57 - Tres es compañía

Los tres cosmonautas hablaron ávidamente durante más de una hora. Había tanto que contar. Cuando Nicole le habló de su terror cuando descubrió al muerto Takagishi en el cubil de la octoaraña, O'Toole guardó un momentáneo silencio y luego agitó la cabeza.

—Hay tantas preguntas sin responder aquí —dijo, alzando la vista hacia el alto techo—.

¿Son realmente malévolos? —preguntó de forma retórica.

Richard y Nicole alabaron el valor del general al no entrar su código para activar las armas. Ellos también se sentían horrorizados ante la idea de que el Consejo de Gobiernos había ordenado la destrucción de Rama.

—Es absolutamente imperdonable que utilicemos armas atómicas contra esta nave espacial —dijo Nicole—. Estoy convencida de que no es fundamentalmente hostil. Y creo que Rama maniobró para interceptar la Tierra porque tiene un mensaje específico para nosotros.

Richard riñó suavemente a Nicole por expresar su opinión más sobre bases emocionales que factuales.

—Es posible —admitió ella—, pero también hay una seria falla lógica en esta decisión de destruir. Ahora tenemos pruebas sólidas de que este vehículo estaba en comunicación con su predecesor. Existen buenas razones para sospechar que hay un Rama III ahí fuera en algún lugar, probablemente avanzando en esta dirección. Si la flota ramana es potencialmente hostil, no hay forma alguna de que la Tierra pueda escapar. Podemos conseguir destruir esta segunda nave... pero haciéndolo advertiremos con toda seguridad a la siguiente. Puesto que su tecnología es mucho más adelantada que la nuestra, no tendremos ninguna posibilidad de sobrevivir a su ataque.

El general O'Toole miró a Nicole con admiración.

—Ese es un argumento excelente —dijo—. Es una lástima que no estuvieran ustedes disponibles para las discusiones con la AIE. Nunca tomamos en consideración...

—¿Por qué no posponemos el resto de la conversación hasta que estemos de vuelta en la Newton? —dijo bruscamente Richard—. Según mi reloj, volverá a hacerse oscuro dentro de otros treinta minutos, antes que ninguno de nosotros haya alcanzado la parte superior del telesilla. No quiero moverme en la oscuridad más tiempo del necesario.

Cada uno de los tres astronautas creía que abandonaba Rama por última vez. Mientras transcurrían los últimos minutos de luz, los tres contemplaron intensamente el magnífico paisaje alienígena que se extendía en la distancia. Para Nicole, el sentimiento dominante era de exaltación. Cautelosa por naturaleza con sus expectativas, hasta aquel momento en el telesilla no se había permitido el intenso placer de creer que volvería a abrazar de nuevo alguna vez a Geneviéve. Su mente estaba ahora inundada por la bucólica belleza de Beauvois, e imaginaba con detalle la alegría de la escena de su reunión con su padre e hija. Puede ser tan poco tiempo como una semana o diez días, se dijo, expectante. Cuando alcanzó la parte superior, apenas podía contener su júbilo.

Durante el trayecto, Michael O'Toole revisó, una vez más, su decisión de activación. Cuando la oscuridad cayó sobre Rama, bruscamente y en el momento esperado, había terminado de desarrollar su plan para comunicar su conclusión a la Tierra. Telefonearían inmediatamente a la dirección de la AIE. Nicole y Richard resumirían sus historias, y Nicole presentaría sus razones para creer que la destrucción de Rama sería algo "imperdonable". O'Toole estaba convencido de que la orden de activar las armas sería rescindida de inmediato.

El general encendió su linterna justo antes que su silla alcanzara la parte superior de la escalera. Saltó al entorno ingrávido y se detuvo al lado de Nicole. Aguardaron a Richard Wakefield antes de avanzar juntos por la rampa hasta el pasadizo de trasbordo, a sólo un centenar de metros de distancia. Después de entrar en el trasbordador y disponerse a cruzar el casco de Rama hacia la Newton, la linterna de Richard se posó en un enorme objeto metálico a un lado del pasadizo.

—¿Ésa es una de las bombas? —preguntó.

El sistema del arma nuclear se parecía realmente a una bala de gran tamaño. Es curioso, pensó Nicole, retrocediendo un paso mientras un instantáneo estremecimiento la recorría de pies a cabeza. De hecho, hubiera podido tener cualquier forma. Me pregunto qué extraña aberración del subconsciente hizo que sus diseñadores eligieran esta forma en particular...

—Pero, ¿qué es esa extraña cosa que tiene en la punta? —preguntó Richard.

