Conciencia de la propia corporalidad
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Se sigue con la inducción para profundizar en el trance. Se le pide que siga mirando hacia arriba y hacia adentro, que perciba sus ojos detrás de los párpados cerrados como si estuviera mirando arriba y adentro, hacia un punto donde desaparecen. A la vez se dirigen sugestiones de relajación, abandono y pesadez del brazo. A continuación se hace acompasamiento de la respiración alargando las palabras de relax, descanso y bienestar a medida que exhala, haciendo hincapié en que a cada axhalación larga y profunda desciende más y más en su nivel de trance. Se alcanza una buena concentración haciendo que perciba todos los elementos presentes en la experiencia: ejemplo; contacto de las manos sobre los muslos, temperatura del cuerpo, peso corporal, contacto con el sillón y con el suelo, que relaje la mandíbula, que afloje la lengua, que deje caer pesadamente los brazos...
La inducción que seguí fue la siguiente, con la mujer sentada y cómoda, con los ojos cerrados y la respiración acompasada, todo el cuerpo suelto y flojo:
«Cada vez que exhalas, liberas toda tensión, tu cuerpo se desinhibe más y más, suelto y abandonado, muy suelto, y dejas que se hunda con pesadez en la silla, pesadez muy agradable porque te permite descansar, al expulsar el aire, imaginas que expulsas con él todo lo que no necesitas o deseas, con facilidad, lo expulsas fuera y tu cuerpo se hunde más y más, suelto y flojo, abandonado.
»Sigue así, relajándote más y más, suelto, flojo, abandonado, más y más relajado, En todo momento eres consciente y siempre escuchas mi voz.
Te dejas llevar y desciendes más y más en este estado de relajación, de descanso, todo el cansancio del día desaparece.
»Es el momento de dejar salir un modo de vida que ya no tiene sentido para ti, siente que con cada exhalación extraes de tu cuerpo tus antiguas limitaciones, visualiza bien todo lo que quieres sacar fuera, expúlsalo con cada exhalación, y cada segundo que pasa profundizas más todavía, a medida que sacas de tu cuerpo todo lo que ya no te sirve. Estás creando más espacio en tu interior para recibir lo nuevo.
» Muy bien y ahora imagina que una nube blanca, cálida, como de algodón, va despacio descendiendo desde tu cabeza hacia tus pies, siente su calor, su energía va descendiendo por tu cabeza y te va adormeciendo.
»Déjate inundar por un agradable sopor, y la nube sigue bajando, adormeciendo poco a poco tus hombros, tus brazos. Sientes un calor muy agradable recorriendo en forma descendente tu cuerpo, tu cabeza, tu pecho, tu espalda, vientre, piernas, todo el cuerpo adormecido y caes en trance más profundo, como si fueras entrando en un agradable sopor próximo al sueño. Pero siempre escuchando mi voz, eres consciente de todo lo que sucede».
Al mismo tiempo que yo le iba hablando a la mujer le realizaba pases a unos centímetros de su cuerpo.
«Muy bien, a medida que la nube desciende por todo tu cuerpo, ve sacando fuera, hacia abajo, todo el malestar, toda tensión y tu cuerpo se adormece más y más, y va saliendo todo lo malo por la planta de tus pies. Tómate un tiempo para sentir todo tu cuerpo abandonado, descansado y adormecido, y mientras lo haces tu respiración se va haciendo más lenta, más profunda, sigues respirando con lentitud, cada vez que sueltas el aire, relajas tu mente, dejas que tus pensamientos se proyecten hacia el infinito, se alejan, y tu desciendes más hacia el centro de ti misma, hacia el centro de tu subconsciente, al reencuentro contigo misma, hacia un remanso de paz, de tranquilidad, al encuentro de tu propio yo.
»Ahora contaré en forma descendente, desde 10 hacia el 1, con cada número que cuente irá aumentado el relax, el sopor, 9... 8..., más y más adormecida,... 7... 6..., todo el cuerpo se hunde más,... 5... 4..., sopor intenso y agradable,... 3... 2... y 1, descansas profundamente». A medida que contaba, le volví a realizar los pases magnéticos.
Después le hice salir del trance hipnótico.
Cuando le pregunté a la señora qué tal había resultado la experiencia, contestó: «Maravillosa, sentía de verdad la nube, el calor y sentía como si fuese descendiendo por un túnel lleno de luz hacia el fondo de mí misma. Oía tu voz como muy lejana. Era como salir de mi cuerpo y flotar en esa nube».
