Epílogo
―Y díganos, señor Coleman, ¿es algo serio? Es la tercera vez que le vemos en compañía de... ―La periodista consulta sus notas y, por fin, parece encontrar mi nombre―. La señorita Diana Nesterenko.
Tengo mucho por hacer para conseguir acostumbrarme a los photocall y las preguntas de las revistas. No en vano, Saul es uno de los niños bonitos de la prensa del corazón dado su historial amoroso previo. Pero yo… hasta los temo.
Hoy es un día especial y agradezco mucho la cobertura mediática que Saul arrastra con él, así que no me voy a quejar. Hoy es la inauguración oficial de '2gether2' y toda ayuda de los medios de comunicación es bienvenida, aunque me ponga de los nervios pasar por la mujer florero que los periodistas se empeñan que soy.
En la sede de la fundación hay mucha gente, algunos conocidos, otros aportados por los Coleman, sobre todo por Fanny, que sigue apostando por la causa que defendemos Knox y yo. Mi socio, encantado de la vida, no para de sacarse fotos y prometer entrevistas, colgado del brazo de la madrastra de Saul. No creo que pasen desapercibidos, con su apostura y la espectacularidad de Fanny a su lado, así que no descarto que, de aquí, le lluevan las ofertas comerciales y pueda volver a rodar anuncios y, quién sabe, si hasta alguna película más.
Estos meses hemos trabajado muy duro para sacarlo todo adelante. Knox ha sido un compañero leal, una ayuda impagable y un embajador excepcional de la asociación, que ha dado a conocer de mil y una maneras: en Internet, en charlas en centros culturales y colegios, en otras asociaciones y en el marco de actos institucionales en los que ha conseguido colar su nombre.
Mi labor ha sido más en la sombra, contactar con el sistema de acogida del estado y empezar a movernos con los refugios de animales. Después de graduarme como Asistente Social, hace ya tres semanas, intensifiqué más mi labor y, ayudada por mi padre, el tema de los animales es algo que ya no nos preocupa. Casi todas las protectoras y refugios de los cinco distritos de la ciudad de Nueva York están dispuestos a colaborar con nosotros.
Mi padre ha decidido no volver a Ucrania por una temporada. Después de quince años alejados, geográfica y emocionalmente, ninguno de los dos cree que sea buena idea eso de poner un océano y dos continentes otra vez entre ambos. Necesitamos conocernos de nuevo, estrechar lazos y crear una relación real, basada en una confianza que estamos trabajando para que sea reparada cuanto antes. No podemos decir que es todo fácil, pero al menos la voluntad de entendimiento y las ganas de perdonar y pasar página, están ahí.
Saskya, por su parte, parece que sí tendrá que volver a Ucrania, al menos durante dos semanas en verano. Forma parte del acuerdo que ha alcanzado con Carlo sobre la custodia de Danno, que ella conservará siempre y cuando él pueda disfrutar de su hijo una temporada cada cierto tiempo. Saskya podría dejar a Danno en el país donde fue concebido, pero dice que antes se corta las venas que dejar a Carlo solo con Danno más de diez minutos. Si Danno ya es como es y tiene las ideas que tiene, mi amiga no quiere ni imaginarse si la influencia del cafre de su padre hiciera verdadera mella en él… No, desde luego que no se puede permitir no estar ella en medio.
Se van la semana que viene los dos. Carlo volvió a Ucrania poco después de llegar a lo que ha dado en denominar los “Acuerdos paternales para conocer al hijo que esa me robó”, remarcando con mucha mala baba la palabra esa, referida a su mujer huida. Pero hoy, esta tarde especial en la que inauguramos la asociación, ambos están aquí. Danno, a regañadientes, arrastrado por su madre, que sigue sin levantarle el castigo y que aún le usa como cita en todos sus compromisos sociales.
Danno trabajará con nosotros de voluntario este verano cuando vuelva de Ucrania, y Saskya le ha asegurado que, a la mínima que monte, cumplirá su amenaza de enrolarlo en la Marina. En sus manos está comenzar el nuevo curso en su antiguo instituto y no en una base militar en lo más profundo de Carolina del Sur.
Ahora ambos están sentados ante dos escritorios, recibiendo llamadas. Todos los asistentes han querido colaborar hoy como si fuera un día normal y aquí el ambiente es precioso y está lleno de buenas atenciones.
También hemos saludado a Martina y Marie, que no han querido perdérselo. A Martina ya se le nota la barriguita y está tan guapa que da gusto verla. Su bebé llegará en octubre y aún están intentando ponerse de acuerdo en qué parte del planeta traerlo al mundo. Con su ajetreada vida y con los antecedentes familiares de Martina, bien podría ser en Noruega o en Cabo Verde.
