19
Rafael siguió con los ojos la marcha de Honor.
—Ten cuidado, Dmitri. Esta tiene más coraje que todas tus demás mujeres juntas.
Dmitri observó el cuerpo fuerte y esbelto que desaparecía entre los árboles. La fortaleza de Honor resultaba aún más atractiva por haber resurgido de entre las cenizas de la brutalidad.
—¿Crees que estoy en peligro, sire?
—No. Pero claro, tampoco yo me creía en peligro. —Dejó que sus alas rozaran la alfombra de hojas caídas y retomó el asunto que lo había llevado allí—. Esta vez el mensaje no estaba oculto.
Dmitri ya lo había supuesto.
—Cuéntame.
—La víctima tenía un glifo grabado. Una media luna oculta tras el sol.
«Ahora, amante mío, nunca me olvidarás.»
Dmitri notó que se le tensaban los músculos del pecho.
—No hemos logrado identificar la identidad de la víctima anterior —dijo, estrangulado por el recuerdo—. ¿Es uno de los nuestros?
—No —respondió el arcángel en voz alta.
Dmitri… añadió mentalmente.
Podré soportar la visión del cadáver. El recuerdo era horrible, pero no lo dejaba incapacitado.
—¿Los colmillos? —le preguntó al arcángel de viva voz.
—Casi transparentes.
—Esta mañana temprano recibí un informe del laboratorio —dijo al tiempo que se volvía hacia el arroyo—. Ha habido un problema con la muestra de sangre del primer vampiro.
Honor debería oír esto, dijo utilizando la conexión mental.
Rafael caminó a su lado hacia la cazadora.
—Háblame sobre tu cazadora.
—Me da la sensación de que ya lo sabes todo.
Esbozó una leve sonrisa.
—Te muestras protector con ella.
Dmitri pensó en la última vez que se había mostrado protector con una mujer. Había sido un millón de años atrás. Tanto que no había reconocido la emoción hasta que Rafael la había señalado.
—Eso parece. —No era una emoción bienvenida, ya que hablaba de vínculos que iban más allá del simple sexo.
Hundirse en el cuerpo húmedo y cálido de una mujer, jugar con ella hasta que gimiera y suplicara, resultaba divertido. El dolor y el placer, el sexo o la sangre… nada de aquello llegaba al núcleo central de su corazón, donde continuaba honrando los votos que le había hecho a su esposa.
—Puedo encargarme de esto, Dmitri.
—No. —Tal vez hubiesen matado a Isis juntos, pero aquel ángel era su pesadilla—. El mensaje iba dirigido a mí. Encontraré a su autor.
La silueta de Honor apareció un segundo después de aquella afirmación. Estaba de pie, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia ellos, como si hubiera percibido que se acercaban. Tenía una expresión calculadora y fría.
—La sangre del primer vampiro —le dijo Dmitri, intrigado al darse cuenta de que ella planeaba una represalia contra él— no era lo que debería ser.
—La sangre de vampiro es muy característica. —Su frente se llenó de arrugas—. ¿Qué había de particular en esta?
Dmitri no podía hablarle de la toxina que se generaba en el cuerpo de los ángeles y que se utilizaba para convertir a los humanos en vampiros. Era algo tan secreto que Illium había perdido las plumas por contárselo a una mortal, a una mujer enterrada hacía ya muchísimo tiempo. Sin embargo, sí podía hablarle de los resultados.
—El proceso de conversión estaba incompleto.
Honor ladeó la cabeza y los mechones caoba ocultos en su cabello brillaron bajo la luz del sol.
—¿Un intento fallido de un aficionado?
Dmitri pensaba enterrar las manos en aquel cabello cuando se hundiera en ella.
—Sí. —Se había tratado del intento de un ángel que no sabía que la toxina de su sangre no había alcanzado la madurez necesaria para una Conversión exitosa.
—Puedo hablar con los demás cazadores para averiguar si han oído hablar de algún caso parecido. —Cruzó los brazos y bajó la vista hasta los guijarros de la orilla—. Lo cierto es que la carnicería que hicieron con el cadáver de Times Square no es algo que uno intenta en su primera vez. Tiene que haber pruebas de ensayos anteriores.
—Estamos hablando de inmortales —señaló Rafael—. Esos ensayos podrían haber tenido lugar siglos atrás.
—Especialmente —puntualizó Dmitri— si el autor se considera discípulo de Isis.
