16

Oyó que alguien llamaba a la puerta suavemente.

Debía de haberse quedado dormido. A aquella hora la mayoría de los huéspedes del centro estarían viendo el partido de fútbol por televisión. Frotándose los ojos, se preguntó quién podría ser.

Abrió la puerta y vio ante sí a Shanshan. Llevaba una blusa blanca de manga corta, vaqueros, sandalias y una cartera verde claro colgada del hombro. Vestía de manera informal, como si acabara de dar un tranquilo paseo junto al lago. Se le rizaban algunos cabellos sueltos junto a las mejillas, que le conferían un aspecto vivaz pese a las leves ojeras.

—Me he colado en el centro por el atajo a través de la valla que me enseñaste el otro día —explicó—. Nadie me ha parado, ni me ha preguntado nada.

Los guardas de seguridad debían de estar viendo el fútbol, dedujo Chen.

—Bienvenida, Shanshan. Pero me has pillado desprevenido. Entra. Siento que la habitación esté tan desordenada.

—Quería verte cuando no esperaras ninguna visita. Ahora estamos en paz. —Shanshan entró en la habitación y, aún sonriendo, añadió en voz baja—: Mencionaste la posibilidad de que me hubieran pinchado el teléfono, así que pensé que sería mejor venir sin llamarte antes.

—Sí, toda precaución es poca, pero…

—¿Qué has estado haciendo esta tarde?

—Nada en particular. He visto la tele, pero no daban nada bueno.

Shanshan miró a su alrededor sin perder ni un solo detalle.

—Menuda casa. ¿Y es toda para ti solo?

—No está nada mal, tengo que admitirlo. Por favor, siéntate.

—Es una casa para un cuadro de alto rango, de eso no cabe duda —dijo ella. Fue por una silla giratoria escarlata y la colocó frente al sofá, pero no se sentó de inmediato.

—No seas tan sarcástica, Shanshan. Sí, alojarme aquí es un favor especial. Como ya te dije, estas vacaciones no estaban pensadas para mí.

Shanshan recorrió la habitación con la mirada hasta fijarla en el cuenco vacío que reposaba sobre el escritorio y el envoltorio de plástico arrugado que había al lado.

—Alguien debería limpiarte la habitación.

—Hay un servicio de habitaciones, pero no me gusta que vengan, especialmente cuando tengo que concentrarme.

Shanshan tomó el cuenco y el envoltorio y los tiró a la papelera situada bajo el escritorio, al hacerlo rozó sin querer el teclado con la mano. La pantalla se encendió como respuesta, y mostró los versos inacabados de Chen.

—¡Caramba! ¿Estás escribiendo un poema?

—Sólo algunos fragmentos —respondió Chen, y luego añadió sin poder contenerse—: Están inspirados en ti.

—Venga ya —replicó ella, y se inclinó sobre el ordenador—. ¿Puedo echar un vistazo?

—Por supuesto, pero el poema está sin acabar, y falta pulirlo.

La muchacha se sentó y comenzó a leer, se hizo con un lápiz rojo como si fuera a hacer algún comentario. Chen le pasó un cuaderno por encima del escritorio.

Shanshan no anotó nada. Mordisqueando un extremo del lápiz se puso a leer atentamente. Chen permaneció de pie tras ella, aspirando la fragancia de su cabello.

Shanshan tardó un rato en acabar de leer el poema hasta el último verso, y a continuación levantó la vista.

—Es fantástico, Chen.

—No, sólo es el borrador de una parte. Está totalmente desestructurado.

—Acabarás el poema y lo publicarás —afirmó ella con convicción—. La protección medioambiental sigue siendo un tema que a muchos chinos les es ajeno. En una época tan materialista como la nuestra, resulta demasiado técnico para unos y demasiado poco práctico para otros. Pero leerán tu poema y les dará que pensar.

—Eso espero —admitió Chen—. ¡Ah! Esta tarde te dejé un mensaje en el buzón.

