Capítulo VI

Siguiendo el camino de adoquines amarillos

A Strasse no le gustaba la idea, pero no podía proceder sin Ralph, y Ralph insistió en que la señora Escarlatina y yo fuéramos también. En primer lugar, puso a dos hombres a vigilar a Hilda Speck, para asegurarse de que no iba a intentar marcharse de la ciudad. Todavía no tenía suficientes pruebas para detenerla, ni pensaba, creo yo, que las iba a tener.

El perro, Lisa y yo nos metimos en la parte trasera de un gran coche policial. Strasse se sentó delante con el conductor. Otro coche, que se mantendría en contacto radiofónico con nosotros, iba a seguirnos a un kilómetro de distancia.

Una hora más tarde, estábamos al norte de Luneburgo. Media hora más tarde, en dirección sur, estábamos justo al norte de la ciudad de Uelzen. Era aún de día, de manera que todavía podía ver la fotografía del cuadro que tenía en la mano. La carretera de adoquines amarillos iba al sur de la luna que se levantaba tras el castillo (Luneburg) y se extendía un poco al sur de un grupo de tres extrañas figuras. Éstas eran ovejas carentes de cornamenta (hembras, probablemente), una sección de un puente de ferrocarril y un arquero con un peinado medieval japonés y ropas medievales.

Bajo este grupo se dividía la carretera. Dos de las carreteras se dirigían hacia las paredes en las partes superior e inferior del cuadro y las atravesaban. La otra torcía hacia el sur, a la izquierda, y luego atravesaba o pasaba al lado de más figuras confusas.

La primera era la representación de un hombre (parecía Jesucristo resucitado) saliendo de una tumba en mitad de una arboleda. A la derecha y un poco más abajo, había una faja. Luego había alguien que se parecía a William Penn, el cuáquero. Siguiéndolo, había un hombre con un traje de leopardo con dos grandes monos a sus talones.

Luego había un hombre vestido con ropajes como los que vestían en Mesopotamia. Estaba a cuatro patas y con la cabeza metida en la hierba. A su lado había un platanero.

En el otro lado de la carretera había un globo de aire caliente con un hombre calvo dentro de la cesta de mimbre. En un lado del globo se podían leer las grandes letras OZ.

Cruzando la carretera había lo que parecían dos enormes vikingos atravesando el mar a pie. Tras ellos se veía la silueta de una horda de hombres barbudos con cascos astados. Los dos líderes estaban acercándose a un grupo de guerreros desnudos, pintados de azul, de pie en carretas tiradas por caballos.

Más al sur había una mujer vestida con ropa victoriana, pololos y todo. Tras ella se veía una típica mansión del sur de la preguerra civil norteamericana. Al lado había una taberna. No puedo decir si los borrachos que estaban tumbados fuera o el cartel que colgaba sobre la entrada querían decir algo. El cartel era demasiado pequeño para poder contener letras, aunque fueran escritas con una lupa.

La carretera acababa un poco más a la izquierda en dos manos que arrancaban un paquete de otro par de manos.

Justo antes de llegar a Uelzen, Strasse dijo:

—¿Cómo sabes que vamos por buen camino?

—Considere las ovejas, el puente de ferrocarril y el arquero japonés —dijo Ralph—. En inglés, la «U» se pronuncia como la palabra que designa a la hembra de las ovejas, ewe. Coloquialmente un paso elevado de ferrocarril es, en inglés, un el. El arquero japonés podría ser un samurai, pero no lo creo. Es un arquero Zen. Por lo tanto «U», «el», y «zen», o la ciudad alemana de Uelzen.

—Todo esto parece tan fácil, tan aparente, una vez visto —dije yo.

—La ciudad de Esterholz no es tan difícil. ¿Quiere intentarlo?

—Otra adivinanza híbrida inglés-alemán —dije yo, con más confianza de la que realmente sentía—. Ester suena a Easter[1] por lo tanto que Cristo ha resucitado. Y el bosque es el holz claro. Holt, el término que en inglés antiguo significa bosque o arboleda que, a propósito, viene de la misma raíz que holz.

—¿Y el weste (chaleco)? —dijo Ralph.

—Supongo que quiere decir que debemos tomar la carretera que va al oeste de Esterholz —dije más confiadamente.

