Capítulo 15

Había dos hombres en cada extremo del porche. Y también una pareja de lobos. Los hombres llevaban el torso desnudo e iban armados con unos machetes tan largos como sus brazos. Los lobos eran grandes. Muy grandes.

Las manos de Cullen se movieron a velocidad vertiginosa para evitar que Timms echara mano del arma que llevaba en su chaqueta.

Timms frunció el ceño.

—No voy a…

—A hacer nada. Bien. Buena decisión. Estos hombres son la guardia personal del rho —dijo Cullen mientras apoyaba una mano en la espalda de Cynna y la empujaba para que avanzara—. Quieren que nos vayamos ahora.

—¿Ahora resulta que lees mentes? —replicó Cynna, pero obedeció a la urgencia de la mano que la empujaba—. No hace falta que digamos nada, porque tú sabes lo que todos queremos sin que tengamos que anunciarlo en voz alta. Muy práctico.

Cullen la ignoró. Una vez salieron del porche y se alejaron unos metros, Cullen miró a los dos guardias.

—Esta mujer tiene permiso para registrar vuestras tierras y, como hemos quedado, yo la acompañaré.

¿Por eso Cullen había desaparecido mientras esperaban a Víctor Frey? Lo más probable era que hubiera oído acercarse a los guardias. ¿Qué les habría contado?

El hombre al que Cullen se había dirigido tenía el cabello gris, medía casi dos metros y tenía la constitución de un luchador profesional. También era el primero que veía en aquel lugar que no era blanco: su piel era del color de una tostada quemada. Asintió tan brevemente que el gesto podría haberse confundido con una ilusión óptica.

—Está bien, escoria Nokolai. El otro hombre tiene que marcharse y no se le permitirá regresar.

—Disculpe —intervino Cynna—. Es conmigo con quien tiene que hablar respecto a eso, no con la escoria Nokolai. Su rho nos ha dado permiso para buscar al demonio en sus tierras. Eso incluye al agente Timms.

Unos ojos marrones se encontraron con los de Cynna.

—Lo he oído. Él le ha dado permiso a usted, no al FBI. Y ese de ahí —señaló a Cullen—, lo ha solicitado como es debido y hemos aceptado su presencia en nombre de la paz. El rho no ha especificado a quién extendía su invitación, así que es mi decisión si él la acompaña o no. Pero el humano se irá, ahora.

Cynna suspiró.

—Timms, espere en el coche. Solo por esta vez —añadió antes de que la protesta que se estaba gestando en el cerebro del agente saliera a la luz en forma de palabras—. Tengo que hablar con mi consultor. En privado. —Cynna miró a Cullen y arqueó una ceja para preguntarle dónde.

—En el centro del claro —dijo él e indicó la zona de reunión—. Si hablamos en voz baja no creo que puedan oírnos.

—El humano se irá, ahora —insistió el tipo grande, fuerte y malo.

—Oiga, aquí hay dos humanos. El que tiene el cromosoma Y se llama Timms y su rho no ha dicho nada respecto a él ni en un sentido ni en otro, así que me siento inclinada a pensar que está usted excediendo su autoridad como guardia al intentar echarlo de aquí. Me gustaría llegar a un acuerdo. ¿Usted no?

—El hombre humano se irá, ahora.

Cynna suspiró fastidiada.

—Solo por esta vez. Timms… al coche.

Timms le lanzó una mirada llena de significado, pero como Cynna no era telépata no tenía ni idea de lo que quería decir. Sin embargo, Timms obedeció, y Cynna y Cullen se dirigieron al centro del claro a la vista de todo el mundo.

Quizá era el momento de que Cynna hiciera una de esas preguntas que se estaban acumulando en su mente.

—¿Qué le has llamado?

—¿A quién?

—A Gunning. Le has llamado algo en ese latín vulgarizado que utilizáis.

—¿Tu consulta privada era sobre esto?

—Todavía no estamos en privado. —Cynna estaba convencida de que los guardias y sus colegas lobos todavía podían oírlos.

—Cierto. La frase se puede traducir literalmente como «devorador de cadáveres» e implica que se siente cierto placer al hacerlo.

—Jesús. Aconsejas a todo el mundo que se porte bien con el loco y vas tú y lo acusas de participar en una retorcida versión de necrofilia.

—Brady no puede odiarme más de lo que me odia ya.

La curiosidad estaba matando a Cynna. Quería saber cuándo había estado Cullen allí antes, qué había ocurrido, por qué lo odiaba el tipo loco y por qué había creído que aquella suicida era la hermana de Sabra en vez de su tía.

