Epílogo
27 de septiembre, catorce meses después...
—¿No hay nadie en esta casa que venga a recibir a un esposo y a un papá deseoso de besos?
Alex, de pronto, mientras se quitaba la corbata, vio unas flechas de color rojo pegadas en el suelo y supuso que debía seguirlas. Llegó hasta el dormitorio guiado por ellas y, entonces, del vestidor salieron Melissa y Nicholas sosteniendo un paquete.
—¡Pelí pumpeanos, papi! —le dijeron los dos a la vez.
Entonces Alex los levantó a ambos, los besuqueó y se sentaron en la cama.
—¿Y mami dónde está? —les preguntó mientras abría el paquete que sus hijos le habían entregado.
Los pequeños señalaron hacia el vestidor, pero él siguió abriendo el regalo. Justo en el mismo instante en que él terminaba de retirar el envoltorio, una música invadió el ambiente; Rosana comenzaba a cantar Respiras y yo.
Contracciones de amor, van y vienen de ti.
Por dentro y por fuera, de repente los latidos se aceleran.
Empiezo a sentir que es algo especial.
La bolsa parece papel celofán, se rompe a la vez que veo
escapar el mar que en tu vientre me hacía flotar.
No sé si será esta vez, la última o la primera,
sólo sé que hay olor a primavera.
Me acerco a luz,
me alejo de ti,
te cambio por eso que llaman vivir.
Me acerco a la luz, tú abres la salida.
que me lleva a eso, a lo que llaman vida.
Alex sacó una prueba de embarazo del paquete, que sostuvo tembloroso entre sus manos. Levantó la vista y allá estaba Paula, de pie en el resquicio de la puerta, mirándolo mientras se mordía un dedo expectante a su reacción.
—¿Es lo que creo? —preguntó él, abrió los ojos como platos y se quedó con la boca abierta.
Ella asintió con un movimiento de cabeza, sin decir ni mu; estaba muy emocionada, tenía un nudo en la garganta. Alex bajó a los niños de la cama, y luego, de dos zancadas, se apoderó de la cintura de su esposa, la besó con urgencia y luego la apartó para recorrerla con los ojos, se inclinó y le besó la barriga.
—¿Estamos embarazados nuevamente?
—Sí, mi vida. ¿Estás feliz?
—Estoy flipando en colores, Paula. —Volvió a besarla y luego se apartó de su boca por unos instantes—. ¡Vengan acá! —Alex llamó a los niños que saltaban alrededor de ellos—. ¿Saben lo que tiene mamá acá adentro? —les preguntó mientras señalaba la barriga de Paula. Nicholas le levantó el suéter a su madre y, entonces, Melissa dijo:
—Un bebé.
—¿Vos lo sabías? —le preguntó Alex a su hija un tanto extrañado, y entonces la niña asintió con su cabecita.
—Sho tamien —dijo Nicholas mientras le besaba la panza a su madre. Paula estaba desternillada de risa por la complicidad con sus hijos. Los cuatro se sentaron en el suelo.
—¿Y cómo es que yo no me había enterado? —exclamó Alex atónito.
—Porque era tu sorpresa de cumpleaños, mi amor, y debíamos guardar muy bien el secreto hasta este día. —Paula le cogió el rostro con ambas manos, le retiró el pelo de la frente y luego lo besó—. Te amo.
—Yo más.
—Es imposible amar más de lo que yo te amo.
—Te amo igual, entonces. —Se quedaron mirándose con verdadero sentimiento, pero los niños ya se habían puesto de pie y colgado de sus cuellos interrumpiendo sus deseos. Entonces, Alex, sabiendo que para lo que realmente tenía ganas debía esperar, dijo—: ¡Se han ganado una sobredosis de cosquillas! ¿A quién atrapo primeroooooo?
Los tres corrieron por el dormitorio, perseguidos por Alex que los amenazaba abriendo y cerrando sus manos. Atrapó a los niños y les mordió el cuello haciéndolos carcajear. Paula se cogió de su cintura y él buscó los labios de su esposa para besarlos con mucho mimo.
—Te amo. Gracias, mi amor, gracias por esta maravillosa vida —le dijo conmovido.
—Yo también te amo, Ojitos. Gracias a vos por hacer que mis días sean los más bellos.