Dmitri no permitiría que ninguno de sus discípulos siguiera con vida. Aquella zorra nunca volvería a la vida, y tampoco sería recordada como una diosa.
—Ya, pero el hecho de que aún no domine el proceso de conversión significa que es nuevo en ese aspecto, aunque no lo sea en la violencia —dijo Honor, que mostraba una fuerza y una serenidad que ya habían comenzado a fascinar al vampiro.
—Es cierto. —Dmitri frunció el ceño al recordar algo que le había dicho otro miembro de los Siete.
«—Sire, ¿puedes ponerte en contacto con Jason?
—No, está fuera de mi alcance.»
Dmitri sacó el teléfono móvil y echó un vistazo a Honor. Utilizó la mirada para acariciar aquellos labios que deseaba corromper y pervertir.
—Intenta que no te maten mientras hago esta llamada.
Los ojos de la cazadora ardieron, y aquello despertó una parte de él que creía enterrada en el campo de flores donde yacían los restos de Ingrede y sus hijos.
Honor atisbó la sombra que recorrió el rostro de Dmitri antes de que el vampiro se alejara para hacer la llamada, y sintió una necesidad compulsiva de acercarse a él para borrarla. Sin embargo, no solo no tenía derecho a hacerlo, sino que además estaba siendo examinada por una criatura con un rostro tan perfecto que casi dolía mirarlo.
—Vi a Elena esta mañana —le informó, preguntándose cómo era posible que su compañera hubiera acabado con un arcángel.
—Mi consorte tiene un don para meterse en problemas. —El cabello de Rafael, negro como la noche, brillaba incluso a la luz del bosque—. Dmitri te ayuda a vengarte.
—Creo que me ayuda más bien porque esos vampiros están rompiendo las normas. —Engañarse respecto a las motivaciones de Dmitri solo conseguiría que la caída fuese más dura.
—Tal vez. —Rafael se situó junto a ella en la orilla del agua. Sus alas estaban a escasos centímetros de distancia, y los filamentos dorados resplandecían bajo la luz del sol—. El Gremio es importante para mantener el equilibrio en el mundo. Los cazadores no deben convertirse en presas.
—¿Y si hubiese sido otro mortal? —le preguntó, aunque habría sido más seguro callarse lo que pensaba—. ¿Y si hubiese sido alguien sin relación con el Gremio?
—Los mortales también tienen su papel en el mundo.
Honor no sabía cómo interpretar las palabras de aquel ser letal capaz de romperle todos los huesos a un hombre y exhibirlo después como una macabra marioneta rota. En ese instante, vio que Dmitri regresaba. Siniestro y dotado de una inteligencia letal, con un cuerpo labrado a fuego en la batalla y una brújula moral que sin duda estaba estropeada, era tan inhumano como la criatura a la que llamaba sire.
Quizá más aún.
Rafael se mostraba distante, lejos de la humanidad, pero la violencia que formaba parte de Dmitri estaba latente justo por debajo de su fachada de sofisticación. Sangre y dolor, pensó Honor; eso era lo que guiaba al vampiro. Así que no entendía por qué se le formaba un nudo en el pecho cada vez que lo miraba.
El cadáver se encontraba en el suelo de cemento del almacén. Los brazos y las piernas del joven estaban en una posición totalmente antinatural. Aún llevaba puestos los vaqueros, pero su torso estaba desnudo para mostrar la marca grabada a fuego en un pecho con músculos no del todo desarrollados.
Dmitri había renegado de esa misma marca con una violencia impregnada en sangre y un cuchillo que había cogido del hogar de Isis.
«Era el modo más apropiado, pensó mientras se quitaba la camisa y apoyaba la espalda en una de las vigas que había sobrevivido al incendio que se lo había arrebatado todo.
La punta de la hoja estaba muy afilada y arrancó una gota de sangre en el instante en que se la colocó sobre la piel.
Apretó los dientes y empezó a cortar, introduciendo la hoja lo suficiente para extirpar el tejido cicatricial. Ahora era un vampiro. La piel se curaría sin dejar marcas.
Pero los vampiros también sentían dolor.
La negrura lo envolvió cuando le quedaba menos de un cuarto de marca por cortar. Cuando recuperó la conciencia, recogió el cuchillo con las manos ensangrentadas y comenzó de nuevo. Otra vez. Y otra. Hasta que no hubo ni el menor rastro de Isis en su cuerpo y su corazón quedó tan débil que podía sentir la muerte susurrándole su dulce y oscura bienvenida.
