más confianza de la que sentía—. Hasta una roca espacial como el Muerte Exquisita podría destruir esta barcaza en tres segundos. ¿Y a que sería una pena? No habría sacrificios para Yun-Yammka, ni más entregas de Jedi a vuestro Maestro Bélico.
—¿Más entregas de Jeedai? —el azul de los ojos de Duman Yaght se tornó más brillante—. ¿Puedes traer más?
—Sólo si se salva Talfaglio. No hago esto porque me caigáis bien —dijo Lando—. Si habéis sabido interceptarme aquí, también sabéis quien soy. Sabéis que puedo hacerlo.
Duman Yaght bajó la barbilla en un vago asentimiento.
—Oí tu mensaje, sí.
En el mensaje que Lando había enviado a lo que el Escuadrón Espectro había identificado como un puesto de escucha yuuzhan vong, dijo ser un nativo de Talfaglio que trabajaba en la organización Jedi de rescate Gran Río. Había proporcionado suficientes detalles de operaciones anteriores como para parecer un piloto de bajo nivel, desbarrando a continuación durante varios minutos sobre que los Jedi lo habían traicionado al permitir la destrucción de Talfaglio. Había acabado por dar una hora y un lugar y prometiendo una buena recompensa a cualquier que se encontrara con él.
Los ojos de Duman permanecieron fijos en el datapad, donde los Jedi empezaban a discutir en voz baja sobre algo.
—Debes saber que no puedo prometer nada en nombre del Maestro Bélico.
—Entonces ve a consultar con una autoridad más alta y nos vemos en el lugar acordado para la cita —dijo Lando. El siguiente paso debían darlo los yuuzhan vong; la presa tenía que creer que llevaba la voz cantante—. No pienso entregarlos hasta que no tenga su promesa.
El yuuzhan vong lo meditó un momento.
—No tendrás que ir tan lejos —golpeó la imagen de video con una uña ennegrecida—. Tus Jeedai están nerviosos. Deja que me los lleve ahora, y luego veremos qué pasa. Seguro que el Maestro Bélico estará interesado, eso te lo puedo prometer.
—No lo sé —dijo Lando, agitando el anzuelo—. No sé cómo vais a poder manejar a tantos Jedi a bordo de esa roquita.
—No te incumbe cómo controlamos a los esclavos —dijo Duman Yaght.
—Me incumbirá cuando escapen y me den caza —dijo Lando.
—No escaparán. Puedes estar seguro de eso.
—Sí, claro —se burló Lando. Ahora que la presa le presionaba, podía permitirse correr algún riesgo, y quería saber cómo es que Duman Yaght había podido confirmar tan deprisa que llevaba a los Jedi—. Igual es mejor que los lleve al lugar acordado.
—Eso no lo decides tú —el tono de voz de Duman Yaght se mantenía tranquilo—. Puedes entregármelos y saber que llegarán hasta el Maestro Bélico, al que quizá le impresione o no tu muestra de fe lo bastante como para perdonar a los refugiados de Talfaglio. O puedes terminar de apretar ese botón y estar seguro de que, cuando muramos, un millón de compatriotas tuyos morirá con nosotros.
Lando bajó la mirada y se frotó el labio, sin necesidad de fingir que estaba pensativo. Le preocupaba la confianza que tenía Duman Yaght en su habilidad para controlar a los Jedi, pero no se atrevía a presionar más en busca de información. Podía apartar el dedo del datapad y dar la alarma de anulación; lo más seguro era que muriera, pero habían previsto una emergencia así. La escotilla interior de la cubierta de trasbordo se sellaría automáticamente y las cargas de detonita ocultas en la escotilla externa de la esclusa explotarían hacia la lanzadera de trasbordo. Duman Yaght y sus hombres se verían expulsados al espacio, y el Dama Fortuna rodearía el cometa y saltaría al hiperespacio antes de que en el Muerte Exquisita se dieran cuenta de lo que pasaba.
Pero entonces habrían fracasado en su misión, y más Jedi estarían condenados… ¿y todo por qué? ¿Por que Lando tenía una sensación incómoda por algo que había dicho Duman Yaght? Meneó la cabeza resignado.
—Ya que lo pones así —dijo Lando. No le correspondía abortar la misión, no habiendo tanto en juego, ni siquiera estando en juego los hijos de su mejor amigo—. Pero no soy idiota. Sé cómo funciona esto.
