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Zhulin es ocupado sólo por Yi Hangfu.

El duque Ling sufre la cólera de Xia Zhengshu.

Después de la marcha del duque Ling y de Kong Ning, la dama Xia pensó: «¡Qué deprisa se ha ido Yi Hangfu! ¿Se habrá enfadado conmigo? ¿No debería aprovechar que los otros dos se han ido para recibirle esta noche y regocijarme a solas con él? ¡Hum, sí, excelente idea!». Así pues, a media noche, ordenó a Flor de Loto que fuera a buscarle.

Yi Hangfu, tan pronto como Kong Ning había obligado a descabalgar a la dama Xia, se había sumido en una abrumadora tristeza. De regreso a su casa, se disponía a descansar cuando de pronto oyó que alguien llamaba a la puerta. Abrió precipitadamente y vio que era Flor de Loto. La atrajo hacia él y la besó en la boca:

—Amada mía, ¿qué te trae aquí a estas horas de la noche?

—El duque y Kong Ning se han ido; mi señora me envía a buscaros. ¿Aceptaréis su invitación?

Yi Hangfu la besó de nuevo diciendo:

—¡Amada, qué bien conoce tu señora mi corazón!

—El corazón de mi ama está impaciente por veros llegar.

Yi Hangfu cambió entonces su atuendo por un traje azul y una pequeña cofia y se dirigió a Zhulin en compañía de Flor de Loto. La dama Xia estaba sentada en el pabellón de los bordados y, al verle llegar, se puso tan contenta como ante un fabuloso tesoro. Pidió a Flor de Loto que preparara rápidamente algunos manjares y bebidas alcohólicas, y se dispuso a beber con Hangfu.

—Como sabéis, hace un rato Kong Ning me obligó a colocarme debajo de él y no me dio tiempo a haceros alcanzar el placer. Alarmada, he mandado a buscaros.

—Ese granuja de Kong Ning es muy egoísta, tanto que es del todo incapaz de compartir su placer. ¡Ese hombre de baja condición es de esos que interrumpen las descendencias! Pero ese asunto no os concierne, señora, ¿por qué habríais de alarmaros? A partir de ahora esperaremos a que los dos hombres se hayan ido para regocijarnos.

Mientras hablaban, habían traído ya los platos de la cocina y los dos se pusieron a comer, pues tenían que hacer acopio de fuerzas para la batalla. A continuación cerraron cuidadosamente la puerta del pabellón, se quitaron la ropa y muy pronto estuvieron desnudos de la cabeza a los pies. También Flor de Loto se desnudó, y los tres se sentaron en la cama a beber vino. Hangfu dijo entonces:

—No os podéis imaginar lo molesto que es para un hombre tener esta copa de vino en el hueco de su mano. ¿No sería mejor que la pusiera en otro lugar y bajara la cabeza para bebería? ¿O tal vez sea demasiado difícil?

La dama Xia se tumbó entonces boca arriba y alzó muy alto las piernas. Hangfu tomó una copa y la colocó a la entrada del valle. Rogaron a Flor de Loto que llenara la copa y Hangfu bebió directamente de ella. Era tal su aguante para la bebida que fueron necesarias al menos diez copas para que comenzara a notar el vino. Luego, apartando la copa, excitó con el dedo «el corazón de la flor» de la dama Xia, cuyo valle estaba tan estrecho como de costumbre. El menor dedo que se introducía en él era engullido enseguida. Hangfu la excitó así durante un rato. Su miembro viril se irguió, duro y erecto. Entonces sacó del cinturón de su traje un paquete que contenía instrumentos para el placer. Tomó en primer lugar un objeto de forma circular llamado «anillo para cerrar con candado el yang» y se lo puso en la base de su miembro de jade. A continuación sacó una píldora afrodisíaca conocida como «píldora para agrandar el yang y hacer durar mucho tiempo la batalla» y, por último, un artilugio de cuatro o cinco pulgadas de largo llamado «ingle de Cantón», muy parecido a un pene. Dándoselo a Flor de Loto, le dijo:

—Mientras estemos ocupados tu señora y yo, tal vez te aburras un poco, así que toma este objeto para entretenerte.

—¿Y cómo se utiliza? —preguntó Flor de Loto.

—Si lo pones a remojo en agua caliente, se endurecerá.

Flor de Loto obedeció y el artilugio cobró la firmeza de un miembro de jade. Se lo colocó en la entrada del valle y lo hizo entrar de golpe.

