Capítulo 9

Cynna insistió en acompañar a Lily a casa antes de partir para Virginia. Lily no discutió tanto como debería haber hecho.

Rule no se lo había contado, maldita sea. Lily había descubierto que la herida no estaba curándose al percibir una mancha de sangre en las sábanas aquella misma mañana. Pero hasta entonces Rule no había admitido que algo iba mal, y aun así se había negado a ir a ver un médico. No creía que la medicina tradicional pudiera ayudarlo.

Probablemente Rule tuviera razón. Cuando Lily había tocado la herida había sentido magia. Una magia naranja que cubría la herida como un sirope pegajoso. Magia demoníaca.

—La sensación pegajosa me recuerda a un maldición que toqué una vez —dijo Lily mientras salía del coche.

—Entonces, ¿crees que se trata de una maldición? —Cynna cerró la puerta del copiloto.

—Gan no cree que lo sea. —Al contrario que muchas personas que Lily conocía, a Gan le gustaba hablar por teléfono. El pequeño demonio la había llamado aquella misma mañana.

Cynna siguió a Lily al salir del garaje.

—¿Así que has hablado con esa cosa? Eh, quiero decir, con ella. ¿Le crees?

—No puede mentir. —Todavía. Una de las ventajas que aguardaban a Gan cuando transformara su cuerpo en algo más terrenal era que podría mentir.

—Quizá los demonios no puedan mentir directamente, pero les encanta el engaño.

—No veo qué puede sacar Gan engañándome en este asunto.

—Entonces, ¿qué es lo que ha dicho?

—Dice que… No puedo pronunciar la palabra que ha empleado. Es como si solo tuviera consonantes. Pero se refería a los demonios de ojos rojos. Dice que son soldados de infantería creados para las guerras demoníacas. Algunos de ellos son tropas de élite, estilo fuerzas especiales, y cuentan con un pequeño extra: sus garras exudan… llámalo veneno. Interfiere con la magia, por eso impide que la herida se cure. Gan ha dicho que…

« ¡Ah!», había dicho Gan cuando Lily le había hablado de la herida de Rule.

« ¿Quieres decir que todavía no está muerto? Creía que a estas alturas ya se habría desangrado».

Sí, Gan era todo tacto.

Lily introdujo la llave en la cerradura de la puerta de atrás.

—Ese veneno mágico resulta mortal para los demonios menores. Solo los más fuertes consiguen superarlo. Gan cree que el veneno actúa de forma diferente en un lupus porque su magia es diferente a la de un demonio. También dice —añadió Lily mientras abría la puerta—, que la Dama de Rule puede estar bloqueando el efecto de la magia para disminuir el daño.

Lily prefería ignorar los temas religiosos, pero para Gan la existencia de la Dama era un hecho, no una creencia. Al igual que las almas. Los demonios no entendían qué eran exactamente las almas, pero estaban fascinados por ellas.

Gan y Lily tenían mucho en común. Lily tampoco entendía qué eran las almas, aunque creía que algo debía seguir adelante tras la muerte del cuerpo. Bien podía llamársele alma o de cualquier otra forma. También tenía que admitir que la Dama era real… pero ya pensaría sobre todo eso más tarde.

—Atrás, Harry. —Puso un pie para impedir que su gato saliera de la casa, entraron por la puerta medio abierta e hizo malabarismos con su bolso y el maletín del portátil mientras introducía los números en el panel del sistema de alarma.

Rule estaba en el piso de arriba. Lily no le hizo saber que estaba en casa. El ya lo habría notado.

—Aunque esa magia no sea una maldición quizá funcione como magia y pueda ser eliminada de la misma forma. O quizá sea suficiente un hechizo antisortilegios. —Cynna se agachó para acariciar a Harry detrás de las orejas—. Eh, tipo duro. ¿Te están tratando bien?

—No todo lo bien que se merece, en su opinión, claro. —Lily dejó sus bolsas sobre la mesa, se quitó el abrigo y lo colocó en el respaldo de una silla.

—¿Qué es eso que dices sobre sortilegios y maldiciones?

—Los sortilegios tienen un componente físico. Las maldiciones no. Así que sí este veneno es físico en parte, quizá responda a las mismas técnicas que se emplean para eliminar un sortilegio. Cualquier sacerdotisa vudú puede eliminar un sortilegio, puedo darte el teléfono de una. Pero si se parece más a una maldición vas a necesitar a alguien que se dedique más a la fe tipo Abel o Sherry.

