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Las repeticiones tienen mala fama. Tendemos a considerarlas aburridas y poco inspiradoras. Pero esa es una percepción absolutamente errónea. Las repeticiones son la mayor catapulta de la que disponemos para mejorar nuestras habilidades, porque recurren a nuestro mecanismo interno para conseguir que la red neuronal de nuestro cerebro funcione más deprisa y con más precisión (véase Apéndice).

Cuando el Equipo 6 de la Armada de Estados Unidos planeó su operación de mayo de 2011 contra las instalaciones de Osama bin Laden en Paquistán, lo hizo construyendo réplicas a tamaño real de dichas instalaciones en Carolina del Norte y en Nevada, y ensayando durante tres semanas. Los soldados simularon la operación docenas de veces. Recrearon docenas de veces las condiciones con las que podrían encontrarse. Usaron el poder de la repetición para construir la urdimbre necesaria para la misión.

Otro ejemplo: Moe Norman era un canadiense muy tímido que jugó durante poco tiempo en el circuito profesional de golf de los años sesenta y setenta. También fue, según la mayoría de las estimaciones, el jugador de golf más preciso de la historia. Norman anotó diecisiete hoyos de una tacada, obtuvo tres puntuaciones de 59 y, según Tiger Woods, es uno de los únicos dos golfistas de la historia que «poseía su propio swing» (el otro era Ben Hogan). Norman también era, probablemente, un autista que desde muy joven se sintió arrastrado por el poder de la repetición. A partir de los dieciséis años, lanzaba entre ochocientas y mil pelotas al día, cinco días a la semana; tenía unos callos tan desarrollados en las manos que se los rebajaba con un cuchillo. A causa de sus conflictos emocionales, a Norman le costaba mucho participar en competiciones. Pero durante una demostración en 1995 encadenó 1.500 golpes largos, con una distancia entre todos ellos de quince metros. Como comentó Woods: «Norman se despertaba todos los días y sabía que iba a golpear bien. Todos los días. Asusta ver lo bien que golpea».

Entregarse a las repeticiones implica cambiar de mentalidad; en lugar de verlas como una obligación, piensa en ellas como en tu instrumento más poderoso. Como dijo el especialista en artes marciales y actor Bruce Lee: «Yo no temo al hombre que ha practicado diez mil tipos de patadas una vez, sino al hombre que ha practicado un solo tipo de patada diez mil veces».