TERAPIAS
Las posibilidades del hipnotismo son inmensas, tanto utilizado en psicoterapia, o como sistema de reforzamiento personal; vaya esto por delante antes de adentrarme en explicaciones sobre las terapias más comunes.
Otro apunte previo: toda hipnoterapia requiere, por lo general, una buena relajación. El paciente debe de estar tranquilo, perfectamente consciente (ya he explicado la falsedad de la afirmación de que en hipnosis hay pérdida de consciencia), es decir, la previa relajación hipnótica es de por sí una verdadera terapia.
Es necesaria para adentrarse después en terapias concretas y, en principio, ya supone una disminución de tensiones musculares, de los espasmos nerviosos y en fin, del estrés.
La mayoría de las terapias consisten en reprogramar el cerebro, para cambiar los hábitos y las actitudes equivocadas.
Una reprogramación desde el subconsciente. Como ya he explicado, la división física del cerebro, córtex y subcórtex se corresponde con la división de la mente, entre lo consciente y lo subconsciente.
La mente es como un iceberg, con su parte consciente que equivale a la parte de hielo que queda fuera del agua y nos ayuda en el proceso diario de tomar decisiones, de realizar los actos habituales y cotidianos.
El consciente también nos presta su ayuda ante nuevas situaciones, cuando tenemos que aplicar el pensamiento racional para dilucidar lo que tenemos que hacer y cómo hemos de hacerlo. La otra parte de la mente es el subconsciente que representa, con mucho, su mayor parte, al igual que la parte sumergida del iceberg. Si realizo esta comparación con el iceberg, podría continuar con ella para asegurar que de siete partes, seis están sumergidas, constituyen lo subconsciente, y una parte emergida, que sería lo consciente.
En este orden de ideas en que nos movemos en el presente libro, diré que el inconsciente no es una simple metáfora, aunque sus contenidos puedan serlo en muchas ocasiones, sería algo como una entidad tangible y verificable a través de la autoobservación y experimentación propia. Por supuesto esta definición es rechazada por las teorías cognitivoconductuales y ampliamente estudiada y explorada por la corriente transpersonal, yendo más allá de los estrechos marcos teóricos y experimentales de la primera. (Ver Jung, Assaglioli, Wilber. Maslow, Groff, etc.)
¿Qué función cumple el subconsciente? La mente subconsciente se encarga de la repetición de los comportamientos aprendidos.
Esto es muy útil ya que permite resolver las situaciones cuando se presentan de nuevo. Cuando hemos aprendido a enfrentarnos a una situación, lo encontraremos más fácil la siguiente vez. Esto es así porque recurrimos a una información que ya habíamos almacenado.
Un ejemplo, de niños, alguna vez se habrá quemado con la puerta de la estufa o con algún utensilio puesto al fuego. Una vez que se ha vivido esa experiencia, queda grabada en la memoria, después utiliza usted un paño o guante en cada ocasión que quiere abrirla, de tal manera que no se abrase la mano de nuevo.
Otro tanto se puede decir de cuando se aprende a cambiar las marchas de un coche, no necesita pensar conscientemente en realizar esos movimientos, ya que la información almacenada se presenta de manera automática tan pronto como surge la situación.
Un nuevo ejemplo: cuando ha aprendido la posición de las letras en una máquina de escribir puede mecanografiar sin mirarlas, porque se ha forjado en el subconsciente una imagen mental de la disposición del teclado.
En síntesis, se puede decir que la información recibida por la mente consciente pasa de inmediato a la mente subconsciente. Ambas partes están vinculadas; todo cuanto el sujeto ve, oye o experimenta es percibido por la mente consciente y luego almacenado en la mente subconsciente en forma de recuerdo.
Dicho recuerdo se compone de la huella del incidente en sí más la huella de la sensación o el sentimiento que trajo consigo. Pongo un ejemplo más. Suponga que alguien le dice con insistencia «no vales para nada». Esa persona puede ser su padre o su madre, su esposa o su esposo, el jefe o cualquiera que ocupe una posición de autoridad.
La acusación puede ser injusta o exagerada, pero si se la repiten a menudo, usted la almacenará en su mente subconsciente junto con los sentimientos de rabia y cólera, resignación o depresión que suscite en usted.
Si da a la otra persona la oportunidad de repetir su acusación una y otra vez durante un largo periodo de tiempo, empezará usted a creer que, de hecho, no vale para nada y que es incapaz de hacer algo bien porque tal será el mensaje automático que enviará el subconsciente cuando surja una ocasión nueva en la que tenga que probarse a usted mismo.
Así entra en un círculo vicioso, ya que como cree que no sirve para nada, actúa de acuerdo con esta creencia que se mantiene en su subconsciente. Como no aborda las situaciones nuevas, porque tiene miedo al fracaso, fracasará. De este modo, la acusación inicial se convierte en realidad, como una profecía que a la vez es la causa de su propio cumplimiento, aún en el caso de que en un principio no fuera verdad.
Estos ejemplos demuestran que existe un vínculo entre la información o los acontecimientos que experimentamos y el almacenamiento inmediato en el subconsciente junto con los sentimientos y la forma en que actuamos ante dicha información o acontecimientos.
Cuando nos damos cuenta de que, por el motivo que sea, no somos capaces de manejar una situación, proporcionamos a nuestro subconsciente una información negativa, con una huella que recuerda el fracaso. Y, cuando la misma situación u otra similar se presenta de nuevo, presumimos automáticamente que seremos incapaces de resolverla.
Esa presunción significa que esperamos que las cosas también van a ir mal, nos imaginamos ineptos para enfrentarnos a la situación y, por tanto, acabamos por no lograr escapar a lo que hemos imaginado.
Lo interesante de la cuestión está en que la cadena «hechos-recuerdos-comportamiento» funciona también en sentido positivo. Por ejemplo, si a un niño se le dice que le quieren igual aún en el caso de que cometa errores, su mente subconsciente registrará esa información como un sentimiento de seguridad, al mismo tiempo que el mensaje de ser amado a pesar de todo.
Eso le impulsará a intentar cosas nuevas sin temer el resultado, porque sabe que si no salen bien, como puede suceder, su sentimiento de seguridad y de estima de sí mismo se mantendrá intacto.
Es importante advertir que la información ha de repetirse para que eche raíces en la mente subconsciente. Esto quiere decir que un incidente tiene que ir acompañado de una emoción particular fuerte para imprimirse en el subconsciente e influir más tarde sobre el comportamiento.
Por este motivo, cuanto más fuerte es la emoción que acompaña a un acontecimiento, con mayor fuerza se graba esa emoción en el subconsciente.
Hipnoanálisis
Un buen hipnoanálisis contiene infinidad de aspectos que solo conocen y pueden manejar los profesionales de la salud, médicos, psiquiatras, psicólogos y terapeutas instruidos en las técnicas hipnóticas. Debido a la complejidad de la técnica hipnoanalítica en sí misma, me limitaré a reseñar los pasos más elementales para realizar un sencillo hipnoanálisis. En todo caso, garantizo los buenos resultados que todo aquel que lo realice obtendrá del mismo.
Muchos investigadores de lo psíquico, desde Freud, hasta Lindner, pasando por Breuer y Ferenzi, emplearon la técnica del hipnoanálisis, unos con más acierto que otros.
La aplicaron a infinidad de trastornos, ansiedad, histeria, alcoholismo, tabaco, drogadicción, personalidades psicóticas, incluso casos de sonambulismo histérico.
Hay que llegar sin rodeos a la fuente o núcleo donde se originan los conflictos de carácter psíquico que desequilibran la personalidad del sujeto de tal manera que se puedan extraer de la oscuridad del subconsciente y exponerlos a la luz de la conciencia.
Según Freud y otros psicólogos: «cuando un hecho inconsciente pasa al consciente comienza a dejar de ser un problema. La conciencia se encarga de reestructurarlo y ponerlo en el lugar que le corresponde de tal manera que dejará de ser patológico».
El hipnoanálisis aprovecha los efectos mentales del trance hipnótico para traer de nuevo a la conciencia antiguos conflictos y recuerdos removidos, el material rescatado deberá ser analizado con sumo cuidado. Dentro de toda la información que vaya aflorando pueden emerger falsos recuerdos, es decir, cosas de sucesos que no han sucedido tal y como se recuerdan, el hipnoanalista debe cuidarse de no sugestionar o sugerir posibles causas del problema, no debe tener una teoría previa ni dirigir al paciente hacia una comprensión acerca del origen de su problema coincidente con la misma.
El yo consciente se enfrenta con las represiones inconscientes del sujeto. La hipnosis resulta muy eficaz para traer a la memoria experiencias traumáticas del pasado que han sido reprimidas y olvidadas por la parte consciente.
Se barajan algunas cifras según las cuales la cantidad de recuerdos recobrados mediante el método hipnótico sería del 70%. La discusión en la que se enredan los psicólogos clínicos es que, junto a los recuerdos verídicos, surgen otros inventados o sugestionados indirectamente por el terapeuta. En este segundo caso, no es un buen terapeuta y debería revisar sus conceptos y teorías. Si se trabaja con respuestas ideomotrices y se reduce la respuesta verbal, este problema se minimiza radicalmente y no se corre el riesgo de sugestionar con determinadas teorías al cliente.
Ante los problemas no superados, la persona emplea distintos mecanismos psicológicos para crear defensas mentales que refuerzan la represión y, a consecuencia de la misma, se originan los síntomas neuróticos. Aquí entra precisamente en juego la técnica hipnótica, que bucea en el fondo mismo del conflicto, llega donde otras técnicas no llegan y, al final, saca a la luz lo que estaba en tinieblas.
Alerto al posible lector de este libro, sobre todo si es psicólogo clínico, que estamos pisando un terreno resbaladizo. Son los llamados falsos recuerdos que tanto miedo y recelo despiertan en los psicólogos sobre todo cognitivos-conductuales. Por ejemplo, los responsables del informe publicado en la revista Papeles del psicólogo, Vol. 25, nº. 89, de septiembre-diciembre de 2004, titulado «A fondo: hipnosis». La intencionalidad de los autores del artículo es buena, se justifica con unos supuestos intereses de darle un cariz científico al artículo para clarificar todo aquello que, según sus paradigmas, es falso y peligroso en el uso de la hipnosis. En síntesis diré que el informe pretende en todo momento explicar lo que es científico y cierto en el uso de la hipnosis y aquello que según sus postulados (paradigmas) no lo es.
Estas explicaciones y fundamentos de la veracidad científica de lo que explican se basa, de entrada, en otros supuestos teóricos falsos, tan falsos y cuestionables como los supuestos o teorías que ellos quieren descalificar o invalidar.
Suponen que lo científico corresponde a lo que ellos practican, saben, sus métodos, sus formas de estudio e investigación, es decir, lo aprendido en la universidad y en sus sistemas teóricos, hipótesis, etc. Y claro está, lo que sea distinto, diferente, otras versiones, otras hipótesis o explicaciones y otras fuentes que no sean en las que donde ellos beben (paradigmas de la ciencia oficial) será descalificado y los que se atrevan a trabajar, investigar y explorar con otros supuestos teóricos y otros métodos serán condenados a la hoguera de la Inquisición, que ahora no proviene de parte de la Iglesia y sus sacerdotes, sino algo aún peor, los sacrosantos psicólogos de la oficialidad. Su orgullo y soberbia no les permite aceptar que, sin haber pasado por sus sistemas de programación teórica, su visión de lo que es la mente o psiquismo humano, sin haberse sometido al verdadero lavado de cerebro que les hacen sus profesores o maestros universitarios, sean capaces de cumplir con su función de psicoterapeutas igual o mejor que ellos mismos.