—Pero los dos están ocupados ahora mismo. ¿Quién más podría hacerlo?

—Bueno, algunos sacerdotes católicos reciben entrenamiento para la eliminación de maldiciones, pero hoy en día no es muy frecuente. Y creo que sus esfuerzos son más eficaces si tú eres católico.

—¿Y qué hay de Nettie? ¿O de la rhej? Si la curación basada en la fe funciona…

—Isen va a hablar con ella sobre el tema —dijo Rule desde la puerta. Llevaba puestos sus pantalones color caqui y nada más. Incluso iba descalzo. Los lupi no solían sentir el frío—. Quizá encuentre en la memoria algo que nos pueda ayudar.

—¿Y si lo encuentra vendrá aquí?

Las rhejes eran la ley y el orden y se guiaban por muchas normas. La rhej de los Nokolai, en concreto, nunca abandonaba el Hogar del Clan. Tenía sus razones por supuesto: sus más de ochenta años y que estaba ciega.

Rule se encogió de hombros.

—Ya nos enteraremos. Hola, Cynna.

—Hola, Rule. ¿Te puedes crees que Lily quiere que te quites los pantalones para mí?

Rule arqueó las cejas.

—Desde luego, te gusta andar por el filo de la navaja, ¿eh?

—Sí, esa soy yo. Siempre andando por el filo de la navaja. —Cynna sonrió—. Así que fuera los pantalones.

Algo que no era tan obvio como la ira relampagueó en los ojos de Rule.

—Aprecio tu oferta, pero no es necesario. Quizá tenga algunas molestias, pero no estoy incapacitado… como ya he afirmado antes. Si mi cuerpo no puede depurar el veneno en una semana, Nettie vendrá volando para hacerse cargo. —Miró a Lily como si diera por finalizada la discusión—. ¿Qué tal ha ido esa reunión tan importante?

—Ha resultado ser mucho más importante de lo que esperaba. Te lo contaré todo, pero primero explícame por qué Nettie no puede abandonar el Hogar del Clan hasta dentro de una semana.

—Está en Oregón, no en el Hogar del Clan.

A Lily se le cortó la respiración.

—¿Los gemelos?

—La madre se ha puesto de parto esta noche… justo en el momento en el que Paul era obligado a cambiar.

No cabía discusión alguna sobre las prioridades de Nettie. El clan al completo estaba preocupado por el destino de los dos gemelos, hijos de un hombre Nokolai. Los bebés iban necesitar cada gramo de experiencia de la chamán, que también había estudiado medicina en Harvard. En las escasísimas ocasiones en las que un lupus era padre de gemelos, uno o los dos niños morían justo después de nacer.

Había muchos secretos lupi que los humanos desconocían, pero uno de los más celosamente guardados era el efecto que tenía la magia sobre la fertilidad de la raza. Algunos lupi eran completamente estériles; y otros muchos casi lo eran en la práctica. Esa era una de las razones de su promiscuidad y su rechazo del matrimonio, e incluso marcaba la forma en la que sus líderes traspasaban su autoridad. Un rho y su heredero debían ser fértiles.

Técnicamente, Rule era fértil. Tenía un hijo. Pero Toby era su único vástago en una vida que abarcaba el doble de años que la de Lily, y Rule ya no se dedicaba a volar de flor en flor para diseminar su semilla. Toby sería probablemente el único hijo que Rule tendría nunca.

—De acuerdo. —Lily asintió—. Entiendo que Nettie no pueda venir. Pero entonces es imperativo que Cynna te eche un vistazo por si puede ayudarte.

La ceja de Rule hizo ese pequeño gesto que convertía su expresión en una burla.

—¿Ahora resulta que Cynna es curandera?

Lily miró a Cynna.

—Tendrás que perdonarlo. Creo que el veneno se le ha filtrado en el cerebro, quiero decir, el veneno de la testosterona. De repente se ha convertido en todo un macho y no para de decir «Estoy bien, déjame en paz».

—No soy una sanadora. —Cynna estaba contenta, como si el sarcasmo de Rule no hubiera tenido nada que ver con ella—. Cabe la posibilidad de que pueda solucionar lo de ese veneno mágico o magia de veneno o como se llame. Y Lily puede percibir con solo tocarte si el veneno se está extendiendo por tu cuerpo. Además, llevo encima una buena cantidad de agua bendita porque voy de camino a enfrentarme con un demonio. Quizá funcione.

