CAPÍTULO 14
Fue un viaje de cuarenta y dos segundos en turboascensor hasta la planta de los Solo en su torre residencial Puertoeste. Nunca cuarenta segundos le habían parecido tan largos. Leia extrajo su sable láser del estrecho bolsillo de su grasiento y sucio traje de vuelo y Han comprobó el nivel de potencia de su famoso BlasTech DL-44. Debido al discreto pero eficiente departamento de seguridad, Leia daba por hecho que habría un par de droides de vigilancia y un supervisor alerta, esperándolos con un escáner de retina cuando salieran del ascensor. Quizá aquello fuese lo mejor, si así Han no empezaba un tiroteo. Siempre es inteligente tener un pequeño apoyo en situaciones como éstas.
—¿Esta cosa no puede ir más rápido? —gruñó Han.
—No colocan compensadores de aceleración en los turbo-ascensores —recordó Leia—. Ten paciencia, Han. Seremos más útiles sin las rodillas en el pecho.
Han se mantuvo en silencio durante un momento y después preguntó:
—¿Adarakh dijo que estaban en camino o que ya se encontraban en el edificio?
—En nuestra planta —dijo Leia—. Dijo que ya estaban en nuestra planta.
* * *
Con sus raros ladalum rojos y su lechoso suelo de piedrolarmal, el atrio de los Solo parecía tan desierto y plácido como la primera vez que lo había visitado. En lugar de deambular con indiferencia, como había hecho entonces, Viqi Shesh se dirigió al callejón sin salida. Le seguía la amenazadora forma de toda una célula de infiltrados yuuzhan vong.
Vestidos con el mono azul del Departamento de Salud y llevando enmascaradores ooglith notablemente similares, los compañeros de Viqi parecían más una cuadrilla de asesinos que un equipo de control de plagas, pero eso no importaba mucho. Los droides no serían capaces de realizar el razonamiento necesario para interpretar como una amenaza esa extraña semejanza, ni habría centinelas alerta para notarlo. Diez minutos antes, Viqi había pasado por allí sin detenerse, lanzando un inofensivo silbido ultrasónico que había provocado que su sensibabosa se autodestruyera y liberase una nube de esporas inductoras del sueño. A partir de ese momento, todos en el apartamento de los Solo, incluido Ben Skywalker, debían estar pacíficamente dormidos.
Viqi casi había puesto los pies en el atrio cuando escuchó un inesperado murmullo a su espalda. Se dio la vuelta y vio cómo los infiltrados se desabrochaban los cuellos para poder llegar a los respiradores gnullith que llevaban ocultos bajo el mono.
—Todavía no, caballeros —intentando evitar que el sistema de seguridad identificase un rastro de tensión en su voz, Viqi habló con un escaso hilo de voz—. No queremos alarmar a nadie.
—Pero las esporas…
—Dejan de tener efecto después de cinco minutos, o al menos eso me han hecho creer —a Viqi no le agradaba mucho que su juicio fuera cuestionado por un subordinado varón—. Han pasado diez minutos.
—Se asientan en la superficie después de cinco minutos —corrigió el líder. Su nombre era Inko, Eagko o algo igual de extraño—. Si se vuelven a esparcir por el aire.
—Nos pondremos los respiradores cuando hayamos entrado, Inkle —Viqi empujó la mano del líder de vuelta bajo su mono y después señaló con un gesto hacia el servodroide GL-7 que esperaba paciente al otro lado de la puerta de cristacero—. Si el droide anfitrión ve aproximarse a un equipo de control de plagas con gnullith puestos, los guardias de seguridad de la torre estarán aquí abajo antes de que podamos cruzar el atrio. Hay que desactivarlo antes de que nos descubra.
El líder lo consideró durante un momento, después hizo una seña con la cabeza a sus guerreros y apartó la mano del gnullith.
—Ingo Dar —dijo—, me llamo Ingo Dar.
