2 A propósito del aivu (lo intemporal) y la duración continua, el discurso se hace extremadamente complejo. La apocatastasiz de Orígenes, rechazada por la Iglesia, comete el absurdo de querer concebir (o mejor: distinguir) la creencia en un bien eterno (un acto de fe) y la creencia en la posibilidad de construir un saber de la restauración. La oposición a la tesis de Orígenes debe enmarcarse en el campo de las consideraciones sobre la eternidad del mal. Lo eterno es concebible como un ser eterno. El discurso sobre la oterhoiz no es eternizable y un aiwu del mal es inconcebible.<<