—Lo siento, no lo oí hasta hace alrededor de una hora. ¡Qué asco de día!

—Y que lo digas.

Chen sacó una lata de Coca-Cola de la nevera y se la dio.

—¡Menudo día! —repitió Shanshan, observando la lata que tenía en la mano—. Pero, de vez en cuando, quieres olvidarte de todas tus preocupaciones y hacer cosas que no has podido hacer hasta ahora.

—Sí, a mí me pasa lo mismo —dijo él, y se preguntó a qué se refería Shanshan con «de vez en cuando».

La ingeniera empezó a contarle todo lo que le había pasado a lo largo del día. A Chen no le sorprendió demasiado que Seguridad Interna hubiera actuado así. Shanshan ya no hablaba con evasivas sobre lo que había sucedido entre ella y Jiang. Chen debería haber adivinado mucho antes la relación tan estrecha que habían tenido, pero uno sólo ve lo que quiere ver. Con todo, él era un poli. Tendría que haberlo supuesto.

¿Era posible que Shanshan hubiera venido a verlo para ayudar a Jiang? Chen se esforzó por apartar esos pensamientos de su mente.

Shanshan admitió estar preocupada por él, tras explicarle con todo detalle que los agentes de Seguridad Interna habían mencionado a «alguien en la sombra» que la estaba ayudando.

Así que era igualmente posible que Shanshan hubiera venido por él.

—Tienes que andarte con mucho cuidado, Chen —añadió.

—No te preocupes por mí —respondió el inspector jefe—. No creo que les vaya a resultar tan fácil meterse conmigo.

—Pero estoy muy preocupada por ti. Mientras venía hacia aquí no he dejado de mirar atrás. Tenía que asegurarme de que no me siguieran. —Shanshan continuó hablando, visiblemente afectada por el encuentro con los agentes de Seguridad Interna—. Por teléfono me pediste que pensara en cosas anormales que estuvieran pasando en la empresa, y eso es lo que he hecho. Hay algo a lo que le he dado muchas vueltas, pero no estoy segura de si merece la pena.

—Cuéntamelo.

—Liu está muerto. La gente no debería hablar mal de los muertos.

—Lo entiendo —dijo Chen—, pero la vida de otro hombre, posiblemente inocente, está en juego.

—Además, como mujer, detesto hablar mal de otra mujer a sus espaldas.

—¿A quién te refieres?

—A Mi, la pequeña secretaria. Es un secreto a voces que Liu se acostaba con ella en su despacho particular, porque le resultaba muy cómodo. Pero Mi nunca trabajaba hasta tarde en la oficina de la empresa, me lo han confirmado sus colegas. Sin embargo, ella aseguró que, precisamente aquella noche, se quedó trabajando hasta tarde.

—Tienes razón, Shanshan. Pero Mi tiene una coartada: Fu la vio en la oficina aquella noche. Estaban todos muy ocupados con lo de la OPV.

—Eso parece posible. También he vuelto a comprobarlo. El personal de la oficina estaba ocupado trazando el plan de reestructuración que se iba a poner en práctica antes de la OPV. No sé en qué consistirá el plan exactamente, pero es probable que echen a algunos empleados. Al menos, a mí ya me han advertido sobre esa posibilidad, como puedes imaginar.

—Este dato podría ser muy importante —dijo Chen—. ¿Puedes contarme algo sobre Mi, ya sea en relación con la OPV o con el plan de reestructuración?

—No la despedirán. Sea cual sea el plan de reestructuración definitivo, Mi se quedará y recibirá sus acciones cuando aprueben la OPV. Al menos de esto sí que estoy segura. Incluso yo, si no me han despedido para entonces, puede que obtenga unas doscientas acciones. Es muy poca cosa, desde luego: los empleados normales y corrientes recibirán doscientas o trescientas acciones, a diferencia de los dos o tres millones que hubiera recibido Liu. El número de acciones dependerá del cargo que tenga cada cual. En cuanto a Mi, lo que Liu pudiera haberle dado en privado es otra historia. —Después de hacer una breve pausa, Shanshan prosiguió—. Pero volvamos a la noche en cuestión. Según lo que me han contado otros empleados, Mi nunca ha participado en las decisiones importantes de la empresa. No es más que una pequeña secretaria, y ya sabes lo que eso significa.