—Por supuesto —Viqi torció la mirada y se volvió hacia el atrio—. Sígueme, Ingo, y haz sólo lo que ordene.
Aunque Viqi iba a descubrirse como una de las más notables traidoras en la corta historia de la Nueva República, no se había preocupado por enmascarar ni su apariencia ni su voz. Un cuidadoso análisis de los datos de seguridad sería igual de efectivo aunque ella fuera disfrazada, y, por su espía en el departamento de seguridad, sabía que sería inútil cualquier intento de evitar las holocámaras y los micrófonos escondidos. Por otro lado, una parte de ella, una parte importante, quería que Luke Skywalker supiera quién se había llevado a su hijo. Nadie podía interponerse en el camino de Viqi Shesh y escapar a las consecuencias, ni siquiera el Maestro de los Jedi.
Por supuesto también habría consecuencias para ella. Se convertiría en una mujer perseguida, una traidora vilipendiada, y todo su planeta quedaría estigmatizado por su traición. Pero no durante demasiado tiempo, lo sabía a ciencia cierta. Desde que perdió su puesto en el CSMNR se las había arreglado para aumentar su valor ante el Maestro Bélico reclutando una red de espías que creían trabajar sólo para que ella recuperase el prestigio perdido. Ya había proporcionado al Maestro Bélico no sólo el secreto de las bombas sombra Jedi, sino las lecturas técnicas de los proyectores de gravedad a bordo del Mon Mothma y del Elegos A’Kla y la localización en el hiperespacio de las minas que la Nueva República había situado entre Borleias y Coruscant. Tsavong Lah sabía que ordenándole distraer a los Jedi de esta manera perdía la baza más valiosa de su aparato de Inteligencia. A Viqi sólo se le ocurría una razón para ese comportamiento.
Tsavong Lah iba a atacar Coruscant, y pronto.
Mientras Viqi se aproximaba a la puerta, el GL-7 giró su rostro sonriente hacia ella e hizo una demostración escaneando sus rasgos, aunque sabía que ya lo había hecho antes, a unos veinte metros, cuando ella había pisado el panel de presión a la entrada del atrio. Sonrió cálidamente y deslizó la mano dentro de su bolso de diseño para alcanzar el arma láser de dos cañones que llevaba escondida en su estuche de maquillaje antiescaneo.
—¡Senadora Shesh, qué amable por su parte visitarnos! —emitió el GL-7 con entusiasmo electrónico—. Trespeó me informa de que en este momento todos duermen en la casa, pero espera que se despierten en breve. Si a usted y a sus amigos no les importa esperar, les ofrecerá un refrigerio.
—¿Refrigerio?
No era el tipo de recibimiento que se esperaba Viqi, pero quizá la programación del droide no había sido actualizada desde su retiro como miembro del COSERE. Ciertamente, Leia Solo habría estado ansiosa por ofrecer una cálida recepción al senador que controlase los esfuerzos y recursos económicos de los refugiados. Dejando la pistola láser extensible en su bolso, Viqi dijo:
—Sí, un refrigerio estaría bien.
—Trespeó les espera —la puerta de cristacero se deslizó a un lado—. Por favor, disfruten de su visita.
Sólo su experiencia como política evitó la estupefacción de Viqi.
—Gracias, estoy segura de que lo haremos.
Viqi cruzó el umbral, esperando que los infiltrados que iban detrás de ella no estuviesen haciendo ninguna locura, como sacar los anfibastones que llevaban en la cintura, y se adentró en el vestíbulo: un atrio abovedado similar al precedente, aunque mucho más pequeño e incluso menos ostentoso. A la izquierda, una gran puerta doble se abría al balcón que daba a la línea del cielo de rascacielos, y donde un aerotrineo que les había proporcionado un popular vendedor de camas de aire les esperaba dos metros más abajo para permitirles una huida rápida.
El droide dorado de protocolo de los Solo surgió del interior del apartamento.
—Soy Trespeó, experto en relaciones humanas y cibernéticas.