—Excelente, doctor —me dijo—. ¿Y el cuáquero?

—No tengo ni idea —dije con cierto disgusto, pues Lisa me estaba contemplando con admiración.

Soltó un corto ladrido carcajeante y dijo:

—Yo tampoco, mi querido amigo. Estoy seguro que algunos de estos símbolos, quizá la mayoría, tienen un significado que no será aparente hasta que hayamos estudiado el terreno.

A siete kilómetros al sureste de Uelzen, torcimos hacia la aldea de Esterholz y luego al oeste en la carretera que va a Wrestede. Mirando a las manos que arrancaban un paquete de las otras manos, grité repentinamente:

—¡Claro! ¡Wrestede! ¿Qué sugiere la palabra inglesa wrested[2]? Las manos están agarrando el paquete. Entonces esto quiere decir que Escarlatina está prisionero en algún lugar entre Esterholz y Wrestede.

—Dadle a este hombre un premio —dijo Ralph—. Está bien muchachote, así que, ¿dónde está Escarlatina?

Me quedé en silencio. Los demás no dijeron nada, pero la tensión creciente nos hacía sudar. Todos estábamos pálidos bajo la luz del sol poniente. En media hora habría caído la noche sobre nosotros.

—Vete más despacio para que pueda leer los nombres de las portillas de las granjas —dijo Ralph. El conductor obedeció, y al rato, Ralph dijo—: ¡Ah!

No vi nada que me recordara a un cuáquero.

—El dueño de esa granja se llama Fuchs (fox[3]) —dije yo.

—Sí, y el fundador de la Sociedad de Amigos, o cuáqueros, fue George Fox —dijo él.

Añadió un momento más tarde:

Según recuerdo, fue precisamente en este área donde ocurrieron unos asesinatos bestiales, ¿o será mejor decir humanos?, en mil ochocientos cuarenta y cinco. Un hombre llamado Wilhelm Graustock fue finalmente arrestado y acusado.

Nunca había oído hablar de este caso, pero, como luego averiguaría, Ralph poseía un gran conocimiento de literatura sensacionalista. Parecía saber los detalles de todos los crímenes cometidos en los dos últimos siglos.

—¿Cuál es la conexión entre Herr Graustock y esta figura que obviamente es Tarzán? —pregunté.

—Graustock es notablemente similar a Greystoke —dijo—. Como posiblemente ya sepa, el rey de la selva fue lord Greystoke, de ascendencia británica. De hecho, Graustoke y Greystoke significan una misma cosa, un palo o varilla gris. Tienen raíces germánicas comunes. ¡Allí está! Los descendientes del carnicero infame todavía están en posesión de su propiedad, pero son, según tengo entendido, granjeros extremadamente pacíficos.

—¿Y el hombre que está a cuatro patas al lado del platanero? —gruñó Strasse. Le dolía preguntar, pero le desbordaba la curiosidad.

Ralph estalló en una carcajada de nuevo:

—Otro ejemplo de redundancia, creo, Y mucho más difícil de resolver. Éste sí que es difícil, cariño. ¿Quieres intentar adivinarlo?

—¡Vete por ahí! —dijo Strasse, y con esto, Ralph se rió aún más fuerte.

—A menos que me esté equivocando —dijo Ralph—, los siguientes dos imágenes representan una palabra, no una cosa. Simbolizan Lebanon (la puerta de al lado). La pregunta es: ¿la puerta al lado de qué? ¿La granja Graustoke o los lugares indicados por el globo y la representación bélica y la escena prebélica? No veo nada que sugiera que estamos cerca de nuestra meta. Continúe a la misma velocidad, conductor.

Hubo silencio durante un minuto. Me negué a hablar por orgullo. Por fin, Lisa dijo:

—¡Por Dios, Herr Von Wau Wau, me estoy muriendo de curiosidad! ¿Cómo llegó a la palabra nebanon?

—El hombre que está a cuatro patas con la cabeza cerca del suelo parecer ser Nabucodonosor, el rey de Babilonia, quien se volvió loco y comía hierva. Al lado de él hay un bananero. Si se juntan estas dos palabras al estilo de Lewis Carrol y sus palabras maletín, nos queda la palabra nebanan (al lado de).

