CAPÍTULO 17
Vinieron como la nieve. Al principio, unos cuantos contactos salidos del hiperespacio. Después, una lluvia constante en cascada hacia el cúmulo de cometas OboRin. Finalmente, una ventisca de información que barrió la pantalla táctica de Luke con innumerables líneas de vectores y blancos enemigos.
—Los sensores exteriores confirman contactos hostiles —incluso por la red de combate, el coordinador de señales, o SegCor, sonaba nervioso—. Permanezcan a la espera de un mensaje del almirante Sovv.
La voz nasal del almirante sonó con un tono sullustano no muy inspirador por la red de combate, dirigiéndose a lo que suponía la mitad del ejército de la Nueva República. La atención de Luke comenzó a vagar casi de inmediato. Todavía aturdido por la muerte de Anakin, no podía evitar volver a cuestionarse lo hecho y analizar otra vez por qué permitió a su sobrino embarcarse en una misión tan peligrosa. Había sobreestimado la capacidad del grupo de asalto o subestimado la de los yuuzhan vong.
La voz de Mara se escuchó por un canal privado:
—Luke, deja de martirizarte, no puedes cargar con algo así durante una batalla.
—Lo sé, Mara —había veces en las que Luke deseaba que sus emociones no fuesen un libro abierto para su mujer. Ésta era una—. Pero no es tan fácil. Sigo pensando que los envié a una misión suicida.
—No lo hiciste —dijo Mara—. ¿Te ha culpado Leia?
—Leia no está en condiciones de culpar a nadie —dijo Luke. Podía sentir la angustia de su hermana bajo la suya, un dolor casi físico que lo dejaba entumecido, no muy diferente al que experimentó cuando perdió la mano frente a Darth Vader. Ella estaba en estado de shock, luchando para aceptar que una parte de sí misma había desaparecido para siempre—. Pero ya has oído cómo estaba Han.
—Estaba preocupado por Leia.
—Eso es lo que ha dicho —contestó Luke.
Esta vez, Mara no discutió. Luke podía sentir lo mucho que le asustaba dejar a Ben a cargo de un Han y una Leia sumidos en una pena tan abrumadora. Pero sabía que no debía volver a sugerirle que fuese a Coruscant. Ya le había dicho que iría tras la batalla. Además, Luke Skywalker, Luke Skywalker más que nadie, sabía que era preferible no presionar a Mara cuando ya había tomado una decisión.
Un momento después, Mara dijo:
—Luke, habría sido un error negar a tu sobrino la oportunidad de salvar a los Jedi, y Han y Leia lo saben. Piensa en aquella reunión en la sala del cráter, fueron ellos los que te pidieron que le dejaras ir.
Conociendo a Mara, ella notaría su asentimiento incluso sin verlo. Luke permaneció tranquilo y se concentró en su respiración, utilizando una técnica de relajación Jedi que le permitía focalizar sus pensamientos. La verdad era que tenía un mal presentimiento sobre una batalla que no tenía nada que ver con Anakin. Si se ajustaban a lo planeado, Eclipse perdería pilotos, puede que muchos.
El almirante Sovv volvió a captar la atención de Luke, agradeciéndole a él y al aparato de Inteligencia Jedi que hubieran alertado a la fuerza defensiva del momento y lugar en que llegaría el" enemigo. Eso hizo que Mara y el resto de los Caballeros Jedi formaran una sonrisa. El aparato había sido una percepción creciente entre los Maestros más poderosos de que se acercaban problemas procedentes del racimo de cometas de OboRin. Dado que la Fuerza era ciega a los yuuzhan vong, las perturbaciones dejaron perplejos a los Jedi y renuentes a actuar basándose en ellas, hasta que Talón Karrde les informó de que una enorme flota de asalto yuuzhan vong había llegado a Borleias coincidiendo con las perturbaciones. El almirante Sovv, que había estado buscando respaldo político para concentrar sus defensas alrededor de Coruscant, había aprovechado eso como si fuera un fidedigno informe de Inteligencia Jedi, utilizándolo como excusa para solicitar el regreso a casa de numerosas flotas desplazadas a zonas muy alejadas. Wedge le había dicho a Luke en privado que, en realidad, el almirante no esperaba que los yuuzhan vong se presentaran, pero había dispuesto la emboscada de hoy por aquello de mantener las apariencias.
