Epílogo:
El primer rey
En la primavera del año del Níquel, el último de la década del Cerezo y del siglo de la Lluvia, los guardias apostados en un emplazamiento oculto, y tan alto en la montaña Fin del Cielo que sus barbas estaban cubiertas de escarcha, levantaron la vista de una de las muchas partidas de dados jugadas durante el largo invierno cuando divisaron en la distancia el movimiento de una gran caravana que se aproximaba desde el norte. Los tambores transmitieron la noticia a la Puerta Norte de Thorbardin, y unos correos llevaron el mensaje desde allí hasta todos los clanes. Era el día que los habitantes de la fortaleza subterránea habían estado esperando desde que había llegado el mensaje de Calom Vand meses atrás. Derkin Legislador, señor de las montañas, venía a Thorbardin. Y esta vez venía para quedarse, no como un ciudadano, sino como regente de todos los clanes.
Habían pasado cinco años desde la primera visita de Derkin y su ejército, cuando miles de enanos habían instalado pabellones para negociar con sus mercancías al pie de la Puerta Norte, y Thorbardin había descubierto el valor del comercio.
Esta vez, eran menos en la caravana. Sólo aquellos que habían escogido vivir como holgars, unos mil doscientos, habían seguido a Derkin desde Tharkas. Y esta vez no acamparon en las estribaciones al pie de la Puerta Norte, sino que sus tambores enviaron saludos y el gran obturador de la puerta se abrió para recibirlos.
Escoltada por unos respetuosos soldados de la guardia nacional, la comitiva de Legislador se detuvo primero en Theibardin. Pasaron allí dos días, al final de los cuales el viejo Bandeo Basto anunció, hoscamente, su retiro como thane del clan theiwar, y Taladro Tolec fue aceptado clamorosamente por los theiwars como su nuevo jefe. Su primera acción como thane fue conceder amnistía a Bandeo Basto, y a sus seguidores, perdonándoles sus anteriores intrigas y su irreflexiva decisión de involucrarse en las guerras imperiales de los humanos. Su segunda acción fue hacer el solemne juramento de que, si algún theiwar volvía a avergonzar a la nación enana involucrándose en secreto con emperadores y generales humanos, él en persona se ocuparía de que el culpable sirviera de alimento a los gusanos remolcadores.
Desde Theibardin, la comitiva de Derkin fue a Daebardin, donde Jeron Cuero Rojo prometió el apoyo de los daewars a la regencia de Derkin. Pasaron otros dos días allí, con Jeron y sus consejeros, planeando detalles para acuerdos comerciales con los elfos de Qualinesti.
Desde Daebardin, los recién llegados se dirigieron a las ciudades kiars sin nombre, donde Derkin recibió la promesa de Trom Thule. Después fueron a Daerbardin, donde Vin la Sombra pasó horas con el thane del clan daergar, Risco Visera, explicándose las propiedades de la piedra y las riquezas de las vetas que podían extraerse en Tharkas, y donde Risco juró lealtad a Derkin Legislador y de inmediato empezó a organizar una expedición de prospectores.
Por puro protocolo, Derkin también se paró durante unos minutos en los pozos de escombros que había debajo de Daerbardin, donde la pequeña tribu de los aghars vivía… cuando lograron encontrar el sitio. Allí, Derkin se presentó al jefe gully, Mugroso I, que no tuvo muy claro por qué habían ido a hablar con él hasta que Vin la Sombra lo cogió por el hombro y señaló a Derkin.
—Ese es el nuevo jefe del lugar, —explicó el daergar.
Mugroso se quedó pensando y después se encogió de hombros.
—Por mí, vale, —dijo. Terminado el asunto, el Gran Bulp de todos los aghars de Thorbardin dio media vuelta y se marchó.
Sonriendo y sacudiendo la cabeza, Vin le dijo a Derkin:
—Eso es lo más parecido a un juramento que puedes obtener aquí.
En Hybardin, la ciudad hylar excavada en la piedra viva de la estalactita llamada el Árbol de la Vida, Derkin se reunió con Dunbarth Cepo de Hierro.
—Como tu hijo te contó, he puesto condiciones para aceptar la regencia. Una de ellas es que aceptes que los hylars te nombren su thane, —dijo.
—Nunca he querido serlo, —contestó Dunbarth.
—Tampoco yo quería ser regente, —replicó Derkin con el ceño fruncido—. Pero lo seré, a condición de tener un líder hylar en el que pueda confiar. Y confío en ti, Dunbarth Cepo de Hierro.
El hylar extendió los brazos en un gesto de resignación.
—De acuerdo, —asintió—. Acepto el título de thane sólo porque tú lo exiges.
—¿Tengo, pues, tu juramento de lealtad?
—Lo tienes. Y te doy la bienvenida a tu reino, Derkin Legislador.
—No he aceptado una corona, —dijo Derkin bruscamente—. Sólo una regencia, o, como un antepasado mío lo expresó, seré el jefe de los jefes.
—¿Y por qué no rey? —Dunbarth lo miraba, desconcertado—. Todo Thorbardin está preparado para inclinar la rodilla ante ti.
