31

Después de una ducha de lo más erótica (porque Dmitri era muy, muy imaginativo), Honor se acurrucó a su lado. Le resultaba curioso pensar que estaba abrazada a un vampiro tan letal que la mayoría de los de su raza le tenían miedo.

—Eres un hombre muy inteligente.

Él le acarició la mejilla con los dedos.

—Lo sé.

Honor se echó a reír. ¿Qué otra cosa podía hacer una mujer cuando el hombre que la acompañaba en la cama le había provocado tantos orgasmos que aún veía las estrellas?

—Esa posición… en la que yo estaba arriba pero tú lo controlabas todo… Estoy jugando en una liga sexual que está muy por encima de mi categoría, ¿verdad?

—No te preocupes. —Dmitri enredó los dedos en su cabello—. Soy un entrenador excelente.

Sí, sí que lo era. Honor dejó un sendero ascendente de besos en su pecho y luego pegó la cara a su cuello para poder saborear su aroma. Se sentía como en casa.

El despertar fue tan duro como placentero había sido el sueño. El cielo tenía un color gris calinoso típico del alba cuando Dmitri recibió la llamada.

—Han localizado a Amos —le dijo el vampiro después de colgar el teléfono móvil.

Amos ya no se encontraba en la propiedad de Jiana en Stamford cuando ellos llegaron, pero se había dejado varias cosas atrás: algunos de sus órganos yacían en un montón brillante sobre la hierba, cubiertos de gotas de la finísima lluvia que también les había empapado la ropa y el cabello a Honor y a Dmitri. Unas gruesas estacas de acero manchadas de sangre revelaban el lugar donde lo habían clavado al suelo, y había cinias moradas y crisantemos amarillos aplastados y salpicados de rojo oscuro allí donde la lluvia no había conseguido llegar.

—No sé qué le habría hecho yo, pero esto es peor —le dijo Honor a Dmitri en un susurro.

Se encontraban en lo alto de la pequeña colina que había frente al hogar de Jiana, y la brisa matinal cargada de humedad les apartaba el cabello de la cara.

—Debía de haber algo que lo retenía, porque de lo contrario habría escapado de esas estacas antes de que lo abrieran en canal para sacarle los intestinos —comentó Dmitri sin apartar la vista de los restos de carne y los cordones sangrientos, que parecían aún más grotescos rodeados de aquellas flores que se estiraban hacia un sol inexistente.

—O quizá no quiso escapar —dijo Honor al contemplar a la mujer bañada en sangre que se mecía no muy lejos del lugar de la carnicería. Por los brazos y las, piernas de Jiana corrían regueros rojos que caían al suelo—. No hasta que comprendió que ella no se detendría.

Y aun así, el vampiro había sido incapaz de acabar con la vida de su atacante, de aquella mujer a quien amaba y odiaba a la vez.

Dmitri siguió la dirección de su mirada, pero en sus ojos había una gélida consideración que no parecía encajar con las circunstancias. Después de todo, Jiana había intentado ejecutar a su hijo de la manera más brutal. La única razón por la que Amos no estaba muerto era que, al parecer, había logrado librarse de una de las estacas y darle un golpe en la cara a Jiana lo bastante fuerte para dejarla inconsciente. Le había roto el pómulo, y su piel de color moca presentaba un tajo profundo.

El vampiro se había marchado mucho tiempo antes de que su madre alertara, a los guardas.

—Un castigo por sus crímenes —había susurrado la vampira cuando Honor y Dmitri llegaron a la escena del crimen.

Honor no se habría creído aquel violento cambio de parecer de no ser porque, además del corte que Amos le había hecho durante su huida, Jiana tenía el rostro lleno de cardenales, algunas costillas rotas y varios desgarrones en el elegante camisón de seda y encaje.

—Me miró —había añadido Jiana con ojos vidriosos— de una forma en la que ningún hombre debería mirar a su madre.

Aquello, pensó Honor, fue lo que la había sacado de sus casillas. Por lo visto había cosas que ni siquiera las madres más devotas podían soportar. No obstante, era evidente que Dmitri veía las cosas de manera diferente.

Honor esperó a que el vampiro volviera a mirarla para formularle la pregunta.

—¿Qué es lo que ves?

—No es lo que veo, sino lo que huelo.

En lugar de pedirle que se explicara, Honor consideró los hechos y llegó a una conclusión.