El problema consiste en la ignorancia que tienen de que en otros centros, escuelas y grupos de trabajo pueda haber profesores, maestros o expertos en la verdadera psicología que permite una mejor y más productiva labor psicoterapéutica.
Estos grupos de trabajo y enseñanza terapéutica se emparentan de lleno con la cuarta corriente de la psicología, la transpersonal. Una sabia mezcla de la sabiduría y filosofía oriental, con las bases empíricas de la ciencia occidental. (Ver lo que dicen Groff, Assaglioli, Wilber, Maslow, etc., la moderna Programación Neurolingüística o PNL, la Psicoterapia hipnótica de Erickson, el Psicodrama de Moreno, y por supuesto un estudio y práctica en profundidad del sistema yoga y estudio de la psicología y meditación zen, aporta mas conocimiento teórico y practico, que veinte años en los sesgados y áridos estudios de lo que supuestamente es la psicología académica que nunca prepara a nadie para realizar psicoterapia).
No digo que no haya que formarse en lo académico, no digo que sea mala idea formarse en la universidad, todo lo contrario, creo que es imprescindible realizar formación académica. Pero no es suficiente. No es la única forma de entender y realizar la psicoterapia sobre todo con auxilio de la hipnosis.
A los autores del citado informe les recomiendo: dejen de mirarse su propio ombligo. No asusten ni alejen a posibles investigadores de la hipnosis que estén explorando con el auxilio de otras metodologías por muy distintas que sean de las que ellos practican.
Tienen tanta soberbia y arrogancia que el informe consiste en descalificar todo lo que ellos creen que no es científico, basándose en sus supuestos científicos (paradigmas). Lo que encaja con lo que ellos estudian y experimentan lo aceptan como real. Lo que no corresponde con sus teorías y experiencias, lo relegan al baúl de las fantasías y mentiras.
Tienen tanto caos y desconcierto en el mundo de la psicología oficial que existen unas cuatrocientas formas de psicoterapia diferente y cada una con sus supuestos teóricos. ¿Cómo confiar entonces en lo que nos digan acerca de lo que es o no es científico o verdadero relativo a la hipnosis?
El hipnoanálisis es, en realidad, muy parecido al psicoanálisis. La técnica es similar en muchos aspectos pero la ventaja de la primera es que es muchísimo más rápida, ya que accede antes a niveles más profundos de la mente. El parecido entre ambas técnicas no debe sorprenderle.
Le recuerdo que Freud, padre del psicoanálisis, bebió de la hipnosis antes de elaborar su teoría. Él mismo agradeció a la hipnosis todo lo que su sistema psicoanalítico había heredado de ella. En tales circunstancias, el paralelismo es lógico. Si se me permite y mis amigos –he trabajado con alguno– los psicoanalistas no se enfadan, diré que con la hipnosis se accede en pocas sesiones a donde el psicoanálisis tarda meses y hasta años en llegar.
Por lo demás, todos mis respetos a Sigmund Freud y sus modernos alumnos. Pero téngase en cuenta que gran parte de lo que voy explicando son generalidades y por supuesto en cada caso habría que estudiar lo individual y las excepciones. Solo se que lo que hago y cómo lo hago funciona solucionando problemas y ayudando en el desarrollo personal de mis clientes y alumnos. Todo cuanto hago, digo y escribo está corroborado por infinidad de investigadores, casi todos provenientes del mundo académico, psicología, psiquiatría, medicina, etc, por lo tanto el lector puede comprobar que cuanto explico tiene una amplia base científica. Afortunadamente no tengo que someterme a los paradigmas oficiales, ni seguir a ningún guru o profesor académico por mucho doctorado que tenga en psicología. Tampoco pertenezco al campo de los hipnotizadores de espectáculo ni soy lego en la materia, tengo mi buena formación en la misma Universidad de Valencia en hipnosis ericksoniana y patrones de cambio; mis profesores mencionados, los mejores. Me consta, de no ser así no lo escribiría aquí.
Cualquier persona susceptible de ser hipnotizada puede ser hipnoanalizada. Ahora bien, todos los sujetos capaces de caer en un trance hipnótico profundo y que puedan exteriorizar emociones intensas tendrán que ser tratados por expertos psicoterapeutas.
La razón es simple, solo un profesional cualificado podrá hacer un uso correcto de todo el material psíquico que salga a la superficie.
Por la variación de sus estados de ánimo y su falta de organización mental, los maniacodepresivos muestran dificultades para la técnica hipnoanalítica, lo que les impide la debida concentración.
Además es casi imposible utilizar este sistema de terapia con esquizofrénicos disociados, aquellos que han perdido toda noción de realidad, porque si no hay una percepción de la realidad, resulta imposible toda psicoterapia.
He tratado a personas que podrían haber obtenido éxito con esta técnica pero, abrumados por el material reprimido que emergía, un tanto timorato y debido a sus mecanismos de defensa, optaron por abandonar la terapia.
Recuerdo en concreto el caso de un hombre de unos treinta y cinco años, ocupado en sus propias fantasías negativas y ante el temor de que eliminara sus impulsos homosexuales, abandonó el tratamiento a la cuarta sesión hipnoanalítica.
Por mi parte, sobra decir que este temor era infundado, ya que el hipnólogo debe ser siempre respetuoso con las tendencias sexuales de sus pacientes. Tenga presente que la mayoría de los síntomas han sido creados a modo de mecanismos de compensación o, como simple defensa y que, por tanto, cumplen su función en la vida psíquica del sujeto.
Además, toda fobia, complejo, etc. tiene su intencionalidad positiva. En tales condiciones, a veces, el sujeto a tratar, o más bien su subconsciente, se resiste a abandonar el síntoma porque eso supone renunciar también a los beneficios secundarios que le aporta. Le repito, por su complejidad, esta técnica es para los profesionales.
Solamente un psicólogo clínico debidamente formado puede hacer un diagnóstico. Jamás se me ocurriría realizar semejante labor. Ni puedo, ni debo ni me gusta tal asunto. Solamente instruyo, formo, enseño un mapa y confiero la responsabilidad al paciente de que transite su propio camino; yo le muestro el mapa, el camina con sus propios pies.
Partiendo de la edad actual y dependiendo de si se conoce la causa del problema o fobia a resolver, la técnica del hipnoanálisis consiste en hacer que el sujeto vaya retrocediendo año tras año y realizando una revisión, a modo de inventario, del transcurso de su vida.
Al finalizar este examen retrospectivo se tendrá una idea general de cómo ha sido la vida del sujeto y se tendrá, por tanto, información de qué factores o aspectos de su vida han sido más condicionantes, para saber sobre qué elementos concretos habrá que trabajar.
Si no se sabe el origen o causa de la fobia, trauma, etc. habrá que utilizar otros recursos, como por ejemplo crear una respuesta no verbal. Para ello hará que el sujeto vaya retrocediendo atrás en el tiempo diciéndole: «Irás revisando tu vida poco a poco, cuando llegues justo al momento en que se originó tal problema, tu subconsciente nos lo hará saber con un movimiento de tu dedo pulgar». En muchas ocasiones, pero no siempre, este método dará unos resultados excelentes. Algo parecido era utilizado por Milton Erickson. Así es el propio cliente el que descubre el origen del conflicto y el terapeuta no le ha impuesto a priori una teoría.
El hipnólogo debe mantenerse muy alerta siempre, observando el lenguaje no verbal del sujeto: sus gestos, respiración y movimientos, a veces casi imperceptibles, de su sistema nervioso involuntario que nos avisarán de alguna perturbación emocional provocada por un recuerdo.
En este sentido, los gestos de su cara serán muy significativos. Cuando usted detecte signos emocionales, indicadores de que ahí posiblemente esté el núcleo del problema que busca, tendrá que incidir en que el subconsciente saque a flote esos contenidos.
Si el puente entre su voz, la del hipnólogo, y las respuestas subconscientes se ha establecido con firmeza, la respuesta será positiva. Por tal motivo, antes de pasar al hipnoanálisis es conveniente hacer unas cuantas sesiones hipnóticas, tratando de que el sujeto alcance el nivel más profundo de trance para poder establecer anclajes o palabras clave que, pronunciadas durante la sesión analítica, hagan que el subconsciente del paciente dé la respuesta determinada previamente.
Le expondré un ejemplo para que este aspecto tan importante quede claro.
Si sospecha que el recordar el momento y la causa del trauma puede ser un choque emocional para el sujeto, será preciso utilizar una palabra clave o anclaje que le tranquilice: «Bien, cada vez que yo diga la palabra «azul», estarás totalmente disociado de todo lo que recuerdes, lo verás como si fuera una pantalla de cine y tú un simple espectador».
También se puede establecer que esa palabra, u otra cualquiera, sirva para ayudar a profundizar en el trance de manera que el subconsciente se vaya abriendo más y más, ofreciendo la respuesta que se busca. Cuando el sujeto esté recordando la experiencia traumática, según el hipnólogo crea oportuno, podrá hacer que la reviva o que simplemente la recuerde, como si la viera desde fuera.
En un capítulo anterior expliqué con brevedad lo que es la reviviscencia y sus diferencias con la hipermenesia. Retomo ahora el concepto de reviviscencia ya que resulta fundamental para la regresión a la infancia o a etapas ya pasadas de la vida, como es el caso del hipnoanálisis.
La persona vuelve a vivir un acontecimiento en iguales condiciones físicas, emocionales, etc., que cuando se produjo, hayan pasado meses, años o toda una existencia. Y, además, todo lo posterior al acontecimiento queda olvidado en ese momento. Por expresarlo de una forma gráfica, es como volver atrás en el tiempo.
Ahora bien, en la regresión en el tiempo del hipnoanálisis todo se vive como el que ve una película, con más o menos intensidad, identificándose más o menos, pero dentro de un marco general del presente. Para la regresión es suficiente decirle al sujeto que vaya recordando cuándo había cumplido cierta edad.
Durante la reviviscencia se actúa casi de igual manera que cuando se contaba la edad a la que usted lleva al sujeto: su forma de pensar, su capacidad intelectual, su manera de hablar, incluso de escribir. Suponga usted que le lleva a los siete años. Si le pregunta en ese momento alguna cuestión de su vida actual, adulta, el sujeto no sabrá responder. Es como si a partir de esa edad, como si a partir de los siete años toda la memoria se hubiese borrado. Puede ocurrir esta curiosa experiencia, pero en la mayoría de los casos la persona es consciente del tiempo presente, futuro y pasado simultáneamente. El yo adulto lógicamente sabe que eso le ocurrió a su yo más joven, así de simple.
En la reviviscencia debe usted manejar con mucha prudencia toda la información que el sujeto proporcione. En efecto, parte del material emergente puede deberse a simple imaginación, recuerdos inventados por la fabulación del sujeto.
