29
—¿Sabes lo más raro? Que hay un montón de gente «diferente» en el instituto. Alguien podría ser cualquiera. Por ejemplo, podría ser Ken Abernathy, el que tiene un problema de gases bastante grave. En serio, es muy triste. ¡Hasta podría ser el señor Shackleman!
Scar y yo estamos dando vueltas con el coche, sin rumbo fijo. Solo estamos recorriendo las calles porque son familiares. A diferencia de mis antiguos compañeros de colegio, que han cambiado un montón, el barrio está exactamente igual que antes. Puede que los árboles estén más desnudos, pero lo están igual que lo estaban el otoño anterior, y el de hace dos años. Hasta mi casa está tal y como la recuerdo, a pesar de que en estos momentos la ocupa una nueva familia. La única diferencia es que ahora hay un triciclo con borlas en el manillar en el césped delantero y una pelota de fútbol incrustada en un arbusto. Cuando pasamos por delante, entrecierro los ojos para que esos elementos nuevos queden borrados de la imagen. Es mi casa, pero no es mi casa.
«Mamá, ¿dónde estás? Tonta de mí, creía que estarías más aquí que allí.»
—¿Quién es el señor Shackleman? —pregunta Scar.
—Mi profesor de educación física. Es un pervertido total.
—Qué fuerte. ¿Te imaginas que resulta que Alguien es un viejo verde que lleva..., yo qué sé, barba larga?
—Puaj. Está calvo y tiene una barriga cervecera.
—Creo que vas a tener que subirte al tren de Liam, porque fijo que él es Alguien. Seguro.
Scar para en el 7-Eleven y nos quedamos allí mirando la tienda, con sus enormes ventanales, sus luces fluorescentes de dentro, las estanterías de comida precocinada y los relucientes perritos calientes en los asadores. Me gusta estar allí, dentro del coche. Un cascarón de plástico y metal.
«Mamá, te echo de menos. Te quiero.»
—Es que... no sé —digo, y me centro en el presente—. Yo no veo a Liam así. Es muy mono y eso, sí, pero... es todo un poco forzado con él. Vale. Ya sé que lo que digo suena raro y es como si me hubiera vuelto muy exigente de pronto. Debería alegrarme de que le guste a un chico...
—Venga ya, eso es una tontería. Si no te gusta, no te gusta y punto. No estoy diciendo que deberías estar desesperada, solo digo que a lo mejor no ves lo que tienes delante de tus narices. Como Adam y yo. —Me echo a reír, no puedo evitarlo. Adam y Scar. Scar y Adam. Toda la historia en sí tiene un punto entrañable—. Vale, está bien. Ríete. Aprovecha y ríete a gusto. Porque no he acabado todavía, ni mucho menos.
—Scar y Adam sentaditos en un árbol. ¡Que se besen! ¡Que se besen! Primero el amor, luego el casamiento. Y después un niño y su nacimiento.
—No lo quiera Dios...
Esto es lo que quiero decir, pero suena un poco raro, incluso para mi propia mente: «A veces Liam hace que me sienta como si se fijara en mí, pero en realidad no me ve. Yo quiero que me vean». Y tal vez esa sea otra razón por la que no creo que Liam sea Alguien. Porque Alguien me ve de verdad. Estoy convencida de eso. Él entiende lo que he tenido que vivir. Él y yo conectamos.
—Bueno, lo del sexo. ¿Quieres que hablemos de ello?
Le pregunto. El sexo —la cuestión sobre si hacerlo o no hacerlo— es la única parte de su relación con Adam que todavía no hemos analizado con detalle.
—Quiero hacerlo. Bueno, mis partes femeninas, definitivamente, quieren hacerlo, pero ¿y si no lo sé hacer bien, o le doy asco, o...? Ya sabes, ¿y si me quedo embarazada?
—¿Te acuerdas de las clases de educación sexual del año pasado? ¿Con los condones? Plátano. Pene. Es lo mismo, ¿no? Y no le vas a dar ningún asco, sino todo lo contrario.
—Aun suponiendo que consiga cogerle el tranquillo al asunto, aprender cómo colocarle el condón y eso, se... se pueden romper, o no funcionar, o lo que sea. Podría tomar la píldora, pero no sé cómo hacer eso sin decírselo a mi madre, y se pondría histérica.
Scar mira hacia delante. Esta conversación es mejor con nuestras cabezas en paralelo. Sin que haya contacto visual.
—¿Adam te está presionando? ¿Has hablado con él del tema?
—La verdad es que no. A ver, sé que no quiere hacerlo... Quiero decir que no quiere hablar del tema. Aunque, pensándolo bien, quizá sí.
—¿Y por qué no esperas a ver cómo van las cosas? Seguramente él también es virgen. Y si tu madre os ve juntos a todas horas, a lo mejor al final saca ella el tema.
—Tú conoces a mi madre, ¿verdad?
—No sé. No hace falta que lo decidas todo ahora.
—¿Tú no crees que debería hacerlo? —me pregunta. Me resulta raro verla así, tan vulnerable, tan insegura. Enamorada. Pienso en lo que diría mi madre, porque nos imagino a las dos teniendo suficiente confianza para hablar de estas cosas si todavía estuviera viva. Aunque lo más probable es que no fuera así. Me parece que algo pasa cuando cumples los dieciséis. Tus padres dejan de ser tus aliados para convertirse en tus mayores obstáculos. Soy la única adolescente que conozco que nada desearía más en este mundo que ser castigada por su madre. Para mí sería lo contrario de un castigo.
—No importa lo que yo piense. Deberías hacer aquello con lo que te sientas cómoda.
—Estás echando balones fuera, Jess.