—No seré rey de una nación dividida, —declaró Derkin—. Gobernaré, pero no reinaré, hasta que sepa que Thorbardin y Kal-Thax están realmente unidas. Y hasta estar convencido, en el fondo de mi corazón, de que puedo reinar sabiamente.
—Entonces, sé thane de thanes hasta que estés seguro, —instó Dunbarth—. Aceptaré eso.
Por primera vez en cinco años, el Gran Salón de Audiencias se llenó al completo cuando el consejo de thanes se reunió en él. Y, por primera vez en un siglo, la gran cámara retumbó con vítores y aplausos cada vez que se acordaba uno de los puntos de la orden del día. Taladro Tolec fue nombrado miembro del consejo de thanes, en representación del clan theiwar, y el título de Dunbarth Cepo de Hierro se rectificó en los pergaminos, sustituyendo el de representante por el de thane del clan hylar.
Entonces, con solemnidad, el antiguo pergamino en el que estaba redactado el Pacto de los Thanes se sacó y se le dio lectura. A continuación, Jeron Cuero Rojo propuso una única enmienda, que era la anulación del párrafo por el cual se admitía el gobierno por decreto únicamente en tiempos de crisis, como una emergencia. Tal enmienda era necesaria para poder nombrar un regente… o para coronar a un rey.
El antiguo pacto fue enmendado por votación unánime, y Derkin Legislador fue nombrado regente de Thorbardin en medio de los vítores de decenas de miles de enanos. Mientras los aplausos retumbaban en la gran cámara, Helta Bosque Gris entró en ella y descendió por uno de los pasillos centrales hasta el estrado, seguida por varios enanos vestidos con ropajes de llamativos colores que transportaban un ornamentado sillón, el mismo que antaño había sido el trono del príncipe humano, lord Sakar Kane de Klanath.
Helta dirigió a los enanos en la colocación del sillón en el centro del estrado. Luego se volvió, repentinamente azorada ante los miles y miles de ojos que observaban todos sus movimientos.
—Eh… este es el sillón de Derkin, —explicó—. Se ha encariñado con él, así que lo he traído hasta aquí.
Derkin, sorprendido, soltó una queda risita, y algunos de los thanes sonrieron. En la multitud reunida se hizo un profundo silencio de perplejidad, y Helta miró en derredor a la gran muchedumbre. Luego, poniéndose en jarras como tan a menudo solía hacer su marido, exclamó:
—¡Bueno, un regente no puede hacer su trabajo de pie!
La regencia de Derkin Legislador en Thorbardin duró treinta y seis años. Durante ese tiempo, la interminable guerra de conquista emprendida por el imperio ergothiano contra los elfos y los humanos del Ergoth oriental finalmente concluyó sin un claro vencedor. El conflicto no volvió a extenderse a territorio enano, pero los enanos sí tomaron parte en él. A causa de las maquinaciones de un theiwar llamado Than-Kar, Thorbardin había quedado desprestigiada, y el thane hylar, Dunbarth Cepo de Hierro, acudió al campo de batalla varias veces con guerreros hylars para ayudar a los elfos en la lucha.
Para cuando la guerra terminó, los elfos occidentales estaban muy adelantados en el desarrollo de una nueva cultura elfa, en realidad, una nueva nación, en la tierra llamada Qualinesti. Miles de ellos también se habían unido a los enanos en la construcción de una ciudadela en el paso de montaña: Pax Tharkas.
En el trigésimo primer año de su regencia, Derkin salió de Thorbardin durante un tiempo para viajar al emplazamiento de la ciudadela. Allí se reunió con el líder elfo, Kith-Kanan, para establecer un tratado permanente entre las dos naciones. En la solemne ceremonia estaban presentes los dos primeros gobernadores de Pax Tharkas, el elfo Selanas Prill y el enano Garra Púa de Roble.
El tratado formalizaba la alianza entre enanos y elfos, y consagraba Pax Tharkas como un monumento vivo a esa alianza… y a todos aquellos que habían muerto por la causa.
El pacto se llamó el Tratado de la Vaina de la Espada.
Fue la última vez que Derkin abandonó la fortaleza subterránea. Cinco años después, se convirtió en el primer rey de Thorbardin; una Thorbardin que ya no estaba confinada en las cavernas bajo tierra, aislada del mundo por sus inexpugnables puertas, sino que era una poderosa nación que se extendía por las tierras montañosas de la antigua Kal-Thax, desde Pax Tharkas hasta los picos del Trueno, desde Fin del Cielo hasta Cabezas de Yunque; una nación llena de emplazamientos enanos como Fragua de Piedra y Trueque, Cabañeros y Pirita, Peña Roja y Risco vivían como neidars, y los que preferían el abrigo de la piedra vivían como holgars, con la gran fortaleza de Thorbardin como capital de toda la nación.
Derkin gobernó como rey en Thorbardin durante ciento veintitrés años. Lo sucedió su nieto, Damon Diente de Piedra, quien decretó que él y todos los reyes futuros serían conocidos tanto por su propio nombre como por el nombre de investidura al subir al trono, en honor del primer rey enano.
Ese nombre era Derkin.