Capítulo 35

El monovolumen se saltó un semáforo en ámbar mientras atronaban los cláxones de los demás coches. Lily los ignoró. Pero era más difícil ignorar sus pensamientos.

Hacía mucho tiempo había aprendido a guardar todos sus sentimientos y asuntos personales en una caja mientras estaba trabajando. Pero esta vez lo personal estaba tan entremezclado con el trabajo que no había manera de separar lo uno de lo otro. La vida de Rule corría peligro. La vida de Toby corría peligro. Y Cullen y Cynna habían escogido aquel momento para ponerse raros.

—Creo que capto algo —dijo Cynna desde el asiento de atrás—. Al este y un poco al norte.

Cynna había lanzado un hechizo de localización antes de que se subieran al monovolumen y descubrió que Jiri estaba bloqueando su señal. Al parecer, aquello era posible si se contaba con el poder y los conocimientos adecuados. Jiri tenía el conocimiento y contaba con un demonio del que obtener poder, pero no podía bloquear los intentos de localización de su antigua alumna eternamente. Cynna conocía aproximadamente la distancia a la que se encontraba y estaba empezando a captar la dirección.

—Tiene sentido —intervino Cullen—. El parque está al noreste de aquí.

Rock Creek Park. Allí era donde Jiri había dicho que se reuniría con ellos, en un puente de piedra dentro del parque. Parecía que se hubiera leído las normas del secuestrador perfecto: decir a las víctimas que no llamen a la policía ni contacten con el FBI y darles un tiempo límite para que cumplan con las demandas. Lily y los demás tenían veinte minutos para llegar al parque.

Cullen sabía dónde estaba el parque. No estaba muy seguro en cuanto al puente de piedra, pero lo encontrarían… y a Jiri también. Para eso contaban con Cynna.

—A la derecha en el siguiente semáforo —dijo Cullen.

Y allí estaba la sensación que molestaba a Lily. Ocurría algo entre Cullen y Cynna. No era el sexo, claro, eso había sido inevitable; y si el hecho de que hubieran decidido hacerlo en la habitación contigua a la suya la había molestado, eso era asunto suyo y nada más. Pero Cullen estaba raro. Cuando él y Cynna por fin habían salido de la habitación, Cullen se había acercado a Rule y se lo había llevado aparte para decirle algo, subvocalizando, maldita sea; y el vínculo no le había permitido a Lily escuchar nada. Fuera lo que fuera lo que le había dicho, la reacción de Rule fue abrazar a su amigo con fuerza.

Los años que Cullen había pasado como lobo solitario le habían transformado en un hombre poco dado al contacto físico, al contrario que los lupi en general. Y la posición de Rule como heredero y lu nuncio del clan había hecho algo parecido con él. Además, los hombres como mucho se daban palmaditas en la espalda por apuntarse un tanto, pero ¿un abrazo?

Además, Rule no era de los que apuntaban con cuántas mujeres se habían acostado y Lily no creía que Cullen lo fuera. Además, la vida de Toby estaba en peligro, maldita sea. Así que aquello no tenía nada que ver con el sexo.

—Sigo creyendo que deberíamos parar para abastecernos de municiones. —Lily había perdido la discusión sobre hacer una parada en alguna comisaría para hacerse con refuerzos. Si el don de Jiri era que podía ver lo que ocurría en varios lugares a la vez, podían verse envueltos en una situación muy peligrosa. Además, en sus instrucciones Jiri no había dicho nada sobre que tuvieran que acudir desarmados. Llevaban con ellos los rifles del Hogar del Clan Leidolf, pero no tenían munición de repuesto.

—Si Jiri está allí sola, no necesitaremos munición extra —dijo Cynna—. Y si está con ese enorme amigo suyo, los rifles no servirán para nada.

—Eso si no podemos separarlos. —Ese era el plan, más o menos.

Si Jiri tenía una oferta que hacerles, ellos la escucharían. Cynna decía que como Jiri era una señora de demonios, tenía tanta materia demoníaca dentro de su cuerpo que podían confiar en que cumpliría su palabra porque no podía mentir. Igual que ocurría con los demonios, si sabías manejarlos como era debido, claro. Y Cynna sabía cómo.