La gran ausencia en esta celebración es la de Marcel y Stella, que no han podido venir. A él lo han contratado en una empresa de bricolaje que está en pleno proceso de expansión, y quieren que ayude en la nueva sede que acaba de abrir en Maui. Así que para las islas hawaianas se han ido los dos, ella con la excusa de ir a buscarse a ella misma, lo que ha parecido convencer a su padre, que es el único que, a estas alturas, desconoce que lleva meses casada con el amor de su vida.
Miriam ha llegado acompañada de sus madres, que se han apuntado como voluntarias en la asociación sin dudarlo, y con Patrick, que desde hace unas semanas ya no es su novio… ¡Ahora están prometidos!
―¿Qué hacéis a finales de septiembre? ―nos preguntaron al día siguiente de mi graduación―. Si tenéis un hueco, creo que quizá os apetezca acercaros a Staten Island para acompañarnos en una cosita de nada… ¡Nos casamos!
La alegría que la noticia nos suscitó fue desbordante, sobre todo por ver sus caras arrobadas de felicidad. Hacen una de las parejas más bonitas que he conocido y, superados los trágicos acontecimientos del año pasado con el hermano de Patrick, creo que no pueden hacer mejor cosa que unirse, si así lo sienten en su interior.
Miro a mi alrededor, a toda la gente que hoy nos acompaña, y mi temor a estar frente a los focos de los medios de comunicación se disipa un poco. Sobre todo, cuando siento que la mano de Saul me rodea por la cintura en un acto no solo cariñoso, sino también protector y de enorme seguridad.
―No es algo serio ―desmiente Saul a los periodistas que nos rodean. Mi corazón se resiente un poco ante esas palabras, pero sus manos me instan a no perder los papeles. Todavía no―. Es lo más serio de toda mi vida. Así que tomen nota, nada de tratar a esta chica como si fuera una más. ¿Saben que hasta en mi compañía la adoran? ¿Saben que hizo que Magnolia Bakery entregara trescientos cupcakes a mi nombre un viernes antes de que todos los empleados se fueran de fin de semana? ¿No querrían a alguien así en su vida?
Les sonríe con su habitual encanto de anuncio y les deja con las ganas de más, alejándome de todos y cada uno de los micrófonos que se mueren por saber más de todo esto.
Pero aún es pronto para contarles nada. No a ellos, que solo conseguirían empañar y empequeñecer la historia que nos ha traído hoy aquí. Una historia hecha de pequeños detalles, mañanas despertando juntos, sueños de un futuro común y mil cosas por descubrir uno en los brazos del otro. Porque nos queda mucho camino y no me puedo imaginar mejor compañero para recorrerlo.
Desde aquella noche en la pista, bajo la nieve y entre su cálido abrazo, mi confianza y mi seguridad en mí misma han aumentado en la misma proporción que mi amor y devoción por Saul, que ha decidido deshacerse de la etiqueta de hombre inaccesible, frío o difícil. No lo es, en absoluto, y eso me lo demuestra cada día con su paciencia, su cariño y su disposición a que yo aprenda a vivir y a sentir de nuevo.
Ya no puedo imaginarme hacerlo de otro modo y, por eso, agradezco que él no siga sirviéndose de juegos, ni siquiera con sus viejos amigos de la prensa del corazón.
Nada más deshacernos de ellos, y antes de entrar en la sede de la fundación, me aparta un segundo para darme los ánimos que necesito.
―¿Ves como todo ha salido perfectamente? ―me pregunta divertido, haciéndome ver que todos mis miedos previos sobre la inauguración y la asociación eran infundados―. No falta nadie, tú estás preciosa y los paparazzi te adoran.
Reímos ambos, recordando que Saul siempre ha hecho con la prensa del corazón lo que ha querido. Pero su gesto, al declararme como algo serio delante de ellos, me ha tocado el corazón.
―Gracias por decirles eso…
―¿Estás de broma? Eres lo más serio de este mundo para mí. La definitiva, el amor de mi vida. Ya es hora de que lo sepa el planeta entero y nadie mejor que ellos para esparcir la noticia en menos de dos minutos. Calculo que el vídeo ya estará en Youtube, así que ya lo sabrán en Japón y Mozambique.
Siento que no puedo experimentar tanta felicidad, que mi pecho va a explotar por todo lo que me rodea, y doy gracias a todas las personas que me han ayudado a llegar aquí, a ser quien soy. A experimentar esta paz, esta maravillosa sensación de hogar que nunca había tenido antes. Saul, que no me quita ojo, se inclina para besarme y recordarme que él se va a quedar a mi lado, siempre, mientras necesite un ancla, un martillo con el que luchar contra mis fantasmas y unos brazos que, por las noches, alejen las pesadillas.
―Gracias, amor… gracias por hacerme sentir, de verdad, como la princesa del cuento de alguien ―le digo con el amor más grande del mundo pintado en mis ojos, al borde del llanto―. Gracias por quererme como soy y por conseguir que crea en las segundas oportunidades… te quiero, lo sientes, ¿verdad?