—Pero ahora que es jefa de administración, puede que tenga más responsabilidades.

—Eso es cierto. Curiosamente, Fu le asignó ese cargo sólo un par de días después de la muerte de Liu.

—¿Dio Fu alguna explicación de por qué lo había hecho?

—Dijo que era un ascenso que Liu había decidido mucho antes, y que él se limitaba a respetar su decisión. Puede que necesitara la ayuda de Mi, claro. Quizás hay asuntos de la empresa que sólo Liu y ella conocían.

—Sí, Fu necesita su ayuda —admitió Chen—. Por cierto, me acabo de enterar de que Fu tiene una novia en Shanghai.

—¿Cómo has conseguido…? —Shanshan dejó la pregunta a medias, pero siguió hablando—. No lo sabía. Nunca se lo ha dicho a nadie. ¿Qué sentido tiene mantenerlo en secreto?

La amiga de Fu podría haber sido una de «esas» chicas con las que los hombres ligan frente a los hoteles de mala muerte, pensó Chen, pero, por la descripción que hizo, el subinspector no parecía referirse a una de ellas.

—¿Estás segura de que lo mantenía en secreto, Shanshan?

—El propio Fu me dijo que no tenía novia una vez que se me medio insinuó. No hace mucho de eso, aunque ocurrió antes de meterme yo en problemas.

—Bueno, no me sorprende que intentara ligar contigo, ni que te dijera lo que te dijo. Según El libro de las odas,

Un hombre no puede evitar

ir detrás de una muchacha hermosa.

—Venga, Chen, deja de decirme cosas así. Para ser justa con Fu, no insistió demasiado —aclaró Shanshan frunciendo levemente el ceño—. Siento haberme apartado del tema. Hay algo más sobre Mi que me gustaría comentar contigo.

—Ha sido culpa mía, Shanshan. Por favor, continúa.

—Pongamos que trabajara hasta tarde aquella noche, lo cual dudo bastante. Aun así, mintió sobre otra cosa.

—¿Sobre qué?

—Me dijiste que presenció la discusión entre Jiang y Liu en la oficina el siete de marzo, la víspera del Día de la Mujer. Eso es lo que Mi recordaba, ¿verdad?

—Sí, así es.

—Pues no es cierto. Comprobé tanto el calendario como el sitio web de la empresa, según los cuales Liu estuvo en Nanjing aquel día, y no volvió hasta bien entrada la noche.

—Un momento. Creo que Fu confirmó esa declaración. —Chen se levantó para ir a buscar la carpeta que le había entregado el oficial Huang y empezó a rebuscar entre los papeles—. Veamos. Fu no dijo nada sobre la fecha específica, sólo que fue a principios de marzo. Contó que vio a Jiang en la oficina sin saber quién era, y que más tarde, aquel mismo día, Mi le comentó que se trataba de Jiang.

Chen era consciente de que Shanshan parecía muy interesada en la carpeta, etiquetada como «confidencial». Aquella etiqueta podría contribuir a aumentar sus sospechas acerca de la identidad de Chen. Sin embargo, no era el momento de preocuparse de aquello. En lugar de sentarse, el inspector jefe permaneció de pie con la carpeta en la mano. Después de todo, la carpeta podría contener algún documento que Shanshan no debería leer.

—No sé por qué dijo eso Mi sobre Jiang. Pero, con tus contactos, quizá podrías descubrirlo.

—Sí, le pediré ayuda al agente Huang —respondió Chen, aún de pie—. Comprobaremos otra vez el itinerario de Liu el siete de marzo. Si es preciso, también puedo llamar a la comisaría de Nanjing. No dejaremos piedra sin remover.