Pero Lily esperaba que Jiri atacara, no que se sentara a negociar con ellos. Si eso resultaba cierto, ellos no podrían disparar y matar al demonio a no ser que se aseguraran de que Jiri no estaba dentro de él. La necesitaban viva y ella lo sabía. Contaría con ello. Pero Cynna podía atacar al demonio con su hechizo que, al parecer, detenía el corazón de aquellas criaturas. Aquel demonio tenía varios corazones, así que el hechizo no lo mataría, pero probablemente entraría en estado dashtu. Si eso ocurría, podrían separarlo físicamente de su ama. Entonces, Cullen podría atacarlo con fuego mágico mientras Rule y Lily iban a por Jiri.

Un optimista diría que el plan dejaba espacio a la improvisación. Un pesimista afirmaría que estaba lleno de agujeros.

—Ya es demasiado tarde para que cambiemos de idea —dijo Cullen—. Es ahí, a la derecha.

El parque estaba cerrado, por supuesto. Ya casi eran las nueve. Aparcaron el monovolumen en una plaza vacía y salieron.

La temperatura había bajado mucho tras la puesta del sol. El aire era frío y estaba cargado de humedad, y la brisa soplaba lo justo para que se convirtiera en algo desagradable. Lily tembló, cerró la cremallera de su chaqueta, acomodó el rifle en su hombro y echó a andar hacia la puerta junto con Rule y Cynna.

Cullen ya estaba allí.

—¿Qué creéis? ¿Se les ha olvidado cerrarla? —La puerta se abrió en cuanto la tocó.

Aquella era otra manera en la que Cullen podía resultar útil. Era bueno con las cerraduras. Lily nunca le había preguntado cómo o por qué había aprendido aquel arte de hechicero tan particular. Había cosas que era mejor no saber.

Lily miró a Rule.

—¿Estás bien?

La luz de las farolas del aparcamiento acentuaba aún más las mejillas afiladas de Rule y perfilaba su boca, pero los ojos estaban cubiertos por una sombra y no eran más que un reflejo líquido en la oscuridad. Rule deslizó una mano por la nuca de Lily y luego la hundió en su cabello, ofreciéndole como respuesta aquel contacto físico y una sencilla sonrisa.

—La tengo —dijo Cynna de repente—. Acabo de localizarla. Está aquí físicamente, no solamente dentro de un demonio.

—¿Y el demonio? —preguntó Lily.

—Está por aquí, pero… —Negó con la cabeza—. Creo que está dashtu, no muy lejos de Jiri; pero no estoy muy segura. Lo siento. Localizar a dos objetivos a la vez es un poco complicado.

—Deja de disculparte —replicó Cullen enfadado—. La mayoría de los localizadores ni siquiera pueden encontrar dos objetivos a la vez.

Al parecer el sexo no los había convertido en amantes. Al menos no en el sentido convencional del término. Pero ¿acaso en aquellos dos había algo convencional?

Entraron en el parque por la puerta abierta.

Debatieron la posibilidad de separarse, pero al final decidieron que eran un grupo demasiado pequeño para eso, sobre todo teniendo en cuenta que era muy difícil acercarse a un demonio sin que este se diera cuenta. Rule y Cullen podrían conseguirlo en forma de lobo, pero los dos debían permanecer en su forma humana. Rule tenía que ser capaz de hablar si Jiri quería llegar a un acuerdo y Cullen no podía convocar fuego mágico estando a cuatro patas. Así que permanecieron juntos y sobre dos piernas mientras avanzaban por el sendero.

La iluminación del parque se debía a farolas diseñadas para imitar a antiguas lámparas de gas, que estaban separadas a intervalos regulares lo suficientemente amplios como para que la luz resultara insuficiente y, con todo, arruinara la visión nocturna de Lily. El sendero crujía bajo sus pies a causa de la gravilla y las hojas heladas; y el aliento de Lily formó una nube blanca cuando entraron en el círculo de luz de la primera farola. Sobre sus cabezas, unas pocas estrellas se esforzaban en asomarse a pesar de la bruma nocturna. La luna estaba baja, justo por encima de los árboles hacia el este, con el aspecto de un trozo de sorbete de naranja. Todavía faltaba una semana para que estuviera llena.