Vio una sombra de alas, un destello azul abrasador.
—Dmitri, ¿qué has hecho?
—Déjame. —Fue lo único que tuvo fuerzas para decir.
—No. —Una muñeca apareció frente a él, y una mano le alzó la cabeza sin contemplaciones—. Bebe.
Dmitri se resistió.
Con una maldición, Rafael utilizó su cuchillo para abrirse las venas y apretó la carne sangrante contra los labios de Dmitri sin previo aviso. Un instante después de saborearla, el nuevo depredador que moraba en su interior se apoderó de él.
Y se alimentó.»
No se había curado aquel día, ni los siguientes. Su conversión era demasiado reciente, y por esa razón Rafael había podido dominarlo. Pero al final se curó. Al menos por fuera.
—Era tan joven… —dijo Honor al tiempo que se arrodillaba junto al hombre muerto. La tristeza era evidente en su voz.
Hechizado por aquel sonido, Dmitri observó cómo colocaba la mano enguantada en la barbilla del vampiro recién creado y le abría la boca.
—Ya sabemos lo de los colmillos —le dijo.
—No, estoy buscando otra cosa. —Se inclinó hacia delante sin soltar la mandíbula de la víctima y se llevó el brazo libre a la espalda para sacarse un tubito del cinturón—. ¿Me sujetas la linterna para que pueda ver bien el interior de su boca?
Dmitri se acuclilló a su lado, pero estaba concentrado en ella y no en el cadáver que yacía sobre el cemento. Las líneas de su rostro eran elegantes; sus ojos no eran ni amargos ni duros, a pesar de lo que había sufrido. Había sobrevivido con el alma intacta y conservaba la capacidad de sentir compasión por la pérdida de una vida.
Dmitri no podía decir lo mismo. Los harapientos vestigios de su alma se habían hecho cenizas en la pira funeraria de su hijo. Había enormes llamas doradas alrededor de su chico; una hoguera gigantesca para un niño tan pequeño. Parecía apropiado, había pensado Dmitri cuando se había roto el último pedazo de su corazón. Parecía apropiado para su Misha, con la risa grave y su afán explorador.
—Dmitri.
El vampiro levantó la vista y vio demasiada sabiduría en los ojos verde oscuro que lo miraban, demasiada ternura.
—¿No sabes mantener las distancias, Honor? —Era un depredador. Atacaría todos sus puntos débiles, aprovecharía cualquier ventaja.
Ella negó suavemente con la cabeza, y algunos rizos escaparon de la trenza suelta.
—Creo que es demasiado tarde para eso. —Dejó de mirarlo a los ojos y añadió—: ¿Lo ves?
Dmitri siguió su mirada.
—Aún no tenía las muelas del juicio.
Aquello en sí mismo no era un indicador preciso de la edad, pero si se tenía en cuenta también la cara de niño del cadáver, estaba claro que alguien estaba creando vampiros sin autorización. El Grupo había decretado mucho tiempo atrás que estaba prohibido convertir a los mortales cuya edad no superara el cuarto de siglo.
—Era vulnerable —dijo Honor, que estiró el brazo para apartarle el cabello de los ojos a la víctima con mucho cuidado—. Un objetivo fácil de controlar una vez seducido por la idea de la inmortalidad.
Dmitri observó el rostro de la víctima una vez más. No carecía por completo de corazón (le apenaba que los jóvenes murieran), pero aquel hombre—niño tenía edad suficiente para tomar sus propias decisiones. A esa edad, Dmitri trabajaba los campos y cortejaba a una mujer con la luz del sol en la sonrisa y unos ojos que le decían que era hermoso sin que ella abriese la boca.
—Déjalo ya —le dijo a Honor al tiempo que se ponía en pie—. No puedes hacer nada para averiguar su identidad. —Los técnicos de la Torre le tomarían las huellas y procesarían el cuerpo.
La cazadora no le hizo caso.
—¿Alguien le ha examinado la espalda?
—Carece de importancia. —Sin embargo, tiró de los hombros de la víctima para apartarlo del suelo a fin de que ella pudiera examinarla.
—Nada —señaló Honor, decepcionada—. Esperaba encontrar otro tatuaje. Podría habernos dado más pistas.
