Junio 1.999
El domingo Laura se levantó a las nueve de la mañana, sus padres estaban desayunando en la cocina. Se preparó un tazón de cereales mientras su madre le hacía un zumo de naranja. Se sentó con ellos a desayunar y estuvieron hablando de las vacaciones de verano, ellos se iban a ir al pueblo a mitad de semana, pero ella no sabía qué iba a hacer, no sabía si iba a subir al pueblo algún día o no. Lo que sí tenía claro es que se iba a Túnez quince días con sus amigos de la Facultad. Habían reservado los vuelos hacía unos meses, habían estudiado la ruta que iban a realizar y tenían previstos algunos sitios donde dormir, aunque no habían reservado más que las dos primeras noches, por si sufrían algún retraso en su recorrido. Esa semana tenía que quedar con Marta para comprar algunas cosas que iban a necesitar. Para Laura era su primer viaje fuera de España, estaba muy ilusionada de empezar la aventura, pero sobretodo estaba deseosa de desconectar un poco de todo. Eso le recordó que no se lo había dicho ni a Jose ni a Carlos, esperaba que no fuera ningún problema, aunque qué problema iba a haber si realmente les estaba haciendo un favor.
Se le ocurrió ir a la piscina a refrescarse un rato. Si iba a primera hora, seguro que no habría mucha gente y podría nadar un poco. Llevaba sin pisar una piscina desde el verano anterior, en invierno le daba mucha pereza.
Así que llegó de las primeras y se fue a la piscina olímpica del recinto, que realmente medía de largo veinticinco metros. Después de darse una ducha se metió en el agua y se puso a nadar. Cuando hubo contado sesenta largos decidió que era suficiente, le costó unos treinta y cinco minutos hacerlos, cómo se notaba que llevaba tiempo sin nadar.
Como se estaba tan a gusto, aún no hacía un calor insoportable y no había mucha gente, se echó en el césped a tomar el sol. No pudo parar de darle vueltas a lo que había ocurrido la noche anterior. Cada vez que veía a Jose sentía algo en el estómago que no sabía definir, pero por otro lado cómo iba a pensar en él de esa forma después de haberle mentido durante todo este tiempo. Decidió que había sido un error, no volvería a ocurrir.
Se sobresaltó cuando notó un suave golpe en el brazo, se giró y vio que era un niño pequeño, debía de tener dos o tres años, y le estaba mostrando el flotador que llevaba puesto.
- Mira, voy a nadar. - Le decía mientras señalaba su flotador con personajes de la película de “El Rey León”. Aunque ella la había visto, no lograba recordar el nombre de ninguno.
- Muy bonito. Ese es el rey León. - El niño asentía y le señalaba un león dibujado en el flotador.
- Deja de molestar a la chica. - Oyó una voz a su espalda, supuso que era su madre. - Vamos al agua. Perdona. - Laura movió la cabeza indicando que no le molestaba.
- Es muy simpático. ¿Cómo se llama?
- Jose. - Cómo no, pensó ella.
- ¿Cuántos años tienes? - Miraba al niño que le mostraba con la mano dos deditos.
- Dos, ¿verdad? - Decía la madre. - Anda, vámonos al agua que tienes mucho cuento. - Sonrió a Laura y siguió andando junto al niño dirección a la piscina. Laura se quedó mirando cómo llegaban a una piscina que no cubría mucho, se metían ambos y la madre intentaba que el niño chapoteara sin miedo. Lo sacaba del agua y lo metía, de vez en cuando lo sumergía sin avisar, pero al niño no parecía importarle que su madre le metiera la cabeza debajo del agua. Confianza, pensaba Laura, eso es confianza.
Ese domingo había quedado a comer con Carlos y Jose para hablar de lo ocurrido el día anterior, en principio iban a hablar del primer contacto con el Chino, pero quizás ahora la conversación derivase por otros derroteros.
Fue directamente al restaurante desde la piscina. Se duchó en los vestuarios y cogió un autobús que la dejó muy cerca. Llegaba tarde, pero no le preocupaba en absoluto, que esperaran, era lo mínimo que podían hacer.
Cuando entró, los vio en un lateral del local, así que se acercó a ellos.
- Hola. - Se sentó a la mesa. Ni se molestó en pedir disculpas. Carlos la miró con cara triste.
