Capítulo 25
MAÑANA
Logan
Solo había cerrado la tienda unos pocos días: cuando Emily se estaba muriendo, el día del entierro y el siguiente. Prefería estar ocupado. Sabía que Inary estaba trabajando desde casa, pero pensé que tal vez no le vendría mal un poco de dinero extra y también algo qué hacer y le pedí que me ayudara.
Además, no me quedaba más remedio que admitir que me gustaba tenerla cerca.
Ahora acababa de dejar a Inary y a la persona que tenía contratada en la tienda y fui a ver a la doctora Nicholson. No le había dicho a mi hermana dónde iba; no quería que supiera que iba a hablar de ella.
Me senté en la sala de espera y me puse a hojear una revista médica cuyas fotografías eran demasiado explícitas, así que opté por entretenerme con los folletos. Diabetes, hipertensión, la gripe y sus posibles complicaciones, alopecia, depresión, asma, artritis… De pronto me dolía todo el cuerpo. Dejé los folletos a un lado.
Me resultaba muy extraño estar en un consultorio médico sin Emily. No podía recordar la última vez que me había pasado. Los médicos nunca han sido mi pasión. Siempre parecen tener malas noticias que darte…, por lo menos en lo que a Emily se refería. Pero no me quedaba otra que ir. Inary me tenía preocupado. Los días pasaban y no veía ningún indicio de que fuera a recuperar la voz. Cada vez que la veía escribir en aquel cuaderno se me partía el corazón. Sabía que mi hermana estaba intentando reaccionar a lo que había pasado, pero ya llevaba mucho tiempo así. No había dicho una palabra en semanas. Ni una. Trataba de no mostrar lo mucho que aquello me afectaba delante de ella, comportarme como hacía siempre, pero seguro que ya se había dado cuenta.
—¿Logan? Hola, entra —me saludó la doctora Nicholson, haciendo un gesto para que pasara a su despacho. Señaló hacia la silla—. Siéntate. ¿En qué puedo ayudarte?
Respiré hondo.
—Se trata de Inary. Sigue sin hablar. Ni siquiera un susurro.
La doctora me miró pensativa.
—¿Y cómo lo está llevando?
—Parece que bien. Se la ve un poco disgustada, no me extraña, con todo lo que ha pasado… Pero ahí va. Está trabajando, me está ayudando en la tienda… Y también me aseguro de que coma como es debido, por supuesto.
—¿Y quién se asegura de que comas tú? —inquirió la doctora en voz baja.
Aquello me pilló desprevenido. Estaba allí para hablar de Inary, no de mí. Nunca había ido al médico para algo relacionado conmigo. Durante un instante me sentí tan vulnerable que solo quise salir corriendo.
—Estoy bien.
—¿Sabes?, cuando alguien a quien quieres está enfermo sueles dedicar toda tu energía a cuidarle. Y al final muchos «cuidadores» terminan necesitando casi tanta atención como las personas que tienen a su cargo.
—¿Entonces cómo puedo ayudar a Inary? —pregunté con brusquedad. Me negaba a que la conversación versara sobre mí. Es más, me molestaba ver la preocupación en los ojos de la doctora Nicholson mientras me miraba. Una de mis hermanas estaba muerta, la otra había perdido la voz… y allí estábamos, hablando sobre mí. No tenía sentido.
—No puedes hacer nada más de lo que ya estás haciendo. El duelo tiene que seguir su curso natural. Pero si no mejora, tal vez tengamos que ayudarla con algo más…
¿Algo más?
—¿A qué se refiere?
—A ayuda psicológica. Puede que recetarle algún medicamento y derivarla a algún especialista. Lo que tiene se llama disfonía y se produce cuando la persona pasa por alguna situación especialmente estresante o traumática. Suele desaparecer por sí sola con el tiempo, pero a veces necesita ayuda profesional. Expliqué esto mismo a Inary cuando vino a verme, pero no puedo hacer nada si tu hermana no está dispuesta a venir de nuevo.
—No lo hará.
—¿Por qué?
—Porque ya he tenido una charla con ella sobre este asunto y cree que usted no puede ayudarla.
—Puede que tenga razón. Tal vez lo que necesita es encontrar la forma de poder salir de esta por sí misma. Pero si tienes la impresión de que las cosas se ponen demasiado duras…, si no recupera la voz en un período de tiempo razonable…, es posible que necesite un poco de ayuda adicional.
—No es tan sencillo. A Inary no se le puede decir lo que tiene que hacer así como así.
—Por lo visto a muchas personas les pasa lo mismo por aquí —comentó la doctora con una sonrisa.
Aparté la vista.
—Bueno, muchas gracias —dije a toda prisa antes de salir huyendo por la puerta.
—Logan… —La oí llamarme cuando ya estaba en la recepción.
—¿Sí?
—Cuídate.
Sí, cuidaría de Inary. Igual que hice con Emily.
—Lo haré. —Solo quería salir de allí. Llevaba demasiado tiempo en aquella consulta. Además, no había nada que pudiera decirle a Inary excepto un «necesitas ayuda». Pero ¿qué esperaba? ¿Que la doctora Nicholson me sugiriera alguna cura milagrosa? Tal vez también conociera un método efectivo para dejar de beber hasta la saciedad.
Regresé corriendo a la tienda para mantenerme ocupado e intentar no pensar en nada más.