No se trataba de mero cotilleo… bueno, no del todo. Si Brady iba a ir a por Cullen mientras Cynna estuviera en las inmediaciones, a ella le gustaría saberlo, eso era todo. Pero por ahora tendría que conformarse. Habían llegado al centro del claro y se estaban quedando sin luz.

Cynna se detuvo y miró a Cullen.

Los últimos rayos de luz del día adoraban el rostro de Cullen. Se entretenían en la forma de sus mejillas, jugaban en su frente y rodeaban los contornos de sombras. Sus labios asemejaban a la idealización de la sensualidad tallada por un escultor. Cuando fruncía el ceño, la belleza de su rostro le daba un aire de gravedad que Cynna sabía que era completamente falso.

Pero, vaya, era algo hermoso de mirar. Cynna se perdonó por retener el aliento. Por lo menos, fue capaz de mantener un tono de voz normal, ya que habló tan bajo que apenas podía oírse a sí misma.

—¿Qué le pasa a Frey?

Cullen frunció el ceño aún más.

—La rhej ya ha compartido contigo uno de nuestros secretos mejor guardados, incluso aunque todavía no hayas aceptado ser su aprendiz. Voy a tomarlo como si te estuviera permitido saber más cosas, pero no debes hablar de esto con nadie que no pertenezca a los clanes, nunca.

—He hecho que Timms nos espere en el coche, ¿no te basta con eso? —De pronto, se le ocurrió algo—. Pero Lily es Nokolai, puedo contárselo a ella.

—Rule debe saberlo así que, sí, cuéntaselo. Pero no le hables de los detalles por teléfono, simplemente di que Víctor Frey tiene problemas con su heres valos.

—Sigue explicándote.

—Te daré la versión corta, pero ten en cuenta que estoy simplificando mucho las cosas. Parte del manto de un rho pasa al lu nuncio o heredero. Si el heredero…

—Espera un segundo, ¿manto?

—La autoridad que lo convierte a uno en rho. Cuando un rho muere, toda la autoridad pasa a su heredero, porque este ya lleva en él parte del manto. Entre otras cosas esto protege al clan del impacto de la muerte. Pero si el heredero muere antes, el rho tiene que reabsorber su heres valos. Eso puede ser complicado y el dolor por la pérdida puede hacerlo aún más difícil, pero cualquiera que sea rho es un hijo de puta muy, pero que muy duro. Normalmente lo consiguen sin problemas.

—Pero Víctor no lo está consiguiendo.

—No. Seguramente pasó a su hijo más cantidad de manto de lo que es normal.

—¿Por qué lo haría?

—La razón más obvia es la mala salud.

—Creía que los lupi no podían enfermar.

—¿Quieres que te dé la explicación más larga después de todo?

Cynna miró al cielo. El sol ya había desaparecido y las sombras empezaban a confundirse unas con otras.

—Dime tan solo hasta qué punto es peligroso Víctor Frey.

—Lo normal es que esté un poco irritable.

Cynna suspiró.

—¿Irritable? Me has sacado de allí como si fuera a arrancarme las tripas.

—Lo suficientemente irritable como para sacarle las tripas a cualquiera que amenace su autoridad, sea hombre o mujer.

—Me estás diciendo que se ha vuelto loco. Que eso del heres valos lo ha vuelto loco. —Eso era lo que Rule le había explicado una vez, hace años: normalmente se consideraba que un lupus adulto que atacara a una mujer se había vuelto loco.

Pero Rule la había pegado. Cynna nunca hubiera creído que eso fuera posible en cualquiera de sus dos formas. Una bofetada no es un ataque se recordó Cynna, pero aun así sentía cierta tensión en la boca del estómago.

—O si no, todo eso de que los lupi no hacen daño a las mujeres no son más que mentiras.

—El problema de Rule no tiene nada que ver con lo que le pasa a Víctor.

—¿Qué? —Había sonado amable y comprensivo. ¿Cullen podía ser amable y comprensivo?

—¿No estabas pensando en eso? Rule te ha pegado y tú te preguntas si es que se ha vuelto loco o mintió sobre eso de que los lupi no atacan a las mujeres.

Cynna frunció el ceño. Cullen se había vuelto perceptivo con ella, ¿qué demonios estaba pasando en el mundo?

—No puedo creer que te lo contara. Estaba tan arrepentido.

—Por supuesto que me lo ha contado. Parte de su penitencia consiste en dar a conocer su vergüenza. Pero como te he dicho, el problema de Rule es muy diferente al de Víctor. Víctor es un tirano la mayor parte del tiempo. Ahora mismo, solo es racional a ratos. Pero a Rule no le pasa nada malo, simplemente ya no confía demasiado en su lobo.