El sendero cambiaba de dirección antes de llegar al arroyo para avanzar paralelo a este, separado por un soto de pequeños árboles. Lily oyó cómo corría el agua, chocando contra las rocas. Creyó que incluso podía oír el latido de su propio corazón. Dios sabía que podía sentirlo perfectamente.

Estaba aterrorizada.

Rule debía saberlo ya y Cullen también. Lo habrían olido. Aquello la molestaba, pero era una de esas cosas sobre las que ella no podía hacer nada. Aunque no se sentía avergonzada por tener miedo: era una respuesta emocional natural a la hora de enfrentarse a un demonio. Lily reconoció el sentimiento y lo dejó a un lado. Era mucho peor el miedo sobre el que no podía hablar.

¿Y si Jiri quería cambiar la vida de Toby por la de Rule? ¿El aceptaría?

¿Ella intentaría detenerlo?

No luches en batallas que todavía no se han presentado, se dijo a sí misma y siguió avanzando tan silenciosamente como pudo.

—Hay hechizos de protección ahí delante —anunció Cullen en voz baja.

Rule se detuvo.

—¿De qué tipo? —preguntó con una voz que casi no podía oírse.

—No son de los de mantener alejados a los intrusos, pero Jiri sabrá que estamos aquí. Puedo anularlos sin que ella lo descubra, pero necesitaré tiempo.

—¿Cuánto?

—Diez minutos por lo menos.

Que los acercaría peligrosamente al límite de tiempo. Lily no creía que Jiri fuera a matar a Toby si llegaban unos minutos tarde, el niño era demasiado valioso para ella, pero aquel era un riesgo que no quería correr.

Y Rule tampoco.

—Entonces llamaremos a su puerta antes de entrar. —Y siguió avanzando.

Después de aquello no se molestaron en avanzar sigilosamente. El sendero se alejaba ligeramente del arroyo para sortear una enorme roca. Los árboles se cerraban sobre sus cabezas y las ramas se rozaban al ser agitadas por la brisa. Entonces, Cynna habló en voz baja.

—Está ahí, pasados esos árboles, a unos tres metros.

Rule levantó una mano. Todos se detuvieron en las sombras de debajo de los árboles. Lily vio cómo Rule inclinaba la cabeza para olfatear el aire. Pero el viento soplaba de la dirección equivocada.

Tras un segundo, Rule se encogió de hombros.

—Será mejor que seamos puntuales. —Y avanzó.

El sendero les había llevado directamente al puente de piedra. Una mujer alta vestida de negro estaba justo en el centro. Su piel era tan oscura que se confundía con la ropa, un mono de malla ajustada, negro, que resaltaba su figura. Sin embargo, Jiri era fácil de distinguir. No había ningún árbol cuyas ramas taparan la luna que iluminaba el puente, y una de aquellas falsas lámparas de gas estaba situada en el otro extremo.

La mujer estaba de pie.

—Podéis salir de debajo de los árboles. Como podéis ver… —Hizo un gesto con la mano—, estoy sola.

—No del todo —dijo Cynna, con un tono de voz muy duro—. Tu amiguito está al otro lado del arroyo.

—Cynna —murmuró Jiri—. Cómo me odias. Me da pena. Sin embargo, en cierto sentido, no estarías aquí si no hubiera sido por mí, ¿verdad? Sí, Tish está cerca, pero le he ordenado que espere a una distancia suficiente para que sepáis que podréis escapar de él si es necesario. Necesito vuestra ayuda.

La risa de Rule fue breve y áspera.

—Tienes una forma muy rara de pedirla.