—Bien —dijo Duman Yaght—. Entonces también sabrás que la vida de tus compatriotas depende de ti. Te daré un villip para que puedas contactar conmigo cuando tengas lista la siguiente entrega.
La única respuesta de Lando fue un suspiro de disgusto.
—No hay necesidad de hacer ruidos groseros —Duman Yaght cogió a Lando por la parte de atrás del cuello en un gesto que podía ser de dominación o de amistad, o de ambas cosas—. Esto saldrá bien para los dos.
El yuuzhan vong hizo una seña a su subalterno y a su partida para que avanzara, pero Lando les bloqueó enseguida el paso.
—No, lo tengo todo planeado —dijo—. Es mi nave y será a mi modo, o ya puedes ir ordenando a los cañones volcán que se preparen.
El subalterno frunció el ceño pero miró a su comandante esperando órdenes.
—Como él desee —dijo Duman Yaght sonriendo—. Es su nave, será a su modo.
* * *
Jacen sólo había sentido una única perturbación en la Fuerza, pero todos los demás lo habían percibido también, y ahora había desaparecido. Se llevó otra cucharada de thakitillo verde a la boca, pero apenas saboreo el picante de los grumos. Habría reconocido el estallido de ansia incluso sin la brusca palidez de Alema y la agitación de su lekku. Cilghal teorizaba que la perturbación inicial provenía de los voxyn cuando buscaban su presa en la Fuerza, pero Jacen se preguntaba si no sería algo más sencillo. Lo había percibido más como cruda excitación animal.
Era una sensación sorprendentemente parecida a la que habían sentido los demás. En el instante que sintieron a los voxyn, abrieron unos a otros sus emociones y en Ganner, Zekk, los barabeles, Eryl Besa, y hasta en Raynar, pudo sentir impaciencia por destruir a la criatura. En cambio otros, como Tahiri, Lowbacca, Tekli y Ulaha estaban sorprendidos por lo deprisa que pasaban las cosas. Alema Rar estaba aterrada, más de sí misma que de la criatura. Tenel Ka estaba decidida, Anakin concentrado y preocupado por todos los demás, Jovan Drark impaciente por empezar el juego. Todo era un juego para los rodianos.
Sólo Jaina, cuyos sentimientos podía percibir siempre a través de su enlace como gemelos, parecía en calma. Fuera lo que fuera lo que pasara, se les avisara o no, con voxyn o sin ellos, podrían enfrentarse a ello, o no. Habían entregado su destino a la Fuerza, y ya no tenían más remedio que confiar en que los llevase a buen término. Era una extraña actitud nacida del combate, la muerte y el sufrimiento, de la hosca serenidad del soldado, que era tan causa como víctima del cataclismo que lo devora todo.
Jacen se llevó a la boca otra cucharada de thakitillo. Podía sentir el miedo de la tripulación fuera de la zona del comedor, la aprensión de Lando por algo que desconocía, la culpa de Tendrá al acercarse a la puerta de la sala. Se llevó la lengua al paladar y aplastó los grumos y saboreó la picante explosión cuando se disgregaron.
La puerta del pasillo se abrió con un siseo. Yarsroot, cocinero ho’din de la nave, entró en el comedor con su ayudante humano, los dos llevando pistolas láser ocultas a la espalda. Era la señal para dar inicio al plan principal. Jacen llegó hasta los demás Jedi, encontrando una conexión emocional que iba más allá de lo que les habían enseñado los barabeles, fusionándose con los demás hasta que le pareció que él era ellos, y ellos eran él. Como coordinador de la fusión, hasta cierto punto confiaba su cuerpo a los demás; habían descubierto que, a veces, podía verse tan abrumado por las sensaciones y sentimientos de los demás que se olvidaba de sí mismo.
La alta esposa de Lando entró en el comedor desde la cabina principal, acunando un láser G-9 en los brazos. Zekk y Jovan se apartaron al instante de la mesa y se llevaron la mano a los sables láser. Tendra disparó una lluvia de aturdidores rayos azules, lanzando contra la pared a los dos Jedi y a la pelirroja Eryl, tal y como estaba planeado. Lowbacca y Krasov intentaron levantarse y fueron derribados por disparos aturdidores de Yarsroot y su ayudante, también según lo planeado.
Jacen sintió el impacto de cada disparo a través de la fusión de combate, y gimió y se habría caído de la silla de no haberlo sujetado Tenel Ka.
Esto no era parte del plan.
Tendrá pasó su arma láser a automático-letal.
