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El plan de Dri es vivir la vida a través de mis experiencias, todo un hito, porque hasta ahora nadie había querido nunca ser yo. Nunca. Me ha dicho que le envíe un whatsapp cuando Liam diga algo. Bueno, cuando diga lo que sea, en realidad.
—¿Quieres aprender vía whatsapp cómo funciona la caja registradora? —le pregunté completamente en serio al final de la última clase, justo antes de subirme al coche para ir a mi primer turno en ¡Abrapalabra! No estaba segura de hasta dónde llegaba la obsesión de Dri, pero, teniendo en cuenta que yo también he sido bastante enamoradiza a lo largo de mi historia, comprendo la necesidad de información. Los detalles te permiten fingir que realmente conoces a la persona con la que estás obsesionada, aunque no la conozcas para nada.
—Puedes saltarte esa parte. A menos que haga alguna monada de las suyas mientras te lo explica. Entonces sí, repítemelo por whatsapp —dijo Dri, entendiendo, por suerte, que no me estaba burlando de ella.
Hasta ahora, Liam no ha dicho nada digno de plasmarse en un mensaje, nada interesante en absoluto. La caja registradora es el mismo modelo exacto que teníamos en Smoothie King, así que no debería ser un problema. Por lo que parece, mi trabajo consiste básicamente en sentarme detrás del mostrador y levantarme cuando oiga el timbre de la entrada anunciar la llegada de un cliente. A juzgar por el rápido tiempo de respuesta de Liam, está claro que no tardará en convertirse en un acto reflejo.
—¿Qué clase de música tocas con tu grupo? —pregunto. No digo el nombre de Orgasmático a propósito, sobre todo porque no podría decirlo sin sonrojarme. El logo del grupo es una O enorme con aspecto vaginal, atravesada por una lengua. Como un cruce entre los Rolling Stones y Georgia O’Keeffe. Y, por supuesto, es un nombre demasiado obvio. No les van a dar ningún premio a la sutileza.
—Música rock, supongo. Más o menos. ¿Conoces a Lou Reed?
Asiento, aunque solo lo conozco de oídas. No soy de las que va por ahí fardando de criterio musical, quedando por encima de los demás por medio de oscuras referencias a grupos musicales.
—Pues como él, solo que nosotros somos más modernos. Y a lo mejor incluso mejores —afirma, y sonríe para dejarme claro que lo dice de broma. No es ningún engreído, como la mayoría de los chicos mayores, siempre ocupando demasiado espacio cuando avanzan pavoneándose por los pasillos, dando portazos cuando cierran las taquillas, chocando de forma complicada las manos de sus colegas, haciendo comentarios sobre las chicas que tienen la mala suerte de pasar por su lado justo en ese momento... A pesar de Earl, su voluminoso apéndice, Liam es un poco más considerado, la clase de chico que tal vez preguntaría si puede besarte antes de hacerlo.
Yo: |
Se ha comparado a sí mismo con Lou Reed, pero en plan bien, medio burlándose de sí mismo. |
Dri: |
Él es mejor que Lou Reed. |
Yo: |
¡Aaaggghhh! |
Dri: |
Vale. No es que sea mejor. Es que está más bueno. |
—¿A quién le escribes? —pregunta Liam, y guardo rápidamente el móvil. No quiero dejar en ridículo a mi nueva amiga, aunque, para ser sincera, tengo la sensación de que él ni siquiera sabe quién es Dri.
—A mi amiga Dri. Bueno, se llama Adrianna, pero todo el mundo la llama Dri —digo. Se encoge de hombros. No le interesa—. Es muy maja. Estaba sentada a la mesa conmigo hoy cuando viniste a saludarme.
Nada, no reacciona. Me pregunto qué diría si supiera que ella sabe cuándo es su cumpleaños, a qué universidades ha enviado su solicitud de ingreso y cuáles son sus platos favoritos de la cafetería. Que en su cabeza, los dos mantienen una relación compleja y satisfactoria. No importa que solo sea unidireccional. Intuyo que puede que Dri incluso lo prefiera así. Están las chicas como Gem y Crystal, que no tienen ningún miedo a los chicos, los orificios y las secreciones, y luego estamos las chicas como Dri y como yo, a quienes nos aterroriza el rechazo, los procedimientos mecánicos y los ángulos mal calibrados. Sabemos muy bien cuánto nos falta todavía para poder considerarnos mujeres de verdad.
Puede que mi vagina sea mía, tanto en la teoría como en la práctica (somos íntimas, Vagi y yo; por cierto, eso fue idea de Scar, no mía; no, ni siquiera un poquito), pero eso no significa que no me aterrorice su apetito. Por un momento, me imagino el currículum prácticamente vacío de Vagi. Dieciséis años: cero experiencia laboral. Intereses y aficiones: novelas románticas cursis y recopilar información sobre Ethan, Ethan Marks.