—Admito —respondió Jiri mientras caminaban lentamente al final del puente —que quería controlar la situación. No confío en vosotros más de lo que vosotros confiáis en mí. Creéis que los ataques contra los herederos son cosa mía. Desde luego, no tengo duda de que Cynna os habrá convencido de que soy el mal en persona.

—Has matado a mis hombres. Has hechizado a mi hijo. ¿Cómo te consideras a ti misma?

—Desesperada. —La palabra sonó neutra y extrañamente convincente.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó Lily con una voz tan poco expresiva como había podido conseguir.

Jiri la miró. Lily sintió la inequívoca sensación de una mirada compartida y sabía que aquella mujer podía ver en la oscuridad ligeramente mejor que la mayoría. ¿Quizá mejor que los humanos? Cynna había dicho que Jiri tenía materia demoníaca dentro de su cuerpo.

—Lily Yu. ¿Amas al hijo de tu amante?

Lo pregunta obligó a Lily a deshacerse de su máscara de profesionalidad, y no le cabía duda de que había sido formulada para conseguir ese efecto. ¿Quería a Toby?

En realidad, acababa de conocer al niño, así que lo que sentía por él era más la intención de amar que el sentimiento en sí. Pero entonces pensó en una voz joven y ávida, unos pasos rápidos bajando por la escalera, la expresión de tozudez en ese rostro infantil que se parecía tanto al rostro adulto que ella amaba y que, sin embargo, era muy diferente.

—Sí. —Su voz sonó ronca—. Tienes en tus manos el control que deseabas. Estamos aquí, dispuestos a hacer lo que sea para salvar a Toby. ¿Qué es lo que quieres? —preguntó de nuevo.

—Vuestra ayuda. No le hecho daño alguno al niño. No le haré daño. Yo no hago daño a los niños y eso Cynna debería saberlo.

—Freddie tenía un hijo —dijo Rule.

—¿Freddie?

—Uno de los hombres a los que has matado.

—¡Ah! —Durante un segundo el rostro de Jiri no expresó nada, como si la muerte fuera algo nuevo para ella—. Lo siento. ¿El niño tiene madre? —La pregunta fue pronunciada con una intensidad particular.

—Sí, tiene madre. Pero eso no disminuye el dolor de la pérdida de su padre.

—Pero los niños necesitan… No, no estamos aquí para eso. No importa. —Alzó la cabeza, la luz se deslizó por su rostro y Lily pudo verla claramente por primera vez. Era un rostro exótico, de nariz ancha y chata, frente despejada y redondeada, y ojos oscuros como ciruelas cubiertos de gruesas pestañas. La piel no era exactamente negra, sino marrón. La filigrana de tatuajes que la cubría era densa, mucho más densa que la de Cynna. Al menos era lo que se apreciaba a primera vista en medio de aquella oscuridad.

—Me he esforzado mucho para llegar a este punto —murmuró Jiri—, mucho; y ahora que ha llegado el momento, tengo miedo. Qué tontería. Pero he tenido miedo durante tanto tiempo que… llega a convertirse en un hábito. —Jiri se volvió hacia ellos de nuevo—. ¿Qué es lo que quiero? Te quiero a ti Rule Turner, para que líderes a tu gente, a tantos como puedas. También quiero a tu amigo el hechicero. Quiero que ataquéis a un hombre que una vez fue mi aprendiz.

—Tommy Córdoba.

Las cejas oscuras se arquearon por la sorpresa.

—¿Habéis llegado a descubrir eso? Sí, Tommy. Los ataques a los lupi han sido obra suya, no mía. —Su labio se curvó con desdén—. El diría que tiene una aliada muy poderosa. Vosotros ya sabéis a quién me refiero… Ella es vuestra enemiga. Tommy ha estado instruyendo a algunos de sus sirvientes, esos a los que llamáis azá, para que aprendan a invocar demonios, pero él es el amo. Por supuesto, no tenéis ninguna razón para creerme. Tish, muéstrate a nuestros invitados.

