CAPÍTULO 2
Con su rostro demacrado, los labios finos, la nariz muy rota y un plaeryin bol negro que miraba desde una cuenca ocular reestructurada, Nom Anor era el yuuzhan vong más reconocible de la galaxia, al menos para un Caballero Jedi. La criatura emplumada que saltaba a su lado era algo muy distinto. Se movía sobre patas con las articulaciones invertidas que le llegaban hasta algo más arriba de la cintura, tenía orejas largas, antenas con forma de sacacorchos y delicados bigotes que bordeaban una ancha boca de simio. Jacen nunca había visto una criatura así pero, a pesar de eso, tenía la imposible sensación de que debía conocerla.
La cosa se detuvo a medio camino de su destino, la rampa donde Ganner había insultado sin querer a los yuuzhan vong de la nave de rescate, y giró la cabeza hacia él. Le miró directamente, aunque lo hacía a través de dos capas de membrana de ventana y a doscientos metros de distancia. Permaneció inmóvil, con la vista fija el tiempo suficiente para provocarle un escalofrío, entonces sonrió ladinamente y se alejó aleteando para unirse a Nom Anor.
—¡No puede habernos visto! —susurró Ganner al lado de Jacen. Pero pese a su afirmación se apartó para esconderse aún más en la sombra—. Debió de mirar hacia aquí por casualidad.
—Notó nuestra presencia —dijo Jacen, bajando los electrobinoculares—. Más que eso, notó nuestra aprensión.
No añadió que la criatura lo había hecho a través de la Fuerza. La sorpresa que emanaba de Ganner sugería que también había llegado a la misma conclusión.
—¿Qué os pasa a vosotros? —preguntó Jaina, uniéndose a ellos en la entrada—. ¡Os percibo como si hubierais oído la voz del Emperador! No me digáis que os asustan unos pocos yuuzhan vong.
—Son algo más que unos pocos —Jacen le pasó los electrobinoculares a su hermana. Percibía sus emociones de forma extrañamente inconexa, como solía pasarle cuando el combate era inminente, pero no podía criticar su actuación. Cuando los insectos aturdidores empezaban a volar, siempre era la Jedi más segura y más equilibrada de todo el grupo de ataque. Jacen ignoró la compañía de guerreros yuuzhan vong que formaban ante la lanzadera de Nom Anor y señaló a la cosa pájaro—. Pero lo que me preocupa es la mascota de Nom Anor. Creo que me ha tocado con la Fuerza.
Jaina estudió a la pequeña criatura.
—¿Estás seguro?
—Seguro, no —aclaró Jacen—, pero sí convencido.
—Y yo —añadió Ganner—. Esa sonrisa…
—Umm —Jaina frunció el ceño pensativa—. ¿No te recuerda a nadie las plumas?
—No dejo de pensar que debería —repuso Jacen—. Pero nunca he visto un ser así.
—Perdona, olvidaba que hoy en día el Servicio de Inteligencia de la Nueva República no informa de nada a tío Luke. En el Escuadrón Pícaro hemos visto algunos hologramas muy interesantes. Ésa es Vergere.
—¿Vergere? —dijo Jacen con un sobresalto.
Había estado implicada en uno de los primeros intentos yuuzhan vong de asesinar a los Jedi, pero también había sido quien entregó a su padre las lágrimas curativas que hicieron remitir la enfermedad de Mara. Los Jedi seguían discrepando si Vergere era amiga o enemiga, una simple mascota de la asesina o una agente por derecho propio.
—O es Vergere, o es otra criatura como ella —dijo Jaina—. Y si te ha tocado con la Fuerza, podemos asumir que era algo más que la mascota de la asesina.
Ganner asintió.
—Fue ella la que nos señaló a la asesina.
—Yo no estoy tan seguro —dijo Jacen—. Si ella era parte del complot, ¿por qué le salvó la vida a Mara? ¿Por qué no ha dado la voz de alarma sobre nuestra presencia?
—Igual estamos equivocados —sugirió Ganner—. Igual no nos ha sentido.
—Yo la he sentido a ella —insistió Jacen.