—Había algún tipo de sedante o de tranquilizante en su sangre.

Aunque diluida por la lluvia, había sangre más que suficiente en los alrededores para realizar una comprobación.

Asintió con brusquedad.

—Este no ha sido un acto provocado por una furia irracional. Fue un acto sereno, frío y calculado. —Clavó la vista en Jiana—. Sobre todo si se tiene en cuenta que, a pesar de su presunta cooperación previa, ella nunca mencionó el sistema de alcantarillado que permite un acceso clandestino a esta propiedad.

—El instinto maternal de protegerlo podría haber anulado su sentido común —dijo Honor, representando el papel del abogado del diablo—. En cuanto a los fármacos, podría haber mentido; es posible que él no solo dijera o hiciera algo que ella no soportara, quizá llegó a abusar de ella. Y entonces, traumatizada, Jiana puso algo en su bebida y esperó a que le hiciera efecto, a que estuviese débil y desorientado, para hacerle esto.

Amos, aun drogado y poco lúcido, podría haberse arrastrado después hasta aquel lugar de la propiedad. Estaba a menos de cien metros de la casa, y puesto que el guarda de la puerta principal estaba inconsciente y los demás fuera del perímetro, no había nadie que pudiera refutar aquella versión de los acontecimientos.

—Es posible. —Los ojos de Dmitri recorrieron la pila de órganos.

El hecho de que aún conservaran su color rosado era una prueba de su origen vampírico, y significaba que Amos se recuperaría siempre que tuviera sangre fresca y un lugar en el que esconderse. Aunque a Honor no le cabía en la cabeza cómo podía recuperarse alguien después de ser destripado por su madre.

—Pero… —añadió Dmitri, interrumpiendo las elucubraciones de la cazadora—, ocurriera lo que ocurriese aquí, no fue solo una ejecución, ¿verdad?

Honor volvió a examinar el escenario y dejó a un lado la teoría de que Jiana era una amante madre llevada al límite para concentrarse tan solo en los hechos. Estaba claro que la cosa había llevado su tiempo. Un tiempo considerable. Porque los órganos habían sido extraídos con muchísima precisión, y estaban muy bien colocados en un montón.

Sintió un escalofrío al darse cuenta de aquello, y estaba a punto de volverse hacia Dmitri para comentárselo cuando descubrió un trozo de tela ensangrentado que se encontraba a unos pasos de distancia.

—Lo amordazaron.

Y a juzgar por la cantidad de sangre atrapada en las arrugas en las que el agua no había penetrado, el vampiro se había mordido la lengua y, muy probablemente, también los labios.

El terreno al que lo habían clavado estaba tan empapado con esa misma sangre que parecía mucho más húmedo que la zona circundante; y algunos de los crisantemos con el tallo roto tenían un tenue brillo rosado.

La conclusión no era agradable, pero tenía que expresarla.

—Ella disfrutó con esto.

—Eso es lo que parece. —Dmitri se volvió para acercarse a Jiana.

El vampiro parecía una sombra escurridiza, vestido todo de negro, con el vaquero, la camiseta y las botas que se había puesto durante la breve parada que hicieron en la Torre.

Honor se obligó a seguirlo, aunque la atormentaba pensar que una madre obtuviese placer al matar a su hijo, sin importar lo diabólico que fuera este. Era algo que no alcanzaba a comprender, ya que el instinto maternal que había en ella era de una fuerza asombrosa… y eso que aún no tenía hijos.

Sacudió la cabeza en un intento por despejarse la mente y se detuvo junto a Dmitri mientras este contemplaba la postura en apariencia atormentada de Jiana.

—Fuiste demasiado inteligente, Jiana —dijo el vampiro en un ronroneo que cubrió de hielo la garganta de Honor.

Jiana no dejó de balancearse en la mecedora. El camisón destrozado se pegaba a su cuerpo esbelto y los morados de su cara habían adquirido un tinte amarillento en los bordes a medida que sanaban. Tenía una hoja dentada en la mano, una hoja con sangre incrustada y seca que la lluvia no había podido eliminar.

En un estallido de movimientos que Honor no había previsto, Dmitri se sacó un puñal de caza de la bota e hizo ademán de cortarle la cabeza a Jiana. La vampira adoptó una pose defensiva en un abrir y cerrar de ojos, y su cuchillo trazó un arco hacia Dmitri, pero este lo envió al suelo de un solo golpe rapidísimo y, tras sujetar la muñeca de Jiana, la inmovilizó colocándole el puñal en la garganta.

