PROCESOS Y FENÓMENOS

En las siguientes páginas me adentraré en los procesos y fenómenos que se dan o se pueden dar en el trance hipnótico. Quedan ya vistas en las páginas precedentes, por tanto, las técnicas para alcanzar este estado.

EJERCICIO NÚMERO 7
PROCESOS Y FENÓMENOS HIPNÓTICOS

ORDEN POSTHIPNÓTICA

Los actos que responden a órdenes poshipnóticas son aquellos que una persona lleva a cabo después de una inducción hipnótica (una vez que sale ya de la hipnosis) y que corresponden a sugestiones concretas recibidas durante el trance. La recordará usted de la explicación sobre la hipnosis de espectáculo.

El proceso transcurre de la siguiente manera: el sujeto se encuentra en estado hipnótico y es estimulado mediante sugestiones oportunas y concretas; cuando después, en vigilia, realiza el acto, responde de hecho a la sugestión recibida.

Hasta cierto punto, el reflejo condicionado (Pavlov) y la orden poshipnótica son muy parecidos en su funcionamiento básico. Las órdenes poshipnóticas deben utilizarse siempre con fines terapéuticos y con el objetivo de reducir en posteriores sesiones el tiempo empleado en producir el trance. Sería este caso como el de un código secreto que le abre una puerta para atajar en el camino hacia el estado hipnótico y así disponer de más tiempo para la psicoterapia en sí misma.

Así, si el primer día tarda en hipnotizar a la persona diez o quince minutos, dejándole una orden poshipnótica, el segundo tardará solo cinco minutos. La vigencia habitual de estas órdenes va de unos minutos (justo tras el fin de la terapia) hasta unos dos meses más tarde.

Cuantas más veces repita la orden poshipnótica más profundamente se grabará y actuará. De no repetirla con frecuencia, se irá debilitando y terminará por perder su efecto. A pesar del plazo general de dos meses que me he aventurado a plantearle, tenga en cuenta que cada persona es distinta y los grados son diferentes según los casos.

Otra aclaración: salvo cuando la persona se presenta a un espectáculo público, las sugestiones son rechazadas si eso implica realizar actos ridículos o que atentan contra la moral o los prejuicios del sujeto.

Se sobreentiende que en sesiones de hipnoterapia todo se realiza de acuerdo a los intereses del paciente, que es el centro de todo el proceso de curación y ayuda. El hipnólogo, téngalo en cuenta, debe quedar en un segundo plano.

AMNESIA

Durante el trance hipnótico y con las sugestiones oportunas, es posible producir en un sujeto amnesia. También puede suceder de forma espontánea. A veces se comprueba que, al deshipnotizar a una persona, el hipnotizador de espectáculo le hace alguna pregunta sobre lo ocurrido durante el trance y el sujeto responde que no se acuerda de nada, como si todo lo que se le ha dicho, y él ha realizado, lo hubiese hecho gobernado totalmente por la voluntad del hipnotizador. Podría parecer que con este planteamiento contradigo lo que le he venido explicando acerca de que la persona hipnotizada se entera de todo y no hará nada que vaya contra su voluntad y principios.

Aclararé este aspecto. Hay sujetos que en principio no se enteran de lo sucedido durante la amnesia producida hipnóticamente. Mi experiencia me demuestra que, en realidad, el recuerdo de lo sucedido no se pierde, sino que solo está oculto. Está comprobado, cuando se vuelve a hipnotizar a la persona que puede recordar todo lo acaecido durante el periodo hipnótico.

Existen, por otro lado, personas que, aunque, hipnotizadas de forma profunda, experimentan un deseo extraordinario de mantener total control y no llegan a desarrollar amnesia. No obstante, piense usted que el fenómeno de amnesia es una experiencia corriente. Todos lo experimentamos con cierta frecuencia cada vez que tenemos dificultad en recordar algún dato o cierto pasaje de nuestra vida.

Nunca, o en muy raras excepciones, se utiliza la amnesia en psicoterapia. De cualquier manera, la técnica para producirla en hipnosis no es nada complicada. Podría ser algo así, con el sujeto ya hipnotizado: «Muy bien, ahora pasaré una goma de borrar sobre tu frente y borraré tu nombre», bien, «imagínate que tu mente es como una pizarra que acabo de borrar y, cuando abras los ojos, no te acordarás de nada».

De alguna manera, amnesia y disociación están relacionadas en algunos aspectos. La disociación es la capacidad del sujeto hipnotizado de apartarse, mentalmente, del lugar en donde se encuentra ubicado. Por supuesto, es un fenómeno que puede presentarse fuera del trance hipnótico cuando nos abstraemos en ensoñaciones o evocaciones. Hay personas que desarrollan esta capacidad de tal manera que pueden estar disociados de un ambiente cualquiera y, sin embargo, desempeñar sus funciones a la perfección.