—Este Escarlatina está loco —dijo Strasse.

—Si lo está, tiene una locura muy utilitaria —dijo Ralph.

—¡Tú también estás loco! —dijo Strasse triunfante—. ¡Mira! —y señaló a un nombre pintado en la pared: «Neb Banñons».

Ralph se quedó callado unos segundos mientras Strasse se reía, y luego dijo en voz baja:

—Estaba equivocado en lo particular, pero había acertado en lo principal. ¡Ya estamos aquí! ¡Mantenga la misma velocidad, conductor! Quiero que los demás sigáis mirando hacia delante. ¡No miréis descaradamente! A lo mejor hay alguien vigilando desde la casa, pero no sospecharán si ven a un perro mirando por la ventanilla.

Hice lo que me mandó, pero hacía esfuerzos por ver los lados de la carretera por la esquina de los ojos. A mi derecha había un campo de cebada. A mi izquierda pude ver una portilla con un nombre pintado en grandes letras blancas: Schindeler. Pasamos de largo, dejando la casa y el campo de cebada atrás. En el campo había dos caballos que nos miraban. A mi derecha había un cartel contra el muro de piedra que decía: Bergmann.

Ralph dijo encantado:

—¡Es éste!

Yo me sentía aún más tonto.

—No se pare hasta que no hayamos pasado la curva y hayamos salido del campo visual de la casa Schindeler —dijo Ralph.

Un momento más tarde estábamos aparcados más allá de la curva, mirando hacia el oeste. El coche que nos había estado siguiendo a unos cuantos kilómetros nos dijo por radio que había parado cerca de la granja Graustoke.

—¡Muy bien! —dijo Strasse—. La cosa parece haber funcionado, pero antes de entrar quiero asegurarme que no estoy deteniendo a las personas equivocadas. ¿Cómo sabe que es esta casa?

—Cierra el pico y abre las orejas, cariño —dijo Ralph.

—Fíjate en el globo que tiene la OZ. Sigue utilizando el motivo de la carretera de adoquines amarillos. ¿Se dio cuenta del nombre Bergmann (minero)? Un Bergmann es un hombre que cava. Pues, para los que lo hayáis olvidado, el verdadero nombre del Mago de Oz era Diggs[4].

Parecía como si Strasse fuera a tener un ataque de apoplejía:

—¿Y qué me dices de los guerreros teutónicos y los hombres desnudos y azules en carretas que están al otro lado de la carretera del globo? —gritó Strasse.

—Los guerreros teutónicos eran anglosajones, y estaban invadiendo la antigua Gran Bretaña. Los bretones se tatuaban en azul y con frecuencia iban a la batalla desnudos, como sabe cualquier persona culta —añadió sonriente—. En cuanto a los dos líderes de los anglosajones, se llamaban tradicionalmente Hengist y Horsa. Ambos nombres significan caballo. Además, sabes que hengst es una palabra alemana para decir caballo, y ross también significa caballo. Ross está relacionada con la palabra del inglés antiguo horssa, que significa caballo.

—¡Que Dios nos proteja de cualquier caso parecido a éste en el futuro! —dijo Strasse—. ¡Muy bien, no gastemos más tiempo en esta locura! ¿Cuál es el significado de esa casa de la preguerra civil con esa bella mujer delante? ¿Y la taberna? ¿Cómo sabes que significa que Escarlatina está prisionero allí?

—El cuadro recuerda, entre otras cosas, al libro y a la película Lo que el viento se llevó —dijo Ralph—. Probablemente no haya leído el libro, Strasse, pero con seguridad ha visto la película. El nombre de la heroína es Scarlett O’Hara. ¿No es eso? Y una taberna en inglés también es un inn. Scarlett-Inn. ¿No?

A los pocos minutos, Ralph dijo:

—Si no te controlas, Strasse, tus hombres tendrán que meterte en una camisa de fuerza.

El policía dejó de gritar, pero no de temblar. Respiró hondo unas cuantas veces, seguido de un sorbo de la petaca que llevaba en la guantera, y dijo:

—¡La vida no es fácil! ¡Y el deber me llama! Procedamos a asaltar la casa que hemos convenido.