- Lo siento, Laura. Siento haberte mentido así, pero no había otra forma. - Como Jose el día anterior, parecía sincero en sus disculpas. Pero cómo iba ella a volver a confiar en ellos después de eso, y si su vida podía llegar a depender de Jose, ¿cómo se iba a sentir segura si no confiaba en él?
- Y qué queréis que os diga. ¿Cómo voy a confiar en vosotros ahora? ¿Cómo voy a poner mi vida en vuestras manos si no confío en vosotros? - Ninguno de los dos dijo nada. Laura llamó al camarero y pidió una ensalada y un refresco para comer. Los dos hombres pidieron lo mismo que ella.
- Tienes toda la razón. Pero déjanos demostrarte que no te vamos a mentir de nuevo. - Fue Carlos el que habló. - Te contaremos todo lo que ocurre. Y si tienes alguna duda pregúntanos, a partir de ahora no vamos a tener ningún secreto contigo. - Laura no sabía si eso era suficiente para volver a confiar en ellos, pero le pareció un buen comienzo, así que asintió.
- Ayer pude hablar con Edu y Quique, Edu el hermano del Mini y Quique otro de los amigos del Chino. - Jose empezó a detallar todo lo ocurrido la noche anterior. - Obviamente no hablaron de nada interesante, y yo tampoco dije nada que les hiciera sospechar, simplemente empecé a tratar con ellos para que quizás, en un futuro, confíen en mí. - Jose la miraba a ella mientras lo contaba. - Tenemos que seguir quedando con José Manuel para volver a la nave donde se reúnen y así poder acercarnos a ellos.
- Déjame que te ayude. - Jose no entendía a qué se refería Laura, así que ella continúo explicándose. - Ayer a todos les sorprendió que básicamente me ignoraras toda la noche para hablar con Edu y Quique. De hecho, por ese motivo alguno se me insinúo y hasta uno me llegó a decir que eras un capullo por no hacerme caso. - Jose no se había dado cuenta, eso fue un error de principiante, ponía en peligro su coartada. Jose vio que Carlos opinaba lo mismo ya que le puso cara de pocos amigos. - La próxima vez quizás pueda estar contigo cuando hables con ellos, y quizás pueda tontear un poco con ellos, eso seguro te ayuda. - A Jose eso último no le hizo gracia.
- No quiero ponerte más en peligro de lo que ya estás.
- No digas tonterías, ahora mismo no estoy en peligro, soy la amiga de un conocido lejano del Chino. - Puso énfasis en la palabra lejano.- Ninguno ha reparado en mí. Además, para eso me habéis estado entrenando todos estos meses, ¿no? Puedo ayudar y lo sabes. Los tíos suelen sentirse atraídos por mí. - Jose sabía que cuando Laura había dicho eso, no era porque se creyera guapa, simplemente era realista, ella parecía no entender por qué los hombres se sentían atraídos por ella. Y tenía razón, seguro que era más fácil acercarse a ellos con sus encantos.
- Me parece peligroso, pero teniendo en cuenta que Jose estará a tu lado, no me parece mala opción. - Jose no podía entender cómo Carlos aceptaba su propuesta, estaba claro que era un buen plan, pero ella era una civil, no tenía el entrenamiento necesario. Es verdad que sabía defenderse, pero era peligroso.
Estuvieron discutiendo toda la comida sobre lo mismo, estaban dentro de un bucle. Y aun teniendo Jose la última palabra puesto que estaba por encima jerárquicamente de Carlos, aunque nadie lo diría porque se trataban como iguales, acabaron convenciéndole, por lo que decidieron que Laura se involucrara un poco más.
Cuando terminaron de comer, Carlos pagó la cuenta y se despidió, tenía prisa, iba a llevar a sus chicos al cine y ya llegaba tarde.
Laura y Jose se quedaron solos. - Tenemos que hablar de lo que pasó anoche. - Jose rompió el silencio. - ¿Por qué te fuiste sin despedirte? - Ya lo había hecho otra vez, eso era lo que menos se esperaba que le dijera, siempre la sorprendía.
- No entiendo qué quieres decir.
- Ayer nos acostamos Laura, quizás fue un error, pero lo hicimos. Yo puedo perder mi placa por ello. - Así que era eso lo que le preocupaba, perder su placa.
