imagen

 

 

Desde que somos pequeños, oímos que nuestros padres y nuestros profesores nos dan el siguiente buen consejo: «No quieras asimilarlo todo de golpe: avanza poco a poco». Se trata de una recomendación que funciona porque es un reflejo fiel del funcionamiento del cerebro. Todas las habilidades se construyen a partir de piezas menores, lo que los científicos denominan «segmentos».

Esos segmentos son a las habilidades lo que las letras del abecedario son al lenguaje. Por sí mismas las letras resultan casi inútiles, pero cuando se combinan en segmentos mayores (palabras) y cuando esos segmentos se combinan en elementos aún mayores (frases, párrafos), son capaces de construir algo complejo y hermoso.

Para empezar a segmentar, grábate primero en la mente el modelo de la habilidad (véase Consejo #2). Y después pregúntate lo siguiente:

 

1. ¿Cuál es el elemento más pequeño de la habilidad que soy capaz de dominar?

2. ¿Qué otro segmento se une a ese segmento?

 

Practica cada segmento por separado hasta que lo domines y después conéctale más segmentos, uno a uno, tal como harías si se tratara de formar palabras con letras. Después combina esos segmentos compuestos hasta lograr otros todavía mayores. Y así sucesivamente.

Los músicos de Meadowmount recortan partituras con tijeras y ponen los pedazos en un sombrero. Después los sacan al azar y los aprenden por separado. Solo entonces empiezan a combinarlos en el orden correcto, como si encajaran las numerosas piezas de un rompecabezas. «Funciona porque los alumnos no se dedican simplemente a interpretar la música con el piloto automático puesto, sino que tienen que pensar», afirma una de las profesoras de violín, Skye Carman.

Independientemente de la habilidad que te dispongas a aprender, el modelo siempre es el mismo: visualizar la totalidad. Descomponerla en sus elementos más simples. Recomponerla. Repetir.