—Quizá tiene razón en no confiar. No fue su parte humana la que me tiró al suelo.

—Estaba herido. El lobo reaccionó al dolor que le causaste, pero incluso a pesar de que la reacción fue totalmente desmedida tuvo mucho cuidado con su fuerza. ¿O crees que una pequeña bofetada es la forma de responder a una amenaza inmediata?

—¿Pequeña? —repitió Cynna indignada—. ¿Crees que está bien pegar a una mujer siempre y cuando no le hagas mucho daño?

—No, y creo que no me quieres entender intencionadamente.

Cynna desvió la mirada. Seguía sintiendo cierta tensión en la boca del estómago. Estaba haciendo una montaña de un grano de arena y no sabía muy bien por qué. Ya era hora de cambiar de tema.

Al otro lado del claro, en la casa, los guardias tanto humanos como lobos los observaban detenidamente.

—Antes has oído que llegaban los guardaespaldas. ¿Por qué no han aparecido antes? ¿Y por qué has salido a hablar con ellos?

Cullen rió sarcástico.

—Ya sabía que estaban por allí. Frederick es bueno, pero no tenía el viento a su favor.

—No es eso lo que te he preguntado.

Cullen ignoró el comentario.

—Asuntos personales. Víctor está convencido de que lo mejor para su gente es hacerse pasar por humanos todo el tiempo que sea posible y unos tipos armados con machetes no encajan demasiado bien en esa imagen; así que los mantiene fuera de la vista y ha hecho que sea Sabra la que abra la puerta. Estoy seguro de que Merilee tenía órdenes de quedarse en su habitación.

—¿La has oído? Sí, por supuesto que la has oído. Pero sigo sin entenderlo. Yo sabía que Frey era un rho y esperaba encontrarme guardias.

—La mayoría de los humanos ni siquiera conocen la palabra «rho» y mucho menos su significado. Frey creía que iba a recibir la visita de un agente del FBI normal y corriente que se tragaría la escenita que había preparado: un pobre viejo destrozado por el dolor, pero que lo lleva más o menos bien. Alguien que no supone una amenaza. Pero entonces he aparecido yo y resulta que puede ser que tú seas la próxima rhej de los Nokolai. Su pantomima se ha ido a pique. Ha intentado mantenerse en su papel, pero ha perdido el control de la situación y él lo sabía. Cuando se ha dado cuenta de que iba a verse obligado a dejarte que anduvieras de caza por sus tierras, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Tan solo le queda un hilo de cordura y se aferra a él con todas sus fuerzas.

—Me podías haber avisado de eso del heres-lo-que-sea.

—¿Es que ahora resulta que soy un precog? No sabía que Víctor tenía problemas hasta que he entrado ahí. Lo he olido entonces, pero ya era un poco tarde para dar avisos.

Cynna recordó cómo había empalidecido la hija de Frey y cómo se había marchado enseguida en cuando había sabido que el rho tenía problemas con el heres valos.

—Es un peligro para todos los que le rodean.

—No podemos ayudarlos. ¿Qué vas a hacer con Timms?

Cynna se mordió el labio inferior. Si sacara su orden de registro podría insistir en que la presencia de Timms era necesaria, pero no quería poner en duda la autoridad de Frey y hacer que perdiera la cabeza definitivamente.

—¿Quién resultará herido si Frey pierde el control? ¿Nosotros o los que lo rodean?

—Cualquiera. Todos. Es imposible de predecir.

Genial.

—Voy a lanzar un hechizo de localización completo para ver si el demonio sigue por aquí cerca.

—Hay un nodo en estas tierras —le avisó Cullen—. Está vinculado a los Leidolf así que es inútil para cualquier otra persona, y es bastante pequeño. Pero estamos muy cerca. ¿Interferirá con tu hechizo?

—No debería. Si no capto nada volveremos mañana y haremos que alguien nos lleve al lugar donde sucedió el ataque. No tenemos ninguna descripción de ese demonio. Quizá no se parezca al que matamos nosotros y por eso no puedo localizarlo.

—¿Y si captas algo?

—Saldremos de caza. —Cynna echó una mirada al coche—. Los tres. Timms es un imbécil, pero es un tirador de primera y esas cosas son muy difíciles de matar. Conozco un hechizo que funciona en esos casos, pero exige toda mi energía. Me gustaría llevar refuerzos.

—¿Y qué soy yo, un queso gruyere? Alex y sus amiguitos no dejarán que Timms salga del coche.