- No te preocupes, no se lo diré a nadie. Tu placa está a salvo. - Cogió la mochila que traía de la piscina, se levantó y se fue sin ni siquiera decir adiós.
Jose salió detrás de ella. – Perdona, no quería decir eso.
- ¿Y qué querías decir exactamente? - Laura se giró y se quedaron enfrentados, cara a cara.
- Laura, ¿es que no lo entiendes? Con lo que pasó anoche he traicionado algunos de mis principios.
- No te preocupes, no volverás a traicionar nada.- Le interrumpió Laura.- Lo de anoche sólo fue sexo, un desahogo. No significó nada. Está claro.
- Déjame terminar. - La cogió de la barbilla para que lo mirara a los ojos. - Pero no cambiaría nada de lo que pasó. Excepto por el hecho de que cuando me desperté no estabas a mi lado. - Le dijo Jose burlonamente. Laura lo miraba sorprendida. Él la agarró de la cintura y la acercó para besarla.
Ese verano fue uno de los veranos más felices de la vida de Laura. Se había enamorado irremediablemente de Jose. Su relación se la estaban intentando ocultar a Carlos y éste se hacía el tonto y les seguía el rollo. Aunque Jose se sentía a veces incómodo por la situación, puesto que estaban involucrados en un caso y su relación tenía que ser laboral, no romántica, podía ponerles en peligro. Pero había pasado, él había intentado no sentir nada por ella y esa lucha interna le estaba poniendo de los nervios, lo cual le afectaba laboralmente. Ahora que estaban juntos, él trabajaba mejor, o eso se decía a sí mismo. Esperaba que el caso fuera bien y que ella no estuviera en ningún momento en peligro, en ese caso, ¿actuaría únicamente para su protección?, era una pregunta que se hacía constantemente y sabía la respuesta, pero tenía que ser objetivo. Sólo esperaba no tener que enfrentarse a esa disyuntiva.
Por su parte, Laura pensaba que si haces que dos personas que se atraen se hagan pasar por pareja, pues obviamente no hay que ser un lumbreras para adivinar cómo va a terminar la cosa. Y a ella todo le parecía perfecto, ella era libre, Jose también y no veía el menor problema para tener una relación.
El caso también iba viento en popa y a toda vela. Poco a poco Jose se iba ganando la confianza del Chino y sus amigos, sabía perfectamente cómo ganarse a ese tipo de gente, está claro que hacerte el duro y no ser muy amable, con ellos funciona y por si fuera poco la simpatía/coqueteo de Laura también ayudaba, aunque Jose a veces se ponía un poco celoso, pero quedaba perfecto en el papel que estaban interpretando ambos. Por supuesto, aún no habían entrado a hablar de venta de drogas, contrabando, ni nada, pero estaban seguros que en cualquier momento les entrarían al trapo. Laura no fumaba porros ni se metía tripis, Jose le había enseñado a emular el estado de tomarse un tripi y había hecho parecer que alguna vez se tomaba alguno. Después, entre que el resto no se enteraba de nada porque iban colocados, ella lo único que hacía era reír tontamente e imaginar visiones en 3D como si estuviera en un cine imaginario, a partir de ahí, todo era actuar.
Jose se apuntó con ella y sus amigos al viaje a Túnez. Pidió esas fechas de vacaciones y no le pusieron ningún problema, porque justo era cuando se iba Laura y no podrían avanzar mucho en el caso, José Manuel también iba a Túnez, pensaron que lo mejor era que los tres se fueran de vacaciones en la misma fecha. Claro que en comisaría nadie se imaginaba que se iban juntos. Excepto Carlos, que un día le dijo a Jose que tuviera cuidado en donde se estaba metiendo. Jose se imaginó que se refería a Laura porque a Carlos no se le escapaba una.
El viaje a Túnez lo disfrutaron ambos por igual. Jose se llevaba muy bien con los amigos de la Facultad de Laura, de su grupo habitual sólo iban Pablo, José Manuel y Marta, el resto era gente que él no conocía, pero al final del viaje todos eran amigos.
Recorrieron el país siempre juntos, atados a una botella de agua fría porque el calor era asfixiante. Descubrieron museos con espectaculares mosaicos romanos, objetos artesanales, todo muestras de la cultura árabe y tunecina. Visitaron ruinas, algunas impresionantes pero en general no muy bien conservadas, en el Jem pudieron visitar el mayor anfiteatro romano de África y el cuarto del mundo.