—¿Y luego cómo se saca?

—¡Evidentemente, no es así como hay que utilizarlo! —le respondió Hangfu riéndose—. Debes atar a tu pierna el lazo rojo que se encuentra en su parte superior y efectuar varios vaivenes. ¡Así funcionará mucho mejor!

Y eso hizo ella. Cuando se movía hacia abajo, lo hacía entrar, y cuando se alzaba hacia arriba, lo hacía salir. Y meneándose de esta manera, sentía un auténtico placer. Viéndola atarearse de esa forma tan segura y correcta, Hangfu se tomó por fin la píldora afrodisíaca y su yang pareció de pronto cobrar nuevas fuerzas, las venas se le dilataron y creció una pulgada; se volvió también espectacularmente gruesa. La dama Xia, tumbada boca arriba, separó las piernas y las apoyó sobre la barandilla de la cama, y Yi Hangfu colocó las suyas en medio. Apuntó hacia el interior de la raja y, de un empujón, sólo consiguió introducir la mitad de la «cabeza de su tortuga». Empujó de nuevo y, para su asombro, vio que cuanto más empujaba, menos podía moverse.

—¿Cómo es posible que no puedas ni siquiera entrar? —le preguntó la dama Xia.

—Está demasiado estrecho —le respondió él.

—Pide a Flor de Loto que te ayude —le dijo ella—. ¡Con la fuerza de dos personas entrarás!

Y, en efecto, Flor de Loto se colocó detrás de él y los dos se pusieron a empujar con fuerza, animándose con algún que otro «Ay», hasta que por fin el miembro fue engullido hasta la raíz. Hangfu sintió entonces el calor ardiente de aquel valle en el que no había el menor intersticio. ¡Oh portento que no puede ser expresado con palabras! Permanecía allí sin consentir moverse ni por asomo.

—¡Date prisa, sácamela y métemela un poco! —le dijo la dama Xia—. ¡Me muero de deseo!

Hangfu obedeció y, levantando su miembro de jade, la embistió varias veces, pero luego se detuvo de nuevo. Viendo que aquella situación era insostenible, la dama desplegó sus energías imprimiendo un movimiento ascendente y descendente a su valle. Ninguno de los dos se movía y, sin embargo, el miembro de jade frotaba a izquierda y a derecha, como en el vaivén habitual. De este modo gozaron un rato. Aunque todavía no hubiera emitido su semen, Hangfu se sentía agotado. Cuando iba a retirarse, la dama le oprimió con fuerza en el interior de su valle y se lo impidió. Esta energía le ayudó a erguirse, y su miembro de jade empezó a moverse por sí mismo, como antes.

Se entregaron un rato más a este placer, hasta que Hangfu dijo:

—No puedo más. Estoy completamente dolorido.

La dama Xia bajó entonces sus piernas y se relajó. Hangfu se retiró. Y tras un momento de reposo, la puerta del valle volvió a estar tan cerrada como antes. Poco tiempo después, Yi Hangfu se sintió inflamado de nuevo por el fuego del deseo y la penetró con su lanza completamente erecta. Y como la dama ya no estaba dispuesta a controlar su respiración, la puerta de su valle se ensanchó y Hangfu pudo efectuar a su gusto unos cuantos vaivenes. Y así llegaron al momento más placentero. En cuanto a Flor de Loto, había empezado a sentir que un fuego terrible la quemaba; se entregó con ímpetu y de forma ininterrumpida a mover la «ingle de Cantón», y ésa fue sin duda la causa de su desventura, pues la había forzado demasiado. De pronto se oyó un ruido. ¡La cinta se había roto y el artilugio se le había quedado dentro! En efecto, desde fuera ya no se veía ni rastro de él. Las manos y los pies de Flor de Loto se helaron y los ojos empezaron a darle vueltas. Al verla en ese estado, Hangfu dijo:

—¡Esto me da muy mala espina! Ha roto la cinta.

Retirando su miembro de jade, se bajó del lecho precipitadamente para socorrer a Flor de Loto. Alzándola, rogó a la dama Xia que le ayudara a sacar el artilugio. La dama lo intentó, pero no pudo sacarlo. Y de nuevo fue Hangfu quien, apoyando la mano sobre el pequeño vientre de Flor de Loto, empujó hacia abajo y por fin lo sacó. La doncella volvió en sí poco a poco mientras Hangfu gozaba de nuevo con la dama Xia. Y hubo que esperar a que el sol estuviera ya alto en el cielo para que dejaran de combatir. Al fin se separaron.