—Si alguien más se mueve, o mira en mi dirección, moriréis todos —clavó los ojos en Ganner, dando fuerza al papel que interpretaba de líder señuelo—. ¿Está claro?
—Como el transpariacero —Ganner mantuvo la mirada fija en el centro de la mesa—. Haced lo que ella diga.
—Bien —Tendrá hizo un gesto para que entraran en la sala los dos tripulantes que tenía detrás—. Y ahora no os mováis y nadie saldrá herido.
Los dos miembros de la tripulación empezaron a moverse alrededor de la mesa, cogiendo los sables láser del grupo de asalto y arrojándolos al tubo de deshechos de comida, junto con Eme Tedé, el protestón droide traductor de Lowbacca. Jacen percibió un momento de pánico en Anakin y se dieron cuenta de que se habían topado con el primer problema. El tubo de deshechos todavía daba al sumidero, en vez de a la cápsula con sus armas; pensaban hacer el cambio después de la comida de la noche. Jacen buscó en Jaina y desplazó a Anakin parte de la serenidad de ésta. Ya nada podía hacerse. Sigamos a la Fuerza.
—¿A qué viene esto, Tendra? —preguntó Ganner. No estaba en el guión, pero Jacen sintió que Ganner sabía qué era lo que faltaba. Ganner siempre lo sabía—. ¿Tan malos huéspedes hemos sido?
—Habéis sido muy buenos —replicó Tendrá—. Pero a Fitzgibbon no le gustan los cobardes.
Jacen ni sintió cómo el ayudante de Yarsroot le cogía el sable láser: sólo vio como caía por el tubo con los demás.
—¿Cobardes? —preguntó Ganner—. ¿Y qué eres tú?
—Soy de Talfaglio —se limitó a decir Tendrá. Al ser originaria de la cercana Sacorria, no necesitaba esforzarse para parecer enfadada—. Y ahora cierra ese hangar para moscas que tienes por boca y arriba. Hay alguien que quiere veros, a todos.
Volvían al guión. Jacen sintió que se levantaba y se volvía hacia la puerta, seguido de cerca por Tenel Ka. Sería su vigilante, el brazo fuerte que los llevaría a los dos. Tendra se apartó e hizo que el grupo de asalto cruzara la puerta, para recorrer el pasillo pasando ante los camarotes de invitados y subir tres tramos de escalera hasta la cubierta de trasbordo. Estarían muy apretados entre la esclusa de aire, las cápsulas de evacuación y quién sabe cuántos yuuzhan vong. ¿Estaría allí el voxyn? Seguramente no; nadie podía sentirlo todavía.
Alema empezó a temblar, pero no asustada de los yuuzhan vong, a los que había matado a docenas con sus propias manos y eludido a centenares más, sino de sí misma. No esperaba encontrarse con un voxyn en la nave de tránsito. ¿Podría enfrentarse a uno sabiendo lo que le habían hecho a su hermana?
Jacen le transmitió los sentimientos de Raynar, que se consolaba pensando que la twi’leko había hecho eso mismo muchas veces antes. Ya se había enfrentado antes a los yuuzhan vong en Nueva Plympto, y les sacaría de eso. El lekku de Alema dejó de temblar y Jacen siguió a los Jedi inconscientes, que eran levitados por cinco de sus compañeros, y pasaron ante los aposentos de Lando.
Una puerta se abrió tras Tenel Ka, y algo romo la golpeó entre los omoplatos. Jacen se dejó caer de rodillas y empezó a desmayarse, dándose cuenta entonces de que lo que sentía era el cuerpo de Tenel Ka y avisó a los otros, recurriendo a sus propias fuerzas para mantener conscientes a los dos. Para cuando se le despejó la visión, los yuuzhan vong llenaban el pasillo.
El que iba delante era Ganner y se lanzó a por Lando.
—Hipócrita traicionero…
El borde romo de un anfibastón cogió al alto Jedi por la nuca, sumiéndolo en un abismo negro antes de que Jacen pudiera recurrir a los demás para mantenerlo consciente. No estaba en el guión, pero seguramente era para bien.
Punto treinta: la tripulación se aparta. Tendrá y Yarsroot se retiraron al interior de la nave, dejando el grupo de asalto en manos de los yuuzhan vong. En la cubierta de trasbordo sólo había seis guardias con Lando. Los demás estaban en el pasillo de acceso que había tras Anakin, flanqueando la larga hilera de Jedi. Tesar Sebatyne, segundo en la fila, dudó al llegar a la cubierta de trasbordo y miró la forma inconsciente de Ganner.