La experiencia más familiar es la de los sueños: en ellos usted puede observarse a sí mismo mientras realiza una serie de actividades.

Una persona bien entrenada hipnóticamente es capaz de evadirse de sí misma y observarse sentada en el extremo de la habitación. Esto ofrece una ventaja para producir, por ejemplo, la hipnoanestesia.

En cierta ocasión acudió una mujer a que la hipnotizara porque tenía que someterse a un reconocimiento médico. Padecía una auténtica fobia a la extracción de sangre. La visión de la aguja entrando en su vena le ponía frenética. En hipnosis le enseñé a disociarse del evento. ¿Cómo? «Durante el reconocimiento médico –le sugerí–, tú, mentalmente, te escaparás a la playa, sentirás la brisa y el olor peculiar del mar acariciando tu cara, la arena cálida bajo tus pies». Es decir, trabajé una sugestión positiva y le dejé una orden posthipnótica. El reconocimiento médico se produjo, pero la mente estuvo centrada en imágenes positivas.

Es importante elegir un tipo de visualización que al sujeto le resulte familiar, algún lugar que él conozca y en el que, por tanto, se encuentre cómodo.

Otro ejercicio que se puede realizar es el siguiente: una vez en hipnosis, levante el brazo del sujeto y pídale que lo ponga rígido; a continuación dígale: «Muy bien, ahora puedes ver y sentir cómo tus dos brazos descansan sobre tus muslos». Aquí estamos produciendo alucinación visual y táctil, todo esto mediante sugestión, la sugestión de ver sus dos brazos descansando cuando, en realidad, uno está rígido. Las sensaciones del brazo rígido se disocian y no se siente ni su peso, ni el dolor. Este es un buen método para hipnoanestesia.

DESPERSONALIZACIÓN

En ocasiones se oye hablar de sujetos que están poseídos, o se supone que lo están. Se nos dice que alguna entidad, espíritu o similar, se apodera de la persona haciéndole hablar, moverse y realizar acciones ajenas a su voluntad. En parapsicología y en psiquiatría se estudia este asunto que es muy interesante para cualquier persona que estudie la mente. Aquí quiero referirme a las clásicas sesiones hipnóticas circenses en donde se sumerge en trance a un sujeto y luego se le dice que «esa vasija que tienes delante de ti contiene el espíritu de un pirata del siglo XVIII, ahora la abrirás y el espíritu entrará en ti». Se comprueba la transformación física en gestos, voces e incluso cara de terror que el sujeto hipnotizado pone después de la supuesta posesión.

¿De verdad hay un espíritu en esa vasija? ¿Es posible que una entidad «X» se apodere de la persona?

Desde un punto de vista psicológico, esto es una patraña. Sin embargo, en trance hipnótico, es posible inducir con cierta facilidad la despersonalización en sujetos que entren en un grado profundo. Hay posesiones, diría, simpáticas, como pueden ser aquellas de hacer creer al sujeto que es la folclórica de turno y este baila, canta y se mueve como si lo fuese. Y si se le pregunta cómo se llama, se olvida de su propio nombre y se identifica con el de la artista. No obstante, le aseguro que la persona sabe en todo momento que está representando un papel. En estos casos extremos, es más la apariencia que lo que el sujeto vive interiormente. Por otro lado, existen exhibiciones de posesiones como la citada del pirata. En algunas personas con algún conflicto emocional podría resultar, si no peligroso, sí muy negativo para su equilibrio psíquico.

La despersonalización puede ser utilizada al igual que la disociación con fines terapéuticos. Un ejemplo, el sujeto puede reforzar sus actitudes más débiles asumiendo las características positivas de su personaje favorito.

HIPERMENESIA

Si la amnesia es la pérdida de los recuerdos o información, la hipermenesia es todo lo contrario: es la recuperación de la información olvidada (memoria oculta) o aumento de la capacidad de recordar. Muchas veces se nos hacen presentes recuerdos y datos olvidados hace años. Se dice que todas las experiencias, por triviales que sean, se graban en el cerebro (memoria celular) y casi todas podrían ser recuperadas para la memoria consciente a través de las asociaciones adecuadas.

A veces ocurre que, al volver al pueblo o al lugar de la infancia, al ver determinada calle, persona u objeto, usted se acuerde (asocie) de repente de hechos que tenía por completo olvidados. Y no solamente se tienen recuerdos, es decir, no solo imágenes, sensaciones u olores, sino que también llegan junto a ellos las emociones o sentimientos que los acompañaron. Con las oportunas sesiones hipnóticas, un sujeto que entre bien en trance puede recordar infinidad de cosas olvidadas, e incluso otras que en su día apenas recibió más que a un nivel casi inconsciente.