Su discusión se vio interrumpida por la llegada de Anakin y el resto del grupo de asalto. Con ellos iban Welk y Lomi, los dos Jedi Oscuros, ahora vestidos con su propia armadura oscura y envueltos en los vendajes bacta de Tekli. A Jacen le avergonzó descubrir que deseaba que su grupo hubiera conocido la identidad de la pareja antes de que su hermano decidiera salir en su rescate; estaba seguro de que lo habrían intentado de todos modos, pero después de acabar con la reina voxyn.
Ganner le pasó a Anakin los electrobinoculares en el momento en que Nom Anor y Vergere llegaban a su destino. El desarmado yuuzhan vong que antes había retado al grupo de asalto apareció en la rampa y se puso a hablar con Nom Anor. Cuando Vergere intervino para hacer un comentario cortante, se envaró y la saludó llevándose el puño al hombro y la incluyó en la conversación.
Anakin dirigió los electrobinoculares hacia las tropas formadas ante la lanzadera de Nom Anor.
—¿Cuántos…?
—Demasiados para combatirlos —respondió Jacen.
Anakin lo ignoró y miró a Ganner. Más decepcionado que irritado por su gesto, Jacen se tragó el orgullo y guardó silencio.
Después de todo, su hermano había pedido información, no consejos.
—He contado ciento cuatro guerreros —dijo Ganner—, probablemente tres pelotones y un oficial supervisor.
La expresión de Anakin permaneció inmutable, pero Jacen sintió en él una oleada de ansiedad. El primer plan ya había fallado, y el segundo se estaba desmoronando. Hizo lo que pudo para silenciar la aprensión de Anakin e impedir que afectara a los demás a través de la fusión de combate.
Lomi se situó al lado de Anakin.
—Podemos escapar por el campo de entrenamiento. Tiene una salida que da al laboratorio.
Jacen vio que Welk palidecía, y sintió su terror gracias a la Fuerza.
—¿Qué es el campo de entrenamiento? —preguntó Jacen.
—Es donde los yuuzhan vong enseñan a los voxyn a cazarnos —explicó Lomi. Entrecerró los ojos, claramente molesta por ser interrogada—. Será peligroso, pero menos que el espaciopuerto.
—Y conocemos el terreno mejor que los adiestradores —dijo Welk. Pese a su miedo, estaba dispuesto a apoyar a su Maestra, quizá porque le daba más miedo que los voxyn—. Los voxyn no serán ningún problema, no para la mayoría de nosotros.
—A no ser que los estudiantes de Skywalker no estén a la altura de su reputación —se burló Lomi con una sonrisa desdeñosa—. Tú decides, joven Solo.
—Nuestra reputación es merecida —repuso Anakin.
El yuuzhan vong sin armadura señaló a Nom Anor los calabozos donde se escondía el grupo.
—No creo que le esté diciendo dónde encontrar la cabina de aseo —dijo Ganner—. Las cosas se ponen peligrosas.
—Peligrosas no, sólo interesantes —replicó Anakin. Se apartó de la entrada e hizo señas a Lomi para que se internara más en la guarida de detención—. Tú delante.
—¿Qué estás haciendo, Anakin? —le dijo Zekk yendo tras él.
Jacen hizo lo que pudo por amortiguar la alarma e indignación que entraban en la fusión de combate, pero los sentimientos de Zekk eran demasiado potentes. Se derramaban sobre todo el grupo, despertando enemistad y resentimiento en Raynar y Eryl, y algo más letal en los barabeles.
Anakin miró la fosa de aterrizaje, donde Nom Anor y Vergere saludaban a sus tropas.
—Nunca conseguiremos rodear el espaciopuerto. Hay que seguir a Lomi por la zona de entrenamiento.
—¡Es una Hermana de la Oscuridad! —continuó Zekk—. No puedes confiar en ella… ¡Ni siquiera deberías llevarla contigo!
—No tenemos otra elección, Zekk —dijo Jacen. Le alegraba tener una oportunidad de apoyar a su hermano, quizá eso haría que Anakin le perdonase por su error a bordo del Muerte Exquisita—. Abandonarlos aquí sería lo mismo que matarlos.