Un guerrero yuuzhan vong, muy alto con un flequillo de pelo negro agarró al barabel y lo empujó hacia dentro.
—Adelante, ¡todos!
Anakin contuvo una sonrisa y pasó sobre el cuerpo inconsciente de Ganner. Tesar había interpretado su papel a la perfección, obligando al yuuzhan vong a ordenar al grupo de asalto a hacer justo lo que quería. Anakin siguió al barabel hasta el otro extremo de la cubierta y se situó ante el armario de las armas. Tahiri y los demás Jedi se amontonaron detrás de él, lo bastante como para dejar sitio a todo el equipo, y poco más.
Hasta ese momento, todo iba más o menos según lo previsto. Los sables láser habían ido a parar al sumidero, pero Tendrá y Yarsroot habían tomado «precauciones» extra durante la entrega para que a los droides bélicos les diera tiempo para recuperar las armas. Anakin sentía que la confianza del equipo aumentaba con cada éxito. El lazo empático fortalecía la resolución de todos y los ataba a un fin común, como dijeron los barabeles que pasaría, y Jacen lo mantenía en contacto con el grupo. Anakin sintió que la firmeza de Alema Rar aumentaba y había compartido la sorpresa de Tenel Ka cuando la golpearon por detrás, y ahora percibía cómo se despertaba la mente de Lowie. Apenas había empezado a preocuparse por el impacto que causaría un wookiee aturdido en el plan cuando sintió que Jacen acudía a él para tranquilizarlo en su despertar. Esto iba a salir de miedo.
Una vez la tripulación desapareció de la vista, Lando se volvió hacia la cara cortada de un yuuzhan vong para señalarle una caja de plastifibra situada ante la cápsula de evacuación del Dama Fortuna.
—¿Quizá el comandante del Muerte Exquisita me permita hacerle un pequeño obsequio?
Era una sutil variante del punto treinta y uno, pero bastante útil. Nadie esperaba que el comandante de la nave de trasbordo supervisara personalmente la entrega. Estaban ante un oficial impaciente.
Cuando el comandante enemigo no puso objeciones, Lando sacó varias esposas aturdidoras de la caja. Anakin expiró aire para calmarse, usando una técnica de relajación Jedi para que le abandonara la ansiedad.
Lando sostuvo las esposas ante el comandante.
—Es algo para mantener a los prisioneros a raya, Duman Yaght.
Duman Yaght miró las esposas con desdén.
—¿Qué es esa impiedad?
—Es para las muñecas —Lando abrió una y las enseñó orgulloso—. He pensado en todo.
Duman apartó las esposas de un golpe.
—Tenemos nuestras propias ataduras —miró la forma inconsciente de Ganner, que el grupo de asalto había llevado levitando hasta allí, dejándolo en el centro de la sala con los demás Jedi—. Ataduras que enseñan además de retener.
Punto treinta y dos. El enemigo acepta la oferta. Anakin volvió la palma contra el armero y utilizó la Fuerza para doblar la puerta hacia dentro. Lando y el yuuzhan vong se volvieron hacia el chirrido del duracero al arrugarse. Ulaha cerró la escotilla de acceso a la cubierta de trasbordo, aislando al resto de la partida enemiga en el pasillo de acceso.
Anakin arrancó la puerta y golpeó con ella al yuuzhan vong en la cabeza. Un guerrero salió en defensa de su aturdido comandante, y los demás, al encontrar el espacio demasiado estrecho para usar los anfibastones, recurrieron a los coufees. El grupo de asalto contraatacó en un borrón de patadas y puñetazos, aprovechando la fusión mental de combate para mantener al enemigo demasiado ocupado esquivando y bloqueando golpes como para llegar a sacar un arma.
Anakin usó la Fuerza para arrancar las pistolas láser de sus monturas en el armero y las hizo volar a través de la sala hasta las manos de los Jedi. Desde el otro lado de la puerta cerrada les llegaban los gritos ahogados y golpes metálicos del resto de la partida que intentaba entrar en la plataforma de trasbordo, entonces Tesar se dio media vuelta golpeando con la cola en los tobillos a Duman Yaght y su defensor, derribándolos a ambos. Apuntó la pistola a la cabeza del comandante.
—Dile a tus caracortadas que se vayan —resolló el barabel.
