EPÍLOGO
Querido diario:
Hoy he releído lo que escribí hace mucho tiempo sobre cuál sería mi futuro ideal, y me he desternillado de la risa.
Aunque no soy una prima ballerina, no he perdido la pasión por la danza. Ahora mismo no puedo bailar mucho, pero sigo haciendo mis estiramientos.
Aún sigo trabajando en la pasticceria y me encanta, aunque también soy profesora de repostería.
Enseño a un grupo variopinto de hombres y mujeres adultos que varía en cantidad según la temporada. Personas que, en la mayoría, han hecho cosas cuestionables por culpa de adicciones incontrolables.
Durante mis clases, nos retroalimentamos con información; yo les enseño que no todo está perdido y ellos a mí, que vale la pena luchar por vivir.
No tengo un marido dentista… (¿Qué estaría pensando para poner específicamente esa profesión?), ni siquiera estoy casada. Eso sí, no desesperes, hay un novio. Un hombre que me hace babear y plantearme la vida de mil maneras. Que me estimula y me anima a ser la Tazia que siempre he querido ser.
¡Ah, se me olvidaba! También es mi jefe, por lo menos en el papel. En la práctica, solo me manda para decirme que no me pase con el presupuesto y casi ni eso.
Y luego está cuando se pone en plan jefe conmigo en la cama, pero eso no cuenta porque me encanta…
Bueno, y lo más importante de todo, estoy embarazada, o como me dijo Sandra en su momento: «¡Te han hecho un bombo, nena!».
Un niño no deseado, pero no por ello menos querido. Una sorpresa para todos, sobre todo para elpadre y para mí.
Echando cuentas y mirando atrás, descubrimos que esa es lo consecuencia de vomitar nada más tomarte la pastilla del día después.
Alek está muy orgulloso y dice que seguro que fue a la primera… ¡Hombres!
Por si lees esto en un futuro: ¡Te quiero, pequeño!
Por otro lado, algo está cambiando:
Cosimo se ha vuelto loco con esto del embarazo. Se pasa día sí y día también tratando de convencer a Simonetta sobre tener su propio bebé. Ella se resiste, pero veo como le brillan los ojos al ver mi pequeña barriga. Por ahora, como le gusta decir a mi cuñada: limitémonos a practicar, limone.
Como no puedo hacer esfuerzos (ordenes de mi novio y de mi hermano), me han puesto ayuda en la pasticceria. Mónica, la madre de Iván, se ha convertido en mi sombra. Estoy asombrada por cómo ha cambiado por la calma y la alegría que la envuelven allá a donde vaya. Bueno, la paz se aleja cuando Óscar está presente. No sé muy bien qué pasa entre esos dos, pero algo se está fraguando allí…
Marco, el hermano de Netta, ha regresado de su última expedición fotográfica. Y no sé cómo ni por qué, Sandra está viviendo con él. Ella no habla del tema (algo raro) y él, simplemente, se dedica a gruñir algo sobre mujeres desagradecidas e irresponsables al tiempo que no le quita los ojos de encima.
Es como vivir en directo mi propia serie de enredo, y como cualquier fan incondicional, ¡me muero por saber cómo continúan! Mientras escribo, doy vueltas al anillo que pertenecía a Silvia, la madre de Aleksandr, y que ahora es mío. Me tranquiliza sentirlo deslizarse en mi piel. Me gusta cuando Alek me coge de la mano y lo toca, haciéndolo rodar… me siento parte de algo importante. Me siento querida porque sé que regalármelo ha sido un paso muy importante para él. Un compromiso más allá de lo habitual. Un símbolo de esperanza.
En estos momentos no tengo ni idea de lo que me deparará el futuro… En definitiva, soy feliz.