Cuando finalmente los contactos dejaron de salir del hiperespacio en la pantalla táctica, Sovv dijo:
—El momento se acerca, amigos míos. Por favor, cambiad ahora al canal de combate asignado y que la Fuerza os acompañe.
Luke abrió el canal asignado a Eclipse.
—Todos sabéis lo que estamos intentando y por qué. Manteneos en formación y seguid las órdenes de vuestros líderes de escuadrón. La batalla se volcará en nosotros…
—Y la guerra en la batalla —contestaron varias voces.
—Lo sabemos, Maestro Skywalker —dijo Saba Sebatyne—, has dicho eso al menos siete veces.
Eso dibujó una sonrisa nerviosa en las fuerzas de Eclipse.
A Luke le habría gustado poder relajar la tensión con algún comentario ingenioso, pero esa parte de su mente seguía demasiado aturdida por la pena.
—Lo siento. Tan sólo quería estar seguro. ¿Control?
—A la espera de localizar objetivos —dijo Corran—. Susurros, ve delante y asoma el morro. Todos los demás, mantened las posiciones.
El bombardero de Saba se deslizó fuera de la formación y se situó suavemente al lado del cometa —una estela de amplias oscilaciones— tras el que se escondían los escuadrones de Eclipse. Luke pasó del canal táctico de la flota al de los Jedi. La imagen de la pantalla rotó noventa grados, de forma que la imagen del racimo de cometas quedó a un lado y los contactos enemigos se movían horizontalmente, cruzando la pantalla. El contador de la parte inferior de la pantalla mostraba decenas de miles y seguía aumentando.
Un pequeño recuadro apareció en el centro de la pantalla táctica de Luke, trazando un contorno de cinco bips cerca del corazón de la flota invasora. La voz de Danni Quee sonó por el canal del sistema de comunicaciones:
—Yammosk detectado. Localizaremos con exactitud en qué nave se encuentra cuando la lucha se recrudezca.
—¿Todos listos y preparados? —preguntó Corran.
Luke comprobó su pantalla de órdenes para confirmar las lecturas de las naves de su escuadrón, con una lectura completa de MEA (motores, escudos y armas). Cuando vio que todo funcionaba plena capacidad, abrió sus emociones a Tam, con el tercer a miembro de su trío de escudos, y masculló en su micrófono:
—Los Sables están bien.
Tras verificar a los otros tres escuadrones, Corran les dejó vía libre para avanzar. Las naves, setenta y dos Ala-X y ocho bombarderos sobrecargados salieron desde detrás de su cometa y aceleraron hasta una velocidad cercana a la de la luz, que pasaron ante las naves guía del perímetro antes de que los yuuzhan vong pudieran dispararles un solo proyectil de magma. Luke tomó el mando y trazó una trayectoria de intercepción que los llevaría directos al corazón de la flota principal pero sin convertirlos en un objetivo claro.
—Bien hecho —dijo Corran por el comunicador.
La pantalla táctica cambió la escala y mostró los símbolos azules de las naves de Luke, rodeados por un mar amarillo de símbolos yuuzhan vong. Cada uno indicaba la masa de la nave y la categoría análoga a la que pertenecía, siempre que los ordenadores del Hombre Alegre pudieran encontrar coincidencias con los perfiles de la base de datos. De vez en cuando, incluso encontraban una denominación. La flota enemiga, decidida a atravesar el cúmulo de cometas y continuar con su ataque sorpresa, mantuvo una formación abierta, de manera que cada nave tenía su propio espacio de maniobra. Cuando Luke miró al exterior desde la cabina, sólo pudo percibir las naves como distantes manchas negras que tapaban la luz de las estrellas. Tan lejos del sol de Coruscant había muy poca luz que iluminase el casco de las naves.