Los ojos de Duman Yaght brillaron con rabia, y su guardia, ahora en el suelo detrás de Tesar, buscó el coufee. Anakin empezó a gritar una advertencia, pero Jacen ya había sentido su alarma y la transmitió mediante la fusión de combate. El barabel giró sobre sí mismo y bajó el tacón de la bota, desplegando una larga espina que clavó la mano del guerrero al suelo de duracero.
El tumulto al otro lado de la puerta se silenció de pronto, y Anakin supuso que habían comunicado la situación a los oficiales del Muerte Exquisita. Apuntó la pistola al defensor herido de Duman Yaght y empezó a contar. Los droides bélicos necesitarían una distracción de al menos treinta segundos para salir de la cápsula de equipamiento por la escotilla de deshechos y sujetarse a la lanzadera enemiga. A Anakin le habría gustado poder darles un margen de seguridad del doble, pero sesenta segundos parecían una eternidad.
Tesar se tomó su tiempo para liberar la espina del tacón de la mano del guardia y clavó la pistola en la cara de Duman Yaght.
—Dile a tus guerreros que bajen las armas —dijo con voz ronca.
El yuuzhan vong sorprendió a Anakin y los demás reaccionando con una sonrisita de admiración.
—Impresionante. La reputación de los Jeedai es merecida.
La única respuesta de Tesar fue un siseo. De no ser por la fusión de combate, Anakin habría creído que el barabel estaba confuso, pero a través de Jacen supo que sólo estaba ganando tiempo.
—Ezte quiere rendición, no cumplidos —ladró Tesar dos segundos después.
—Entonces vas a sufrir una decepción. Debes saber que destruiré esta nave con todos los que van a bordo, incluido yo, antes de permitir que escapen diecisiete Jeedai.
—Espera un momento —objetó Lando. Dio un paso adelante y la cuenta de Anakin llegó a los ocho—. No hay necesidad de eso.
—¡Silencio! Si sabes algo de los yuuzhan vong, sabrás que no tememos a la muerte —Duman miró a Tesar—. Tienes cinco respiraciones.
Al final pasaba algo que no habían previsto. Desesperado por frustrar la cuenta atrás, Anakin dio un paso adelante y, de una patada, le quitó al comandante el villip del hombro y lo aplastó con el pie.
—Eso no te salvará. Tengo un villip personal en el puente de mi nave, transmitiendo todas las palabras que digo —volvió a mirar a Tesar—. Tres respiraciones.
Aunque apenas habían pasado diez segundos según el conteo de Anakin, sabía que no debía desafiar la palabra del comandante. Al haber proclamado que estaba dispuesto a morir ahora era una cuestión de honor llegar hasta el final. Vio como el pecho de Duman Yaght se alzaba y bajaba dos veces más.
Lando también debía haber estado atento, porque tras la segunda respiración, lanzó un sonoro bufido.
—Nadie va a destruir mi nave —cruzó la cubierta de trasbordo hasta la puerta—. No cuando no hay motivo para ello.
Alema Rar le bloqueó el paso y le apuntó a la cara con el láser, y apretó el gatillo cuando éste siguió moviéndose. Se oyó el sonoro chasquido al dispararse el seguro del arma, ella lanzó un grito y dejó caer la humeante pistola.
Lando alejó el arma de una patada.
—¿Lo ves? He pensado en todo —le quitó a Raynar la pistola de la mano, soltó el cargador, invirtió la batería, ajustó el dial de descarga y tumbó a Tesar con un disparo aturdidor—. Baterías invertidas, es una precaución estándar de seguridad, al menos cuando uno piensa traicionar a los Jedi.
Anakin y los demás soltaron los cargadores, pero ni siquiera los Jedi eran tan rápidos. El protector de Duman Yaght atrapó a Anakin en una presa de tijera con las piernas y lo derribó. Anakin se encontró manteniendo el conteo bajo una lluvia de golpes.
Los demás yuuzhan vong atacaron también, renunciando a usar los coufees y yendo a por las pistolas que sostenían sus enemigos. Hasta Duman Yaght se unió a la trifulca, saltando para arrojar a Tahiri contra la escotilla de una cápsula de evacuación. Pistola y batería saltaron en distinta dirección y ella se dejó caer en la cubierta.
El comandante se volvió hacia Lando, y señaló a la puerta de acceso al resto de la nave.
—¡Ábrela!
Lando dio un paso adelante, y su mano buscó la palanca. Según la cuenta de Anakin, ya estaban en los veinticinco segundos. Los dos droides bélicos debían estar en la parte inferior de la lanzadera buscando un lugar al que anclarse. Jacen sintió la preocupación de Anakin, y Ulaha dio un paso para bloquearle el paso, y su mano bith de largos dedos hizo un gesto como si se abriera a la Fuerza.