Volvamos ahora a Xia Zhengshu, el hijo de la dama Xia, que durante todo este tiempo había ido creciendo y se había hecho adulto. Cuando se dio cuenta de los tejemanejes de su madre, sintió como si unos cuchillos le desgarraran el corazón. Y como, por otra parte, su simple presencia molestaba al soberano de Chen, no sabía cómo comportarse. Cada vez que el príncipe iba a Zhulin, él se ausentaba con cualquier pretexto con el fin de no tener que comparecer ante su soberano y mantener sus ojos puros de todas aquellas villanías. ¡Ay! ¡Todo habría sido mucho mejor para esos viciosos si Zhengshu no hubiera existido!

Pero Zhengshu tenía entonces dieciocho años. De noble presencia, sobresalía en el tiro al arco. Queriendo alegrar el corazón de su madre, el duque Ling le nombró sima o ministro del ejército. Después de haber dado las gracias al duque, Zhengshu regresó a Zhulin y se prosternó ante su madre, quien le dijo:

—Has obtenido este cargo por la merced del príncipe. Espero que sepas ser digno de él y ejercerlo con decoro a fin de alejar las desgracias de tu principado. Por otra parte, no es necesario que te preocupes de los asuntos de tu casa.

Obedeciendo las órdenes de su madre, Zhengshu fue a palacio para poner en orden sus negocios. Un día en que el duque Ling, Kong Ning y Yi Hangfu habían ido de nuevo a Zhulin para divertirse, Zhengshu decidió volver a su casa y mandó preparar unos manjares para honrar al duque con un banquete. Como su hijo estaba allí, la dama Xia no se atrevió a disfrutar con los tres hombres; éstos, después de unos cuantos vasos de vino, se pusieron a bromear tontamente, moviendo las manos y pateando. Zhengshu, a quien le producía una terrible repulsión verles comportarse así, se ocultó detrás de un biombo y se quedó escuchándoles. El duque Ling decía a Hangfu:

—Zhengshu tiene un altivo porte. Se te parece un poco. ¿No serás por casualidad su padre?

—Vosotros dos sois demasiado jóvenes para ser sus padres —declaró Kong Ning—. ¡Sus presuntos padres son tan numerosos que ni el mismo Zhengshu se acuerda de quién es hijo!

Los tres hombres estallaron en carcajadas al tiempo que aplaudían. Al oírles, Zhengshu sintió que la vergüenza y el disgusto le embargaban el corazón, y no pudo contener su cólera. ¿No es verdad que la verdadera cólera surge del corazón, y el odio, de la vesícula? Encerró en secreto a su madre dentro de sus aposentos y salió de la residencia por una puerta secreta. Luego ordenó a los soldados de su séquito que cercaran los aposentos privados y que retuvieran en ellos al duque de Chen, a Kong y a Yi. Una vez cercada la residencia por la masa compacta de soldados, Zhengshu, cubierto con su coraza y empuñando una daga afilada, instruyó a sus valientes y les ordenó con voz potente:

—¡Apresad a esos obscenos bandidos!

El duque Ling seguía riendo y bebiendo vino, en contra del más mínimo sentido común. Kong Ning le dijo de pronto:

—Señor, esto me da mala espina; Zhengshu no estaba animado de buenas intenciones cuando nos invitó a este banquete. Está dirigiendo a sus soldados contra nosotros. Acaba de ordenarles que nos detengan. ¡Vayámonos de aquí cuanto antes, majestad!

—La puerta de delante está rodeada —dijo entonces Hangfu—, tenemos que huir por la de detrás.

El duque Ling corrió entonces hacia la parte trasera de la residencia con la esperanza de poder refugiarse en los aposentos privados de la dama Xia. Pero la puerta estaba cerrada con llave. Desamparado, se precipitó hacia el bosque. Recordaba que cerca de los establos había un pequeño muro que podía franquearse fácilmente. Mientras corría, Zhengshu le gritó:

—¡No huyáis, insensato!

Y le disparó una flecha que no le alcanzó. El duque, cada vez más agotado, no pudo continuar. Zhengshu, que se acercaba rápidamente a él, le disparó una segunda flecha.

Pues bien, si no sabéis aún cuál fue el destino del duque Ling, prestad atención a las explicaciones del próximo capítulo.