Una fragata identificada como la Saqueador disparó la primera andanada yuuzhan vong, pero sólo una bola de plasma siguió a las veloces naves atacantes lo bastante lejos como para hacer blanco. Dio en uno de los Ala-X de los Conmocionadores, sobrecargándole los escudos, y reduciendo el caza a un destello de fotones y átomos.
—No disparéis aún —ordenó Luke. Empezó a esquivar dando bandazos bruscos y manteniendo deliberadamente a sus naves entre dos naves enemigas, de forma que la artillería enemiga corría el peligro de alcanzar a sus propias naves si fallaba el tiro—. Si nos paramos a luchar estaremos perdidos.
A medida que se adentraban en la flota, los yuuzhan vong siguieron castigándoles con un chaparrón de disparos continuado pero poco eficaz, mientras maniobraban para poder conseguir una línea de tiro despejada. Fue un fútil ejercicio contra los ágiles Ala-X y sus escoltas de bombarderos. Con los equipos de vigilancia del Hombre Alegre vigilándoles la retaguardia, Luke siempre sabía cuándo tenía el camino despejado y pasaba a un nuevo vector de ataque. Los Conmocionadores perdieron un bombardero por un proyectil de magma, pero la tripulación tomó represalias y disparó sus torpedos y bombas de forma masiva antes de la evacuación. Casi la mitad de las ráfagas atravesó las singularidades protectoras del crucero yuuzhan vong y una larga hilera de grietas a babor empezó a expulsar cuerpos y atmósfera.
Un portacoralitas deceleró y viró con brusquedad, cortándoles el paso. Apenas los coralitas empezaron a despegar de la nave y a moverse en formación, la pantalla localizadora de objetivos de Danni se empequeñeció para aislar la proa de un crucero pesado sin denominación, situado en el centro de un grupo de cinco naves que había localizado antes.
—Yammosk confirmado.
Luke estudió la pantalla táctica, después tocó con un dedo el destructor análogo situado en su vector actual. El nombre que apareció bajo el destructor fue Sunulok.
—Márcalo como objetivo secundario, Erredós —un círculo apareció alrededor de la nave y Luke abrió un canal de comunicaciones con Corran—. Control, ¿tenemos permiso para un ataque de distracción contra esa nave?
—Adelante, Granjero —Corran dividió el objetivo en sectores de ataque por escuadrón, después comunicó con Luke—: Por cierto, SegCor dice tener lecturas de estelas iónicas a la cabeza de la flota.
—¿Estelas iónicas?
Los yuuzhan vong no usaban motores iónicos.
—Quizá vengan con la Brigada de la Paz —dijo Mara—. Eso explicaría por qué sentimos su llegada.
Luke amplió su consciencia en la Fuerza. Por un momento no encontró nada, después sintió todo un muro de vida en la vanguardia de la flota.
—Demasiados para un cártel criminal. Siento a dos o tres millones de seres.
—Debe de ser uno de sus ejércitos de esclavos —dijo Tam.
Luke no estaba tan seguro. La presencia carecía de esa perturbación muda, semejante a la estática causada por las excrecencias en la cabeza que los yuuzhan vong usaban para controlar a sus esclavos, pero no tenía tiempo para pensar en que más podía estar percibiendo. Del portacoralitas salían los últimos coralitas y los primeros escuadrones ya acudían a recibirlos.
—Ala-X, disminuid la velocidad. ¡Bombarderos separaos! —ordenó Luke.
Los siete bombarderos supervivientes viraron bruscamente, situándose detrás de las fragatas de escolta más alejadas del destructor. Luke esperó a que se hubieran situado para ordenar a los Ala-X que los siguieran. Los cuatro escuadrones pivotaron sobre sí mismos, poniendo dos motores en reversa y apretando a fondo el par opuesto, pasando como un relámpago junto a los bombarderos en un relámpago y yendo a por los dos escoltas.
