Capítulo 30

 

Era espeso, profundo y azulado.

No había mejor forma de explicar el lugar donde se encontraba.

Katy siguió luchando por salir de allí.

Al principio solo había flotado por ese lugar, tranquila y serena, luego algo, algo como una vocecita en su cabeza le había dicho que tenia que moverse, que tenía que regresar, así que comenzó a hacerlo. Solo que era muy difícil. Cada vez que avanzaba un poco algo de ella quedaba atrás y tenía que regresar para recuperarlo. Ahora estaba cerca de salir, sabía que era así porque el lugar ya no era tan oscuro.

Además podía oír voces a su alrededor, no entendía lo que decían pero si que lo hacían animadamente.

Siguió empujándose hacia arriba concentrada en no dejar nada atrás, no quería tener que regresar otra vez.

Cuando logró sacar su cabeza fuera de eso, escuchó claramente.

Yo se lo que te digo —decía un hombre, ella conocía a ese hombre, pero de dónde —ella afirmo mi mano, no lo imagine.

¿Pero estas seguro? — dijo una mujer.

Sí —dijo él levemente molesto —en verdad pasó, no mentiría con algo así.

Katy se empujó fuera de esa lugar, la mitad de su cuerpo primero y luego la siguiente.

Bien, lo había logrado, ahora qué.

Hey —gritó, nada —¿qué debo hacer ahora?

Antes alguien le había dicho que hacer, quizás esa misma voz regresara.

Algo tocó su rostro. Llevó sus manos a su cara pero no había nada ahí.

Katy —la llamaron, era la misma voz —sé que puedes hacerlo, solo un poco mas, por favor despierta.

—Dios, quizás ella está despertando —dijo la voz de una mujer.

Por favor —habló otro hombre —no saquemos conclusiones adelantadas.

Las manos desaparecieron y ella se quejo.

—Vamos, no puedes decirnos algo bueno —dijo “él” molesto.

Eso era, pensó, despertar, ahora estaba dormida, solo tenia que despertar. Cerró los ojos y se concentró en hacerlo.

Despierta, despierta, despierta —pensó con fuerza.

 

Katy abrió los ojos un poco y los cerró enseguida, volvió a intentarlo y miró alrededor. Varias personas estaban a su lado, mirando a alguien.

Se sentía confundida, su cabeza dolía un poco al igual que su cuerpo. Intento recordar algo y el accidente, el auto, se le vino a la memoria.

Sí, la habían atropellado, ahora lo recordaba.

Entonces ella estaba en el hospital, eso explicaba la decoración del lugar y al hombre con delantal blanco.

Lentamente escuchó lo que pasaba a su alrededor.

Debe haber una forma de averiguar si está despertando —esa era la voz de Marcus, lo buscó en la sala y al verlo suspiró mentalmente. Tenia que hablar con él, debía hacerlo ahora, era importante.

Ella intentó abrir su boca pero no logro hablar, la cerró al igual que sus ojos.

Sentía la lengua dormida, pesada y la boca pastosa. ¿Qué rayos le habían dado para dejarla así? Dios, y por qué su boca sabia a rayos, era asqueroso.

Una manos acaricio su mejilla con suavidad, ella conocía eso. Sabía muy bien quien la acariciaba así. Las personas a su alrededor seguían hablando pero no les presto atención, solo movió su rostro en dirección a la mano.

Como todos se quedaron callados de repente abrió los ojos. Al primero que vio fue a él.

Marcus estaba a su lado mirándola con una extraña expresión en su rostro. Miró alrededor y reconoció a varias personas. Desde su madre hasta Gloria.

¿Por qué me miran así? —murmuró, era lo mejor que podía hacer.

¡Oh Dios! —dijo su madre antes de lanzarse sobre ella para abrazarla. Eso la dejó levemente sin aire.

Luego se formo caos. Ella vio como sacaban a todas las personas del lugar y enfermeras y doctores tomaban sus puestos. Suspiró. Al parecer era mejor no decir nada por ahora, luego hablaría con él.