—Toda la galaxia sabe quién eres, Trespeó —comentó secamente Viqi.
—Es muy amable por su parte decir eso, senadora Shesh. —C-3PO señaló a un conjunto de sillones tipo puf extendidos alrededor de una jardinera de ladalum—. La estábamos esperando. Por favor siéntense y tomaré nota de las bebidas para usted y sus amigos.
De hecho, el tono del droide era tan agradable que Viqi no se dio cuenta de lo que ocultaban sus palabras hasta que se dio la vuelta y desapareció al doblar la esquina. Al instante, los infiltrados comenzaron a buscar el gnullith bajo el mono, pero Viqi sacó la pistola láser de donde la tenía escondida y comenzó a gritar al droide:
—¡Trespeó! ¿Estabas esperándonos?
—Sí. ¿Por qué, senadora Shesh? —el droide reapareció al instante, sosteniendo en sus manos metálicas una delicada esfera de cristal vors salpicada por dentro con algún tipo de material orgánico—. Se me ha comunicado que esto le pertenece.
Todavía luchando por entender la situación. Viqi levantó su pequeña pistola láser hasta la cabeza del droide.
—Quédate quieto.
C-3PO se detuvo.
—¡Oh, Dios mío! —la esfera de cristal se resbaló de entre sus manos—. ¿Es esto realmente necesario?
Viqi tuvo tiempo suficiente para tomar aire antes de que la esfera se hiciese añicos contra las baldosas del suelo. Entonces, un pequeño alienígena de piel grisácea pasó junto al droide con una pistola láser de repetición T-21 sin que éste se diera cuenta. Notó que llevaba una máscara para respirar.
Viqi disparó hacia él y escuchó el golpe que hizo el primer infiltrado al caer al suelo. El alienígena disparó en su dirección, pero sin darle, y dos guerreros más se desplomaron.
Cuando cayó un cuarto, Viqi comprendió que la situación no tenía salida y emprendió la huida. No podrían derrotar al noghri aunque alguno de los yuuzhan vong permaneciera consciente el tiempo suficiente para ponerse el gnullith.
Las puertas deslizantes del balcón se abrieron automáticamente al llegar ella, y un segundo noghri se tiró al suelo. Viqi avanzó dos pasos más y desperdició el último disparo de su pistola láser contra él. Falló el tiro, naturalmente, pero obligó al alienígena a perder un instante en esquivarlo.
Ese instante era todo lo que Viqi necesitaba. Cruzó velozmente el balcón y saltó a ciegas la barandilla de seguridad.
Con algo de suerte, el aerotrineo estaría aún allí, dos metros más abajo.
* * *
Luke sentía el regazo extrañamente vacío sin Ben. En los más extraños momentos se sorprendía sosteniendo la mano delante de su vientre y apartando un poco el codo del cuerpo, balanceándose y canturreando suavemente. A veces, como ahora, hasta notaba calidez en las costillas allí donde su hijo se apretaba contra ellas, o que el aire era dulce, con el olor a leche que exhalaba Ben.
Percibiendo un repentino silencio en el ambiente, Luke buscó con la mirada a las tres mujeres de la habitación: Mara, Danni y Cilghal, que lo observaban con sonrisa cómplice. Sintió que se ruborizaba y supo que no tenía sentido negar que sus pensamientos estaban en otro lugar.
—Bien, nada más parecía funcionar —se encogió de hombros y sonrió avergonzado. Después miró a través del ventanal de transpariacero hacia la masa de tentáculos que se retorcían en el depósito de nutrientes—. Pensé que podíamos probar también con música.
—Seguro, Luke —dijo Mara—, estoy segura de que a los coordinadores de guerra yammosk les cautivará Baila, baila, pequeño ewok.
—¿Por qué no? —dijo Cilghal—. Funciona tan bien como cualquier otra cosa que hayamos probado. Sabemos que se comunican por modulaciones gravitacionales, pero debe de haber algo en el patrón de onda que se nos escapa. Nada de lo que hemos intentado nos ha servido.