Como detalle significativo, tenga muy en cuenta que la reviviscencia no es considerada válida si el lenguaje que utiliza la persona corresponde a su edad actual.
Tengamos en cuenta que tanto en la reviviscencia como en la regresión existen diversos grados de profundidad. En ambos casos, los sujetos hipnotizados pueden revivir experiencias emocionales muy intensas. Es decir, pueden evocarlas más o menos igual que cuando se produjo el acontecimiento en sí.
En algún rincón de su mente subconsciente se almacena la información, lo que ocurrió, más las sensaciones y emociones, después se recupera esa experiencia y uno vuelve a tener esa edad. En la regresión en edad hay una parte de la conciencia que permanece en el tiempo presente y es testigo de todo como observadora. En la reviviscencia parece que es el total de la personalidad la que vuelve a tener esa misma edad, todo en tiempo presente también. Personalmente estoy muy comprometido con mi propio hipnoanálisis, y dedico regularmente un tiempo a mis propios ejercicios de autohipnosis, sinceramente creo que por lo general siempre hay una parte de la conciencia, «yo consciente», que lo observa todo desde el presente, salvo raras excepciones y con personas muy particulares, siempre se vive todo lo que sucedió allí, pero desde el presente aquí.
Algunos signos externos que corroboran la reviviscencia se observan en la posible adopción de posturas infantiles, posición fetal, chuparse el dedo; el sujeto pierde el lenguaje adulto, comienza a imitar el balbuceo de un bebé.
Tendrá que ser el profesional, desde sus conocimientos y experiencia, el que decida en cada caso si es preferible la reviviscencia o el recuerdo disociado. Y esta decisión no es cuestión baladí, en ella puede estar la confianza del sujeto en usted y, por tanto, el éxito de una terapia.
Una vez que el elemento perturbador haya sido descubierto, el hipnoanálisis continúa y habrá que trabajarlo de forma individual. Se le dice al sujeto que recuerde esa experiencia, que la proyecte en la pantalla (si es que considera usted que es demasiado fuerte para revivirla): «Ahora recuerda tal como sucedió, los lugares, las personas, los objetos... deja que los recuerdos se vayan proyectando en esa pantalla, y observa lo que ocurrió».
No pierda detalle de las respuestas emocionales del sujeto para ayudarle en el sentido en que su lenguaje verbal nos indique.
La mayoría de los episodios traumáticos de esta índole se han originado en alguna etapa de la infancia, sobre todo los que el sujeto no logra recordar, ya que el subconsciente utiliza la amnesia como mecanismo defensivo.
Mediante la técnica del hipnoanálisis el niño interior ultrajado, maltratado y humillado queda al descubierto. ¿Qué hacer con este niño que todavía sigue sufriendo en los trasfondos de la mente? Tenga en cuenta que para la mente subconsciente todo es un continuo presente.
Desde un punto de vista simbólico y psicológico, dentro de esa persona hay un niño que sigue sufriendo por los mismos motivos. Esto significa que hay que reconciliarse con ese niño que sufre, hay que ayudarle a salir de esa situación.
Esa etapa de la infancia, todo lo que su conciencia tuvo que aprender y madurar, está sin desarrollar. Por tanto, las cualidades y potencialidades del normal desarrollo de la conciencia y posterior personalidad del sujeto estarán incompletas. El sujeto mostrará desequilibrios en el comportamiento adulto, carencias, fobias, complejos, en fin, todas sus limitaciones actuales.
Muchos estudiosos coinciden, desde Freud hasta Jung pasando por Whitfield, en que, para curar las heridas del pasado, es necesario conectar con el niño interior y curarlo.
Existen muchas investigaciones acerca del poder de las técnicas hipnóticas para recuperar recuerdos del pasado. Hay evidencia práctica de que en muchos casos la persona accede a episodios autobiográficos que el individuo no recordaba fuera del trance hipnótico. Yo aporto varios casos en algunos de mis libros (Autohipnosis, una puerta a vidas pasadas. Editorial Corona Borealis, 2008). Se verifica mediante la tecnología hipnótica apropiada y según la idiosincrasia particular de algunos individuos que durante el trance hipnótico se potencia o activa la hipermnesia provocando más recuerdos y accediendo a más información que cuando se está fuera de la hipnosis. Pero no es una regla fija ni se cumple siempre. En muchos casos, evidentemente, no hay más información en estado hipnótico que en estado de vigilia. La hipnosis aporta capacidad para acceder al inconsciente y permite recuperación de material reprimido. (Ver estudios Mc Conkey, Barnier, Sheehan, 1998 y Sociedad Británica de Psicología, 2002). Pero este material puede ser verdadero, es decir lo que recuerda el paciente corresponde a lo vivido en su niñez, por ejemplo, y pueden ser también falsos recuerdos. Distorsiones de la realidad y todo como consecuencia de las sugestiones o sugerencias dirigidas por la intencionalidad del terapeuta. Es por ello que solamente debería realizar el hipnoanálisis el profesional cualificado. Evidentemente, una cosa es hacer autohipnosis para relajarse y tomarse las cosas con calma y no dejarse llevar por el estrés y las demandas de la vida y, otra, intentar realizar una psicoterapia sobre traumas y conflictos profundos o relacionados con abusos en la infancia, etc.
EJERCICIO NÚMERO 8
TÉCNICAS DE HIPNOANÁLISIS
TÉCNICA PARA VISUALIZAR EL NIÑO INTERIOR
Sugiérale al paciente que realice una profunda inhalación y deje que emerja la imagen de un niño, que acepte la primera que venga. Esta imagen puede ser la de un adolescente, la de un bebé o la de un niño de cinco o seis años. También puede ser la imagen de un niño iracundo o atemorizado e incluso puede que la imagen no se le parezca en absoluto. No importa, esa imagen actúa como símbolo de su niño interior. Es aconsejable que le sugiera que visualice un lugar confortable y seguro donde pueda encontrarse con su niño interior. El niño interior necesita sentirse seguro y a salvo. En ese lugar el paciente podrá hacerle preguntas a su niño interior, algunas pueden ser: «¿Qué tienes que decirme?, ¿qué información puedes darme?, ¿qué puedo hacer para ayudarte?, ¿que necesitas?». Después de formular tales preguntas pídale al sujeto que espere y escuche atentamente las respuestas. Si la conexión se ha dado, podrá leer las respuestas en los gestos, la expresión del rostro del niño interior, en sus emociones, en su lenguaje corporal. Al final, sugiera al paciente que haga una pequeña reflexión acerca del amor que existe en su vida, hacia sus hijos (si los tiene), su familia, padres, esposa, hermanos incluso algún animal de compañía. Después dígale que dirija todo ese amor hacia su niño interior, que le abrace y le haga saber que le quiere y que es importante, que deje que se manifiesten todos esos sentimientos maravillosos que le van uniendo a su niño interior. Así se irá produciendo la curación de las viejas heridas. Solo de esa forma será posible el crecimiento de la conciencia. Si es necesario para una mejor comprensión del problema a tratar, se puede hacer un historial o un seguimiento de cómo y cuántas veces se ha manifestado ese problema en el transcurso de la vida del sujeto, cuáles son las circunstancias en que se manifiesta con más facilidad, en qué etapas de su vida ha sido más fuerte, qué cosas le debilitan y cuáles le fortalecen, etc. Si se trata de una fobia, por ejemplo, haga que el sujeto viva situaciones fóbicas primero en su mente con la oportuna visualización. En estas imágenes mentales deben estar presentes todos los elementos conflictivos que originaron tal fobia. Hágale revivir esas situaciones acompañándolas de un anclaje de palabra clave (signo-señal) que asocie a tranquilidad y seguridad interior. Después tendrá que afrontar esas situaciones físicamente. Resulta muy oportuno hacer que el sujeto proyecte también en su mente los objetivos que desee alcanzar, que se vea a sí mismo libre de esa fobia, pensando, sintiendo y actuando como una persona nueva y transformada. En las líneas precedentes se han tocado dos temas muy importantes, como son la reprogramación y la visualización. Si he pasado por ellos sin detenerme demasiado es porque en los siguientes capítulos daré cuenta más pormenorizada de los mismos.
TÉCNICA DE MEDITACIÓN SOBRE LAS ACCIONES DEL DÍA
Mediante un examen retrospectivo, usted mismo, en la soledad de su habitación, con total tranquilidad, debe ir retrocediendo hacia atrás, recordando las acciones ejecutadas en el día, verse en cada acción del día hasta llegar justo al momento en que se ha levantado por la mañana. Este ejercicio sencillo confiere agilidad mental y es excelente para ejercitar la memoria. El examen retrospectivo sirve para afrontar los problemas cotidianos, preocupaciones, temores, celos, violencia, estrés, etc. Es el medio más directo para llegar a la aceptación de sí mismo. Lo primero que debe hacer es adoptar una actitud de relajación física y mental mediante alguna de las técnicas ya enseñadas.
La práctica regular de la meditación tiene importantes repercusiones fisiológicas que benefician el sistema nervioso, las alteraciones gastrointestinales, las alergias, los problemas cardiovasculares, etc., pero también de orden psicológico, como un mayor entusiasmo, mayor capacidad de amor y relación con los demás, así como de eficacia en nuestra vida cotidiana. La voluntad se fortifica y hay un lento y progresivo avance hacia la madurez real. La vida de la persona que practica con regularidad la meditación deja de ser automática y el comportamiento se hace más consciente, los actos cotidianos se llenan con el frescor de la espontaneidad. Por otro lado, la meditación es una aventura sin caminos trazados, de encuentro con uno mismo. Vivimos en la oscuridad, en el exterior, en la periferia de nosotros mismos, y ha llegado el momento de volver a encontrar nuestra propia naturaleza, de mirar hacia dentro, al centro de nuestro propio YO. Debe considerar el hecho de que es posible intervenir de forma directa sobre la respiración. Sin embargo, hay que señalar que, seamos conscientes de ella o no, la respiración continúa su curso. Debe introducir la conciencia de la respiración para controlarla, ampliándola o acortándola. Repita este proceso: inhalar y contar mentalmente hasta ocho, retener el aire y contar hasta ocho, exhalar y vaciar bien los pulmones de aire viciado mientras se cuenta hasta ocho. Repita este proceso unas diez o quince veces. Llegados a este punto, habrá alcanzado un buen nivel físico y mental de tranquilidad y sosiego, sobre todo en el plano mental, por lo general muy disperso y fraccionado. Así pues, ya estará usted listo para iniciar el viaje retrospectivo al principio del día. Comience desde el momento justo del día en que se ha dispuesto a realizar el ejercicio y así, poco a poco, vaya retrocediendo en las actuaciones realizadas durante la jornada hasta llegar a ese momento en que se ha levantado por la mañana. Imagine que una cámara ha ido grabando todas sus acciones, movimientos, gestos, palabras y estados emocionales y que, al final del día, tranquilo, sentado, lo contempla todo en una especie de pantalla de cine mental. En este momento, estará usted en un punto de trance de auto-hipnosis, con la mente en nivel alfa y observará con distanciamiento y objetividad. La mente, tranquila, serena y contemplativa permitirá que usted extraiga todas las ventajas psicofísicas que antes le he mencionado. No le doy más detalles del proceso para que sea usted mismo el que lo realice según su criterio y necesidad particular.