Destellos de fuego color rubí florecieron del rocoso cuerpo de la fragata al escupir proyectiles de magma contra sus atacantes. Luke inclinó el morro y descendió unos dos segundos para forzar a los artilleros yuuzhan vong a vaciar sus proyectiles, para luego ascender veloz y hacer una pasada por la popa mientras se reorganizaban. Comprobó su pantalla táctica y vio una docena de escuadrones de coralitas procedentes del portacoralitas, pero iban a por ellos en un ángulo tan malo que nunca tendrían a los Ala-X a su alcance.
Cuando Luke volvió a alzar la mirada encontró que el espacio ardía a su alrededor. Por un instante creyó que le habían alcanzado, pero no sintió preocupación en Mara o Tam. Entregó su mano a la Fuerza y siguió pilotando y esquivando sincronizado con sus dos compañeras de vuelo, y la tormenta de fuego se concretó en bolas de plasma que estallaban y estelas de proyectiles de magma. El siseo de la electricidad estática anunció la destrucción de alguien de su escuadrón, y R2-D2 le reprendió con una larga serie de pitidos.
—A mí tampoco me gusta —dijo Luke—, pero el almirante Sovv depende de nosotros.
La tormenta se desvaneció tan rápidamente como había estallado y Luke comprobó su pantalla táctica. Había llevado a sus escuadrones justo hasta donde pretendía, entre las dos escoltas, pero éstas habían demostrado que no le tenían miedo a dispararse entre ellas. Él había perdido un bombardero Sable, mientras que la Docena y los Conmocionadores habían perdido un Ala-X cada uno. Las fragatas habían pagado un alto precio por los ataques fallidos, pero sus señales parpadeaban de forma regular, indicando que estaban moderadamente dañadas.
—Debemos de estar haciendo algo bien —comentó Kyp—. No nos quieren cerca de esa gran roca.
Otro par de escoltas entraron en el campo de visión, con popas brillantes al lanzar sus proyectiles. La popa del Sunulok era visible entre ellos como un oscuro disco del tamaño de un pulgar. Luke inició una táctica evasiva consistente en ascender y descender, y los proyectiles enemigos pasaban por encima y por debajo de él. Comprobó la pantalla táctica y se dio cuenta de que lo perseguían docenas de escuadrones procedentes del portacoralitas.
—Parece que habrá que mantener la maniobra todo el camino —dijo por el comunicador—. Nos separaremos por escuadrones y haremos pasadas rasantes sobre los cascos de las escoltas. Los Conmocionadores y la Docena por la izquierda y los Sables y los Caballeros por la derecha.
La orden fue recibida por un aluvión de clics del sistema de comunicación. Los cuatro escuadrones se separaron en grupos de dos. Luke guió a Sables y Caballeros por un ondulante camino hasta la escolta de la derecha y escapó por poco de un trío de bolas de plasma lanzadas a la desesperada. Luego condujo su Ala-X hasta situarse sobre los bancos de armas de la fragata y a casi dos metros estuvo de rozar el flanco casi desnudo del casco. Para su sorpresa, ambas escoltas continuaron atacando a los escuadrones pese a estar una frente a la otra, derrochando cada una tanta munición que R2-D2 tuvo que reforzar los escudos de partículas para repeler todo el coral yorik que les lanzaban.
—Danni, ¿seguro que el yammosk está en el crucero? —comunicó Kyp—. Porque por la forma en que actúan…
—Estoy segura. El yammosk está enloquecido. —La transmisión de Danni terminó con el siseo de la electricidad estática, antes de oírla gritar—: ¡Drif!
Luke no necesitó comprobar su pantalla de órdenes para saber que Saba había perdido a uno de sus pilotos Jedi. Sentía la muerte del barabel. Los Sables alcanzaron la proa de la fragata y él cambió el ángulo de descenso para cruzar ante la parte delantera de la nave enemiga, confundiendo a sus artilleros y situar al escuadrón para la maniobra de distracción.