Le pondré un ejemplo. Hace unos años vino al gabinete una joven estudiante que se estaba preparando para el acceso a la universidad. Hacía varios días que había extraviado unos libros de texto que necesitaba con urgencia, pero no podía recordar dónde los había perdido. Ante la inminencia de los exámenes estaba realmente angustiada. Nos preguntó si, en trance hipnótico, podía hacer que recordara dónde los había dejado la última vez. A través de las oportunas asociaciones logré al final que recordara. En síntesis, las sesiones consistieron en ir recordando todo lo que había hecho los días anteriores (como en una película que se fuera viendo en sentido contrario, desde el final hasta el principio): personas, lugares, conversaciones, etc.

La hipnosis ha proporcionado excelente resultado en casos de crímenes, testigos de accidentes (que solo recordaban, por ejemplo, dos números de la matrícula de un coche y circunstancias similares). Sometidos a un trance medio, los sujetos lograron (hipermenesia) activar contenidos inconscientes e integrarlos en el consciente. Las policías de Gran Bretaña y de Estados Unidos (F.B.I.) suelen solicitar la ayuda de hipnoterapeutas para intentar que algunos testigos recobren la memoria acerca de casos en los que su testimonio es fundamental.

Entre los clientes que he tratado, recuerdo un hombre que, siendo niño, se fue a vivir a Francia con sus padres. Estuvo en ese país desde los dos hasta los diez años. Durante ese tiempo habló y escribió bien el francés. Cuando llegó a mi gabinete tenía ya más de cincuenta años y en la práctica había olvidado todo el francés aprendido en su infancia. Por cuestiones laborales tuvo que tomar unas clases de este idioma, pero, como nunca más había vuelto a practicarlo, le resultó difícil aprenderlo. El hablarlo le suponía un ascenso laboral. Aquí la hipnosis resultó de gran eficacia. Mediante varias sesiones, regresó a la infancia para revivirla (reviviscencia) y rescatar toda la información perdida. Unas pocas clases de francés y el problema quedó resuelto. La hipermenesia resulta muy eficaz para aumentar la capacidad de recordar, más allá de lo que se puede lograr sin hipnosis y con la única ayuda de la voluntad.

Pero no debe confundirse la hipermenesia de lo que es la reviviscencia. Esta última significa que la persona vuelve a vivir algún instante de su vida, casi igual a cuando tuvo lugar el suceso. En una rememoración activando la hipermenesia se le pregunta al sujeto acerca de lo que sucedió cuando tenía, por ejemplo, siete años; sin embargo, en una reviviscencia, se le dice: «Tienes siete años, ¿qué esta sucediendo ahora?».

Abandono de forma momentánea estas explicaciones para recordarle una cuestión muy a tener en cuenta. Es muy importante que durante el proceso hipnótico y, por ejemplo, antes de una regresión, se le dé al sujeto alguna señal para poder tranquilizarle en caso de necesidad durante cualquier momento del trance. Puede usted decirle: «Cada vez que toque tu frente y diga la palabra azul, estarás disociado de todo lo que veas» O, crearle esta señal tocando con suavidad su hombro. La utilidad de estos signos-señal radica en que, por un lado, ayudan a que el sujeto salga del trance por sí mismo cuando él lo desee. Por otro, es el hipnólogo el que lo puede relajar y tranquilizar en caso de que esté pasando por alguna experiencia traumática (puede ser el caso de la reviviscencia).

ANALGESIA Y ANESTESIA

La analgesia es el primer nivel o estadio de la anestesia, que es la insensibilidad total al dolor. La analgesia implica ausencia de reacciones, gestos, muecas y contracciones faciales ante los estímulos dolorosos. Hay personas que desarrollan una gran capacidad para soportar y no reaccionar ante esos estímulos, aunque sean muy intensos.

En todo caso, los sujetos en trance hipnótico elevan el umbral del dolor a niveles tan altos que podría realizarse alguna intervención quirúrgica menor. Todo ello, por lógica, con la analgesia producida mediante hipnosis. Los estudios médicos realizados parecen indicar que los factores neuronales que producen la sensación de dolor están presentes, pero el sujeto hipnotizado no muestra conciencia de ellos.

Se ven muy disminuidas o prácticamente anuladas las reacciones fisiológicas propias de los estímulos dolorosos, tales como la alteración de la respiración, el ritmo cardíaco, tensiones musculares, etc. Esto nos indica que, además de hacer a la persona más insensible al dolor, cuando se produce la analgesia en un grado profundo de hipnosis, esta es real. Lo más correcto es realizar analgesia en un tercer grado.