Se han realizado investigaciones acerca de la activación de los recuerdos mediante la hipnosis. En el año 1999, Lynn y Malinoswky tomaron un grupo de experimentación y pidieron a los participantes que recordaran experiencias de su primer y segundo cumpleaños. A los investigadores no les sorprendió que nadie recordara nada al respecto de esos dos años de su vida. Al no recordar se le llama «amnesia infantil». Dos investigadores, Usher y Neisser, en 1993, llegaron a la conclusión de que en los dos años y medio primeros de la vida es prácticamente imposible recordar algo.
En este estudio se pidió a los participantes que volvieran a intentar recordar algo de esos dos primeros cumpleaños, pero esta vez con los ojos cerrados. Se les motivó sugestionándoles al decirles que el simple hecho de cerrar los ojos y pensar en esos recuerdos ayudaba a recordar. Como es lógico, en esta segunda oportunidad, la mitad del grupo recordó algo sobre su segundo cumpleaños, aunque del primero dicen que nadie recordó nada. Y como secuencia o corolario del método con el que investigaron este delicado asunto de la memoria, cuando fueron sometidos al estado hipnótico el porcentaje de los que recordaron su segundo cumpleaños ascendió al 80%. Otro grupo menor, el 35%, logró evocar algunos momentos de su primer cumpleaños.
Evidentemente, esta investigación demuestra cómo en hipnosis se activa la hipermnesia. Ahora bien, ¿Qué hace el comentarista del citado informe sobre hipnosis antes citado? Simplemente algo característico en estos personajes que niegan las experiencias y conocimientos de otros que no sean coincidentes con los suyos. Buscan alguna hipótesis o teoría acerca de la mente, la memoria, sus funcionalismos, etc., como si eso fuera dogma de fe. Veamos, en esos primeros años no se ha formado ni madurado el sistema nervioso central en un ser humano, por lo tanto no existe una estructura cerebral que codifique esos recuerdos para ser evocados posteriormente en la etapa adulta. Sin embargo, no podemos olvidar que los neurocientíficos están explorando estructuras profundas del cerebro, el sistema límbico, lugar donde habita la codicia, la pasión, el miedo, la rabia, etc.; en esa zona hay una estructura que tiene forma de almendra llamada amígdala, y estas investigaciones dicen que tiene un papel relevante en la vida emocional del individuo, forma parte del primitivo «cerebro olfativo», que es una de las áreas más tempranas en formarse en el sistema límbico. Por lo tanto, rige lo más básico de nuestros sentimientos y reacciones, almacena nuestros recuerdos emocionales y desencadena ciertos comportamientos basados en estos recuerdos. Sigue diciendo este personaje que todo lo que cuentan estas personas y otras cientos de ellas que reportan infinidad de datos y recuerdos de estos estadios infantiles, incluso del proceso intrauterino y de supuestas vidas pasadas, pues es mentira, fabulación, fantasías e invenciones.
La soberbia y mitomanía de semejante individuo es tan grande que cita otra investigación realizada por otras autoridades de la psicología clínica, Spanos, Buergess, Samuels y Blois, realizada en 1999, donde el resultado es de que en hipnosis se acrecienta el recuerdo o hipermnesia. Se les pidió primero que trataran de recordar los típicos juguetes que se ponen en la cuna en los primeros meses de su vida nadie recordó nada. En la segunda experiencia la gente estaba en trance hipnótico, se les realizó la técnica de regresión en la edad, un número considerable evocó los juguetes móviles que se les había colocado. Pues a pesar de este testimonio, se descalifica esta investigación y sus resultados. Este tipo sentado en su cómodo sillón especula y descalifica, según sus prejuicios, la investigación de otros profesionales. No investiga con mente abierta y verdaderamente científica, lo hace desde una teoría o supuestos a priori elaborados, si coincide con esos supuestos o teorías, será aceptado y si no coinciden, será rechazado, ¿A esto le llaman investigación científica sobre la hipnosis?
Programación
cognoscitiva
Teniendo en cuenta que el cerebro posee millones de neuronas, poseemos al menos en teoría una prodigiosa central de datos dentro de nuestro cráneo que abre miles de posibilidades.
Con esos millones de células nerviosas activas podríamos dar respuesta a cualquier tipo de situación o estímulo.
La infinidad de combinaciones que pueden producirse entre las neuronas llevarían a un desbarajuste y al caos total si no se controlaran. El objetivo de toda educación es regular y canalizar el comportamiento humano para que pueda existir vida social con unas reglas de juego compartidas.
La educación es un adiestramiento que impone una serie de reflejos condicionados al sujeto y que le enseña a reaccionar ante determinadas impresiones o mensajes. Esta educación programada nos dice lo que está bien y lo que está mal, lo que debemos hacer y lo que no, nos enseña cómo pensar, cómo sentir y actuar.
Tenemos el cerebro programado para responder siempre de la misma forma ante una serie de estímulos. Así que lo que llamamos educación podría compararse con un adiestramiento que crea en nosotros unos reflejos condicionados, como si de un cerebro electrónico se tratase. Cada vez que pongamos en marcha el programa obtendremos las mismas respuestas programadas.
Aún siendo imprescindible, toda educación limita las posibilidades del cerebro. El comportamiento del ser humano, sus hábitos, costumbres, manías, complejos, miedos y fobias, sus emociones negativas o perturbadoras, sus depresiones y angustias y, en general, todos los desequilibrios de la personalidad son o han sido creados y mantenidos por el tipo de educación recibida.
Si aceptamos el hecho de que son auténticos reflejos condicionados, también tendremos que aceptar que, modificando dichos reflejos por otros positivos y armónicos, estaremos en el camino de una correcta terapia educacional.
Ahora bien, de la misma forma que los reflejos condicionados negativos han sido creados por las continuas repeticiones, llegando a convertirse en auténticos hábitos adquiridos, tenemos que crear, programar nuevos reflejos condicionados positivos en nuestro cerebro. La clave está, pues, en repetir los ejercicios de programación cognoscitiva y de comportamiento.
Le recuerdo que la hipnosis funciona por acumulación. Cuantas más veces hipnotice a un sujeto, más rápida y profundamente entrará en trance en las siguientes ocasiones. Cuantas más veces grave y repita un mensaje a través de la terapia en el cerebro del sujeto hipnotizado, con más fuerza se inscribirá en su memoria subconsciente. Todo ello producirá los reflejos condicionados positivos a los que antes me he referido.
EJERCICIO NÚMERO 9
PROGRAMACIÓN COGNOSCITIVA
RELAJACIÓN E INDUCCIÓN
En esta fase del ejercicio se trabaja sobre todo el físico, haciendo que la persona tome conciencia de su existencia.
El primer paso es entrar en contacto con el cuerpo y controlar las tensiones físicas. Durante el proceso, el sujeto relaciona la tensión con determinados conflictos emocionales. Así, poco a poco, va pasando a un estado de relajación emocional y mental, llegando al estado de trance hipnótico (un segundo grado es suficiente).
Para programar nuestro cerebro de cara a alcanzar un objetivo hay que tener en cuenta varias cuestiones. Hay que elegir un objetivo bien elaborado, concreto, enunciado de forma positiva. Es más fácil irse acercando hacia lo que se quiere, que alejarse de lo que no se quiere. Lo mejor para la mente es pensar en el objetivo específico, con una idea completa. Podrá ensayarse y advertir las oportunidades para lograrlo. Por ejemplo, imaginarse qué es lo que se verá, escuchará y sentirá cuando se logre. Hay que imaginarlo en su totalidad: quién, qué, cuándo y cómo. Qué se necesita para lograrlo, si se posee esa cualidad, si no, cómo se va a conseguir. Qué se desea ahora y qué se va a obtener si se realiza lo necesario para lograrlo. Hay que pensar qué consecuencias va a tener el logro de esos objetivos en el entorno familiar, de trabajo, social, amistades, etc. Pensar en algún tipo de secuela no deseable, en lo que se va a perder, en lo que va a ser necesario realizar para mantener ese objetivo, qué o quién te impide alcanzarlo.
Vayamos con el ejemplo de programación. La persona debe estar sentada o acostada. Comience: «Bien, y ahora, ponte cómodo, deja caer los brazos a lo largo del cuerpo, afloja tus músculos, relaja las piernas, siéntelas como prolongación de tu abdomen, ahora concéntrate en tu respiración, siente cómo una sale al aire, cómo entra y sale, presta atención al vaivén, al movimiento regular de tu abdomen, como sube y baja, hazlo con tranquilidad, no tengas prisa, bien, y ahora, fíjate en tus fosas nasales, percibe el paso del aire entrando y saliendo, y deja volar tu imaginación, imagina, por ejemplo, que el aire entra en tus pulmones en forma de luz y al salir se lleva toda la tensión de tu cuerpo; cada vez que expulsas el aire viciado, tu cuerpo se va liberando de tensiones, con cada exhalación, tu cuerpo se relaja más y más, muy bien; ahora piensa en las partes de tu cuerpo por las que pasa el aire en forma de luz: la nariz, la garganta. Sientes que el aire pasa relajando y curándolas; ahora sientes cómo ese aire entra lleno de luz en tus bronquios, y al expulsarlo sientes cómo se van limpiando y purificando; visualiza cómo el aire entra en los bronquios, en cada una de esas pequeñas ramificaciones de cada pulmón, en cada inhalación el aire lleno de luz entra en los alvéolos pulmonares, y al salir arrastra consigo toda la suciedad, todos los deshechos, a medida que lo haces te vas sintiendo más relajado, con cada exhalación profundizas más y más en este estado de relax, bienestar y tranquilidad. Durante unos momentos concéntrate en este proceso de limpieza, en este intercambio de energía vital, siente también cómo tu sangre se va limpiando y purificando. Muy bien, ahora siente tu frente, tus párpados, tu cara, tus orejas, toda tu cabeza, como si el aire lleno de luz entrara por ella ejerciendo un efecto de relajación plena, afloja las mandíbulas, siente como si el aire limpio y fresco entrase por tus ojos, por tu garganta, déjate llevar como si entrases en un estado de agradable sopor, pesadez, somnolencia, abandónate a la experiencia, y continúa escuchando mi voz. Muy bien, y ahora, imagina que el aire entra por tus hombros y desciende poco a poco por tus brazos y manos, relajando tus brazos, dejándolos sueltos, abandonados, con una pesadez muy agradable, Ahora sientes cómo el aire lleno de luz desciende por tus caderas, hacia abajo, bajando por tus muslos, por las rodillas, por las piernas, limpiando la sangre, disolviendo tensiones; tus piernas están ahora sueltas y relajadas, flojas, completamente abandonadas, como si fueran de plomo. A medida que el aire sale por el extremo de los dedos de los pies, te liberas más y más, descansas y te relajas, abandonado a la experiencia; tómate unos instantes para disfrutar de esta profunda sensación de relax y tranquilidad. Si te apetece imagina y siente como si una nube blanca, cálida, de algodón, te envuelve por completo, llenándote de luz, calor y energía, curando, sanando todo tu cuerpo, tu cabeza, tus brazos, tu pecho tus pulmones y tus piernas, y mientras que dejas que esto suceda, escucha mi voz y profundiza más y más, descansa, oye los latidos de tu corazón, lentos, rítmicos, sosegados; sumérgete en esta profunda sensación de paz, de tranquilidad; húndete en tu universo interior lleno de luz, de paz, y siente cómo todo tu cuerpo funciona en perfecta armonía...».
