HIPNOSIS PARA PRINCIPIANTES

Usted quiere ser hipnotizador, bien, no se preocupe si no tiene una poderosa y fascinante mirada. Si no es capaz de provocar y proyectar corrientes magnéticas a través de los dedos de las manos tampoco debe de preocuparse. Y, por supuesto, no necesita estar iniciado en ocultismo o pertenecer a tal o cual grupo de carácter similar.

Solo necesita ser una persona normal y con un gran afán de conocer y explorar la mente humana, en especial la suya propia.

Y esto únicamente significa tener cierto equilibrio y madurez en su personalidad. A hipnotizar se aprende, es un proceso psicológico que no requiere de cualidades sobrehumanas en el hipnotizador. Es una técnica que pertenece a los funcionalismos perceptuales-motrices. Como conducir un coche o poner una lavadora. Claro que más delicado porque va a funcionar con la mente de las personas.

Así que fuera tópicos, usted puede ser hipnotizador. A partir de entonces habrá que comprobar si consigue ser un buen hipnotizador, como ocurre en cualquier actividad o técnica que se aprende.

Para el conocimiento de la hipnosis no hay atajos. La naturaleza no da saltos. Debe usted caminar poco a poco, aprendiendo bien, practicando todo lo que se le vaya enseñando, cometiendo errores y corrigiéndolos. Es una técnica, no se trata de magia.

¿Todas las personas pueden aprender a hipnotizar? En principio la respuesta es que sí. Hipnotizar es una técnica como cualquier otra. Para aprender a conducir, por ejemplo, necesitamos preparación teórica y práctica. Aprender a hipnotizar requiere el mismo proceso teórico y práctico. Obviamente, habrá personas que tengan más facilidad que otras. Casi todo el mundo puede conducir un coche, pero no todos participan en competiciones.

Anteriormente he afirmado que casi cualquier persona puede ser hipnotizada. Ahora bien ¿quiénes, en principio, no pueden ser o no deberían ser hipnotizados? Hay algunas excepciones.

Las personas que padezcan de epilepsia, en principio, no deben ser hipnotizadas. Al acceder a esos niveles profundos de hipnosis se puede provocar alguna alteración y producir un ataque epiléptico haciendo más daño que el bien que se esperaba obtener.

Otro tipo de personas a las que no le aconsejo hipnotizar son las aquejadas de algún tipo de psicosis, más o menos grave, como por ejemplo la esquizofrenia, a no ser que usted, además de realizar hipnosis, sea un profesional titulado en medicina, psiquiatría o psicología clínica.

Los que realmente son imposibles de hipnotizar son los oligofrénicos. Olvídese de intentar hipnotizar a disminuidos psíquicos, personas seniles, en general, a cualquiera que tenga sus facultades mentales dañadas o alteradas.

En estas personas no existe la facultad mínima de fijación o concentración que es imprescindible para seguir las indicaciones del hipnólogo.

Otro tanto se puede decir de los niños muy pequeñitos, tampoco tienen fijación suficiente y, por lo tanto, difícilmente pueden seguir las indicaciones apropiadas.

Además considero que es mejor no alterar el normal desarrollo de su psiquismo hasta que no tengan el debido equilibrio y madurez en su personalidad.

En relación con las personas que son más o menos hipnotizables, también suelen circular algunos estereotipos que no reflejan la realidad. Por ejemplo, ¿existe diferencia entre hombres y mujeres a la hora de entrar en hipnosis?

Puedo decir que no hay diferencia alguna. Algunos investigadores, desde su experiencia con una única técnica concreta, llegaron a conclusiones que hoy en día se tienen por erróneas.

En este sentido, el moderno hipnotismo se ha perfeccionado respecto a los sistemas antiguos utilizando los procesos naturales, amplificándolos. Son procesos que todos usamos para entrar en diferentes estados de conciencia. Llego a la conclusión, al final, de que no existe diferencia sustancial entre razas, sexo o culturas para entrar en hipnosis.

