Capítulo 26
«No puedo hacer nada».
Hasta que la abuela había pronunciado aquellas palabras, Lily no se había dado cuenta de que una gran parte de ella creía que Li Lei podía arreglarlo prácticamente todo. Y que podría hacer algo por Rule.
Era una idea infantil. Si el miedo de Lily por Rule se había redoblado tras el intento fallido de Li Lei, solo era culpa de ella misma. No se había percatado de las esperanzas que tenía depositadas en su abuela y ahora estaba pagando el precio. Además, había que añadir el sentimiento de culpa por el hecho de que Li Lei se hubiera arriesgado de esa manera. Lo poco que Lily fue capaz de comer se le quedó atascado en el esófago.
—Por supuesto —dijo Rule—, hable.
A la abuela no le pasó desapercibido el tono retador de Rule, pero no se detuvo a enfrentarse con él.
—Quiero tu palabra de que lo que se diga aquí no saldrá de esta habitación, a no ser que consideres necesario contárselo a tu padre. Tu juramento obligará a todos los lupi presentes.
Rule lo pensó unos instantes, pero enseguida asintió.
La abuela miró a Lily.
—Tú te sentirás obligaba a informar al FBI. Solo te pido que tan solo hables con Rubén Brooks y con los integrantes de esa nueva unidad vuestra. Sí, a ellos puedes contárselo. —Finalmente miró a Cynna—. No te conozco. No sé qué razones te mueven a hacer las cosas ni lo que tu palabra significa para ti.
Cynna le devolvió la mirada.
—Yo no soy la que ha intentado hechizar a alguien sin pedir permiso.
Li Lei rió.
—No lo he intentado. En cierto sentido, he tenido éxito. ¿Tengo tu palabra de que no hablarás de esto con nadie excepto con tu gente del FBI?
—Claro.
Si a la abuela le molestó la forma informal de hablar de Cynna, no dijo nada al respecto. Li Lei los miró a todos ellos una vez más y luego empezó.
—Os voy a contar un cuento que creo que es cierto. Me lo contó alguien que sabe mucho y tuvo lugar hace tanto tiempo que los soles han cambiado de lugar desde entonces. Me saltaré la mayor parte del comienzo —añadió secamente—, o estaríamos aquí sentados durante mucho tiempo. La parte que nos interesa tiene que ver con los que vosotros llamáis ancianos.
—¿Como la diosa? —Preguntó Lily—. ¿Esa cuyo nombre no mencionamos?
—Ella y otros. Muchos otros. Nosotros los llamamos dioses, ángeles, demonios… Pero no son nada de eso y lo son todo. Su verdadera naturaleza está más allá de nuestra comprensión. Muchos de esos… llamadlos guardianes, aunque es difícil decir qué están guardando. Quizá sea la realidad misma. Ellos son los únicos que quedaron cuando el último Gran Ciclo terminó y el universo murió y renació.
Rule hizo un leve sonido.
—Dígame que no está hablando del Big Bang.
—Los científicos lo llaman así. —Li Lei se encogió de hombros—. Tan solo estoy diciendo que algunos de los que vivieron en el ciclo anterior sobrevivieron y siguen vivos en este, aunque no sé si se quedaron por deber o por amor, por avaricia o fracaso, por karma o por elección. Quizá tan solo se quedaron unos pocos. Nuestras palabras no pueden abarcar todo lo que significan y lo que son ellos. Algunos adoptaron la responsabilidad de establecer el equilibrio entre los mundos.
Li Lei hizo una pausa, tomó un sorbo de té e hizo un gesto de disgusto.
—El té frío —anunció—, es una abominación. Quizá hace unos trescientos años, algunos de los que se ocupaban de mantener el equilibrio vieron que estaba en peligro. Otros discreparon. Hubo grandes conflictos y mucha devastación.
—La Gran Guerra —dijo Rule lentamente—. Está hablando de la Gran Guerra.
Li Lei asintió una sola vez.
—Nuestro mundo tuvo algo que ver en ella, pero fue una guerra que tuvo lugar en muchos mundos. Vuestra Dama tomó parte en ella, al igual que vuestra gente. Al final, ganaron los que estaban preocupados por el equilibrio y… decidieron mover ciertas cosas.