Jacen fue el primero en gritar. Anakin experimentó un instante de dolor abrasador y creyó que habían herido a su hermano, pero entonces oyó el silbido de Ulaha y la vio caer hacia delante, con el mango de un coufee sobresaliendo de su espalda. El shock golpeó a todo el grupo de asalto como un disparo aturdidor. Nadie había visto venir el ataque, y el repentino dolor los había atontado a todos. Anakin encajó dos fuertes golpes y sintió que los demás también cedían, y entonces empezaron a caer cuerpos.
Al otro lado de la cubierta, Ulaha estaba boca abajo, demasiado dolorida para gritar, arañando el suelo de duracero. Lando estaba parado sobre ella, sus ojos oscuros aturdidos por el horror, pero era demasiado buen jugador como para evidenciar algo más. Dobló las rodillas como si fuera a arrancarle el coufee. Entonces se dio cuenta de lo que hacía y pasó sobre la angustiada Jedi y abrió la puerta.
Otro puño cayó sobre Anakin, esta vez atrayendo las neblinosas sombras de la inconsciencia. Perdió la cuenta, pero ya debían estar en treinta, o lo más cercano a treinta que podrían conseguir. El suelo empezó a reverberar con fuertes pisadas, el resto de la partida que entraba en la cubierta de trasbordo. Anakin usó la Fuerza para arrojar una pistola contra la cabeza de su atacante y fue recompensado con otro golpe, y la punta de un coufee le tocó la garganta.
—¡Ya vale, Jeedai! —siseó el guerrero—. ¿Entendido?
Anakin no se atrevió ni a asentir.
Duman Yaght ladró una orden. Dos yuuzhan vong levantaron a Ulaha del suelo y la pasaron por la esclusa, con el coufee sobresaliendo aún de su espalda. Un vacío familiar acudió entonces a Anakin, el mismo que había sentido en Sernpidal cuando se vio obligado a levantar el morro del Halcón e irse dejando atrás a Chewie, y un miedo gélido creció en él. Apenas habían establecido contacto y ya tenían un herido. Puede que la misión fuese demasiado para ellos. Puede que todos —Lowie, Tahiri, hasta Jacen y Jaina— acabaran asesinados como Chewbacca. Puede que fuera por su culpa.
Jacen lo buscó, bañándolo suavemente con las emociones de los demás. Sentían miedo, ira, culpa. Anakin no sabría decir quién sentía qué, menos en el caso de Alema Rar, que parecía aliviada. Nadie había muerto todavía, y había conseguido llegar hasta allí sin desmoronarse de terror. Le parecía que las cosas iban muy bien.
La voz de Duman Yaght sonaba en algún lugar más allá de los pies de Anakin.
—Debo admitir, Fitzgibbon Lane, que ahora entiendo porqué destruíste sus sables láser. Si los hubieran llevado encima… Bueno, digamos que me alegro de que los hayamos desintegrado.
Una pareja de yuuzhan vong puso a Anakin en pie, y éste vio al comandante al lado de Lando cuando la partida alineó a los Jedi para el trasbordo. Anakin miró fijamente a Lando, preguntándose si habría algún modo de que el persuasivo jugador pudiera mantener a Ulaha a bordo del Dama Fortuna.
Lando sorprendió a Anakin mirándole y permitió que su mirada se demorara un momento en él antes de volverse hacia Duman Yaght.
—Todo radica en una buena planificación, pero la próxima vez quiero que se me avise. Si los pillamos durante el ciclo de sueño…
—Tendrás tu villip —le interrumpió el yuuzhan vong—. Es todo lo que puedo prometer.
Los guardias empujaron a Anakin por la esclusa. Tropezó en la entrada, pero no dejó de mirar por encima del hombro. Sabía que no había una manera segura de que Lando recuperase a Ulaha, pero siempre había conseguido hacer cosas imposibles. Se había pasado la juventud engañando a los agentes imperiales y traficando con los criminales más peligrosos de la galaxia, y llevaba rescatando a los niños Solo y a sus padres desde hacía más años de los que tenía Anakin. Seguro que Lando Calrissian podría ser más listo que un ambicioso yuuzhan vong.
Lando volvió a encontrarse con la mirada de Anakin. El dolor y el temor asomaron a sus ojos, entonces Duman Yaght dijo algo que requería una carcajada y Lando tuvo que darle la espalda.