—¿Alex es el jefe? Bueno, quizá no le guste, pero ¿qué puede hacer para impedirlo?

—Matarnos, si Víctor le ordena que lo haga.

—Así que es mejor que no le digamos nada a Víctor.

—Alex se lo dirá.

Mierda. Por eso no le gustaba estar al mando. A veces ninguna opción era buena, pero había que elegir una de todos modos.

—¿Sabes disparar un lanzamisiles M72?

—¿Tiene gatillo?

—No importa. ¿Vas armado?

—Con mi encanto y mi valor. Odio las armas.

—Pero puedes usar una si es necesario. ¿Sabes qué? Tienes que usar una. Llevamos un M-16 en el maletero del coche y sí que tiene gatillo. ¿Qué hay de tu diamante?

—Todavía no se ha recargado del todo.

¿Todavía? Añadió otra pregunta a su lista mental de «cuando estemos solos».

—Voy a lanzar el hechizo.

Cullen asintió y le dio la espalda.

No se trataba de grosería. Así él vigilaría la parte exterior del claro mientras le guardaba la espalda a Cynna, para que ella pudiera concentrarse en su hechizo. Cynna tenía que admitir que esa era una de las cosas que le gustaban de Cullen: no hacía falta que Cynna explicara nada cuando se trataba de magia. El siempre lo sabía todo.

Hacer que la magia funcionara exigía tres requisitos: conocimiento, concentración y energía. La energía podía ser innata, ser reunida por varios adeptos, obtenerse de alguna fuente natural o podía ser robada; aunque esto último era magia negra, que era en lo que pensaba la mayoría de la gente cuando les hablabas de hechicería. La concentración era algo que había que aprender. Y lo del conocimiento, normalmente, significaba que tenías que conocer el hechizo que querías invocar. En lo que a localización se refería, eso implicaba la utilización del kilingo apropiado para el objetivo.

Cuando lanzaba un hechizo rápido, Cynna lo único que tenía que hacer era concentrarse en el objeto que intentaba encontrar. Pero un hechizo completo implicaba invertir una gran cantidad de magia en la búsqueda. Para eso necesitaba que su concentración fuera plena y clara como el cristal.

Cynna rezó un padrenuestro apresurado, se agachó, se soltó los zapatos y se los quitó junto con los calcetines.

El suelo estaba frío y pinchaba por la hierba seca. Cynna cerró los ojos y sacudió los brazos hasta que sintió un cosquilleo en la punta de los dedos. Envió ese cosquilleo hacia arriba por los brazos, hacia abajo por la columna vertebral y rastreó la magia inherente a su piel, la que estaba vinculada a ella, pero no siempre estaba donde tenía que estar. Era como su pelaje, pensó Cynna, siempre erizándose cuando soplaba el viento.

Algunos de los tatuajes más complicados almacenaban hechizos. Esos eran los kilingo; y llevaba días, e incluso semanas, perfeccionarlos e imprimirlos en la piel. Y llevaría el mismo tiempo alterarlos o borrarlos. Pero la mayoría de los diseños que llevaba encima eran kielezo, tramas obtenidas de algo o alguien que había localizado o que quizá necesitaría localizar. Los kielezo eran más fáciles y rápidos de imprimir, cambiar o borrar.

El kielezo del demonio muerto estaba en su omóplato derecho. Sentía la piel de esa zona un poco tirante por la magia residual del hechizo que había intentando lanzar en el coche y que no había completado. Cynna añadió más energía y… comenzó a moverse.

Primero solo los pies. Flexionó las rodillas y levantó un talón, luego el otro; pero mantuvo los pies en contacto con la tierra. Primero lentamente y luego más rápido, los talones empezaron a marcar un ritmo tan antiguo como África. Fue creciendo y creciendo, y el ritmo se mezcló con la energía del kielezo de su hombro y lanzó su esencia por el aire, rodeando a la propia Cynna. Sus brazos empezaron a levantarse primero hasta las caderas, luego hasta la cintura y finalmente quedaron a la altura del pecho. Inspiró y la trama entró en su cuerpo.

Cuando los brazos quedaron sobre su cabeza, con los talones todavía golpeando el suelo sin perder el ritmo, Cynna buscó. Y localizó.

No era una coincidencia exacta, pero la conexión era indiscutible. Cynna lo sintió en el estómago, en las palmas de las manos, en el pelo que se le erizaba por todo el cuerpo. Abrió los ojos.

Estaba mirando hacia la casa.

El Mundo de los Lupi 03 - Líneas de sangre
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