—Ahora —le dijo—, empieza a hablar.

Jiana desvió la mirada hacia Honor.

—Ayúdame. —Sus ojos estaban llenos de dolor, de una profunda angustia…, pero, por detrás de aquello se atisbaba una perversidad insidiosa que la cazadora habría pasado por alto si Dmitri no hubiera apretado un poco más la hoja para hacer que Jiana abandonara por un instante la máscara de sufrimiento.

—Tú lo creaste —dijo Honor, asqueada—. Sea cual sea su locura, tú la aprovechaste para convertirlo en un ser aún más retorcido.

El rostro de Jiana se transformó. Su belleza frágil se convirtió en algo desafiante y desdeñoso.

—Es mi hijo —señaló sin remordimiento alguno—. Puedo hacer con él lo que me dé la gana.

En ese instante, Honor comprendió hasta qué punto llegaban la inteligencia y la maldad de aquella mujer. Había jugado con ellos desde el principio; su supuesta penitencia con los sangreadictos no era más que una cortina de humo creada por si alguien decidía curiosear. Y sí eso no hubiera ocurrido hasta meses o años después, Jiana siempre habría podido recordar aquella falsa penitencia para poner de manifiesto que su único pecado era el de ser una madre que amaba demasiado a su hijo… Un hijo al que, sin lugar a dudas, siempre había estado dispuesta a sacrificar.

Aun así, Honor tenía la certeza de que el amor que Jiana le había profesado a Amos no era del todo falso. Algo había inclinado la balanza… quizá el hecho de que Amos se hubiera librado de la correa y hubiera empezado a actuar por su cuenta, dejando así de ser su mascota.

Pero aquello había atraído una atención indeseada.

—Se había convertido en un estorbo —le dijo a la vampira en un susurro—, y podría haberte traicionado si lo hubieran atrapado. —Al ver la carnicería que Jiana había creado, y disfrutado, Honor tuvo la certeza de que solo Amos sabía lo malvada que podía llegar a ser—. Tu hijo aprendió todo lo que sabe de ti.

El relampagueo de furia perversa que apareció en los ojos negros como el ónice de la vampira, confirmó la suposición de Honor antes incluso de que ella respondiese.

—Le habría perdonado que te secuestrara… Después de todo, fuiste un entretenimiento de lo más fascinante. —Eran unas palabras como puñales—. Pero ese muchacho estúpido tenía planeado secuestrar a otros dos cazadores a pesar de que le advertí que debía desaparecer durante un tiempo.

Así que Jiana lo había torturado antes de ejecutarlo. De haber tenido éxito, la muerte de Amos habría sido mucho más dolorosa que cualquier cosa que Honor pudiera haber ideado… porque habría muerto contemplando el rostro inmisericorde de la única mujer creada para amarlo sin condiciones.

Una mujer que en esos momentos esbozaba una sonrisa repugnante.

—Disfruté muchísimo mostrándome amable contigo en el sótano. Tenía planeado volver para ganarme tu confianza, ya que así, cuando la emprendiera contigo, tu sufrimiento habría sido mucho más dulce contigo.

—Basta —dijo Dmitri, interrumpiendo a Jiana al ver que esta pensaba continuar—. ¿Dónde está Amos?

—¿Crees que habría alertado a los guardas de haberlo sabido? —Sin previo aviso, Jiana se abalanzó hacia la hoja apretada contra su garganta, pero Dmitri fue más rápido y puso el puñal fuera de su alcance.

—No tendrás una muerte rápida —dijo mientras agarraba el cuello de la vampira para levantarla en vilo—. Le rendirás cuentas a Rafael.

Jiana empezó a dar gritos y a patalear.

—¡Somos responsabilidad tuya, Dmitri! ¡Eres tú quien debe castigarnos!

—Primero debemos averiguar todo lo que habéis hecho. —Y tras esas palabras, hizo un movimiento brusco con la muñeca.

La cabeza de Jiana cayó hacia delante y su cuerpo se quedó inmóvil. Honor se dio cuenta de que le había roto el cuello, igual que a Jewel Wan.