—¿No sirve o él se niega a reaccionar? —dijo Luke, estudiando la criatura más de cerca—. Seguimos hablando de los yammosk como si fueran animales, pero no estoy seguro de ello. ¿Y si no quieren responder? Si son lo suficientemente inteligentes como para dirigir una batalla.
—Desde luego que son lo suficientemente inteligentes para no querer ayudarnos —dijo Danni. Negó con la cabeza cansinamente—. Por cada paso que damos hacia delante…
El comunicador de Luke sonó, después el de Mara.
Ella fue primero a por el suyo.
—Aquí Mara.
—Todo va bien, pero Leia cree que deberías saber que acabamos de tener una pequeña escaramuza —la voz de Han sonaba muy baja y rasposa, como resultado de dividir entre dos comunicadores la transmisión del centro de comunicaciones de Eclipse. Luke apagó el suyo y la voz sonó más como la de Han—. No hay nada por lo que preocuparse.
Luke y Mara se miraron el uno al otro, después Mara preguntó:
—¿A qué te refieres con que no hay nada por lo qué preocuparse? Si no hubiera algo de lo que preocuparse, ¿dirías que no hay nada por lo que debamos preocuparnos?
—Viqi Shesh nos ha hecho una visita —dijo Leia—. Vino con una cuadrilla de infiltrados.
—¿Van a por Ben? —preguntó Luke.
—Eso parece —dijo Han—. Adarakh y Meewalh los sorprendieron en el vestíbulo. Los yuuzhan vong están muertos o camino de una instalación de interrogatorios del Servicio de Inteligencia de la Nueva República.
—¿Y Viqi? —preguntó Mara.
—Saltó por el balcón —dijo Leia.
—No cayó muy lejos —añadió Han—. Tenía un trineo de transporte una planta más abajo. Inteligencia lo está rastreando.
—No llevará mucho tiempo encontrarla —se apresuró a añadir Leia—. En una hora cada escáner de voz de Coruscant estará intentado rastrear su huella.
Luke y Mara volvieron a mirarse el uno al otro, entonces Mara se encogió de hombros.
—¿Quién dijo que yo estaba preocupada? —preguntó Mara—. Si hay alguien en la galaxia que sepa cómo tratar con secuestradores, esos son Han y Leia Solo.
Eso arrancó una sonrisa a Han y Leia, que ya habían perdido la cuenta de las veces que habían secuestrado a sus hijos.
—Pero vosotros seguid así —ordenó Mara—. Nada de ocultarme que vais en misiones de reconocimiento secretas cuando se supone que estáis vigilando a mi hijo.
—Te tomo la palabra —dijo Han—. Me vendrá bien pasar un rato tumbado en el sofá.
Tras cortar la comunicación, Luke todavía podía sentir que Mara se resistía de forma persistente a descansar. Esperó a que estuvieran en el gélido pasillo, donde el sistema de calefacción de Eclipse volvía a funcionar por debajo de sus especificaciones. Mara miró a ambos lados y se abrochó el termotraje hasta el cuello.
—No es fácil estar aquí —dijo él—. No con los yuuzhan vong yendo a por Ben en Coruscant.
Mara esbozó una sonrisa.
—Justo ahora, que estaba todo tan tranquilo…
—Podrías tomarte algunos días. A Ben también le gustaría ver a su madre.
—Y a su madre verlo a él —dijo Mara. Se quedó callada, reflexionando, después negó con la cabeza—. Pero también quiere protegerlo y la única manera de hacerlo es mantener a los yuuzhan vong lejos de Coruscant. Con todos esos convoyes de refugiados desapareciendo entre Ralltiir y Rhinnal, esto no es sólo tranquilidad.
Luke asintió.
—Yo también lo siento así —le cogió la mano y ambos se dirigieron hacia los hangares, donde Corran Horn quería enseñarles un sistema de localización de objetivos que estaban insertando en los XJ3S—. Esto es la oscuridad antes de la nova.