Por extraño que parezca, no me cuesta nada imaginarme practicando sexo con alguien (como, por ejemplo, con Ethan, Ethan Marks), pero se parece mucho a imaginarme el discurso que pronunciaría en la ceremonia de los Oscar de Hollywood. Es algo que puedo hacer sin ningún problema en mi cabeza —con un derroche de simpatía y locuacidad y la dosis justa de modestia—, pero es un discurso que no solo no llegará a pronunciarse nunca, sino que a lo mejor no debería llegar a pronunciarse. ¿Algún día seré capaz de acostarme con un tío y no sentirme horrorosamente incómoda y atormentada y no preguntarme qué significa todo eso? Supongo que sí. Aunque ahora mismo, la idea de mostrarme así de expuesta ante otra persona me parece inimaginable y, sobre todo, si soy completamente sincera, me da un miedo atroz.
—Así que eres de Chicago, ¿verdad? —dice Liam, y me pregunto cómo lo sabe. No vamos juntos a ninguna clase, porque él va a último curso. ¿Se lo habrá dicho su madre? ¿Será él Alguien?
—Sí. Acabo de mudarme aquí —respondo.
—¿Y qué tal. ¿Te gusta California? —pregunta. Se recoge el pelo en una coleta y luego se lo suelta, una y otra vez, con movimientos tan exactamente iguales cada vez que es como estar viendo un vídeo de Vine.
—No está mal. Aún me estoy adaptando, supongo —contesto.
—¿Ah, sí?
—Sí —respondo, y no sé si eso cuenta como conversación lo bastante chisposa para retransmitírsela a Dri. Ojalá tuviera cosas más interesantes que contarle a Liam. Muchas veces, mi miedo de decir alguna tontería hace que no diga nada de nada. No parece que él tenga muchas cosas que decir tampoco—. Sí, todavía estoy conociendo gente nueva.
—Tengo que presentarte a mi novia, Gem. Es una pasada de tía. También va a tercero.
—Ah, Gem. Sí, creo que vamos juntas a alguna clase —digo, y estoy segura de que sueno de lo más normal, tipo: «Sí, me parece que ya sé quién es tu novia». Lo que no digo es: «Tu novia es una borde».
—No te preocupes. Poco a poco será más fácil. Siempre es difícil ser el nuevo. A mí me pasó con los de mi grupo. Los demás llevaban juntos desde yo qué sé, desde primaria, y yo me incorporé el año pasado. Al principio me costó un poco integrarme, porque esto es una locura, pero ahora son como mis hermanos. Deberías venir a vernos tocar.
—Ah, genial. Suena divertido —digo, y lo digo en serio, aunque solo sea porque así podré llevarme a Dri y fortalecer nuestra amistad.
Yo: |
Dice que antes era el nuevo en su grupo de música, pero que ahora son todos como hermanos. |
Dri: |
Ya. Hubo un poco de drama al principio. Fue una triste historia. Pero ahora están muy bien. |
No entiendo cómo es posible que una banda de rock de instituto pueda haber tenido una triste historia, pero estoy segura de que Dri me la contará más tarde con todo lujo de detalles. Es como si los alumnos del Wood Valley tuvieran suficiente dinero para ser inmunes a las historias verdaderamente tristes, pero, claro, eso no es verdad. No todo está en venta. De pronto, pienso en mi madre, calva y pudriéndose literalmente por dentro, demasiado débil para apretarme la mano siquiera, y me viene una oleada de náusea. Siempre me ha sido más fácil recordarla enferma, porque es la imagen más reciente, aunque quizá sea porque es la más impactante y dolorosa. Pestañeo y por suerte, esa imagen se desvanece.
—Tenemos una actuación dentro de unas semanas, tocamos en una fiesta. No es como un concierto ni nada de eso, solo una fiesta. Deberías venir —dice Liam, y me entra la euforia de la ilusión por poder tener algo que hacer un sábado por la noche, por fin. Sería divertido salir—. Es en casa de Gem.
Ah. Vale. Pues de eso nada, monada.
Yo: |
Me ha invitado a una fiesta en la que tocan dentro de unas semanas. Iba a decir que deberíamos ir, pero... |
Dri: |
¡TENEMOS QUE IR! |
Yo: |
Es en casa de Gem. |
Dri: |
¿Y qué? Cuando está con Liam, Gem se comporta como si fuera otra persona. Ya verás cómo cambia cuando lo vea hablar contigo... |
Yo: |
No. |
Dri: |
¿Qué más da lo que diga ella de tus vaqueros? ¡Que son los Omático! Te van a encantar. |
Yo: |
Si alguna vez los llamo los Omático, pégame un tiro, ¿vale? |
Dri: |
Cuando te pones gruñona, no estás muy simpática, ¿sabes? |
Yo: |
Lo sé perfectamente. |
Dri: |
Muy bien. Decidido, entonces. Ponte los zapatos de baile, porque ¡vamos a ir! |
—¿La música que tocáis es bailable? —le pregunto a Liam, como si tal cosa.
—¿Qué?
—Nada, nada —digo.