—Será más fácil transportarla de esta manera —dijo Dmitri al ver que ella lo miraba fijamente.

La violencia del mundo vampírico la desconcertaba, pero no era ninguna ingenua. Siempre había sabido, desde el instante en que decidió cruzarse en su camino, que el viaje con Dmitri no sería fácil. Pero eso no significaba que estuviese dispuesta a aceptar todo tal como era.

—Habría ido de todas formas.

Dmitri le pasó el cuerpo inerte de Jiana a otro vampiro y le dio órdenes de llevarla hasta la Torre bajo vigilancia constante.

—Me estaba hartando de oír su voz.

—Dmitri…

Una mirada oscura y perlas de agua atrapadas en unas pestañas negras como la noche.

—¿Intentas domesticarme?

—Te acercas muchísimo al límite —respondió ella, consciente de que la provocaba a propósito—. Intento evitar que lo cruces sin darte cuenta. Todo lo que haces, cada decisión que tomas, tiene un efecto acumulativo.

Dmitri caminó hasta el borde de la cima y se convirtió en una silueta negra contra el gris helado del cielo matutino. Tenía los ojos puestos en la bonita casa que había más abajo.

—Tengo casi mil años, Honor.

—Eres casi inmortal. —La cazadora se acercó a él y le rozó los dedos—. Tienes otros mil años para alejarte de ese límite.

Dmitri la observó con una expresión indescifrable, ocultando sus pensamientos.

—¿Puedes rastrear a Amos?

Consciente de que no podría convencerlo de que cambiara cuando su relación apenas había comenzado, decidió dejar el tema por el momento.

—La sangre que hay aquí ha resistido, pero supongo que la lluvia habrá diluido los rastros más débiles. No obstante, Amos sangraba tanto que, si no consiguió un vehículo, existe la posibilidad de encontrarlo.

—No tiene por qué haber problemas, pero llévate a alguien contigo de todas formas. —Dmitri alzó una mano y, acto seguido, Honor sintió una ráfaga de viento por encima de su cabeza cuando unas alas negras como el hollín se sacudieron antes de aterrizar en la colina—. Jason te hará compañía. Yo tengo un asunto que atender.

A Honor no se le pasó por alto el tono afilado de su voz.

—Dmitri…

—Voy a revisar personalmente la propiedad de Jiana en el Enclave, y pondré a investigar al personal de la Torre para asegurarme de que Amos no tiene ningún otro refugio que desconozcamos. Si existe algún archivo en el que se nombre a los que aceptaron su invitación, lo encontraré.

Honor respiró hondo y echó un vistazo a las flores.

—Creo que hemos dado con todos. —No había esencias ni cuerpos desconocidos en sus recuerdos. Tampoco voces que no encajaran—. Gracias.

Dmitri le acarició el pelo un instante antes de marcharse para dejarla con su tarea.

Honor utilizó todas sus habilidades, incluso le pidió a Elena que se pasara por allí para confirmarlo, pero sus instintos demostraron estar en lo cierto: Amos había sangrado a lo largo del canal de alcantarillado, pero el rastro terminaba al final del túnel.

—Debió de coger un coche —convino Elena cuando Honor le mostró los rastros. Sus palabras fueron bruscas a pesar de los círculos oscuros que había bajo sus ojos—. No hay ningún vestigio de otras esencias. ¿Quieres que pida al personal de la Torre que busque todos los vehículos que están a su nombre?

—Es demasiado inteligente para utilizar algo que pudiera llevarnos hasta él.

Amos había demostrado poseer una astucia diabólica.

Una única gota se deslizó por las plumas blancas y doradas de Elena cuando ella estiró un poco las alas.

—Con los inmortales nunca se sabe… A veces los ciega la arrogancia.

—Sí. —Honor volvió a fijarse en las sombras que había bajo sus ojos, en las arrugas de tensión de su rostro—. ¿Una noche difícil?

Su compañera dejó escapar un suspiro que levantó algunos de los mechones de cabello que habían escapado de su trenza.

—Estuve levantada hasta las cinco de la madrugada hablando con una de mis hermanas. Lo está pasando mal. —Negó con la cabeza—. A veces el amor es como un puñetazo en el estómago.

Honor pensó en Dmitri, en su vulnerabilidad con respecto a él, y estuvo de acuerdo.

