Prefacio
El primer caso de Ralph von Wau Wau como investigador profesional no es ni mucho menos el más curioso ni el más complejo. Sin embargo, ilustra muy bien los talentos de mi colega. Y es, después de todo, su primer caso, y uno debe proceder cronológicamente en sus crónicas. Por otro lado, es el único caso en el que el pintor, y no el cuadro, fue robado. Y, además, para mí es el más memorable, pues conocí a una mujer que siempre será la mujer para mí.
Imagínese esta escena. Von Wau Wau; su enemigo —el detective-teniente Strasser—, yo y la preciosísima Lisa Escarlatina, todos ante un cuadro enorme en una habitación de la comisaría de policía de Hamburgo. Von Wau Wau estudia el cuadro mientras nos preguntamos si está en lo cierto cuando dice que no sólo es una obra de arte sino que, además, es un mapa. El lienzo muestra, entre otras cosas, una imagen de Sherlock Holmes en pantalón tirolés, sir Francis Bacon, un caballo verde, un espejo, Cristo saliendo de la tumba, Tarzán, una faja, el Mago de Oz en globo, un antiguo rey de Babilonia con problemas dietéticos y un platanero.
Pero voy a empezar por el principio.