Lily se humedeció los labios.
—Eh… ¿Los mundos?
—Sí. Hacer algo así es complicado hasta para ellos. Pero algunos decidieron trabajar juntos para conseguirlo y así aislaron la Tierra de los demás mundos. Aquí, la magia empezó a disminuir, poco a poco al principio, y durante siglos nadie notó nada. Pero después el proceso se aceleró. Y ellos, incluso ellos, tuvieron prohibido entrar en la Tierra o intervenir en nuestros asuntos.
—¿Por eso la Gran Zorra no puede venir aquí? —Preguntó Cullen animado—, ¿Porque se lo han prohibido sus iguales?
Li Lei se encogió de hombros de nuevo.
—«Prohibido» es una palabra humana. Desconozco por qué tipo de reglas y normas se rigen seres como ellos.
—El doctor Fagin —intervino Lily—, de la nueva unidad, el que está al mando, cree que la magia empezó a disminuir hace cuatrocientos años, no trescientos.
La abuela la miró.
—No anda tan desencaminado. En aquella época la magia que quedaba en nuestro mundo no era suficiente para… mantener unidas las cosas. Por eso los dragones tuvieron que marcharse, al igual que los elfos y muchos otros seres de la Estirpe; y su marcha dejó un agujero. La magia se escurrió por él mucho más rápido que antes. Y el libro de todas las magias…
—Se perdió —terminó Cullen—. ¿No?
La abuela le lanzó una mirada severa.
—Tú —anunció—, vas a suponer un problema. —Entrelazó las manos y las apoyó en la mesa—. El cambio en los mundos y el aislamiento de la Tierra no se pensó para siempre. La historia que yo conozco llama «el Reajuste» al momento en el que los mundos volverán a su estado original. Y hace dos noches he sentido cómo ocurría.
Nadie dijo nada durante un largo rato. Fue Cynna la que rompió el silencio.
—Perdone, pero ¿se supone que simplemente tenemos que creernos eso? Ya nos habíamos imaginado que los mundos estaban moviéndose, pero todo eso que cuenta… ¿De verdad afirma que de toda la gente que vive en este planeta usted fue la única que sintió ese Reajuste y supo lo que era?
Fuera cual fuera la razón, la abuela sonrió ante la pregunta, como si se tratara de un buen chiste. —Sí.
—¿Lo que quieres decir —intervino Lily mientras se inclinaba hacia delante—, es que la magia no va a regresar al nivel de hace cuatrocientos años, sino al de hace tres mil?
—Sí. Aunque no creo que suceda de golpe.
—¿Y el Codex Arcanum?—quiso saber Cullen—. El libro de todas las magias… Antes ha dicho algo al respecto.
Li Lei miró a Cullen y suspiró.
—Sí. Según la leyenda… la teoría… la suposición. —Decidió Li Lei—. Vamos a llamarlo la suposición hecha por aquel que me contó esta historia. El cree que eso que tú llamas el Codex fue escondido cuando la magia empezó a fallar. Cree que con el Reajuste volverá a nuestro mundo o nos será devuelto… E incluso cree que el hecho de que suceda el Reajuste significa que el Codex ya ha vuelto a la Tierra. Hay otros que también lo creen —añadió tristemente—. Incluso Ella, cuyo nombre no mencionamos. Eso es lo que Ella quiere: el Codex Arcanum. El libro de todas las magias.
—No les hables de esto —dijo Cullen.
Lily se le quedó mirando: Cullen tenía los ojos brumosos y su rostro revelaba, los sentimientos que bullían en su interior.
—¿Qué?
—No digas nada en el FBI sobre el Codex. No me confiaría ni a mí mismo el conocimiento de que el libro ha vuelto, de que quizá haya vuelto. Así que mucho menos confiaría en nadie más.
—Pero tengo que hacerlo —respondió Lily—. Tienen que saberlo.
Los ojos de Cullen relampaguearon de una ira tan intensa que Lily casi sintió la tentación de echar mano de su arma. Cullen sacudió la cabeza, se levantó enérgicamente y se dirigió hacia la puerta.
Lily también se levantó.
—Cullen…
Rule tocó el brazo de Lily.
—Déjalo. Volverá cuando esté preparado.