—Peor —dijo Lomi, guiándoles más allá de las celdas de detención—. No creo que tengáis sables láser de sobra, pero quizá sí una pistola.
—He dicho que os necesito, no que me fíe de vosotros —dijo Anakin.
—Como desees —repuso Lomi con una sonrisa astuta.
Dobló por un pasillo tan cubierto de árboles de ysalamiri que a Jacen le pareció estar viajando por la selva de Yavin 4. La fusión de combate se interrumpió brevemente cuando entraron en una región donde los ysalamiri no habían olido la cápsula de feromonas, y el pasillo desembocó en un conducto de coral yorik tan estrecho que hasta Tekli tuvo que moverse de lado. De no haber estado las paredes cubiertas por una manta resbaladiza de rocío, Lowbacca no habría podido pasar en absoluto.
El final del conducto daba a un bosque bastante despejado formado por árboles de olor amargo, copas caídas y hojas con forma de cuchillo. Jacen vio, entre el fino follaje, que habían entrado en un gran corredor semejante a un desfiladero, de quizá cien metros de ancho y la mitad de profundidad, con un «cielo» de luminoso liquen pegado al techo, encima de las copas de los árboles.
Lomi se detuvo allí.
—Tened las armas a mano. Los adiestradores estaban entrenando a una manada cuando llegasteis y nos sacaron de aquí a toda prisa. Los voxyn podrían estar en cualquier parte.
Jacen miró hacia atrás. A la estrecha garganta de coral yorik.
—¿Por qué no en las celdas de detención?
—Los hongos les impiden agarrarse a las paredes y el pasadizo es demasiado estrecho para que pasen.
Se detuvieron lo suficiente para que Lowbacca y Ganner plantasen dos minas de detonita en el pasillo, y continuaron adelante. Jacen reestableció la fusión de combate y le sorprendió la discordia del grupo. Las emociones estaban a flor de piel con todos los acontecimientos en contra y los nervios por una posible emboscada voxyn.
Lomi guió al grupo de asalto por el sendero y en un cruce que Jacen no había visto bajó por un pasillo. Los árboles se volvieron más oscuros y densos, con ramas envueltas en largas barbas de tembloroso musgo. Apenas habían dado cincuenta pasos por esa zona cuando detrás de ellos sonó un estallido amortiguado, seguido por el rugido acolchado de una piedra al caer.
—Detonación de mina confirmada —informó 2-4S—. Número de bajas no disponible.
—Dinos algo que no sepamos —dijo Tahiri.
Lomi les hizo doblar por varias esquinas más. Los comentarios de Tahiri se volvieron más frecuentes a medida que el bosque se espesaba y oscurecía más y más. Dos coralitas volaron sobre ellos, giraron justo debajo del techo y descendieron hacia la copa de los árboles.
—Presencia detectada —alertó 2-4S.
Lomi guió al grupo por una zona pantanosa con árboles de tronco escamoso que sobresalían del agua verde.
—Dos-Cuatro-Ese, asegura el cruce —ordenó Anakin.
—Afirmativo —respondió el droide.
Apenas habían chapoteado en el pantano un centenar de veces cuando el sonido del cañón láser del droide reverberó por el desfiladero.
—Nave de vanguardia destruida —informó 2-4S por el comunicador.
Los disparos continuaron un segundo más hasta que se les unió el rugiente siseo de un volcán de plasma. Jacen atisbo por entre las copas de los árboles el oscuro disco de un coralita dirigiéndose de lado hacia la entrada del desfiladero, de su vientre brotaba un abanico de niebla negra.
—¡Las máscaras respiradoras! —gritó.
La mayoría de los miembros del grupo ya se estaban poniendo las máscaras, pero los dos Jedi Oscuros sólo pudieron mirar impotentes a los demás. Lomi se volvió hacia Anakin con una mano extendida.
—Necesito una máscara.
—Contén el aliento —dijo Zekk en tono desagradable.