—Pero cuando va bien…

—Sí. —Elena la miró fijamente con aquellos ojos plateados que resplandecían a pesar de la escasez de luz—. No estoy en posición de criticar las relaciones con los hombres peligrosos, así que solo te diré una cosa: vivir en el mundo de los inmortales puede llegar a ser brutal. Si alguna vez necesitas algo, aunque sea ayuda para atar a Dmitri a fin de poder atormentarlo con un tenedor, llámame.

Honor esbozó una sonrisa de inesperado alivio.

—Todavía no lo has perdonado por eso…

—No pienso perdonárselo en toda la eternidad. —Sus ojos claros y sorprendentes volvieron a la alcantarilla. Al ver el reguero de sangre, su buen humor desapareció—. No soy madre, pero me parece que lo que hizo Jiana…

—Sí.

Elena se marchó poco después, y sus alas se convirtieron en una mancha brillante contra el color acerado del cielo. Sin embargo, Honor todavía no quería regresar a la ciudad. En lugar de eso, se acercó a Jason, que se encontraba a la sombra de un viejo magnolio con hojas brillantes y oscuras.

—Me gustaría echarle un vistazo a la casa.

Notaba una extraña comezón en la nuca, como si hubiera pasado algo por alto. Quizá hubiera visto algo que no había entendido en su momento.

La casa era tan elegante como la última vez que entró… salvo por las evidencias de una lucha violenta.

Agujeros en las paredes, huellas de manos ensangrentadas, muebles rotos y cuadros torcidos o esparcidos por el suelo.

—Si Amos estaba sedado —dijo—, ¿cómo hizo todo esto? ¿Cómo pudo golpear a Jiana?

Jason, siempre tan silencioso que a Honor casi la sorprendía oír el más mínimo susurro de sus alas, habló por primera vez.

—Un sedante de acción lenta o poco potente podría haberle permitido ser consciente de lo que ocurría… Lo bastante para intentar luchar contra ello.

—Seguro que Jiana sabía cuál era la dosis adecuada para el tamaño y la fuerza de su hijo —murmuró ella—. Después, solo tuvo que hacer algo para enfurecerlo.

Honor veía el patrón zigzagueante con toda claridad. El vampiro se había estrellado en cierto lugar contra la pared, había torcido un espejo ornamental, había volcado la delicada mesa de madera, había despejado el camino a patadas y luego había hecho algo que había llenado la pared de sangre.

—Le dio un puñetazo en la boca a Jiana —dijo la cazadora mientras observaba las salpicaduras.

—Lo sabremos con seguridad muy pronto —dijo Jason, cuyas alas susurraron en la oscuridad mientras se adentraba en una estancia que comunicaba con el vestíbulo principal—. Rafael arrancará ese recuerdo de su mente.

Honor se estremeció al imaginarse semejante violación.

—¿Cómo soportas la idea, sabiendo que podría hacerte lo mismo a ti? —preguntó. Era consciente de que se trataba de una pregunta muy íntima, pero sintió la necesidad de formularla.

—Es cuestión de confianza. —El ángel la miró por encima del hombro con una expresión indescifrable. Tenía los ojos tan oscuros como las alas—. La misma clase de confianza que te permite llevarte a Dmitri a la cama aun sabiendo lo que es capaz de hacerles a las mujeres que lo sacan de sus casillas.

Asombrada por su respuesta, y por el hecho de que Jason se hubiera enterado de eso aunque acababa de regresar a la ciudad, Honor examinó con más detenimiento aquel rostro marcado por las líneas curvas de un tatuaje que debería impedir que pasara desapercibido. Y aun así…

Las sombras, pensó la cazadora, parecían aferrarse a Jason.

—Sea lo que sea lo que Dmitri siente por ti, Honor —dijo el ángel con una voz tan profunda y serena como la medianoche—, no se parece en nada a lo que lo acercó a Carmen y a las demás. —Las abundantes pestañas negras cubrieron sus ojos un instante antes de elevarse de nuevo.

Fascinada por aquel ángel que raramente hablaba con aquellos a quienes no conocía, Honor acarició una figurita rota y esperó, porque sabía que él tenía más cosas que decirle.

—No se deshará de ti como si fueras una molestia, y tampoco te dejará marchar. —Extendió las alas para impedir que viera el resto de la estancia y la miró a los ojos—. Es demasiado tarde para eso. Lo entiendes, ¿verdad?