El entrecejo del general se frunció mientras contemplaba el objeto absolutamente no familiar iluminado por el haz de luz.

—No lo sé —confesó—. Nunca lo había visto antes. —Bajó del trasbordador. Richard y Nicole lo siguieron.

El general O'Toole avanzó hasta el arma y estudió el extraño objeto unido encima del teclado numérico. Era una placa aplanada, ligeramente mayor que el teclado en sí, anclada por junturas angulares a los lados del arma. En la parte inferior de la placa, momentáneamente retraídos, había diez pequeños punzones... al menos, eso fue lo que le parecieron a O'Toole. Su observación se vio confirmada unos segundos más tarde cuando un punzón se extendió y golpeó el número 5 en el teclado varios centímetros más abajo. El 5 fue seguido en rápida sucesión por un 7, y luego por ocho números más antes de que una luz verde parpadeara indicando que se había completado con éxito la primera decena.

Al cabo de unos segundos el aparato entró otros diez dígitos, y otra luz verde parpadeó. O'Toole se inmovilizó, aterrado. Dios mío, pensó, ¡es mi código! De alguna manera han conseguido romperlo... Su pánico se relajó unos instantes más tarde cuando, tras la tercera decena de dígitos, la luz roja anunció que se había cometido un error.

—Al parecer —dijo el general O'Toole unos instantes más tarde, en respuesta a una pregunta de Richard—, han estado planeando esto para intentar entrar mi código en mi ausencia. Sólo disponen de las dos primeras decenas correctas. Por un momento temí...

—O'Toole hizo una pausa, consciente de las intensas emociones que se agitaban en su interior.

—Deben de haber supuesto que usted no iba a volver —dijo Nicole, con un tono llano y factual.

—Si lo hicieron Heilmann y Yamanaka —respondió O'Toole—. Por supuesto, no podemos descartar por completo la posibilidad de que esto haya sido colocado aquí por los alienígenas..., o incluso los biots.

—Extremadamente improbable —comentó Richard—. La ingeniería es demasiado tosca.

—En cualquier caso —dijo O'Toole, abriendo su mochila y buscando algunas herramientas para desconectar el aparato—, no voy a correr riesgos.

En el extremo del pasadizo correspondiente a la Newton, O'Toole, Wakefield y des Jardins hallaron la segunda bomba provista del mismo aparato. El trío lo observó pulsar un intento de código —con el mismo resultado, una falla en alguna parte en la tercera decena—, y lo desmontó también. Después abrieron el sello y partieron de Rama.

Nadie los saludó cuando penetraron en la nave militar Newton. El general O'Toole supuso que tanto el almirante Heilmann como Yamanaka estaban dormidos, y fue inmediatamente a los dormitorios. Deseaba hablar con Heilmann en privado. Pero no estaban en sus habitaciones. No le tomó demasiado tiempo, de hecho, confirmar que los otros dos cosmonautas no estaban en ninguna parte en el comparativamente reducido espacio donde vivían y trabajaban en la nave militar.

Una búsqueda en la zona de pertrechos en la parte de atrás de la nave fue igualmente inútil. Sin embargo, el trío descubrió que faltaba uno de las vainas de actividad extravehicular. Aquel descubrimiento suscitó otra perpleja serie de cuestiones. ¿Dónde podían haber ido Heilmann y Yamanaka en la vaina? ¿Y por qué habían violado la política de alta prioridad del proyecto de que al menos un miembro del equipo debía permanecer siempre a bordo de la Newton?

Los tres cosmonautas se mostraron desconcertados cuando regresaron al centro de control para discutir sus posibles cursos de acción. O'Toole fue el primero en suscitar el espectro del juego sucio.

—¿Piensan que esas octoarañas, o incluso alguno de los biots, puedan haber subido a bordo? Después de todo, no es difícil entrar en la Newton, a menos que esté en Modo de Autoprotección.

Nadie deseaba decir lo que los tres estaban pensando. Si alguien o algo había capturado o matado a sus dos colegas en la nave, entonces todavía podía estar por los alrededores, y ellos estaban también en peligro...

—¿Por qué no llamamos a la Tierra y anunciamos que estamos vivos? —dijo Richard, rompiendo el silencio. El general O'Toole sonrió.

—Eso es una gran idea. —Se dirigió a la consola de control central y activó el panel. Un status estándar de sistema apareció en la gran pantalla.

—Es extraño —comentó el general—. Según esto, no tenemos enlace vídeo con la Tierra en estos momentos. Sólo telemetría de escasa intensidad. ¿Por qué debería haberse cambiado la configuración del sistema de datos?