Después, el altavoz del sistema de comunicación repiqueteó con un inmenso pulso de electricidad estática y un resplandor con el brillo de una nova iluminó el espacio detrás de Luke. Comprobó la pantalla táctica y vio cómo la escolta adyacente se desintegraba detrás de los Conmocionadores, envolviendo a la Docena de Kyp en fuego y restos y arrojando a los Ala-X en todas direcciones. Tres, cuatro, finalmente cinco símbolos correspondientes a cazas estelares explotaron en su pantalla, seguidos de los bombarderos y de dos pilotos más.
—Incursor —comunicó Corran—. ¿Incursor, estás ahí?
No recibió respuesta.
—¿Algún miembro de la Docena?
Nuevamente ninguna respuesta.
—Sólo circuitos fritos —dijo Rigard con optimismo—. Nosotros también hemos tenido una buena sobrecarga.
—Esperemos que sea eso —dijo Luke. Comprobó su pantalla y vio que seis de los escuadrones de coralitas que los perseguían se descolgaban para ir a por lo que quedaba de la Docena—. Miembros de la Docena, si podéis escuchar esto, estáis fuera de combate. Huid, si podéis, o apagad los sistemas y tratad de esconderos.
La orden fue contestada por un único y rasposo clic del sistema de comunicación. Luke sintió que Mara llegaba hasta él y le rogaba en silencio que dejase a un lado el abatimiento que le oprimía el estomago y se concentrase en la misión que tenía entre manos. Luke volvió al Sunulok y descubrió que la proa del análogo de destructor se agrandaba ante él, grande como un reptador jawa de las arenas y aumentando más y más de tamaño, con media de estaciones artilleras escupiendo plasma del tamaño de banthas.
—Armad un torpedo de protones —ordenó Luke—. Disparad a mi señal, después id arriba y preparaos para alejaros.
Para cuando el último clic le anunció que su orden había sido recibida, Luke perdía su segundo bombardero víctima de una de las grandes bolas de plasma, y los coralitas del Sunulok despegaban en masa de la parte inferior del destructor para entablar batalla contra los Ala-X.
—¡Listo, ya! —ordenó Luke.
El brillo azul de cincuenta motores iónicos llenó la oscuridad, convirtiéndose en un deslumbrante muro de círculos decrecientes. Los encargados de los escudos activaron los dovin basal, atrapando a más o menos un tercio de los torpedos de protones y obligando a los detonadores de proximidad a estallar a una distancia segura del Sunulok. Luke ascendió hacia lo alto del análogo de destructor y contempló con satisfacción cómo los demás torpedos alcanzaban su objetivo. Toda la popa se desprendió arrojando un muro de fuego y guijarros de coral yorik al paso de los Ala-X.
Confiando en la protección de sus escudos, éstos dispararon por entre los restos y acribillaron a al nave herida a lo largo de su columna. Luke continuó en línea recta durante quizá medio kilómetro, cambió bruscamente de dirección y se zambulló hacia el crucero pesado. R2-D2 lanzó un pitido de apoyo y mostró en pantalla un mensaje para Luke.
—Gracias, Erredós —Luke armó el resto de sus torpedos y bombas sombra—. Veinte segundos hasta el objetivo. Preparados para el ataque principal.
—Recibido —Corran estuvo en silencio durante un instante y luego dijo—: He pasado el mensaje. Buena caza.
Estaban a medio camino de su objetivo cuando un muro de fuego de turboláser de la Nueva República brotó del cúmulo principal de la agrupación de cometas y recortó brevemente la silueta de toda la flota yuuzhan vong. No parecía haber nada más amenazador que una inmensa extensión de negros asteroides con forma ovalada, pero Luke experimentó una terrible perturbación en la Fuerza, como si varios miles de seres de su propia galaxia fueran reducidos a sus átomos elementales.
Todo volvió a oscurecerse y un tenso silencio se adueñó de los canales de Eclipse. Aunque sólo la mitad de los pilotos y la tripulación eran sensibles a la Fuerza, los demás llevaban con los Jedi el tiempo suficiente como para poder hacerse una idea de lo que experimentaban sus compañeros.