SUGESTIÓN
En esta segunda fase usted intenta programar de nuevo el subconsciente del sujeto, conforme a la teoría del reflejo condicionado. Este apartado es muy importante en el proceso terapéutico ya que se trata de cambiar los comportamientos condicionantes por otros más apropiados, terapéuticos para la situación actual de la persona. De tal manera que cada nuevo elemento sugestivo propuesto al inconsciente del sujeto suponga un reajuste global de todas sus experiencias anteriores. El pasado será reelaborado de nuevo y visto desde otra perspectiva. Los recuerdos y sentimientos antiguos serán diferentes y la persona reaccionará ahora de forma positiva cada vez que se encuentre ante situaciones análogas. ¿Cómo se logra tal cambio? Estas nuevas reprogramaciones positivas, y de acuerdo a las nuevas necesidades, quedan fijadas gracias a las visualizaciones sensoriales creadas en relación al objetivo deseado. El sujeto debe vivir en su imaginación ese objetivo como si ya se hubiese alcanzado. Primero se da el mensaje sugestivo y se invita al sujeto a proyectarse en un futuro en el que se vive el objetivo ya conseguido, después se le dice que perciba los beneficios que está obteniendo como resultado de tal cambio. Esto es parecido a un ensayo general, en el cual el sujeto se prepara, mediante reflejos condicionados, unas situaciones reales que coincidirán con lo anteriormente visualizado. Por lo tanto, al cerebro subconsciente hay que darle un programa y un objetivo claros y concretos. Suponga que el paciente desea cambiar algún comportamiento negativo, en este caso los pasos a seguir serán, primero, la persona debe estar relajada por completo después del ejercicio anterior. A partir de este estado, pida al sujeto que seleccione su objetivo, que defina su problema. Después pídale que haga un pequeño repaso al origen, causa y situaciones, internas y externas, comportamiento, gestos, palabras, pensamientos, daños al exterior o hacia sí mismo y que reflexione acerca de cómo le afecta emocional y físicamente.
Lo que se pretende es definir con claridad el comportamiento que se desea cambiar y que la persona tome conciencia de todos los elementos que lo componen. Es indudable que hay algo dentro de la persona que es responsable de que tenga ese comportamiento o hábito. Hay que comunicarse con esa parte responsable del comportamiento que queremos cambiar: «Muy bien, y ahora, pregunta a la parte responsable de ese comportamiento si está dispuesta a comunicarse contigo desde el inconsciente». Espere a que la persona responda sí o no. En caso de que la respuesta sea negativa, deberá centrarse en averiguar el motivo de ese «no». Suponiendo que la respuesta sea positiva, continúe el proceso: «Quiero que extraigas la intencionalidad positiva de ese comportamiento ya que no es más que una forma equivocada de buscar algo positivo para ti; pregúntale a la parte responsable de tu subconsciente cuál es su intención positiva, qué consigue, qué le satisface». Espere la respuesta. «Ahora dale las gracias a la parte responsable, ya que reconoces que si intención era positiva y solo buscaba el bien para ti, pregunta a esa parte responsable si aceptaría probar otros métodos que puedan funcionar igual de bien o mejor para cumplir esa función, la que ahora quieres cambiar». Espere la respuesta. «Ponte en contacto con tu parte creativa y pídele que te dé nuevas pautas de conducta que puedan reemplazar el comportamiento que deseas cambiar». Espere respuesta. Es muy útil pedirle que le de dos o tres opciones, cuanto más recursos, mejor. La idea es que el inconsciente puede tener más inteligencia y recursos que la mente consciente. «Muy bien, y ahora presenta a la parte responsable del comportamiento los nuevos recursos aportados y pregúntale si está dispuesta a asumir las responsabilidades de utilizar esas nuevas opciones en el contexto adecuado». Espere respuesta y tenga en cuenta que aquí puede surgir algún tipo de resistencia. Puede ser de utilidad preguntar: «¿Existe alguna parte de ti que ponga objeciones a utilizar alguna de esas opciones?». Espere respuesta y si hay objeciones, explore esa resistencia. «Muy bien, y ahora, como si te proyectases en una pantalla, visualízate actuando de acuerdo a las nuevas opciones, imagínate creando una película en la que tú eres protagonista, debes formar imágenes concretas de cómo quieres que transcurran los acontecimientos que proyectas para ti, qué harás, cómo lo harás, qué sentirás, cómo te moverás, cómo respirarás, evoca e integra todas las sensaciones que sentirás cuando se realicen esos cambios». Espere el tiempo suficiente para que el sujeto pueda codificar bien esas imágenes. «Ahora, dale las gracias a tu parte creativa por todos estos nuevos recursos que te está aportando y que permitirán el cambio que deseas». Finalmente, pídale al sujeto que vaya uniendo sus dos manos, como símbolo de que unifica criterios y toma una nueva opción. Una mano simboliza la parte responsable del comportamiento a cambiar, la otra representa la parte creativa. Se trata de que toda la personalidad del sujeto experimente y se implique en el cambio.
SALIDA DEL TRANCE Y VUELTA A LA TONICIDAD
Por lógica, dará usted el tiempo que necesite el sujeto para terminar su ejercicio. Pídale que impregne bien su cerebro de todas esas imágenes, sensaciones y toma de conciencia qué ha efectuado durante el ejercicio. También es aconsejable reforzar todo el proceso de cambio con la grabación oportuna del signo-señal, ya explicado con anterioridad. Estando todavía en trance hipnótico, dígale: «Bien, ahora junta los tres dedos de tu mano cada vez que quieras volver a este estado de tranquilidad, bienestar, seguridad en ti mismo, todo lo que tienes que hacer es unir los tres dedos, respirar tres veces muy profundo y te sumergirás de nuevo en este mismo estado». Haga que repita este ejercicio por lo menos tres veces. Realice todas estas inducciones con mucha calma, sin prisa, porque el ritmo y el tono vocal del hipnólogo deben invitar a profundizar en el proceso. Después, como ya se ha visto en anteriores páginas: «Contaré del 1 hasta el 10, poco a poco irás saliendo de este estado, cuando llegue a 10 abrirás los ojos, estarás muy relajado y bien despierto; todo tu cuerpo recuperará la tonicidad y flexibilidad habituales; estarás dispuesto a reanudar las tareas que te quedan por hacer en esta jornada». Cuente del 1 al 10, con más dinamismo que en la parte anterior del ejercicio, incitando al sujeto a salir del trance y despejarse.
ANÁLISIS Y COMENTARIOS
Esta última fase del ejercicio corresponde al análisis y reflexión de todo lo visto y vivido durante el proceso. El sujeto todavía tiene la mente a medio camino entre la hipnosis y la vigilia, por lo que está muy receptivo y posee una estimable capacidad de síntesis conceptual. Ambos, usted, el terapeuta, así como el paciente, deberán hacer una evaluación de lo que este último haya recibido y aceptado, de tal manera que pueda ser reforzado todo el proceso de cambio. Es como hacer de nuevo el ejercicio, solo que de manera más rápida y consciente o analítica. Complementa y culmina todo lo anterior.
Para finalizar este capítulo, un análisis sobre cómo afrontar un objetivo con garantías de éxito, a modo de resumen.
* Objetivo: Saber lo que se quiere, tener una idea clara de qué meta se quiere alcanzar en cada situación. Es difícil llegar a un lugar si no se sabe a dónde se quiere ir.
* Alerta: Estar alerta y mantener los sentidos abiertos para darse cuenta de lo que se va obteniendo. Es muy importante el adiestramiento de la agudeza sensorial. Para ello debe aprenderse a enfocar la atención y atender a las cuestiones realmente importantes para el fin.
* Flexibilidad: Ser flexibles e ir cambiando la forma de actuar hasta conseguir lo que se quiere. Si lo que se hace no funciona, debe cambiarse, hasta dar con la fórmula del éxito. Me permito un pequeño juego de palabras, al modo de un trabalenguas, pero con un mensaje importante: si siempre se hace lo que se ha hecho siempre, siempre se obtendrá lo que se ha obtenido siempre; si lo que se está haciendo no da resultado, intente otra cosa. Es importante tener varias opciones en diferentes situaciones para mantener el control de la situación y tener más oportunidades de éxito.
Cuanto más precisa y positiva sea la definición sobre lo que se quiere, cuanto más se programe el cerebro para buscar y advertir posibilidades, tanto más seguro se estará de lo que uno quiere y mejor y antes se conseguirá.
Reprogramación y sugestión
No deben confundirse las sugestiones de carácter positivo de las de carácter negativo. Las primeras tienden a desarrollar las capacidades creativas e intelectuales del ser humano.
A través de las mismas podemos despertar energías curativas que permanecían dormidas y que, mediante la oportuna inducción sugestiva, activan y potencian, por ejemplo, el sistema inmunológico curando y sanando órganos o partes del cuerpo que, hasta ese momento, no habían reaccionado con sistemas médicos convencionales.
Las sugestiones negativas, por el contrario, son capaces de provocar en el individuo todo tipo de trastornos en su vida psíquica y también física. A la larga, crean enfermedades psicosomáticas.
Si usted le dice con tono convencido a un conocido: «¡Qué mala cara tienes!», seguro que se sentirá molesto. En cuanto llegue a casa, se mirará al espejo preocupado por los comentarios que usted le ha hecho, porque la sugestión está haciendo su labor.
Si es algo hipocondríaco, poco a poco verá su tez enfermiza y hasta quizá llegue a sentir dolores creando, si la sugestión persiste, auténticos síntomas enfermizos.
Al final, puede llegar a consultar a su médico. ¿Qué ha ocurrido en realidad? Se trata de una influencia psíquica que ha penetrado en el subconsciente, saltándose el filtro del consciente. Podría decir que se ha deslizado una idea en la cabeza del individuo. Tal idea ha sido aprobada y asimilada, pese a todas las barreras de tipo racional.
Permítame ahora una explicación etimológica. Sugerir viene del latín «suggerere», y este a su vez de «gerere», que quiere decir llevar o transportar. Así pues, «suggerere» (sub-gerere) expresa la idea de poner o transportar alguna cosa debajo de otra.
Por lo tanto, la sugestión es, en su origen, una influencia psíquica que no penetra en la esfera racional de la conciencia, sino que tiene su acción en las capas inferiores del subconsciente.
EJERCICIO NÚMERO 10
REPROGRAMACIÓN
Le expondré a continuación un ejercicio práctico de reprogramación y tiene como objetivo aprender a relajar el cuerpo, como siempre, y apaciguar el tren desordenado de pensamientos. Después, preparar a la mente para crear en ella los apropiados reflejos condicionados que servirán como base para la propia reprogramación.