—¿Y quién nos guiará si ella cae? —preguntó Alema.
La twi’leko le tiró su propia máscara usando la Fuerza para que cayera en manos de Lomi, y a continuación se oyó, proveniente del cruce, el rugido de los cohetes propulsores de 2-4S. Jacen volvió la vista para ver al droide elevándose del pantano en una columna de fuego amarillo, disparando al morro del coralita con todos los sistemas de armamento. El piloto enemigo replicó con dos bolas de plasma al pecho. CYV 2-4S desapareció en una bola de fuego blanco, pero aun así se las arregló para lanzarse contra el coralita y conectar sus cargas autodestructoras.
Coralita y droide se desintegraron a la vez en un fogonazo de luz. La visión de Jacen se moteó y la onda de choque lo tiró de espaldas contra el agua. La mano fuerte de Tenel Ka le ayudó a levantarse. Tras incorporarlo, ella le dijo algo que no pudo oír por el zumbido de sus oídos, pero cuyo sentimiento pudo reconocer a través de la fusión de combate: La máscara respiradora no le serviría de nada colgando de su mano.
Jacen se la ajustó, algo más que alterado por la aniquilación de 2-4S. El droide no sólo había sido un camarada valioso y respetado, sino que su destrucción y la de 2-1S dejaban al grupo de asalto sintiéndose mucho más expuesto, como si su protector hubiera desaparecido y los hubiera dejado para que se las arreglaran solos.
Cuando dejó de ver motas, Jacen pudo distinguir una nube de grasiento humo desplazándose hacia ellos por el desfiladero. Bajo ella flotaba la misma niebla oscura que liberaba el coralita cuando 2-4S la destruyó. Se volvió para avisar a los demás y se encontró con Anakin haciendo señas al resto para que siguiera adelante, y entonces sintió la agitación familiar de un voxyn en alguna parte delante de ellos.
—¡Sangre de Sith! —Tahiri empuñó el sable láser con una mano y la pistola en la otra—. ¿Cuándo nos saldrá algo bien?
Un bosque de sables láser cobró vida.
—Seguid moviéndoos, mantengámonos delante de esa niebla hasta que se disipe.
Los barabeles se insertaron los micrófonos para los oídos, se dejaron caer sobre el vientre y se deslizaron por el agua, propulsándose con las gruesas colas. El resto del grupo se puso sus propios micrófonos y vadeó el agua siguiendo a los compañeros de nido; unos empuñando las pistolas láser, otros el sable y algunos ambas cosas.
Apenas habían recorrido veinte metros cuando un sonoro ronroneo se abrió paso por entre los árboles de delante, y Jacen sintió un estallido de sorpresa en Bela.
La barabel saltó del agua como un cohete, pegando el cuerpo contra el tronco de un árbol cercano y empezando a trepar hacia la copa. Tras ella apareció el morro plano de un voxyn, abriendo los labios para escupir ácido. Un granizado de disparos láser convergió en la cabeza de la criatura. Muchos dieron en sus escamas y rebotaron inofensivos, pero varios más quemaron o se enterraron en el tejido blando de alrededor de los ojos y las ranuras de los oídos. Ganner y Alema saltaron hacia delante y cortaron la humeante cabeza con el sable láser, dejando que el muñón del cuello desapareciera bajo la superficie del agua.
—¡Lo encontré! —gritó Bela, dejándose caer de vuelta al pantano.
Los tres barabeles rompieron en un ataque de siseos dentro de la máscara respiradora. Entonces la cortina de niebla les alcanzó y gotitas de vapor negro empezaron a fundirse en el agua.
—Alema, Welk, ¡al agua! —gritó Jacen.
Alema ya estaba bajo el agua para cuando terminó de gritar, pero, al no ser parte de la fusión de combate, Welk fue más lento. Miró a su alrededor, confuso por un momento, se dio cuenta de lo que pasaba y se tiró bajo el agua, sólo para salir a la superficie segundos después, inmóvil y flotando boca abajo.
Lomi usó la Fuerza para llevarlo hasta donde estaba ella y lo sostuvo por encima del agua mientras Tekli lo examinaba.