Un momento después, la vanguardia de la flota yuuzhan vong respondió a la emboscada con una relampagueante tormenta de destellos carmesí y bolas de fuego. Los turboláseres de la Nueva República volvieron a disparar centelleantes, la Fuerza tembló con mil muertes más, y la batalla estalló en todo su horror.
Luke vio un par de fragatas acelerando para interponerse entre ellos y el crucero. Accionó la pantalla táctica y designó objetivo secundario a la más rezagada.
—Iremos a por ésta —dijo—. Susurros, ¿puedes tomar el mando?
—Será un honor —replicó la barabel.
Los Caballeros Salvajes se dispusieron en formación cerrada y avanzaron, mientras un aura dorada se formaba alrededor del bombardero de Saba. Las fragatas lanzaron sus coralitas y comenzaron a disparar a la brillante esfera luminosa, lo cual sólo la hizo ir más deprisa, ya que Izal Waz usaba la Fuerza para atrapar la luz. Cuando la esfera fue lo bastante grande, Luke alineó a los otros dos escuadrones detrás de ella, derribando coralitas a medida que intentaban llegar desesperadamente hasta la esfera dorada y abatir a los Caballeros Salvajes.
Tal como Danni había descrito que sucedió en Arkania, la fragata se alarmó tanto por la cercanía de la esfera que desvió contra ella una singularidad de los escudos. La bolabrillo se alargó bruscamente al quedar atrapada y aceleró por la gravedad del diminuto agujero negro.
—¡Suelta el bloque! —ordenó Saba.
Para cuando terminó de dar la orden, la bolabrillo ya era un ovoide dos veces más largo que grueso. Izal Waz dejó la esfera dorada y los Ala-X de los Caballeros Salvajes se desplegaron en abanico y dispararon los torpedos de protones. Los encargados de los escudos intentaban redirigir las singularidades, y no vieron el bloque de dos toneladas de duracero que acababa de ser acelerado a varios cientos de miles de kilómetros por hora. Más que explotar, la fragata desapareció de la existencia con un fogonazo, y las naves de Eclipse se encontraron descendiendo hacia su objetivos a través de una nube de polvo supercaliente.
Del crucero despegó todo un batallón de coralitas para interceptarlos. La nave misma abrió fuego con todas sus baterías, derramando constantes ráfagas de fuego de proa a popa, intentando desviar a los atacantes Ala-X para que así se enfrentaran a sus coralitas.
—Es hora de probar el nuevo sistema de localización de objetivos —dijo Luke—. Separaos en vuestros tríos protectores y vamos hacia el centro.
—Y no os olvidéis de los coralitas del portacoralitas que seguís teniendo detrás —dijo Corran. Luego sintonizó un canal privado y añadió—: Granjero, tienes que hacer bien esto a la primera. Escucha.
Hubo una pausa mientras Corran lo conectaba con el canal de emergencia civil. Un confuso balbuceo llenó la carlinga de Luke. Un momento después empezó a reconocer voces individuales y deseó no haberlo hecho.
—… sobre nosotros, por favor! Somos civiles de…
—… somos el Hutt Feliz con cinco mil refugiados…
—Corredor Meteoro, fuera…
—Seiscientos traspondedores se han encendido de golpe, Luke —dijo Corran—. Confirman lo que estás oyendo.
—Desde luego que sí.
Luke no necesitó más explicaciones para saber lo que estaba pasando. El Hutt Feliz era una de las naves de refugiados perdidas en la evacuación de Ralltiir, y estaba seguro de que una búsqueda en los registros también identificaría al Corredor Meteoro.
Los yuuzhan vong estaban usando las naves de refugiados como escudo, haciéndolas avanzar en vanguardia.
La unidad de coralitas del crucero del yammosk comenzó a disparar desde los límites de su alcance de tiro, sin duda para forzar a sus atacantes a decelerar y que los pillaran por detrás. En lugar de eso, los Ala-X y los bombarderos continuaron avanzando a la velocidad máxima de disparo.