Control mental: control y apaciguamiento del pensamiento. Esta práctica es muy importante para conseguir el dominio personal y contribuye a serenar la mente. Comience la inducción: «Elige la posición corporal que te resulte más cómoda y relajante. Ahora, simplemente siente el momento, tu cuerpo; las sensaciones físicas; visualiza el lugar donde ahora te encuentras, sonidos, ruidos externos, olores; siente tu respiración, percibe los latidos de tu corazón; siente cómo tus pulmones se hinchan y deshinchan al respirar, con suavidad, lenta y profundamente; siente las sensaciones que te produce tu cuerpo y tu respiración. Y, ahora, visualiza una línea desde la frente hasta la parte posterior de la cabeza; a continuación, traza otra línea imaginaria de lado a lado de tu cabeza, desde el lado izquierdo al derecho; has formado una cruz, visualiza bien esa imagen, procurando ver el punto de intersección entre la vertical y la horizontal, visualiza bien el trazo como si volvieras a realizar de nuevo esas líneas. No fuerces la mente, hazlo, imagínalo con facilidad; a continuación, concéntrate en el punto de intersección de la cruz, visualizándolo en el interior de tu cabeza; y evoca con tranquilidad, como si resonara dentro de tu cerebro el canto muy suave de un grillo, es un canto muy suave de un grillo, es un canto muy suave y lejano. El tiempo que permaneces escuchando el sonido del grillo y observando el punto de intersección es el tiempo que tu mente está tranquila, serena y concentrada. Deja que ese sonido y esas imágenes se formen de una manera muy natural, suave, sin forzar la mente. Cuando tu mente insista en divagar, traza de nuevo las dos líneas y busca de nuevo el punto de intersección, escuchando el canto del grillo».
Cómo parar la charla interna y calmar la mente: este ejercicio puede durar de quince a treinta minutos. Si no somos capaces de dirigir y orientar la mente, de ejercer control sobre ella, andará como un mono salvaje, saltando de rama en rama y sin control, en una absoluta dispersión mental. Este fraccionamiento hace que tengamos la energía mental identificada, condicionada, con cualquier situación problemática, de tal manera que, al no ser capaces de separarnos de las connotaciones psicológicas del problema, nos resulta casi imposible verlo de forma objetiva y, por consiguiente, encontrar soluciones. Llega un momento en que no hacemos más que darle vueltas y más vueltas, creando un círculo vicioso y, en suma, alimentando más el conflicto. De tal manera nos podemos llegar a obsesionar que al final no solo tienes el problema, sino que ¡nosotros somos el problema!
Comience el ejercicio: «Ahora, visualiza una situación que te preocupe, un problema que tengas, siente la emoción negativa que acompaña la visualización de tal problema, tu mente debe verificarse en esa situación, debes reproducir un estado de preocupación real, observa bien esas imágenes mentales, su color, su tamaño, si son fijas o tienen movimiento, si evocan también sonidos, música, dónde estabas, con quién o quiénes, lo que te dijeron, qué sentías, cómo te movías o hablabas, tu tipo de respiración. Bien, ahora, lo primero para cortar en la mente esa identificación con el problema es remitirse al instante presente, ¡Presta atención a tu respiración! Por unos momentos, olvídate de otra cosa que no sea tu respiración, Cuando estás preocupado es porque te desligas por completo del presente, del aquí y ahora, aprende a disfrutar este presente de relax, de tranquilidad, siente solo tu respiración, tu mente está o bien en el pasado o en el futuro. ¡Nunca en el presente! Bien, ahora, siente tu cuerpo, flojo, relajado, suelto; siente tu respiración, lenta, pausada, rítmica, sosegada, visualiza por dentro tus pulmones y cómo se mueven con la respiración. Ahora visualiza tu corazón, su forma, su tamaño, su color, mira su movimiento, la sístole y la diástole, la concentración y expansión de la sangre que es bombeada por tu corazón a todas las partes de tu cuerpo; siente el fluir de la sangre, recorriendo tus venas y tus arterias, curando, sanando órganos y células por donde va pasando, y déjate inundar por una intensa y agradable sensación de calor, de bienestar, de relax; y descansas. Muy bien, ahora, huele el característico olor de este lugar y siente el contacto de tu cuerpo y tus manos sobre lo que estás tumbado o sentado. Oye también los sonidos y ruidos que están sucediendo en este momento, percibe también los ruidos internos de tu cuerpo, siente la saliva al tragar en tu garganta, el ruido que hace, y, ahora abre un momento los ojos, contempla todos los objetos que te rodean, su color, sus formas, su tamaño, el lugar que ocupan en el espacio, y tu posición espacial en relación a esos objetos, Vuelve a cerrar los ojos, visualízate cómo vas vestido, toda tu ropa, la exterior y la interior, la sensación que te produce el contacto de tu piel con la ropa y, mientras percibes todo esto, dejas que tu cuerpo se hunda, más y más relajado. Presta atención a todo lo que sucede bajo tu piel, capta tus sentidos a través de los cuales te llega toda la información del exterior y del interior de ti mismo; ahora haz conciencia de tu estado emocional, de tu estado mental, de tu estado físico. Si surge algún pensamiento ajeno al presente, ¡déjalo correr! Permanece una y otra vez viviendo el presente, siente este momento a través de las sensaciones de tu cuerpo, todo esto es instante, cualquier cosa que esté fuera de este lugar y momento, no es presente, pero no luches contra los pensamientos, déjalos, solos vienen y solos se marcharán, como nubes pasajeras mecidas por el viento, aparecen y luego desaparecen, pero lo que permanece inmutable es el azul del espacio, de ese cielo limpio y transparente, como tu conciencia que observa todo este vaivén de pensamientos, pero que no se identifica con ninguno. Cada vez más relajado, más tranquilo, atento al presente, solo te interesa ahora descansar. Y te dejas inundar de nuevo por una intensa, agradable y placentera sensación de sopor, relax, sopor y relax. Cada vez más y más profundamente, tu cuerpo se hunde más y más, sopor, relax, y ahora sientes cómo una nube suave, cálida como de algodón, te va envolviendo por tu cabeza, y desciende poco a poco por tus brazos, pecho, espalda, relajando y adormeciendo tu cuerpo; tus caderas se adormecen, tus piernas, hasta llegar a tus pies, te sientes flotar, envuelto en el calor de esa nube, que te protege, que adormece tu cuerpo, curando, sanando todo tu organismo, y siempre viviendo el aquí y el ahora. Durante unos momentos disfrutas de estas maravillosas sensaciones de paz, de tranquilidad, y tomas conciencia de tu yo, aquí y ahora».
Deje pasar unos minutos al paciente sin decirle nada más. Después continúe: «Muy bien, ahora estás aprendiendo a controlar y dirigir tu propia mente, estás aprendiendo el hábito del control mental, debes regular y controlar tus propias circunstancias, ser dueño de ti mismo, debes mandar en tu propia mente y nunca que ella mande sobre ti. Cada vez que tengas algún problema, alguna situación conflictiva, lo primero que harás será tomarte unos momentos de descanso; elegirás un lugar apropiado y juntando los tres dedos de tu mano derecha o izquierda, la que tu elijas, harás unas respiraciones pausadas y poco a poco volverás a situarte mentalmente en este mismo estado de paz, tranquilidad, saboreando esta maravillosa sensación del presente, tu mente descansará, se volverá tranquila, serena, muy fresca, y luego, de manera tranquila, cuando te apetezca, reanudarás tu actividad y dejarás que tu intención te dé las respuestas que necesitas».
Cuantas más veces se realice este ejercicio, mucho mejor y de forma más profunda se grabará en el subconsciente actuando después como un reflejo positivo condicionado. Para que el paciente salga de esta relajación, siga los pasos que se han indicado ya en numerosas ocasiones.
El fundamento de este ejercicio es que ante un estímulo determinado, mediante un aprendizaje voluntario, las neuronas se conecten de la forma programada, para dar siempre la misma respuesta, aquella que el paciente desea, tranquila y serena.
Hay quien compara a nuestro cerebro con un gran ordenador, el más complejo y extraordinario que el hombre puede imaginar. Si el cerebro es como un ordenador, la mente es el programa que lo controla. Y todo ello a través de millones de interconexiones neuronales. Este proceso constituye el centro de control de nuestras actividades físicas y mentales. Hasta este centro llegan los impulsos transmitidos por las fibras sensoriales, y esto permite recoger información a través de los sentidos.
Una vez procesada, esta información es la memoria central del subconsciente que nos condiciona para actuar de una forma, es decir, de la forma que se corresponde con la información almacenada.
Generalmente se suele decir: las posibilidades de nuestra mente son casi ilimitadas, pero solo utilizamos del 10 al 20% de sus capacidades.
Parece que la causa de tal deficiencia es la poca información que recibimos; exagerando la explicación, es como si solo nos preocupáramos de desarrollar nuestros músculos, nuestro cuerpo físico, olvidándonos de ejercitar nuestra mente. La inteligencia humana no recibe el oportuno adiestramiento que podría llevarnos a desarrollar todas nuestras capacidades.
Parte de la corteza cerebral humana tiene que ver con funciones como el tacto, la visión, la audición, el gusto, el oído y los movimientos musculares. Pero también se encarga de complejas y misteriosas actividades que son agrupadas bajo el nombre de asociaciones.
Se cree que en dichas asociaciones puede estar la clave de los portentos del cerebro humano.
Esto es así porque el hombre posee una mente infinitamente superior en el número de áreas asociativas que los demás primates. En estos complejos mecanismos son los lóbulos frontales, situados detrás de la frente, los que juegan un papel esencial tanto en la planificación, como en la intencionalidad de programas conscientes.
La neurofisiología no ha hecho otra cosa que empezar a investigar, pero se cree que están relacionados con lo que concierne a la diferencia entre uno mismo y los demás, nuestra voluntad y los actos que realizamos según nuestra propia conciencia.
Visualización:
Los dos hermisferios cerebrales
La visualización es una de las herramientas más impresionantes que posee la hipnosis. Sobre todo porque la mente subconsciente, al no distinguir entre imágenes reales e imágenes mentales, toma una visualización bien realizada como algo real.
El potencial de esta herramienta, empleada en la dirección correcta, permite superar complejos y fobias, por muy arraigados que estén, incluso en lo más profundo de la mente.
El hemisferio derecho del cerebro es el que más activo está durante la visualización. El cerebro, además de la división en profundidad, córtex y subcórtex, está dividido también en dos hemisferios, el izquierdo y el derecho.
Cada uno de los dos hemisferios regula aspectos diferentes del ser humano, habilidades y distintas formas de pensar. El especialista E. Ornstein muestra en su libro La psicología de la conciencia los diferentes modos en que utilizamos cada uno de los lados del cerebro.
Funciones del hemisferio izquierdo
Este hemisferio está conectado con el lado derecho del cuerpo y con la parte derecha del campo visual de cada uno de los dos ojos. Acepta los datos de uno en uno, procesa la información de manera lineal y sucesiva, se ocupa de lo relativo al tiempo.
En él reside la facultad de la expresión oral o lenguaje, está a cargo de las funciones verbales y matemáticas y especializadas en el recuerdo y reconocimiento de las palabras y los números.
Tiene tendencia a especializarse en el razonamiento o pensamiento lógico y analítico, en él reside la razón.
Es el lado del cerebro vital para los profesionales de la pluma, los matemáticos y los científicos. Con la parte izquierda de nuestro cerebro desarrollamos funciones de concentración, estudio, análisis y también otras más, como sería el caso de los técnicos de un centro espacial, que de seguro hacen trabajar su hemisferio izquierdo a pleno rendimiento.
