Tres semanas después.
Era una tortura, se dijo por millonésima vez Marcus. Era una horrible tortura. Su castigo. Eso es lo que era.
Llevaba semanas allí, semanas esperando alguna reacción de ella, pero nada, solo su lenta y acompasada respiración.
—Puedes irte —le dijo Gloria cuando entro a la habitación.
Ya había pasado una semana desde que habían movido a Katy a un mejor hospital, él se había hecho cargo de eso. De esa manera ellos podían estar más cerca de ella.
Gloria paso a su lado y tocó las flores que él había traído hacia dos días, tomó el jarrón y se fue al baño. Se puso de pie.
—Iré a darme una ducha y regreso —le dijo a Gloria —si pasa…
—Sí —le dijo ella apareciendo con el florero y regresándolo a su lugar —cualquier cosa que pase te llamare —lo miró —trata de dormir algo, no es conveniente que te enfermes, a ella no le gustaría —ambos la miraron.
No podía, pensó, no podía estar mucho tiempo lejos.
—No tardo —le dijo y salió.
El viaje a su casa le tomó 30 minutos, unos minutos después estaba en su ducha, bañándose.
Cerró los ojos.
Si se concentraba lo suficiente podía recordar cada momento con ella en ese mismo lugar, podía recordar su risa, sus suspiros, su cuerpo junto al suyo. Se estremeció. Ya era tiempo de que regresar al hospital.
Luego de 45 minutos estaba otra vez en su silla, esperando, igual que el día de ayer. Gloria solo negó al verlo.