—Su respiración es regular —dijo la chadra-fan—. Creo que sólo está…
Interrumpió la frase al experimentar, como todos los demás en la fusión de combate, un repentino ataque de pánico proveniente de Alema.
—¿Crees que…? —preguntó Lomi, sin saber lo que sentían los demás—. Se recuperará, o estoy…
La interrumpió el chisporroteo del líquido convirtiéndose en vapor cuando Alema conectó el sable láser bajo el agua. La twi’leko saltó del agua envuelta en una nube de vapor, usando la Fuerza para saltar hacia atrás en el aire sobre Ganner.
—¡Otro voxyn! —gritó Alema, señalando—. Me pilló por… la…
Sus ojos se cerraron antes de que terminase de hablar, y cayó en el agua de espaldas. Ganner y Bela encendieron el sable láser y empezaron a retroceder de espaldas, golpeando el agua mientras se movían. Jacen se concentró en silenciar los pensamientos negativos del grupo y en mantener eficiente la fusión de combate, mientras Anakin usaba la Fuerza para levitar a Alema fuera de todo daño y dirigirla hacia Tahiri.
—Llévatela —Anakin señaló hacia atrás, al turbio bosque donde les habían encontrado los coralitas—. Llévate a Lomi y a Tekli y espéranos en terreno seco.
—¿Yo? —Tahiri dejó que la twi’leko se medio hundiera en el agua antes de usar la Fuerza para mantenerla flotando—. ¿Por qué tengo que ser yo quien…?
—Porque Anakin te lo ha ordenado —dijo Jacen. Alargó una mano hacia el lugar donde había caído Alema y sacó su sable láser del agua, poniéndoselo a continuación en la mano de ella—. No es momento para celos, Tahiri.
—No estoy celosa —saltó Tahiri—. Es que no me gusta que me aparten como si fuera una cría.
Tras decir esto, hizo una señal a Lomi y a Tekli, cogió a Alema y se retiraron desfiladero arriba. Jacen activó su propio sable láser y se dirigió hacia los demás que seguían buscando a los voxyn, pero vio a los barabeles desplegándose por el canal con un puñado de granadas de concusión y se dio cuenta de que su idea era mucho mejor.
—Todo el mundo atrás —ordenó Anakin, aprobando el plan incluso antes de que lo sugirieran los barabeles—. Cuidado con esos árboles, no queremos que caigan encima de nadie.
Los barabeles empezaron a arrojar las granadas en tríos simultáneos, empezando por la mayor distancia que supusieron que podían haber recorrido los voxyn, para luego ir acortando. Jacen sentía un impacto en las piernas cada vez que una columna de agua saltaba al aire. En el segundo lanzamiento, tres voxyn asomaron a la superficie, flotando con ojos vidriosos y oídos ensangrentados. Ganner y Lowbacca usaron el sable láser para rematar a las aturdidas criaturas.
—Y van cuatro —Anakin desactivó su sable láser—. La jauría entera.
—Quizá, pero sería mejor asegurarse —dijo Tenel Ka, mirando en dirección a Jacen—. ¿Sientes alguno más?
Jacen buscó intentando localizar alguna criatura más. Necesitó un momento, pero al final localizó un grupo grande de presencias a varios centenares de metros desfiladero arriba.
—Hay más —informó—. Media docena, por lo menos. Parecen aturdidos y temerosos.
—Bien —dijo Tenel Ka—. Entonces nos darán tiempo para ir en dirección contraria.
Anakin asintió y el grupo de asalto dio media vuelta. A veinte metros del cruce, encontraron a Tahiri y las otras corriendo hacia ellos.
—¡No! ¡Hay que ir por aquí! —Tahiri señalaba hacia donde estaban los voxyn—. ¡Nom Anor y su pájaro vienen hacia aquí con cien yuuzhan vong!
—¿Y qué más? —se quejó Raynar. Se golpeó la frente con la mano y se la pasó por los rubios cabellos—. ¿Queda algo más que pueda salir mal?