—No soy católico.

—Pero yo sí, y soy yo la que va a utilizarla, así que cumplimos los requisitos de la fe. Ahora bien, es cierto que el agua bendita no funciona con todos los demonios, así que puede que no funcione con el veneno de tu demonio. Pero no perdemos nada intentándolo, ¿no?

—He sabido esta mañana —dijo Lily suavemente—, que la otra víctima del demonio, el hombre que salía del cine porno, murió de camino al hospital. No pudieron detener la hemorragia.

—Creo que era humano.

—Y puede que esa sea la razón por la que él está muerto y tú no. Pero no te estás curando.

Rule frunció los labios. Durante un segundó, Lily estuvo convencida de que se iba a negar, pero al final Rule se encogió de hombros.

—Está bien. —Se llevó las manos al cinturón.

Rule tenía tanta modestia como el gato de Lily. Se quitó los pantalones sin darle importancia, con la misma naturalidad con la que Lily se habría quitado los zapatos. Por lo menos, llevaba calzoncillos debajo.

—¿Tengo que quitarme el vendaje? —preguntó.

—Será lo mejor. —Cynna dejó caer su enorme bolso sobre la mesa y empezó a escarbar en él—. Tengo que verter el agua bendita directamente en la herida.

Qué pena que Rule llevara calzoncillos.

El demonio había hundido sus garras en el costado del lobo. Traducido a la forma humana de Rule, la herida se situaba encima de una nalga y se extendía diagonalmente por la cadera para terminar a pocos centímetro de la ingle. Era un sitio complicado para vendar. Lily había empleado unas gasas que podían pegarse sobre la herida; era lo más absorbente que había encontrado a las seis de la mañana.

La herida estaba cubierta ahora por una sola gasa colocada en posición diferente. Y estaba saturada de sangre.

—¿Cuántas veces has cambiado la gasa? —preguntó Lily.

—Una vez. Lo que no significa que me esté desangrando hasta morirme. Ni siquiera un humano se preocuparía por esta mínima pérdida de sangre.

Lily se mordió un labio para impedir que salieran las amargas palabras que pretendía utilizar y se agachó para recoger los pantalones que Rule había dejado caer al suelo. El miedo dejaba salir a la luz la peor parte de Lily.

Quizá él también estuviera asustado. Quizá por eso estuviera comportándose como un imbécil.

Rule retiró la gasa. La herida parecía reciente y no había ni rastro de cicatrización. La sangre se acumuló y se deslizó por su pierna. Una gota cayó al suelo.

—Pregunta —dijo Cynna—. ¿El veneno está en la sangre? Si es así, será mejor que me ponga guantes. No me gustaría contagiarme por accidente del veneno del pequeño demonio.

—No lo sé. —Cuando Lily había examinado la herida no había sangrado tan profusamente—. Lo comprobaré.

Lily se acercó a Rule y tocó la sangre que manaba por la pierna de Rule.

—Está limpia. Pero mientras la estoy tocando… —Tan delicadamente como pudo tocó la carne que rodeaba la herida. Se le cortó la respiración—. El contagio se está extendiendo. Ahora puedo percibirla en la carne que rodea la herida.

Rule tocó la mejilla de Lily. Y ella alzó la mirada. Los ojos de Rule estaban oscuros, opacos.

—Entonces es bueno que Cynna y tú hayáis pensado en lo del agua bendita. Perdona mi testarudez.

Lily tragó. Asintió. Y se hizo a un lado para que Cynna pudiera trabajar.

—No deberías sentir más que algo húmedo —dijo Cynna mientras se colocaba delante de Rule con un pequeño frasco de cristal en las manos—. Pero estamos pisando terreno experimental.

Rule asintió.

Cynna frunció el ceño y bajó la mirada a la cadera desnuda de Rule. Sus labios se movieron, pero si estaba rezando Lily no pudo oírla. Cynna destapó el frasco y vertió el agua bendita directamente en la herida.

La cara de Rule se contorsionó. Su mano reaccionó tan rápidamente que no era más que un borrón cuando Cynna salió volando hacia atrás.

El Mundo de los Lupi 03 - Líneas de sangre
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