Había entrado en un grado profundo de hipnosis gracias a este sistema permisivo, utilizando el magnetismo y logrando que se fuese liberando de sus tensiones y miedos, sobre todo el de perder la conciencia, por los falsos tópicos creados acerca de la hipnosis agresiva y autoritaria, la que antes habían intentado con ella.
MÉTODO IDEOIMAGINATIVO (SENSORIAL)
Es otro ejercicio muy útil dentro de las técnicas permisivas, sobre todo para jóvenes a quienes no se desea llevar a un grado de hipnosis profunda.
Siente al joven en una silla cómoda. Tome su brazo y dígale: «Ahora quiero que levantes tu brazo a la altura del hombro. Déjalo en esta posición, y respira con tranquilidad.
»Muy bien, y ahora cierras los ojos, quiero que pienses durante unos momentos en algo del pasado que sea para ti muy agradable, o en cualquier experiencia que quieras recordar ahora, algo que te produzca bienestar, alegría, algún recuerdo que te guste evocar de vez en cuando.
»Mientras lo haces, vas dejando que tu brazo comience a caer poco a poco, como si fuera de plomo. Cuando tu brazo descanse con pesadez sobre tu muslo estarás inmerso en ese recuerdo, viviéndolo de nuevo, sintiendo en tu cuerpo esas sensaciones.
»Disfruta esos recuerdos positivos y agradables cuando el brazo toca tu muslo. Y ahora, siente tu respiración lenta y profunda, con cada exhalación dejas tu cuerpo más y más suelto y relajado».
Los jóvenes tienen una gran facultad inherente a su edad para entrar en hipnosis profunda. Su cerebro registra con facilidad el nivel alfa, muy apropiado para los estudios, por ejemplo.
Al final, observará que su respiración es abdominal y, sobre todo, en sus facciones se reflejará la profunda sensación de tranquilidad, bienestar y sosiego que el joven habrá alcanzado.
MODELO BÁSICO DE HIPNOSIS PERMISIVA
Expondré ahora un ejercicio algo más extenso para producir un trance hipnótico bastante profundo en el que algunos sujetos pueden entrar incluso en un tercer grado.
Tenga presente que algunas inducciones ya explicadas se van a repetir. He estructurado así este volumen con fines didácticos, para que usted sepa cómo pueden ser combinados estos ejercicios, en lo que no será más que un ejemplo de los muchos que pueden ser válidos.
La persona estará sentada en una silla cómoda o en un sillón, evitando en cualquier caso el tumbarla por completo para que no se quede dormida y no aproveche la sesión.
Aunque, le recuerdo, no sería un problema grave, puesto que descansaría y recuperaría fuerzas. Pero no es para eso para lo que viene al gabinete.
Comience el ejercicio: «Bien, ahora, durante unos segundos afloja tu cuerpo con cada exhalación que vayas efectuando, con lentitud, poco a poco, muy bien, inhalar, retener, exhalar, (siete u ocho respiraciones).
Bien, así, poco a poco, dejas tu cuerpo suelto, flojo y abandonado, como si te fueras hundiendo por el peso en la silla, todo el cuerpo suelto y abandonado, sientes durante unos momentos esta profunda y agradable sensación de pesadez, de bienestar, y todo tu cuerpo descansa».
Deslice con suavidad la mano por la nuca del sujeto, de arriba hacia abajo. «Muy bien, y ahora, vas a profundizar más».
Toque los puntos hipnógenos, la nuca y la raíz de la nariz, el entrecejo.
«A medida que voy tocando estos puntos hipnógenos irás notando una agradable sensación de sopor, pesadez, tu cabeza muy pesada, tus párpados, también muy pesados, y te vas hundiendo más y más.
»Tu cabeza se inclina muy pesada y profundizas, pesadez, sopor, descansas más y más. Aprovechas estos momentos para sacar fuera las tensiones del día, relájate. Te vas liberando de los problemas y preocupaciones.
»Estas haciendo un alto en el camino.
»Ahora solo quieres relajarte y descansar. Olvídate de todo lo demás.
»Contaré hasta tres y abrirás los ojos; me mirarás fijamente a los ojos, conservando este mismo estado de relax, de pesadez, de sopor, ¡atención, 1... 2 y 3! Mírame a los ojos, intenta no parpadear, y si lo haces que sea lo menos posible».