Documento 2
Denia, 18 de diciembre de 1942
Querida hija:
Espero que al recibo de la presente te encuentres bien de salud y de ánimos. Nosotros, bien, gracias a Dios.
No sabes la alegría y el alivio que nos dio recibir tu carta y saber que estáis bien y que en esos horribles días del desembarco americano en Casablanca vosotros ni siquiera estabais allí. Seguíamos por la radio las noticias de los bombardeos y luego nos pasábamos las noches en vela pensando si estaríais bien, aunque suponíamos que, al tener Goyo estatus diplomático, seguramente os habrían evacuado, al menos a las mujeres. Pero, de todas formas, ha sido una maravilla recibir tu carta y saber que estáis bien, que Rabat está al margen de todos los horrores porque ni siquiera es un objetivo militar y que, estando en esa casa que nos cuentas, aunque aún esté en obras, ni siquiera estás mucho a la vista. Ya sufrimos bastante cuando nuestra guerra, hija, y nos vamos haciendo mayores. Todo nos da miedo. Cada vez más.
Eso es lo que más siento, que hasta que no termine todo este horror en el que se han metido la mayor parte de los países de Europa, no podemos ni pensar en ir a visitaros y, para cuando podamos, a lo mejor nuestra salud ya no nos lo permite. Pero entonces vendrás tú a vernos a nosotros, ¿verdad, Blanquita? Te echo mucho de menos, cariño. ¡Hace ya tanto que no nos vemos! Mándanos una foto tuya cuando puedas.
Y ahora que por fin estás encinta, ¡me gustaría tanto abrazarte y acompañarte en ese trance tan importante para una mujer! Me asusta un poco que vayas a dar a luz en África, la verdad; y tan sola, sin tu madre. Pero hay que poner al mal tiempo buena cara y pensar que no sucede nada sin la voluntad de Dios; con Él estás en buenas manos.
Además, supongo que, siendo Tánger, por lo que me dices, una ciudad internacional, habrá un buen hospital, seguramente con personal español, pero de todos modos me da un poco de miedo. ¿No podrías decirle a Goyo que te traiga a Valencia a pasar los últimos tres meses de embarazo y a que des a luz en la clínica de aquí, como ha hecho tu hermana las dos veces?
Y mira que está mal la cosa para llegar con los trenes, que siempre van abarrotados, y es muy difícil conseguir billete; pero gracias a los contactos de Vicente y a que nuestro Generalísimo se preocupa personalmente de que las cosas vayan mejorando, pudo venirse aquí con la nena y la cuidé yo hasta que Vicentito cumplió los cuatro meses y se volvieron a Zaragoza.
Rezo todas las noches para que tengas un buen parto y para que puedas venir a vernos lo antes posible. Con esta carta te envío un escapulario de la Virgen del Carmen y uno de san Ramón Nonato, que son infalibles en los embarazos y los partos. Prométeme que los llevarás siempre puestos, hija mía.
Te escribo ahora desde la finca porque hemos decidido venirnos aquí a pasar las Navidades. Al menos aquí tenemos la cambra llena de fruta seca, varias tinajas de aceite, harina, ajos, cebollas, arroz, gallinas y conejos. También tenemos la huerta, que por primavera nos dará muchas cosas buenas de comer; o eso esperamos. Y está el mar con sus pescadores, que siempre traen alguna cosa. En el campo la vida es un poco más fácil que en las capitales como Valencia, y tu padre y yo no necesitamos demasiado, cada vez menos. ¡Lo que hace la edad!
Recibimos noticias de Quim, el hijo de Ricard, el jardinero, ¿te acuerdas? Está en Rusia con la División Azul, y parece que la guerra allí es durísima, mucho peor de lo que fue aquí, pero el muchacho se dejó liar por los rojos siendo jovencito, hizo cosas que no debía y su padre le aconsejó que se alistara para, al volver, estar limpio de sospechas y poder conseguir un buen trabajo. Dice el pobre que el invierno ruso es espantoso y que nos echa mucho de menos a todos. Yo pongo una vela siempre que puedo para que Dios lo proteja allá tan lejos y le he mandado un paquete con calcetines y una bufanda y algunas cosillas de comer, pero no sé si le llegarán.
Y tú, Blanca, ¿vas a misa al menos todos los domingos? Sé que nunca fuiste mucho de misa, pero, estando tan lejos y entre infieles, eso te ayudará a conservar la paz de tu alma y a ser una buena madre y una buena esposa. No te digo que te busques un director espiritual, porque ya sé cómo piensas y lo poco aficionada que has sido siempre a que nadie te diga qué te conviene, pero si al menos vas a misa y tienes un poco de trato con el párroco y con otros buenos cristianos, eso será un apoyo para ti, lejos de casa.
Te mando mil abrazos y besos, hija mía. Dale también un abrazo a Goyo de nuestra parte y dile que te cuide mucho, que en estas circunstancias es cuando una mujer más necesita el cariño de su esposo.
Escríbenos mucho, Blanca, que podamos saber siempre cómo estás.
Con todo el amor de tus padres
CARMEN Y MARIANO
¿Sabéis ya cómo vais a ponerle al nene o a la nena?