Funciones del hemisferio derecho
Está conectado con el lado izquierdo del cuerpo y con la parte izquierda del campo visual de cada uno de los ojos. Posibilita la rápida integración de muchos datos simultáneos, aunque procesa la información de forma más difusa que el hemisferio izquierdo. Tiene un modo de funcionamiento no lineal, se ocupa del espacio y está a cargo de los gestos, los movimientos faciales y corporales, el lenguaje corporal, el tono de voz, las funciones espaciales, las relacionales, la conciencia de nuestros cuerpos, el deporte y el baile, la orientación espacial, las actividades artísticas, la capacidad musical, etc.
Está especializado en el recuerdo y reconocimiento de las personas, los lugares, con un modo de funcionamiento intuitivo. En él residen la pasión y los sueños, es el lado vital del cerebro para los artistas, los artesanos y los músicos. Rige la fantasía.
El hemisferio derecho sufre la falta de uso a consecuencia de una educación que nos anima a concentrarnos cada vez más en las funciones del izquierdo. Utilizado y explotadas sus cualidades de forma correcta, y aquí entra por derecho propio la visualización que se realiza en hipnosis, este hemisferio permite cambiar muchos aspectos de nuestra vida y la manera de enfrentarnos a los problemas.
Cada problema requiere una respuesta distinta y este hemisferio proporciona la intuición y creatividad necesarias para encontrar la respuesta concreta. Sus soluciones pueden escapar de la comprensión racional propia del hemisferio izquierdo.
Imagínese lo desequilibrado que estaría nuestro cuerpo si solo hubiéramos desarrollado los músculos de un lado, cojearíamos y únicamente tendríamos fuerza en un brazo. Al utilizar un lado de nuestro cerebro más que el otro, sea el que sea, estamos desequilibrados en lo que respecta a nuestros pensamientos y nuestras emociones.
En una revista de divulgación científica se puede leer: «Hasta los dos o tres años de edad, los niños poseen la misma capacidad lingüística en los dos hemisferios». ¿Qué sucede después con el tipo de enseñanza, sobre todo en la cultura occidental? Pues que hace trabajar sobre todo el hemisferio izquierdo.
Sin embargo, la lengua de los japoneses, por ejemplo, parece haber determinado la forma en que los dos hemisferios desarrollan sus talentos respectivos, conduciéndoles a la unidad entre el arte y la razón, entre el sueño y la realidad, ya que en su cerebro izquierdo cohabitan las actividades lógicas y las creativas.
Los occidentales hemos abonado las capacidades de nuestro cerebro racional y olvidamos que unos doscientos millones de fibras nerviosas están prestas a enlazar de nuevo nuestros dos hemisferios en cualquier instante, de tal manera que podamos hacer de la lógica y de la creación una misma función.
Sería muy conveniente reeducarnos en la creencia de que actividades tales como el dibujo, la música, la danza y el desarrollo de la emotividad son importantísimas en el desarrollo de la personalidad humana.
Cuando la primacía de alguno de los dos hemisferios es muy exagerada, se trata de los casos de «cerebro dividido», porque una de las partes anula casi a la otra y, o se es una persona que analiza todo científicamente o se es un soñador que no pone nunca los pies en el suelo.
EJERCICIO NÚMERO 11
VISUALIZACIÓN CREATIVA
Como es obvio, lo que predomina en nuestra cultura es el mayor desarrollo del hemisferio izquierdo, analítico, le propongo ahora un ejercicio de visualización para desarrollar la creatividad y la intuición. Para realizar este ejercicio de visualización creativa, lo ideal es adoptar la denominada postura «egipcia». El sujeto, sentado, tiene que poner la espalda recta y erguida para obtener una sensación de plena consciencia que podrá canalizar hacia su interior. También se mejora la respiración, porque, al mantener la espalda vertical, los pulmones se dilatan por completo. Es esencial que la persona centre la atención en su respiración durante todo el ejercicio. La razón es simple: esta atención concentrada hacia la respiración posibilita la sensibilidad y atención a nuestros propios procesos mentales. Relajación corporal, respiración y pensamiento están muy relacionados. Controlando la respiración, apaciguará en el paciente el flujo incesante de pensamientos y relajará todo el cuerpo. Sentado el sujeto en la posición «egipcia» comience el ejercicio: «Estás sentado, con la espalda recta; deja los brazos sueltos y cómodos, recostados sobre los brazos del asiento. Las manos también relajadas y un poco abiertas, con la palma hacia abajo o hacia arriba. Los pies deben descansar planos sobre el suelo. Durante unos minutos toma conciencia de tu esquema corporal, siente la respiración, cómo entra y sale el aire, deja el cuerpo suelto. Sin moverte de esta postura, deja que toda la tensión vaya desapareciendo poco a poco, durante unos segundos, deja que la silla y el suelo recojan todo el cuerpo corporal. Sigue respirando de forma rítmica, inspirando por la nariz y espirando también por la nariz. Procura que las exhalaciones sean más largas y lentas que las inhalaciones, inhala con facilidad, sin forzar, exhala despacio, vaciando bien los pulmones». Cuando el sujeto exhala largamente, de manera más extensa que la inhalación, está estimulando su nervio vago, que es el principal nervio relajador del cuerpo. El nervio vago está en la base del cerebro, en la médula espinal. Desde ahí se extiende por el cuello y se va ramificando por los pulmones, el corazón y el tracto intestinal. Es importante que la exhalación se haga más larga que la inhalación porque es necesario que logre en el paciente una completa relajación de todo el cuerpo. Todos los procesos fisiológicos, contracciones musculares, presión sanguínea, ritmo cardíaco, pulso, etc., deben reducirse a su mínimo de actividad de tal manera que se activen las funciones cerebrales propias del hemisferio derecho, es decir, que se potencien al máximo para el trabajo de visualización creativa. Todo esto se consigue al someter al nervio vago a unas largas y profundas exhalaciones. La fórmula es muy sencilla: «Primero exhalación, segundo, retener unos segundos, tercero, inhalar, cuarto, retener unos segundos, y quinto, exhalar muy profundamente». Todo este proceso está estimulando el sistema nervioso parasimpático y el ya citado nervio vago, de tal manera que el cuerpo del sujeto se relaja y sosiega. Después de unos minutos de realizar esta respiración, ya estará listo para la visualización: «Imagina la semilla de un rosal sembrada con mucho cuidado en una tierra fértil y negra, imagina que la riegas con el agua pura de la vida. Poco a poco contemplas todo el proceso de crecimiento, visualiza cómo esa semilla va surgiendo de la tierra, cómo el pequeño tallo va haciéndose grande y de él surgen otros pequeños tallos de los cuales salen a su vez pequeñas hojas, visualiza, como si estuvieras viendo imágenes a cámara lenta, todo el proceso de crecimiento, primero un pequeño capullo, después se va abriendo hasta que aparece una espléndida rosa de color rojo, evoca el delicioso perfume de esta rosa que embriaga tus sentidos, durante unos instantes imagina que tienes entre tus dedos algún pétalo de la rosa, su perfume, contempla su color». La segunda parte del ejercicio consiste en lograr que el sujeto contemple el proceso inverso, porque todo lo que nace y crece llega un momento en que tiene que completar el círculo vital, envejecer y morir: «Vas viendo cómo esos pétalos olorosos comienzan a perder su color y su aroma y después van cayendo marchitos, toda la rosa se va marchitando, las verdes hojas mustias, el tallo y las pequeñas ramas se van secando... ves el paso inexorable del tiempo actuando sobre esa naturaleza. El viento, al final arrastra y se lleva consigo los restos del rosal, quizá en un momento, si el hemisferio derecho ha reaccionado bien ante este ejercicio, pueda llegarte algo nuevo, una intuición reveladora de algo». Después puede completar el ejercicio haciendo que el propio cuerpo del sujeto sea el objeto de la visualización. Haga que imagine y visualice su gestación en el vientre materno, después el nacimiento, cómo va creciendo y así hasta completar todo el paralelismo con el proceso de la rosa. Cuando practique varias veces este ejercicio con un paciente y logre hacer trabajar a su hemisferio derecho, potenciará las funciones de la mente intuitiva que, como ya he planteado, se encuentra algo atrofiada en nuestro ritmo de vida cotidiano.
Para que entienda con mayor exactitud en qué puede consistir un ejercicio de visualización, le expondré varios ejemplos más, en la convicción de que será más efectivo que continuar con nuevas disquisiciones teóricas.
PAISAJE IDEAL
Sentada la persona, pídale que cierre los ojos y respire con profundidad. Háblele con un ritmo monótono, sugiriendo relax, tranquilidad y descanso. Vaya adaptando el ritmo de sus palabras a la respiración del sujeto. Poco a poco alargue las mismas y procure que su voz suene acompasada, relajante, monótona, que invite al descanso. A medida que descienda el ritmo de su voz, la persona irá haciendo cada vez respiraciones más lentas y profundas. Es importante que cada vez que diga: «Sueltas con tranquilidad todo el aire y profundizas más y más», estas palabras coincidan con la exhalación. Si coincide su voz y la exhalación, la sensación de ir profundizando se multiplica en el sujeto. Después, ponga un péndulo delante de sus ojos, de tal manera que tenga que forzar la vista hacia arriba. La fraseología es la misma que ya le he indicado, contar del 10 hasta el 1, como ya he explicado en numerosas ocasiones, sugiriendo pesadez con cada número. No olvide decir: «Dejas que tus párpados se vayan cerrando lentamente, no porque yo te lo diga, sino porque tú quieres que esto suceda» (método permisivo).
Cuando ya tenga los ojos cerrados pídale que evoque algún lugar o paisaje ideal, algún sitio en el que haya estado o que quiera imaginarse. Sugiérale que deje volar su imaginación si lo prefiere. Durante el ejercicio de visualización ideal vaya ayudándole a profundizar diciéndole que lo evoque desde los cinco sentidos, por ejemplo: «Ahora, mientras paseas por ese lugar trata de evocar los colores, los olores característicos, los sonidos». Entonces puede comprobar si la persona ha entrado en un grado profundo de relajación e hipnosis levantando un poco su brazo con suavidad y después soltándolo, si cae como un peso muerto es buena señal. Si al levantar el brazo ve o siente que no está suelto y pesado, es decir, nota que el sujeto ofrece resistencia y que lo eleva conjuntamente con usted, demostraría que la relajación y el trance no son los óptimos. Dígale: «Bien, ahora contaré hasta tres, soltaré tu brazo y caerá muy pesado sobre tu muslo, cuando lo haga, profundizarás mucho más. Atención, tu brazo pesado como el plomo, déjalo más y más suelto, pesado, 1, 2 y 3. ¡Cae pesadamente! Descansas».