Dmitri se incorporó y esperó a que ella hiciera lo mismo.
No volvieron a hablar hasta que hubieron salido de la estructura metálica del almacén. El sol de últimas horas de la tarde resultaba cálido en comparación con la terrible oscuridad del interior.
—No necesitamos más marcas, Honor. El símbolo grabado ya deja un mensaje bastante claro.
Honor percibió el tono glacial de Dmitri, un látigo de sufrimiento que podría azotar a cualquiera que se encontrara en las cercanías, pero se lo preguntó de todos modos.
—¿Quieres hablarme de ello? —Porque estaba claro que era demasiado tarde para mantener las distancias, para mostrarse racional.
—No. —Fue una única palabra pronunciada sin emoción alguna. Un recordatorio de que la intimidad que habían compartido junto al arroyo había sido una equivocación—. Creo que es hora de que te vayas a casa.
Debería haberlo dejado pasar, pero la reacción fue instintiva, nacida en el mismo lugar salvaje y oscuro que los sentimientos que albergaba por él.
—¿De verdad crees que puedes dejarme a un lado sin más cuando me convierto en un estorbo?
—Tienes que cumplir un contrato con la Torre, y esto ha sido una orden. —Tras esas palabras, se dio la vuelta y regresó al interior del almacén.
Furiosa al darse cuenta de que la habían despachado por segunda vez aquel día, Honor se volvió con la intención de enfrentarse a él… pero entonces recordó la tarjeta de memoria que tenía en el bolsillo. Seguro que la Torre contaba en su plantilla con los mejores expertos informáticos… pero el Gremio tenía al mejor de los mejores y, a diferencia del personal de la Torre, ni Vivek ni Honor se distraerían con otras pruebas.
Cuando llegó Vivek estaba de mal humor. Le pidió de malas maneras que metiera la tarjeta en la ranura y no volvió a abrir la boca en veinte minutos.
—He descifrado el código. Los datos aparecerán en la pantalla que está a tu izquierda.
Honor giró la silla para poder verla y empezó a revisar la información. La mayor parte de los datos parecían relacionados con asuntos de negocios, lo que dejaba claro que Tommy había trabajado un poco en medio de sus jueguecitos depravados. No mucho, claro, pero aquello no era necesariamente un dato importante. Muchos de los vampiros más antiguos habían acumulado tantas riquezas a lo largo de su vida que se pasaban la mayor parte del tiempo ociosos.
Aquella idea le provocó un escalofrío desagradable. ¿Qué sentido tenía la inmortalidad si no se hacía nada bueno con ella?
—Es de buena educación —murmuró Vivek— darle las gracias a alguien que te ha hecho un favor.
Honor parpadeó y, cuando alzó la vista, vio que Vivek observaba lo que parecía una filmación llena de interferencias.
—¿Qué? ¡Ah, sí! Había pensado en prepararte una cena cuando todo esto termine. —Cuando pudiera dejar atrás las pesadillas y dormir sabiendo que sus secuestradores no volverían a hacerle daño a nadie.
Vivek cambió la posición de su silla para fulminarla con la mirada.
—Veo que te compadeces de los tullidos…
—No digas bobadas, V. —Puesto que ella tampoco estaba de muy buen humor, le devolvió la mirada asesina—. Si nos ponemos a comparar los motivos que tenemos para autocompadecernos, creo que saldrás perdiendo.
—A mí me abandonó mi familia.
—Al menos tuviste familia durante un tiempo. A mí me abandonaron casi en el mismo instante en que salí del vientre de mi madre.
—Yo no puedo andar.
—A mí me torturaron durante dos meses, y no puedo soportar que los hombres me toquen con intenciones sexuales, ni siquiera cuando me parecen increíblemente atractivos. —Paladeaba el sabor erótico y decadente de Dmitri cada vez que respiraba—. No puedo evitarlo, por más que me esfuerzo.
—Se trata de Dmitri, ¿verdad? —Se oyó un zumbido cuando Vivek acercó la silla de ruedas.
Honor volvió a concentrarse en los datos. Su silencio hablaba por sí solo.
—Primero Elena y ahora tú. —Dio un largo resoplido—. Quiero enseñarte algo. —Sin esperar respuesta, se acercó a otro ordenador y puso un vídeo en el enorme monitor que había frente a la mesa de control—. Mira.