Capítulo 15

23 de abril de 1890

Casa de Corraig ap Culain

Malenhide, Irlanda

Un Guerrero Imparcial

—¿Qué? —grita el Diablo en voz alta—. ¿Cómo es posible? No he tenido noticia de ello. Seguramente, si la Bruja hubiera muerto, yo habría sido el primero en enterarme. A menos que... no, seguramente no.

La voz del Diablo fue perdiendo intensidad hasta convertirse en un murmullo ensimismado. Corraig lo observó con curiosidad, creyendo que era presa de la fiebre. De tanto en cuanto, una frase escapaba de la corriente de sus cuchicheos: "No me preocupa CÓMO te has enterado" o "yo mismo me ocuparé de ello" o "limpiándole el trasero a Kerberos hasta que el Infierno se congele ".

Corraig se había marchado con alguna prisa y regresó con la jarra en la mano. Sirvió generosa y descuidadamente una copa y cuando estuvo llena la empujó hacia su distraído invitado para reemplazarla que éste había derramado.

—Vamos, amigo, un trago en memoria de la Mujer Sabia de Baerne —vuelve a decir Corraig, se yergue y de nuevo añade la plegaria—. Si Dios quiere, que esté en el cielo media hora antes de que el Diablo sepa que ha muerto.

El Diablo se lo queda mirando sin decir nada, bastante frío. El vaso yace a su lado, sin tocar.

—Corraig —dice al fin—. Te estoy agradecido por tu hospitalidad, pero tengo que irme —acalla las protestas del hombre con un ademán—. Mi viaje no me ha reportado nada y tengo que regresar a mi casa a toda prisa. No pienso discutir. Has sido más que generoso y no quiero seguir siendo una carga.

El tono de su voz descendió.

—No, ni una palabra. Sé lo poco que te ha proporcionado hoy el mar y encima sin culpa ninguna por tu parte. Hasta que la tormenta amaine dentro de unos días, ya habrá suficientemente poco por aquí. No permitiré que a tus pequeños les falte algo por mi causa.

Este punto de vista dejaba poco espacio para la protesta.

—Con venido, pues —dijo el Diablo—. Pero me gustaría agradecerte tu amabilidad de alguna manera.

Reflexionó un instante.

—Te esperan tiempos difíciles, Corraig. Puedes contar con ello. Escúchame bien. Si no lo haces, cuando llegue el día en que tus hijos lloren de hambre, y los hijos de tus parientes y los hijos de tus vecinos, tratarás en vano de recordar mis palabras. Una niña aparecerá en tu vida, Corraig. Una huérfana, ojalá te otorgue tanta paz de espíritu como me has proporcionado a mí en este día. Y mientras consigas mantenerla a salvo, ningún mal te afligirá a ti o a los tuyos. Pero debes mantenerla lejos de la Llanura de la Adoración, donde el Encorvado se obsesiona a solas con su apetito siniestro. Un océano entre ambos podría no estar de más, si en tiendes lo que quiero decir.

Corraig levantó la mirada hacia el Diablo, perplejo.

—Recuérdalas, Corraig. ¿Cómo podrás mirarlos a la cara si no logras recordar mis palabras? —El Diablo pasó bajo el umbral, desplegó las alas. La lluvia se apartaba de él siseando, chapoteando.

Corraig lo contemplaba, con un vaso de ouiskey olvidado pendiendo del extremo de un brazo.

En algún lugar tras él, un niño estaba llorando.

* * *

No bien el Diablo se encuentra fuera, el doloroso tañido de su cabeza regresa con más fuerza que nunca. Oh, sí, una rabieta completa y funesta se había apoderado de él.

—Antes de que el Diablo sepa que estás muerta —dijo en voz alta y con pringosa malicia.

Bueno, la blasfemia nunca se aleja demasiado de los labios del Diablo, así que con una maldición, abandona las hermosas costas de Eire y ya está urdiendo sus malicias. Y mientras se vuelve, una gota de sudor de su frente cae sobre el agua.

A la superficie acuden los peces, burbujeando y las aguas se tiñen de rojo y no darán tributo alguno en toda una estación, así que muchos murieron de hambre y muchos más la sufrieron.. Puede que alguno de vosotros recuerde la Primavera de la Marea Roja y podrá atestiguar que todas estas cosas son ciertas.

Y entonces el Diablo, Caudillo de las calamidades y el más Imparcial de los Guerreros, desapareció.