Al lado de una de las falsas lámparas de gas al otro extremo del puente el aire se enturbió, como si un dedo removiera una columna de humo. Y en cuestión de segundos, la bruma se convirtió en… algo. Era humanoide, tal como había dicho Li Qin, pero nada en aquella criatura recordaba a Lily a una persona. Era enorme, como los trols que Lily había visto en muchas ilustraciones: tres metros de alto y el doble de robusto que el hombre más grande que Lily hubiera podido ver nunca. El cuello era más ancho que sus caderas. La piel era del color de la sangre seca y tenía la textura de una roca; y unos colmillos de al menos treinta centímetros nacían a ambos lados de una boca ancha y sin labios. La cola se enroscaba limpiamente a sus pies, como una boa enorme y poderosa.

Y sí, era macho, un enorme gigante macho.

—No dispares —dijo Rule en voz baja.

De forma automática, Lily se había preparado para disparar con el rifle. Apuntaba directamente al demonio.

—Todavía puedo mentir —dijo Jiri—. Lo admito. Pero Tish no puede. Le he enseñado a hablar como los humanos. Preguntadle quién está detrás de los ataques. El contestará.

—¿Cynna? —preguntó Rule sin alzar la voz.

—Los demonios no pueden mentir, pero hay que formular las preguntas con cuidado y prestar mucha atención a las respuestas. Si pueden, te darán una respuesta técnicamente correcta, pero con un pequeño engaño de regalo.

—¿Tienes experiencia interrogando demonios?

Cynna inspiró profundamente y luego dejó salir el aire.

—Claro.

—Entonces haz las preguntas.

—Rule. —La voz de Cullen sonó como un reproche.

—Desde aquí —añadió Rule—. Puede oírnos desde aquí.

Lily pensó que Cynna tendría futuro como abogada si alguna vez decidía cambiar de trabajo. Sus preguntas no dejaron espacio a dudas: ¿La mujer que está sobre el puente delante de mí, que se hace llamar Jiri, es tu ama? «Sí». ¿Sabes o tienes razones para sospechar o suponer que tu ama ha invocado, ha ayudado a invocar o ha causado la invocación de otros demonios aparte de tu mismo, que hayan podido atacar a los lupi en este mundo? «No». ¿Sabes o tienes razones para sospechar o suponer que ella nos ha mentido? «No». ¿Sabes quién ha convocado a los demonios que atacaron a varios lupi hace cuatro noches? «Sí». ¿Quién? «Vosotros les conocéis como azá». ¿Quién era el amo de esos demonios? «Tommy Córdoba es su amo».

Cynna miró a Rule.

—Es lo mejor que puedo conseguir. Creo que dice la verdad.

—Tommy es el culpable de esos ataques —insistió Jiri—. Si le matáis, todo terminará. Aquellos a los que haya enseñado podrán convocar a los demonios, pero solo un señor de demonios puede controlarlos fuera del círculo de invocación.

Las palabras de Rule fueron muy frías.

—¿Quieres que crea que has montado todo esto para persuadirme de que mate a alguien que es mi propio enemigo?

—No, os he traído aquí para que matéis a mi enemigo. Pero afortunadamente para vosotros, también lo es vuestro.

—¿Por qué me atacaste? —preguntó Cullen.

—¿Tú qué crees? Eres un hechicero. Tenía la esperanza de que te unieras a mi causa y… evitar todo esto. Si hubiera sido capaz de hacerlo antes del segundo reajuste, antes de que Tommy absorbiera tanto poder… pero fallé. Luchaste contra mí.

—Tu demonio ha matado a cuatro lupi, a un humano y… a otro guerrero, hoy mismo —dijo Rule—. ¿Para qué necesitas nuestra ayuda?

—Tommy ha protegido su escondite contra cualquier intrusión demoníaca. Tish no puede entrar y yo no puedo hacerlo sin que salten todas las alarmas. Tengo la esperanza de que tu hechicero sea capaz de desmontar sus escudos. Ah, y tú… y yo tenemos algo en común. —Su voz tembló—. Tiene a mi hija como rehén. Esa es la otra parte del trato. Quiero que la rescatéis de sus garras.

El Mundo de los Lupi 03 - Líneas de sangre
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