Me río y le doy un golpecito en las costillas. Se me ocurre que lo que Scar necesita ahora mismo es una amiga como Scar: alguien que le hable con sinceridad y que le diga las cosas tal como son.
—Sinceramente, y ya sé que tiene su gracia que lo diga yo, me parece que le estás dando demasiadas vueltas. Relájate. Haz lo que quieras hacer cuando quieras hacerlo. Si estás lista, adelante y que la fuerza te acompañe. Y si no estás lista todavía, no pasa absolutamente nada. Ahora te parece algo muy serio y muy importante, pero a lo mejor no lo es. —Mis palabras suenan sabias y seguras. Son palabras que nunca en mi vida me he aplicado a mí misma, sobre todo en este contexto—. Solo tienes que saber si tienes miedo porque no estás lista o porque es tu primera vez, y, a ver, se supone que la primera vez da un poco de miedo, ¿no? En fin, la verdad es que no hay una respuesta correcta para esto.
—Hablas como yo —dice Scar, y al final vuelve la cabeza hacia mí. Veo lágrimas en sus ojos, cosa que me entristece, porque debería estar feliz. Está consiguiendo lo que siempre había querido, amar y ser amada, aunque no sea todo exactamente como ella lo imaginaba.
—Aprendí de la mejor. —Sonrío. Luego, al unísono, sin necesidad de palabras, como la vieja Scar y la vieja Jess, abrimos la puerta del coche y entramos en el 7-Eleven. Y tal como hacíamos antes, mucho antes de que las cosas se complicasen tantísimo, nos vamos directas al fondo de la tienda, a la siempre fiable máquina de los helados, que nunca nos ha fallado.
Dri: |
¿Liam te ha pedido para salir? |
Yo: |
¡No! |
Un momento, ¿eso es mentira? Si Liam es Alguien y vamos a quedar en persona, ¿eso cuenta? Y suponiendo que sea verdad lo que dice Caleb y Gem y Liam (no pienso llamarlos Gemiam) hayan cortado por mi culpa, ¿tengo la obligación de decírselo a Dri?
—¡No se lo digas! —grita Scar, leyéndome el pensamiento a la vez que lee mis mensajes en el móvil. Estamos otra vez en el sótano, y unos vampiros muy guapos están salvando a unas adolescentes indefensas de las garras de otros vampiros asesinos en televisión. Estamos comiendo palomitas. No podría ser más feliz—. Hazme caso. Solo conseguirás herir sus sentimientos. Y no es mentira. Liam no te ha pedido para salir.
Dri: |
Creo que te lo pedirá. Tú le gustas. |
Yo: |
No me interesa. |
Dri: |
¿Y si Liam es Alguien? |
Yo: |
No es Alguien. |
Dri: |
Pero ¿y si lo es? |
Yo: |
¡Dri! |
—Quiere que le digas que no saldrás con él. No puedes decirle eso. Si Liam es Alguien, tienes que darle una oportunidad. Tienes que hacerlo. —Scar ha recuperado la seguridad en sí misma. Esta es mi mejor amiga de siempre: la que te dice la verdad sin tapujos, sin endulzarla—. Y si de verdad es tu amiga, lo entenderá.
—Es mi amiga, pero desde hace poco. Es diferente. Todavía no nos tenemos mucha confianza, ¿sabes?
—Aun así.
—Liam no es Alguien.
—Lo que tú digas. Pero yo digo que sí.
Le sonrío, porque es gracioso que hable de mis amigos de Wood Valley como si fueran personajes de una serie de televisión, como si estuviera elucubrando sobre qué va a pasar en el siguiente episodio. En cierto modo, yo también lo hago. A veces Wood Valley parece mi vida de ficción.
Dri: |
Liam no tiene ninguna hermana. |
Yo: |
¿Lo ves? |
Dri: |
No sé. Todavía pienso que él es Alguien. Y sí, lo admito. Estoy muuuuuuuuuuuy celosa. |
Yo: |
Por favor. No lo estés. |
Dri: |
Vale. Te quiero de todos modos. Voy a escuchar «La chica a la que nadie conoce» en bucle y a autocompadecerme un rato. |
Theo: |
PERO ¿¿QUÉÉÉ?? ¿Liam ha roto con Gem por ti? |
Yo: |
¿Quién te ha dicho eso? |
Theo: |
TODO EL MUNDO. Liam está BUENÍÍÍÍÍSIMO. ¿Se puede saber cómo te lo has camelado? |
Yo: |
Yo no me he camelado a nadie. |
Theo: |
Nena, eres una caja de sorpresas. |
Yo: |
No creo. |
Theo: |
Está diciéndole a todo el mundo que eres «como una ráfaga de aire fresco». |
Yo: |
Es bonito por su parte, pero eso suena como si fuera un desodorante. |
Theo: |
Por cierto, tu padre me va a hacer ir a recogerte al aeropuerto, así que más te vale no facturar ninguna maleta. No me hagas esperar. |
* * *
Yo: |
Tres cosas. (1) No sé quién eres. Ojalá lo supiera. Scar tiene sus teorías, pero la verdad es que no lo sé. Creía que eras otra persona, pero ahora sé que estaba equivocada. (2) Nunca te he mentido, creo que no, vaya. Bueno, menos el primer día, cuando te dije que soy cinturón negro de kárate. No he practicado kárate en mi vida. Miento fatal. Creo que me resulta fácil hablar contigo porque no sé quién eres. ¿Supongo que para ti es diferente? (3) Ya no sé dónde está mi hogar. |
Alguien: |
Tal vez tu hogar no tiene por qué ser un sitio. |
Yo: |
Tal vez no. |