A pesar de que las diferencias no van en ese sentido, sí que es innegable que, con los años y la experiencia, usted podrá prever que determinado sujeto va a ser más reticente al proceso hipnótico.

Será casi como un presentimiento, una percepción general de la persona que no será capaz de concretar en nada específico; pero usted estará seguro de que la terapia va a ser más dificultosa de lo habitual.

Normalmente no se equivocará. En muchos manuales de hipnosis se establece el parámetro de la forma de la cara del sujeto. Tomando esta norma, solo como una idea muy aproximativa y casi anecdótica, la expongo. Incluso en el caso de las personas con rostros cuadrados, como se verá líneas más adelante, ni le planteo en realidad que el 80% no puedan ser hipnotizables, sino que son en teoría cuatro veces más difíciles de hipnotizar que los triangulares.

* Personas de rostro triangular: Se dice que el 80% entran con facilidad en un grado bastante profundo de hipnosis. El 20% restante lo hacen con dificultad. Así pues, cuando tenga enfrente a distintas personas, puede prever que las de rostro triangular serán más propicias al trance hipnótico.

* Personas de rostro redondo u ovoide: En la escala descendente, estas personas serían hipnotizables en un 60% y el 40% restante sería difícil de hipnotizar.

* Personas de rostro cilíndrico: El 40% serán sujetos que entren bien en hipnosis y el 60% de este grupo no entrarían tan bien en el proceso hipnótico.

* Personas de rostro cuadrado: Son hipnotizables el 20%; el 80% por ciento serán difíciles de hipnotizar.

Tener estas cifras presentes es útil, sin embargo, le insisto en que en hipnoterapia prácticamente todos –triangulares, ovoides, cilíndricos y cuadrados– pueden ser inducidos al trance hipnótico si ellos, claro está, lo desean y colaboran. Tómese esta información como detalle curioso ya que ignoro su base psicológica o científica. Cuando he intentado tenerlo en cuenta, curiosamente me ha dado resultado, pero no he visto en ningún informe sobre la hipnosis estos aspectos reseñados.

La experiencia le indicará qué técnica deberá emplearse de acuerdo con las características de cada paciente. La explicación de estas técnicas la encontrará en las páginas siguientes.

Cuando usted tenga ante sí a un sujeto al que quiera hipnotizar, bajo el punto de vista psicológico, es importante que tenga en cuenta tres aspectos que entran siempre en juego: desviación de la atención, fe y expectación.

Me detendré unos párrafos en explicar qué significan estas ideas, qué es lo que quiero decir al sumarlas en la receta básica de la hipnosis.

Desviación de la atención

Es muy importante que el sujeto a hipnotizar concentre su atención en la voz del hipnotizador y en sus inducciones. De lo contrario la persona estará muy dispersa. Se le desvía la atención levantando un brazo, mirándolo a los ojos del hipnotizador, con un péndulo... el caso es que su atención esté desviada en el objeto concreto que el hipnotizador sugiere y no en cualquier otra cosa; control de la atención.

De otra forma el sujeto piensa en cualquier asunto que escapa al control del hipnotizador y entonces inducir la hipnosis es casi imposible.

Así puede usted encontrar explicación al hecho de que el hipnotizador hable sin cesar. No hay que dejar un momento que el sujeto pueda dejar volar su imaginación un momento, en ese caso, todo el trabajo de inducción previa puede echarse a perder.

Siempre, claro está, que la acción de imaginar cualquier pasaje o sentimiento no se lo sugiera usted dentro de la inducción hipnótica porque entonces sí sería aceptable.

Se trata, en fin, de estimular su córtex, manteniendo su foco de atención, para que al final su mente consciente se inhiba ante el estímulo repetido, repitiendo por ejemplo: «profundizas, tu cuerpo pesa, te relajas más y más».

El foco de atención se dirige en un sentido concreto y se acaba creando un puente, un camino directo entre la voz del hipnotizador y el subconsciente del sujeto.