Luke cortó la comunicación con Corran e hizo que R2-D2 activase su sistema de reconocimiento de objetivos suplementario. La retícula enmarcó rápidamente los pulsos gravitacionales de los dovin basal del morro de su objetivo. Apretó el gatillo, con los láseres a máxima potencia. Uno de los disparos se adelantó un milisegundo a los demás, directo al morro del coralita. Los demás divergieron en un radio de distancia y velocidad cuidadosamente calculados hasta que quedaron atrapados por la gravedad de los escudos del coralita que los desvió hacia sí mismo. El primer disparo se desvaneció en la singularidad, pero los otros tres convergieron a tres metros del primero, alcanzando al coralita directamente en el compartimento del piloto.
—Casi tan bueno como la Fuerza —dijo Luke.
Dos coralitas salían del campo de detonaciones que un momento antes había sido el destacamento de coralitas del crucero y situó la retícula de disparo sobre el de la izquierda.
—Ya está pillado —dijo Mara. Ella y Tam dispararon simultáneamente, un momento más tarde, ambos coralitas desaparecieron—. Lo siento, Granjero.
—Estás perdonada —dijo Luke.
El crucero, al haber sido eliminado en un abrir y cerrar de ojos todo su destacamento de coralitas, concentró su potencia de ataque en el vector de aproximación del enemigo. Sabiendo que una de sus grandes esferas de plasma podía acabar de un plumazo con uno de los tríos de Ala-X que se escudaban mutuamente, Luke ordenó que las naves formaran en abanico. En cuanto los pilotos obedecieron, un trío de Sables se evaporó en una llamarada y los Conmocionadores perdieron su último bombardero.
Pero ya tenían el crucero delante de ellos, un bloque de oscuro coral yorik de un kilómetro de largo con franjas llenas de abultadas baterías de armas. Con Mara a un lado y Tam al otro, Luke saltó y escoró durante una cuenta de tres, disparando los láseres cuádruples para arrancar crecientes nubes de fuego a la nave, dando tiempo al resto de sus pilotos para situarse en posición de tiro.
Finalmente, estuvieron situados.
—Disparad todo lo que tengáis, porque no volveremos por aquí.
Luke disparó los dos torpedos de protones que le quedaban en el compartimiento abierto y disparó tres más por el otro compartimiento, después soltó las bombas sombra almacenadas en el tercer lanzaproyectiles y utilizó la Fuerza para guiar su trayectoria. Vio a los primeros dos torpedos desvanecerse en la singularidad de los escudos y una bola de plasma que brotó de un nodulo de armas ante él, acercándose tan deprisa a esa distancia que apenas tuvo tiempo para maniobrar y esquivar su trayectoria, casi besando las ala de Mara.
—Muy cerca, Granjero.
Luke se apartó e hizo una mueca para su interior cuando ella hizo bajar su caza y un proyectil de magma rebotó en sus escudos.
—Mira quién habla —comentó Luke.
Después, los ataques menguaron hasta desaparecer, y por fin pudieron ver las llamas y restos que brotaban de las brechas y desgarros que habían causado en el casco las bombas sombra y los torpedos. En algunos lugares podían verse explosiones secundarias expandiéndose por secciones expuestas del interior, y las nubes de cuerpos y materiales que se derramaban al vacío. Luke deceleró tanto como se atrevía a hacerlo teniendo a los coralitas pisándole los talones, y apretó el gatillo del cañón láser, quemando sección tras sección del interior del crucero.
—Danni, ¿cuál es la situación del yammosk?
—Silencioso pero aún vivo.
Luke comprobó la pantalla táctica y localizó a los coralitas del portacoralitas todavía a treinta segundos de él.
—¿En qué parte de la nave? —preguntó Luke.
—Negativo, Granjero —dijo Corran—. Ya lo hablamos. Has tenido tu oportunidad, y ahora sal de ahí.
—¿En qué parte, Danni? —reclamó Luke.