Zekk miró a Lomi, y se apartó negando con la cabeza como diciendo que lo que les pasaba era consecuencia de tratar con Jedi Oscuros. Jacen se dio cuenta de que, en cuanto pudiera, debería hablar con él sobre el impacto que tenía en la fusión de combate, pero Anakin pareció ignorar el creciente fatalismo que se apoderaba del grupo de asalto.
Anakin pareció no oír a Raynar y posó una mano en el hombro de Tahiri mientras sonreía al estilo de los Solo.
—Eso no es problema.
Lowbacca rugió una pregunta, que Eme Tedé tradujo con casi precisión como:
—El amo Lowbacca desea preguntar si te has vuelto loco.
—Eso ya pasó hace mucho —respondió Jaina, sin reírse—. Y si está pensando en lo que yo estoy pensando, es lo bastante loco como para que pueda funcionar.
Jacen acudió a su hermana, buscando compartir con los demás la chispa emocional positiva de la que parecían nacer sus palabras, pero sólo descubrió el mismo embotamiento en combate de antes.
—¿En qué estás pensando? —preguntó, procurando que no se le notase la preocupación.
—En una emboscada —dijo Jaina.
Anakin asintió y señaló cuatro árboles a su alrededor.
—Ésta será nuestra zona de emboscada. Sorprenderemos a los yuuzhan vong por detrás y les dispararemos desde lados contiguos, disparándoles desde lo alto por detrás y por abajo desde un lateral.
La fusión de combate seguía siendo lo bastante cerrada como para que no tuviera que decir más. Los encargados de disparar corrieron a sus puestos asignados, los humanos dispersándose en el agua a lo largo de la pared del desfiladero, mientras Lowbacca subía a los árboles a Jovan Drark y los barabeles se dispersaban por el canal. Tekli empleó la Fuerza para levitar a Alema y Welk a árboles que estaban fuera de la zona de emboscada. Jacen se situó justo en la esquina del ángulo, donde estaría lo más cerca posible de todos en la fusión de combate.
Lomi se acercó a Anakin, que estaba parado en el agua a cinco metros de Jacen.
—Muy impresionante, joven Solo. ¿Dónde quieres que me ponga yo?
—A un lado. Sigues desarmada.
—Un Jedi nunca está desarmado, Anakin —repuso ella con una sonrisa sarcástica—. ¿Prefieres que use un láser o el Lado Oscuro?
Anakin suspiró y usó el comunicador para pedirle a Lowbacca que le pasara el cinturón de granadas y el rifle G-9 de Alema.
—¡No puedes hacer eso, Anakin! —protestó Zekk, gritando tanto que Anakin pudo oírlo incluso sin el comunicador.
—Eso no lo decides tú, Cazarrecompensas —dijo Anakin—. La cosa puede ponerse fea y tiene derecho a defenderse.
—Dile que Welk y yo prometemos no usar el Lado Oscuro mientras estemos armados —dijo Lomi, con una sonrisa desdeñosa—. Esto debería tranquilizarle.
Anakin le transmitió el mensaje.
—Supongo que lo siguiente será incluirlos en la fusión de combate —repuso Zekk con sarcasmo.
Por el canal de comunicaciones les llegó un chasquido de advertencia y los Jedi humanos se sumergieron en el agua del pantano, recurriendo al oxígeno de las máscaras para respirar. No tardaron mucho en sentir la tensión de los que estaban en los árboles que veían acercarse al enemigo, aunque esa sensación se veía superada por los reparos que sentían Zekk y algún otro por tener entre ellos a un Jedi Oscuro armado. Aunque Jacen tampoco estaba especialmente contento con la situación, era un alternativa preferible a que recurrieran al Lado Oscuro. Hizo lo que pudo por subordinar el resentimiento de Zekk y mantuvo las emociones de los demás centradas en lo que tenían entre manos, pero la discordia perjudicaba su efectividad en combate. Podía notarlo.