CONCENTRACIÓN CORPORAL (ENTRADA EN LA CUEVA)
Este ejercicio le resultará muy eficaz para hacer entrar en un segundo grado de hipnosis a los sujetos que muestren resistencias. Puede hipnotizar a una persona sin hablar para nada de hipnosis. Los resultados serán los mismos. Incline con suavidad la cabeza de la persona hacia atrás y comience: «Bien, ahora quiero que dejes tu cabeza abandonada y muy relajada, suelta, pesada. Déjala que repose pesadamente sobre mi mano». Ponga una mano sobre su frente tocando con la yema de los dedos y con la otra mano toque su nuca. «Muy bien, ahora descansas. Voy a contar hasta tres, a medida que lo haga, tu frente se relaja, 1, 2 y 3, tu frente se relaja más y más». Pase con mucha suavidad la mano por la frente, de izquierda a derecha. «Cada vez que pase la mano por tu frente te inunda una agradable sensación de relax, sopor, y profundizas más, Déjate llevar, la cabeza suelta, floja y muy pesada, como si fuera de plomo. Afloja también todo el cuerpo, deja que se hunda en la silla, agradable sensación de relax, abandona toda tensión. Vas inclinando la cabeza hacia adelante y profundizas más, te relajas, todo tu cuerpo cada vez más suelto. Muy bien, ahora lleva tu atención a los pies. siente su contacto con el suelo, déjalos sueltos, descansan muy pesados sobre el suelo.Siente también tus brazos y manos que descansan muy pesados sobre tus muslos, te relajas más y más. Ahora siente tus párpados cerrados, siente una gran tranquilidad que te envuelve como una pequeña nube cálida, suave, de algodón, te relaja y todo tu cuerpo se adormece plácidamente. Profundizas más todavía, siente tu respiración que se va haciendo más serena, más regular, más sosegada, y a cada exhalación profundizas más y más, cada tensión acumulada durante el día la expulsas al exhalar el aire, los problemas del vivir diario sácalos fuera con el aire viciado, imagina que se alejan mientras tu cuerpo se afloja, se libera de toda preocupación, y durante unos momentos saborea esta maravillosa experiencia de relax, de bienestar, de descanso profundo. Ahora quiero que pases del mundo exterior a tu mundo interior. Vas a centrar tu atención en tu corazón, siente cómo late, con su ritmo lento, a cada latido profundizas más y más; siente cómo bombea la sangre por todo tu cuerpo, agradable sensación de calor, de energía, a cada latido que da tu corazón profundizas más y más, déjate envolver por una agradable, intensa y maravillosa sensación de paz, de tranquilidad». Una vez que el sujeto está bien relajado, para profundizar en el trance hipnótico se combina el anterior ejercicio con otro de visualización. «Muy bien, cada segundo que pasa profundizas y te relajas más. Ahora, de la manera que consideres más conveniente, imagina que estás paseando por un bosque. Sientes la tranquilidad, la serenidad de ese lugar. Una brisa templada, cálida sobre tu cara, y los rayos de sol que se filtran a través de las hojas de los árboles, escuchas el canto de los pájaros. A medida que avanzas por ese lugar sientes cómo se alejan las preocupaciones, siente, experimenta una maravillosa paz, una profunda sensación de bienestar inunda tu cuerpo. Ahora estás llegando a la entrada de una cueva, deja que las imágenes vengan por sí solas, no las fuerces, si no ves nada, no importa, haz como si estuvieras delante de una cueva, mira bien, nadie ha estado aquí antes que tú, eres la primera persona en llegar a este lugar. Comienzas a entrar, dentro el aire es algo frío, pero te refresca, sigues avanzando por el interior, una tenue luz ilumina las paredes, sensación de paz, de tranquilidad a medida que te sumerges más y más dentro de la cueva, estás solo, finalmente llegas a una parte de la roca muy lisa, tan lisa que casi podría llegar a ser un espejo, buscas un lugar y luego te sientas, descansas y contemplas con tranquilidad la roca. Ahora cuento hacia atrás, empezando por el número 10. Con cada número te hundes cada vez más, te relajas. Tu mente se aclara y serena, 9... 8... 7, te vuelves más receptivo a las fuerzas creativas que se encuentran dentro de ti, 6... 5... 4, te hundes más profundamente, 3... 2, tu mente se relaja más y más, deja que los pensamientos acudan con libertad a tu mente, no hagas nada para rechazarlos, observas esa pared rocosa y dejas que suceda todo lo demás, esa pared lisa como un espejo, y comienzas a intuir que en esa pared como un espejo pueden surgir respuestas a preguntas que quizá tú te hayas planteado, con tranquilidad, lo único que tienes que hacer es contemplar, te abres más a la creatividad, tómate el tiempo que necesites para profundizar en la experiencia, mientras que tu cuerpo descansa». Deje que pasen unos minutos para que la persona realice su consulta interna y luego sáquela del trance, con la misma suavidad con la que la ha inducido. Basta con decir: «Estás relajado por completo, muy descansado, tu cuerpo y tu mente se encuentran muy bien, sientes una gran energía que te recorre, todos tus órganos funcionan en armonía. Y, ahora, vas a salir poco a poco de esta relajación. Yo iré contando en forma ascendente, del 1 al 10, y con cada número que cuente tú irás haciendo respiraciones dinámicas, como inyectando vitalidad a tu cuerpo. Bien, 1... 2, comienzas a mover los pies, 3... 4... 5... 6, respiras más dinámicamente, 7, poco a poco tus brazos van recuperando su tono y flexibilidad habitual, 8, todo tu cuerpo recupera su tono muscular, 9... y 10. Muy bien, a partir de ahora, cuando te apetezca, abres tus ojos».
MEJORAR LA AUTOIMAGEN
Le explicaré ahora un ejercicio de visualización que reúne también características de la reprogramación. La clave consiste en saber qué es lo que de verdad quiere cambiar el sujeto de sí mismo y por qué nueva cualidad o logro se quiere cambiar. Después de la inducción hipnótica ya expuesta en varias ocasiones, llega el momento de que conduzca al sujeto hipnotizado a mejorar su autoimagen: «Quiero que te imagines que estás parado en el escalón frente a una escalera que baja hacia el piso de abajo. Siente el suelo bajo tus pies, vívelo, y si te cuesta, no importa, haz como si estuviese ocurriendo de verdad. Extiende la mano y toca con suavidad el pasamanos, siente la madera pulida, tan agradable bajo tu mano, estás parado, a solo diez peldaños del piso de abajo, en un momento irás bajando tranquilo, mira bien las escaleras que van hacia el piso de abajo, cada vez que bajes un peldaño, te permitirás relajarte más y más, cuando llegues al piso de abajo estarás profundamente relajado. Da un paso hacia abajo con suavidad, has descendido al noveno peldaño y sientes el descenso, tu cuerpo se hunde más y más, y todo te resulta muy agradable, ahora bajas otro peldaño, es suave y fácil, sientes cómo profundizas al fondo de ti mismo. Bajas al séptimo peldaño, más profundo aún, desciendes, sexto peldaño, cada vez más relajado, más profundo, más y más profundo, quinto peldaño, desciendes y sientes cómo tu cuerpo profundiza, cuarto peldaño, cada vez más relajado, bajas el tercer peldaño, y sientes cómo tus pies se apoyan sobre la escalera, descendiendo más todavía, segundo peldaño, desciendes profundamente relajado al primer peldaño. Tómate unos momentos para descansar y sentir esta profunda sensación de relax, de tranquilidad, estás parado en el piso de abajo y delante de ti hay una puerta que da a otra habitación, extiende la mano y ábrela, tómate unos segundos para ver los raudales de luz que salen desde el fondo de la habitación, siente cómo esa luz te inunda y llena de energía, de bienestar, siente cómo entra en tu cuerpo llenándote por completo, deja que suceda. Entra ahora en el interior de esa habitación que será como tú quieras que sea, de cualquier tamaño, cualquier forma, cualquier color, puede tener cualquier objeto que tú desees en su interior, este es tu sitio, tu propio lugar interior privado donde puedes crear un espacio privado donde vayan creciendo los proyectos que desees llevar a cabo, aquí eres libre para creer, para soñar y para hacer posibles tus proyectos, no hay límites, solo los que tu mismo te pongas, en todo caso, ten en cuenta una cosa: estás conectado con el poder creador de tu mente, con el lado intuitivo de tu mente subconsciente, aquí puedes encontrar recursos que desconoces, aquí pueden surgir respuestas y soluciones a problemas que hasta ahora no sabías cómo resolver. Sigue sintiendo la luz a tu alrededor, siente cómo te inunda por completo, te ves transparente y radiante, bañado por la luz, esa luz que penetra por los poros de la piel, experimenta esa agradable sensación de ser bañado por la luz. Deja que la luz fluya dentro de tu cuerpo, llenándote por completo, eliminando todas las dudas que tengas, siente cómo la luz empuja y saca fuera el miedo, las preocupaciones, el malestar, y a medida que exhalas el aire por tus fosas nasales, expulsas también todo aquello de tu interior que ya no te sirve, inhalas y la luz entra, exhalas y toda la negatividad la expulsas liberando tu cuerpo, siente esta limpieza, siente cómo tu cuerpo se libera de trabas, eliminas toda impureza, sientes esa fuerza, esa luz, visualiza esa energía, siéntela recorriendo tu cuerpo.
Mientras estás parado en medio de la luz quiero que construyas una imagen, una imagen de ti mismo, tal como quieres ser, no como otra persona quiere que seas, sino como tú quieres ser. Mira tu imagen parada frente a ti, en medio de la luz, tu imagen serena, libre, irradia de sus ojos una gran serenidad, una gran fuerza interior, esta imagen eres tú, siéntelo, es tu verdadero yo, la persona en la que quieres convertirte, observa bien esa figura y asegúrate de que ese es en realidad el modelo ideal que quieres encarnar dentro de ti. Fíjate ahora en qué cualidades deseas ver encarnadas en esa figura, asegúrate bien de que esa imagen es realmente quien quieres ser, tómate tiempo, siente, experimenta con detalle cómo vas actualizando esas cualidades dentro de ti, Ahora proyecta en un futuro más o menos cercano cómo será tu vida con esas cualidades, con esa imagen, con esos cambios ya dentro de ti. Haz como si ya estuviera sucediendo, visualiza tu nueva vida, tu nuevo comportamiento, tu nueva forma de pensar, de sentir y actuar en función de esa imagen, siente cómo actúas desde lo más profundo de tu verdadero yo, con esas cualidades actualizadas y actuando en función de ellas, tómate todo el tiempo que necesites. Ahora reflexiona un momento sobre si utilizar estas cualidades y realizar estos cambios te puede acarrear algún problema, sobre si entrarás en conflicto con alguien, con algo, norma ética o moral, sobre qué tienes que dar a cambio, sobre qué será diferente en tu vida, en tu familia, con tu pareja, con tu entorno social, trabajo, ¿Qué ganas, qué pierdes, qué sigue igual? No tengas prisa, piensa detenidamente. Sea como sea, visualízate entrando en tu nueva imagen, camina más cerca de esa imagen, de tu verdadero yo, deja que se mezcle ahora con tu propio cuerpo, fúndete con ella, ahora está viva dentro de ti, siéntela, deja también que esas cualidades y potencialidades crezcan dentro de ti. Dejas ahora que se actualicen en tu interior, que formen parte de ti, para actuar en función de ellas, ya asimiladas dentro de ti. ¡Vívelo! Deja que todo suceda de forma natural y, por último, cuando decidas dar por terminado este ejercicio, lo único que debes de hacer es contar mentalmente del uno al diez mientras haces respiraciones profundas, inyectando energía a tu cuerpo. Cuando llegues al diez, abre los ojos».