Acto seguido, Shanshan se levantó. Su semblante, recortado contra la tenue luz que entraba por la ventana, se había tornado serio.

—También he venido para pedirte un favor, Chen.

—Pídeme lo que quieras, Shanshan.

—He reunido algunos datos sobre la contaminación industrial en Wuxi. —Shanshan sacó una carpeta abultada de su cartera—. Información auténtica, de primera mano. Ninguno de estos datos ha aparecido siquiera en los boletines internos de la empresa.

—¿Y?

—Los hombres de Seguridad Interna podrían venir a registrar mi habitación en cualquier momento. Quiero que me guardes la carpeta. Si se te presenta la oportunidad, publica la información. No lo hagas por mí, sino por toda la gente que ha estado sufriendo a causa de la contaminación.

—No te va a pasar nada, Shanshan.

—Puede que no sea fácil, incluso para alguien como tú, pero aun así te pido que lo intentes.

—Haré todo lo posible por publicar esos datos. Te doy mi palabra.

—Eres la única persona en la que confío —dijo Shanshan mirándolo a los ojos.

—Te lo prometo —repitió Chen, y cogió la carpeta.

Y después le cogió también la mano.

Shanshan se inclinó hacia él inesperadamente y apoyó la cabeza contra su hombro sin soltarle la mano. Chen sintió su cálido aliento en la mejilla.

Estaban muy cerca el uno del otro, de pie junto a la ventana. Detrás de Shanshan, las aguas del lago se veían límpidas y tranquilas bajo la clara luz de la luna. En el cielo nocturno, de un azul intenso, las nubes parecían evanescentes.

Shanshan volvió el rostro hacia él con los ojos brillantes y el inspector jefe le apretó la mano, que era suave y estaba algo sudorosa. La muchacha levantó la otra mano y le acarició la cara ligeramente con sus largos dedos, como una brisa del lago.

A Chen le vinieron a la memoria varios versos, como si cabalgaran sobre el agua:

Ven a la ventana, a disfrutar del apacible aire nocturno…

Oh, amor, seamos sinceros

el uno con el otro…

Otro poeta, mucho tiempo atrás, en un país lejano, miraba por la ventana de noche en compañía de su amada y pensaba en la razón por la que deberían amarse:

… porque el mundo, que parece

mostrarse ante nosotros como una tierra de ensueño,

tan variada, tan bella, tan nueva,

en realidad no nos ofrece alegría, ni amor, ni luz,

ni certeza, ni paz, ni ayuda para mitigar el dolor…

Era un poema melancólico, que presentaba el amor como la única huida momentánea de un mundo sin fe, carente de esperanza debido a «la infelicidad humana y a un dejo eterno de tristeza». Pero, en aquel momento, el mundo que habitaban junto al lago era aún peor: un mundo totalmente contaminado. No había certeza alguna de nada ni siquiera en el aire, en el agua o en la comida. Estaban ahí…

… en una planicie cada vez más oscura

barrida por confusas alarmas de luchas y huidas,

donde ejércitos ignorantes se enfrentan por la noche.

A pesar de todo, podían apoyarse uno al otro.

Desde que Shanshan llegó, Chen había concebido algunas esperanzas, pero habían estado demasiado ocupados hablando sobre el asesinato, las conspiraciones y las intrigas que los rodeaban. Ahora, en medio del repentino silencio, la trascendencia de aquella noche los sobrecogió.

Shanshan parecía ensimismada hacía un momento, pero ahora estaba intensamente presente. La luz de la luna iluminaba su rostro con un resplandor suave. Chen depositó la carpeta sobre el alféizar de la ventana y le tocó los labios. Ella murmuró su nombre a través de sus dedos.

—¿Y bien? —preguntó él.

—¿No hemos hablado ya bastante sobre otra gente y otras cosas? —Shanshan le tiró de la mano, dándose la vuelta.

Al volverse hacia su derecha, Chen vio que la puerta del dormitorio estaba abierta y parecía invitarlos a entrar. La tenue luz nocturna fluía como el agua.