Pasearon por todos los zocos con los que se encontraron, al principio disfrutaron del regateo, pero al final del viaje estaban saturados de tanto regateo, les dolía la cabeza sólo de comenzar con alguna compra pendiente, empezaban a echar de menos las tiendas españolas donde los precios están marcados y no hay posibilidad de rebaja por mucho que llores al vendedor.
Disfrutaron de los riquísimos tés que les ofrecían en todas partes, con piñones, hierbabuena, daba igual, porque todos tenían un sabor especial. Fumaron en pipas de agua, en cada sitio con un tabaco de diferente sabor, fresa, manzana, mezclaban el tabaco con la fruta seca dándole ese aroma.
Conocieron diferentes mezquitas en las que te tenías que cubrir desde la cabeza hasta los pies. Callejearon por lugares donde se habían rodado películas tales como “En busca del arca perdida” y la “Guerra de las Galaxias”.
Fueron invitados a una boda por celebrarse en el mismo hotel donde se alojaban. Ellas llevaban vestidos llenos de lentejuelas y brillos, imposibles de llevar con ese calor, ellos con sus mejores galas. Las bodas duraban días y días, celebración tras celebración.
Atravesaron el desierto en 4x4, uno de ellos incluso se quedó atascado en medio de una duna y se tuvieron que unir para empujarlo y sacarlo de allí.
La gente caía como moscas, casi todos se iban turnando con diarreas y pequeños desvanecimientos por el calor, pero ellos eran ajenos a todo eso.
Disfrutaron de los espejismos de los que tanto habían oído hablar, se enteraron que debido a las altas temperaturas que se alcanzan en verano, alrededor de cincuenta grados centígrados, el agua se evapora y hace que se vea la Fata Morgana, que es un efecto óptico, lo que se conoce vulgarmente con el nombre de espejismo, objetos que se vislumbran en el horizonte con apariencia alargada y elevada.
Durmieron en medio del desierto en tiendas beduinas. Montaron en dromedario. En ese paseo ocurrió la anécdota del viaje, Marta le dijo al encargado de llevar su dromedario que iban muy despacio, entre gestos y el francés que aún recordaba del colegio, así que el guía decidió que tenía razón y le dio un buen cachete en el culo al dromedario, con lo que Marta salió disparada a lomos del animal, la pobre se agarraba donde podía, pero al final acabó cayendo sobre la arena de una duna resbalándose por el culo del animal. Todos se asustaron en ese momento, pero ya en la cena, no podían dejar de reír al recordar la escena.
Se alojaron en casas que se encontraban bajo tierra, similares a cuevas, creadas para poder sobrellevar el calor de la zona, puesto que las habitaciones mantenían una buena temperatura.
Cuanto más se internaban en el país, más cerrada descubrían que era su cultura, de la gente occidentalizada de la capital, a las mujeres tapadas desde la cabeza a los pies con sus burkas y los hombres vestidos con sus chilabas.
Los preciosos tatuajes con henna que llevaban las tunecinas quitaban el hipo, así que Laura se hizo uno simulando un brazalete en el brazo que le duró algo más de una semana, no era ni la mitad de espectacular que los que llevaban ellas.
Visitaron sus talleres, les enseñaron cómo se hacían alfombras, cuál era la diferencia entre las que tenían calidad y las que no, les mostraron el trabajo que realizaban con las pieles y cómo las teñían hasta obtener los fantásticos tonos que vendían, vieron cómo hacían sus obras de cerámica, vasijas y platos por doquier.
Incluso después de tanto trasiego lograron descansar y disfrutar de un día de playa, en el que no hicieron nada, se tiraron a la bartola, disfrutaron del agua, e incluso una medusa decidió picar a Laura, a quien un niño local le dijo que se pusiera una rodaja de tomate para que dejara de escocer. Ella no pudo conseguir tomate, así que nunca supo si el remedio funcionaba o no, tuvo que aguantar estoicamente el escozor echándose crema de vez en cuando.
Pero como todo lo bueno se acaba, el viaje se terminó y tuvieron que volver a Madrid para centrarse en cómo dar un paso hacia delante en su investigación.