HIPERESTESIA

Es lo contrario de la anestesia. La hiperestesia se refiere a un aumento de la sensibilidad corporal. Es bien sabido que el dolor es un hecho psicológico subjetivo: hay personas capaces de soportar una impresión dolorosa hasta unos umbrales dolorosos que para otras son imposibles de sufrir. Por ejemplo, las personas histéricas tienen una elevada sensibilidad al dolor, tienen hiperestesia exacerbada. También se produce hiperestesia con facilidad en las personas que padecen algún trastorno de tipo emocional. O, también, en los que sufren lesiones dolorosas.

Uno de los más conocidos ejemplos de hiperestesia es aquel utilizado en la hipnosis de espectáculo y que consiste en acercar un bolígrafo o tiza a la mano del sujeto hipnotizado (tercer grado) y se le dice que es un cigarrillo encendido. Esta sugestión actúa de forma somática de tal manera que, en efecto, se forma una pequeña ampolla de quemadura.

Un componente de ansiedad, temores o pensamientos de carácter cultural son factores propicios para una elevada sugestionabilidad en la que estímulos dolorosos tenues pueden, sin embargo, resultar muy intensos para algunas personas.

En psiquiatría y medicina en general se ha constatado que los placebos ejercen una acción muy eficaz sobre los sujetos que se hallan presos de fuertes tensiones y componentes de estrés emocional.

Explicado de manera sencilla le diré que una persona llena de temores, miedos, sugestiones negativas, muy estresada, sufrirá un fuerte componente somático de hiperestesia, es decir, será muy sensible al dolor. Por el contrario, una persona relajada, sugestionada culturalmente a soportar el dolor, tendrá el umbral de la hiperestesia muy por encima de la anterior. Es decir, el dolor es un hecho psicológico con un fuerte componente subjetivo.

La hiperestesia no se suele emplear en terapia. Aunque alguna vez usted pueda servirse de ella para convencer a algún paciente del poder de la mente y de la hipnosis. Le contaré un caso concreto: un sujeto de unos cincuenta años, escéptico en relación al tratamiento psicológico que estábamos realizando, pero que, no obstante, entraba en un grado muy profundo de hipnosis. Para convencerle del poder de la hipnosis, en un trance profundo, le realicé una hiperestesia diciéndole: «ahora vamos a acercar este cigarro encendido al dorso de tu mano y sentirás un fuerte quemazón, formándose una pequeña ampolla» Cuando el sujeto salió del trance, en efecto, se le había formado una ampolla, que, lógicamente, desapareció unos minutos después. La conclusión de cara al paciente era clara, si una sugestión puede hacerle sentir que le están quemando, incluso puede formarse una pequeña ampolla, por la misma razón, la mente también puede curar, sanar, secar cualquier herida o tumor. Este sería el uso correcto y positivo de la hiperestesia bajo trance hipnótico.

DISTORSIÓN DEL TIEMPO

El fenómeno de la distorsión del tiempo es muy útil en hipnoterapia. Demuestra la gran capacidad de nuestro cerebro para medir, acortar o alargar el paso de los segundos. Es como si cada persona tuviera dentro de su cerebro un reloj que controlara el tiempo con toda precisión, relativizándolo, porque, por ejemplo, cuando realiza usted alguna actividad agradable, de vacaciones, o con alguna persona a la que ama, ¡las horas pasan volando! Pero, si está realizando algún trabajo penoso y desagradable, o esperando que llegue alguna fecha señalada, sucede lo contrario, ¡las horas se hacen interminables! También es frecuente pasar por la experiencia de tener alguna tarea agradable que realizar, y, ese día, se despierta usted mucho antes de la hora prevista. Todo esto, naturalmente, sin mediar por medio ningún estado hipnótico.

En cierta ocasión, un médico psiquiatra que acudió a uno de los cursos que imparto para profesionales de la salud, debía realizar un largo viaje después de terminada la clase. Apenas había dormido la noche anterior. La distorsión del tiempo fue aplicada en este caso con todo éxito. Primero entró en un segundo grado hipnótico. Después le sugerí en los siguientes términos: «ahora pasarás unos diez minutos en profunda relajación. Descansarás muy tranquilo. Tu cuerpo recuperará las energías que necesitas para hacer el viaje. Cada minuto que pases de profunda relajación y bienestar, equivale a 15, el tiempo pasa para ti muy despacio. Descansas. Cada minuto que pasa te parece una eternidad... Cada cinco minutos serán para ti como una hora. Cuando salgas de este estado, será como si hubieras dormido físicamente unas tres horas. Te encontrarás tan relajado y despierto como el que sale de una siesta, en la que has recuperado todas tus energías». Háblele con lentitud y convicción, repitiéndole las palabras «relax, descanso, bienestar». El psiquiatra se recuperó muy bien y pudo hacer el viaje más descansado.