—Ya han muerto muchos héroes, demasiados para dejar esto a medias —Luke verificó su pantalla táctica; veinte segundos—. ¿Dónde? ¡Ya!
—Prueba en la cubierta inferior, en el centro de la nave —dijo Danni—. No puedo estar segura.
—Haré un último disparo —Luke varió su ángulo de inclinación hacia la mitad de la nave y continuó decelerando—. Todos los demás, fuera.
—No mientras vivas —dijo Mara.
Ella y Tam deceleraron con él. Mientras el resto de la unidad se ponía a cubierto ellos volaban a lo largo del crucero, atravesando nubes de cuerpos y mirando en cada agujero viable.
—Granjero, tienes quince segundos para que tengas encima a todos esos coralitas —dijo Corran—. Y hay algo más.
Le conectó con el canal de Mando de la Flota.
—¡… alto el fuego! —gritaba la voz nasal de Sovv—. ¡El ejército de la Nueva República no mata a los suyos!
—No los estamos matando —respondió Garm Bel Iblis—. Son los yuuzhan vong quienes los matan. Nosotros intentamos disparar a su alrededor.
—Y fallando miserablemente, general —contestó Traest Kre’fey.
—¿Qué pasa con Coruscant? —replicó Garm—. ¿Qué ocurre con los Jedi? ¿Sabe cuantos pilotos han perdido para darnos esta oportunidad?
Corran desactivó el canal.
—Luke, los yuuzhan vong ya están saliendo del cúmulo de cometas. Y Traest prefiere replegarse y maniobrar a disparar contra el escudo de naves de refugiados. Garm no tardará en unirse a él si no quiere quedar aislado, y Wedge lleva un retraso de dos minutos respecto a lo previsto porque la batalla se desplaza hacia Coruscant…
Según al plan original de Sovv, Wedge debía ser el martillo que caería sobre el yunque que iban a formar Garm y Traest, sorprendiendo a los yuuzhan vong por su retaguardia y empujándolos para que cayeran en la emboscada.
—Wedge todavía podría sorprenderlos, si el yammosk está muerto —dijo Luke. Pudo sentir que Mara se sentía traicionada por la decisión de Sovv de no disparar contra los refugiados, pero Luke no estaba seguro. ¿Merecería la pena salvar a una Nueva República dispuesta a disparar a través de una flota de los suyos?—. Esto no se ha acabado todavía.
—Cinco segundos, Granjero.
Luke metió el morro de su Ala-X en una brecha situada justo debajo de una batería inactiva de armas y perforó dos cubiertas más, atravesando un mamparo sellado del que salieron succionados al vacío una larga ristra de asustados yuuzhan vong.
—¡Lo encontraste! —dijo Danni.
Mara y Tam unieron a él. Su potencia de fuego combinada bastó para abrir un agujero hasta el otro costado de la nave, y Luke vislumbró una criatura de muchos tentáculos expulsada por la brecha entre una nube de vapor congelado.
—Eso es…
La confirmación de Danni se disolvió en estática cuando la esfera de plasma de un coralita se disipó contra los escudos del bombardero. Una tormenta de disparos láser contestó de inmediato al ataque, pero lo último que pensaba hacer Luke era quedarse a luchar. Sacó al Ala-X de la brecha y descendió en picado.
—¡Nos vamos!
Luke los guió por debajo del crucero para ascender por el otro lado, forzando a los coralitas que tenían detrás a frenar o arriesgarse a acabar encontrándose con los Ala-X en la retaguardia. Sin el yammosk para coordinarlos, los coralitas estaban desorganizados. Algunos sobrevolaron la parte superior del crucero y otro sólo hicieron por debajo, mientras que unos pocos se detuvieron prudentemente al otro lado.
Luke suspiró en silencio, aliviado, y conectó el comunicador.
—Vamos a buscar a Wedge. Tenemos que repostar, rearmarnos…
—Y volver —dijo Saba. Sonó más ansiosa que determinada—. Todavía hay muchos yuuzhan vong para todos.