Por fin llegó a sus oídos bajo el agua, el débil chapoteo de los yuuzhan vong, y una erupción de alegría proveniente de los barabeles hizo saber a todos que era el momento de atacar. Jacen salió despacio del agua y vio una masa de guerreros enemigos moviéndose entre los árboles con demasiada tranquilidad, aparentemente convencidos de que ni siquiera los Jedi atacarían estando en una desventaja de más de cinco a uno.
Era obvio que no habían investigado a la familia Solo. Jacen armó la granada de fragmentación que tenía en la mano y la arrojó en medio de los todavía desprevenidos yuuzhan vong, luego levantó los repetidores láser T-21 y abrió fuego.
Los yuuzhan vong reaccionaron como los guerreros entrenados que eran. No se asustaron ni se sumieron en una confusión impotente, ni siquiera mientras el pantano estallaba con metralla y caían disparos láser por todas partes. Los oficiales empezaron a ladrar órdenes, y fueron prontamente abatidos por la «carabina», el letal rifle de francotirador de Jovan Drark. Jacen atisbo a Nom Anor gritando a un villip de hombro cerca de la retaguardia de la compañía y le apuntó con su G-9, pero no consiguió animarse a disparar, al menos no al instante. Una cosa era atacar a un enemigo impersonal en la necesidad de la batalla y otra muy distinta asesinar a un enemigo tan despreciable. Jacen había aprendido en Duro, cuando se vio obligado a actuar para impedir que Tsavong Lah matara a su madre, que un Jedi era libre —no, tenía la obligación— de proteger a los demás del mal. Pero apuntar a una persona específica movido por la ira seguía pareciéndole un asesinato, y usar la batalla como excusa para cometer un acto tan siniestro el sendero del Lado Oscuro.
Antes de que pudiera resolver el conflicto, Vergere salió desde detrás de un árbol y se situó entre Jacen y su objetivo. Jacen alzó el arma, enfocando la mira en la cabeza de Nom Anor. Vergere le miró con sus ojos rasgados, sus miradas se cruzaron y cogió al Ejecutor para ponerlo a salvo tras un árbol. Jacen apretó el gatillo y vio como su disparo atravesaba inofensivamente el pantano, antes de desviar el cañón para volver a apuntar su arma hacia el grueso del combate.
Con los oficiales muertos y las armaduras de cangrejo vonduun estallando a su alrededor, los guerreros yuuzhan vong buscaron refugio bajo el agua. Alguien dijo «concusión» por el comunicador y Jacen dejó de disparar para coger una granada del cinturón, y entonces se dio cuenta de que no sabía quién había hablado. Era evidente que la fusión de combate se estaba resintiendo.
—Dos segundos de demora —comunicó Anakin—. Armadlas.
En el tiempo que Jacen necesitó para armarla con el pulgar, los yuuzhan vong empezaron a reagruparse, y al menos dos docenas empezaron a salir del agua cubriéndose tras árboles o troncos caídos.
—Lanzadlas.
Jacen arrojó su granada al centro de la zona de emboscada al igual que todos los demás, luego alzó el láser y volvió a disparar. La superficie del pantano se combó hacia arriba, y muchos yuuzhan vong aparecieron flotando, sangrando por ojos y oídos, mirando al cielo sin ver.
Chorros constantes de insectos aturdidores empezaron a zumbar desde detrás de los árboles tras los que se escondían los supervivientes, y Jacen oyó gemir a varios Jedi al encajar los impactos con sus monos blindados. En alguna parte más abajo, un sable láser cobró vida, y Ganner avanzó, derribando insectos del cielo.
—¡Ganner! —le gritó Anakin por el comunicador—. ¿Qué haces?
—No podemos dejar que nos localicen —replicó.
Lomi avanzó también, moviendo y girando el cuerpo mientras esquivaba los insectos aturdidores, llenando el aire con los brillantes fogonazos de su láser a medida que desintegraba insectocortadores. Su avance como mínimo impresionó a los yuuzhan vong, que empezaron a concentrar el fuego en ella.
—¡Espera! —dijo Jacen por el comunicador. No tenía ninguna duda de que podían atacar en masa y barrer a la patrulla, pero no creía que pudieran hacerlo sin tener bajas—. Puedo liquidarlos —sintió que en la mente de Anakin se formaba una pregunta, y se explicó—. Los voxyn, creo que puedo utilizarlos.