Fe

El sujeto debe estar convencido de que el hipnólogo va a producir el deseado trance hipnótico. Aquí se incluye la confianza en el prestigio del profesional que le trata, de modo que estará seguro de que le hipnotizará aunque haya alguna resistencia inconsciente por su parte.

Expectación

El sujeto tiene focalizada la atención en la voz y las inducciones del hipnólogo, tiene fe en su pericia; solo le falta la expectación, esto es, como si se dijera, algo similar a la puesta en escena. Vestimenta, ambientación, música, olores, decoración, imagen personal, etc. Es algo que los hipnotizadores de espectáculo cuidan mucho –como ya he explicado en un capítulo precedente– y que un hipnólogo no puede olvidar en su gabinete. Ocurre lo mismo que cuando usted entra en un despacho de un médico, la presencia del médico, la limpieza, su mesa, si tiene o no enfermera, todo eso le da una idea previa de la valía del profesional, o a veces, también es cierto, de lo que le van a cobrar.

En contra de lo que mucha gente pueda pensar, los individuos inteligentes y con fuertes deseos de entrar en hipnosis son los mejores para ser hipnotizados.

Suelen gozar de una buena concentración y además cooperan con el hipnólogo de una forma correcta y con mucha intuición. En el campo en que me muevo y en el que me gustaría que usted lo hiciera también, el de la hipnoterapia, algunas indicaciones son básicas para obtener el éxito en la producción del trance.

Quizá repita algunas ideas ya expuestas, pero si lo hago es porque es fundamental tenerlas en cuenta ante el paciente y porque confío en su paciencia a la hora de abordar estas páginas.

Un truco muy sencillo es el de comentarle al paciente, sin darle importancia, que las personas poco inteligentes no son en general buenos sujetos hipnóticos. Así picará su orgullo. Aumentará su motivación y el deseo de entrar en hipnosis.

De hecho, los individuos poco inteligentes o los cortos mentales son muy difíciles, a veces imposibles, de hipnotizar. El hipnoterapeuta tiene con ellos bastantes dificultades para lograr el trance. Esto demuestra, una vez más, que toda hipnosis es autohipnosis.

Si se tratara de un poder como pretenden algunos hipnotizadores de espectáculo, todos, todos sin excepción, serían hipnotizados. Incluso los que entran en hipnosis muestran más o menos diferencias en grado y facilidad para acceder a tal estado. Es decir, es la persona y no el hipnotizador el que en verdad se hipnotiza a sí misma.

Cuidado también con los sujetos muy analíticos. Piensan y racionalizan todo demasiado y no se dejan llevar lo necesario para entrar en hipnosis. Lo esencial para ser hipnotizado depende de la idiosincrasia particular del individuo.

EJERCICIO NÚMERO 4
DESVIACIÓN DE LA ATENCIÓN

Redundando en el proceso hipnótico, repito que la desviación intencional de la atención es uno de sus mecanismos fundamentales.

Quizá me esté repitiendo demasiado, pero por su importancia me detengo de nuevo unos párrafos en ella. Se trata de una regla de oro.

Es importante enfocar la atención del sujeto en sus propias respuestas mentales y físicas. Por ejemplo, dígale a la persona a hipnotizar:

«Bien, ahora lleva tu atención a tu pierna derecha, siente los dedos de tus pies, muy sueltos, relajados aflójalos más, muy bien, siente cómo a medida que los relajas se van volviendo también pesados, como si fueran de plomo, pesados».

El sujeto se va haciendo consciente de la flojedad y pesadez de su pie. Al sentir esta pesadez, surge en la persona la convicción de que las sugestiones del hipnólogo se están realizando y van produciendo variaciones en su percepción corporal.

«Muy bien, –dígale– ahora lleva la atención a tu respiración. Siente cómo entra y sale el aire por tus fosas nasales. Con cada exhalación te relajas más y más. Siente también el movimiento de tu pecho y abdomen al entrar y salir el aire».