Tecleó un conjunto simple de órdenes para establecer el enlace normal multicanal de gran potencia con la Tierra. Un enjambre de mensajes de error apareció en el monitor.

—¿Qué demonios? —exclamó Richard—. Parece como si el sistema vídeo estuviera muerto. —Se volvió hacia O'Toole. —Ésta es su especialidad, general. ¿Qué opina de todo esto?

El general O'Toole estaba muy serio.

—No me gusta, Richard. Sólo había visto tantos mensajes de error una vez antes... durante una de nuestras primeras simulaciones, cuando algún estúpido olvidó cargar el software de comunicaciones. Debemos de tener un problema importante de software. Las probabilidades de tantas fallas de hardware en tan corto tiempo son esencialmente cero.

Richard sugirió que O'Toole sometiera el software de comunicaciones vídeo a su autotest estándar. Durante el test, el diagnóstico impreso informó que los buffers de error en el algoritmo del autotest habían superado su capacidad cuando el procedimiento llevaba completado menos de un uno por ciento.

—Así que el software de videocom es definitivamente el culpable —dijo Richard, analizando los datos en el diagnóstico. Entró algunas órdenes. —Va a tomar un tiempo arreglarlo.

—Esperen un momento —interrumpió Nicole—. ¿No deberíamos gastar nuestro tiempo intentando extraer algún sentido de toda esta nueva información antes de empezar a trabajar sobre tareas específicas? —Los dos hombres detuvieron su actividad y aguardaron a que ella continuara. —Heilmann, Yamanaka y una vaina faltan de esta nave —dijo Nicole, caminando lentamente alrededor del centro de control—, y alguien estaba intentando activar las dos bombas nucleares en el pasadizo. Mientras tanto, el software de videocom, tras funcionar correctamente durante cientos de días, contando todas las simulaciones prevuelo, parece haberse vuelto repentinamente loco. ¿Alguno de ustedes tiene una explicación coherente a todo esto?

Hubo un largo silencio.

—La sugerencia del general O'Toole de una invasión hostil de la Newton podría funcionar —ofreció Richard—. Heilmann y Yamanaka pudieron huir para salvarse, y los alienígenas podían muy bien haber estropeado deliberadamente el software.

Nicole no se mostró convencida.

—Nada de lo que he visto sugiere que ningún alienígena, ni siquiera ningún biot, haya entrado en la Newton. A menos que hallemos alguna evidencia...

—Quizá Heilmann y Yamanaka estaban intentando penetrar el código del general —intentó Wakefield— y se asustaron...

—Alto. Alto —gritó de pronto Nicole—. Algo está ocurriendo en la pantalla. —Los dos hombres se volvieron en redondo, justo a tiempo para ver el rostro del almirante Otto Heilmann materializarse en el monitor.

—Hola, general O'Toole —dijo Heilmann con una sonrisa desde la enorme pantalla—. Esta videocinta fue activada por su entrada por la compuerta de la Newton, El cosmonauta Yamanaka y yo la preparamos justo antes de partir en una de las vainas tres horas antes de I-9 días. Nos fue ordenado evacuar antes de una hora después que usted fuera a explorar Rama. Lo retrasamos tanto como pudimos, pero finalmente tuvimos que seguir las instrucciones.

"Sus órdenes personales son simples y directas. Tiene que entrar su código de activación en las dos armas que se hallan en el pasadizo de trasbordo y las tres restantes en la bodega. Luego tiene que partir en la última vaina no más de ocho horas después. No se preocupe acerca de los dispositivos electrónicos que están operando en las dos bombas en el casco de Rama. El cuartel general militar del Consejo de Gobiernos ordenó que los instaláramos para probar alguna nueva técnica ultrasecreta de descifrado.

"Un sistema de propulsión extra de emergencia ha sido añadido a la vaina, y su software ha sido programado para conducirlo a usted a un lugar seguro, donde se reunirá con un remolcador de la AIE. Todo lo que necesita hacer es entrar el código del momento exacto de su partida. Sin embargo, debo señalarle que los nuevos algoritmos de navegación de la vaina son validos solamente si abandona la nave, antes de I-6, días. Después de ese momento, se me ha informado de que los parámetros de guía se volverán cada vez menos válidos y será casi imposible rescatarlo.

Hubo una corta pausa en el mensaje de Heilmann, y su voz adquirió un creciente tono de urgencia.

—No malgaste más tiempo, Michael. Active las armas y vaya directamente a la vaina. Ya la hemos cargado con la comida y demás cosas esenciales que pueda necesitar... Buena suerte en su viaje a casa. Nos veremos en la Tierra.