—¿Crees? —preguntó Anakin.
—Puedo —le aseguró Jacen.
Anakin dudó un momento.
—Adelante, intentémoslo.
Ganner y Lomi retrocedieron para ponerse a cubierto, y Jacen buscó a los voxyn que había sentido antes, recurriendo a la Fuerza para calmarlos y hacerles pensar que no había nada que temer en el terreno que tenían ante sí.
Los voxyn respondieron casi demasiado bien. Todo el grupo de asalto experimentó una perturbación ansiosa en la Fuerza cuando las bestias intentaron localizarlos, y Jacen sintió entonces que las criaturas empezaban a bajar por el desfiladero hacia la emboscada. Ambos bandos intercambiaban ya disparos de forma más esporádica, los yuuzhan vong contentándose con esperar a cubierto, en la errónea creencia de que pronto llegarían refuerzos, y los Jedi dejando que lo creyeran. Jacen pensó en comunicarse con Jovan y decirle que echara un ojo a Nom Anor y Vergere, pero decidió que no. Estaba demasiado cerca de la frontera del Lado Oscuro.
Menos de un minuto después, un yuuzhan vong lanzó un ladrido de sorpresa, gorgoteando luego horriblemente cuando un voxyn lo arrastró bajo el agua. Varios yuuzhan vong más gritaron cuando las criaturas pasaron por su lado, pero sólo dos emitieron gritos que sugerían que habían sido atacados. Jacen se dio cuenta de que a los voxyn les interesaban los poseedores de la Fuerza de más abajo.
—¡Fuera del agua, ya! —exclamó por el comunicador.
Cuando sus compañeros Jedi usaron la Fuerza para propulsarse a los árboles, Jacen activó una granada de fragmentación y la arrojó al pantano. Aunque no era tan potente como una de concusión, generaría la onda de choque que necesitaba para sus fines. Esperó a que la granada explotase, y acudió a los voxyn para animarlos a culpar del ataque a cualquier cosa que pudiera haber en el agua.
Varios yuuzhan vong más gritaron. Unos pocos hasta salieron de su refugio para ser abatidos por Jovan y los barabeles, pero aún quedó más de una docena a cubierto que seguía lanzando insectos aturdidores contra los árboles. Jacen subió a su vez a un árbol, interrumpió la fusión de combate, que tampoco es que estuviera funcionando muy bien, y se concentró sólo en los voxyn. Lanzó otra granada de fragmentación y urgió a las criaturas a atacar a lo que pudiera haber en el agua.
Los ataques de los yuuzhan vong fueron disminuyendo a medida que se dedicaban a combatir a los voxyn. Un puñado de ellos intentó subirse a los árboles como habían hecho los Jedi, pero al no tener la Fuerza para impulsarlos no pudieron hacerlo con la rapidez suficiente para escapar de sus perseguidores. Lowbacca y los barabeles aprovecharon la distracción para saltar entre las copas de los árboles y atacar desde las alturas. Pronto se encontraron disparando sólo a los voxyn, y unas pocas granadas de concusión sacaron a la superficie a la última de las criaturas.
Jacen se dejó caer de vuelta al pantano, sin sentirse precisamente culpable por haber atraído a las criaturas a su muerte, pero tampoco muy noble. Puede que Zekk tuviera razón, puede que la simple presencia de Lomi bastase para mancillar a todo el grupo de asalto.
Jacen seguía reflexionando sobre esto cuando Anakin llegó hasta él acompañado de Tahiri, los dos sonriendo de oreja a oreja.
—¡Ha sido astral! —dijo Tahiri, cogiendo a Jacen del brazo y empinándose para besarle en la mejilla.
—Bien hecho —Anakin le dio una palmada en la espalda a Jacen, y hubo más calidez en el gesto que en todo lo que había pasado entre ellos desde lo de Centralia—. Hoy has salvado a muchos Jedi.
Jacen se habría sentido bien al respecto, de haber acabado ya el día.