Así, poco a poco, las sugestiones aceptadas por convicción del sujeto hacen que se produzca el trance hipnótico. Así usted desvía su atención y logra que la focalice en su propia percepción corporal.

Si quiere que profundice en el trance siga con la inducción verbal desviando la atención: «Ahora voy a pedirte que pienses en algún lugar que para ti sea muy agradable, algo que te traiga buenos recuerdos».

«Piensa en alguna experiencia que te haga sentir bien. Por ejemplo, evoca escenas pasadas en las que disfrutaste».

«Ahora levanta tu brazo y mantenlo en alto mientras evocas esa experiencia. A medida que recuerdas más y más, como si lo estuvieras experimentando de nuevo, tu brazo irá bajando lentamente. Cuanto más te metas en los recuerdos, más profundizas y tu brazo desciende más y más.

Evoca las emociones. Siente por tu cuerpo las sensaciones que experimentaste aquel día. Vívelo tranquilamente».

«Cuando estés inmerso de lleno en la experiencia, tu brazo caerá muy pesado sobre el muslo. Así te relajarás más, profundizando».

Otros elementos importantes para lograr una hipnosis profunda son la cultura y la educación mostrados por usted a la hora de inducirle la hipnosis al sujeto.

Los sujetos intuitivos responden muy bien ante la autoconfianza y buenas maneras del hipnólogo. De esta forma, desarrollan una disposición mental muy positiva y, en consecuencia, se concentran en las sugestiones. Y acabo de mencionar otra clave aparte de la desviación de la atención: la sugestión.

EJERCICIO NÚMERO 5
PRUEBAS DE SUGESTIONABILIDAD

Ya he explicado en un capítulo precedente la importancia de la sugestión en la hipnosis. Ahora le propongo una serie de ejercicios, de pruebas que le permitan saber el grado de sugestionabilidad de la persona que usted quiere hipnotizar.

Estos ejercicios los suelen utilizar habitualmente los hipnotizadores de espectáculos para seleccionar a los sujetos más aptos, más sugestionables para entrar en el trance hipnótico.

Ellos rechazan a los poco sugestionables. En su caso, y en el de cualquier terapeuta, estas pruebas sirven para tantear el terreno psicológico con el que se va usted a encontrar. Para saber si el sujeto va a requerir una inducción más lenta, si va a tener que emplear tal o cual técnica de inducción, como se explicará en el siguiente capítulo.

PRUEBAS DE SUGESTIONABILIDAD

Oscilación corporal: el sujeto se halla de pie, los pies juntos y los brazos estirados a lo largo del cuerpo, puños cerrados y bien pegados a ambos costados.

Se le dice que cierre los ojos y permanezca quieto y relajado.

El hipnólogo se pone detrás. Se le pide que comience a contar en forma descendente desde 100 de dos en dos: 100, 98, 96, 94...

Se le sujeta por los hombros con suavidad y se la va haciendo oscilar, mientras se le va hablando con energía y convicción: «déjate llevar por mi voz y sigue contando a medida que oscilas más y más. Oscilas como una peonza y a medida que oscilas sientes una fuerza cada vez más intensa que te empuja hacia atrás... caes... caes...».

Cuando sienta que el sujeto comienza a caer, afloje un poco la sujeción de sus hombros y después sujételo con firmeza para que no llegue a caer del todo.

Ha logrado desviar su atención pidiéndole que cuente de forma descendente. Le ha sugestionado con la oscilación diciéndole que sienta una fuerza que le empuja hacia atrás al tiempo que le ha hecho perder el equilibrio.

La magnitud de la oscilación será apreciada por el hipnólogo para calcular la capacidad de sugestión que tiene el sujeto. Este ejercicio tiene una variante y consiste en ponerse frente a la persona y hacerla caer hacia adelante.

Caída hacia atrás: coloque a la persona en la posición anterior, de pie, brazos estirados y bien pegados a ambos costados. Se sitúa tras ella y apoya el puño justo en la nuca.