53.
No importa lo que suceda, ya sea dentro del microcosmos de la propia mente y el propio cuerpo, o en el mundo exterior, uno es capaz de afrontarlo, no con tensión, no con deseo o aversión reprimidos a duras penas, sino con completa soltura, con una sonrisa que surja de lo más hondo de la mente. En ninguna situación, agradable o desagradable, querida o no querida, se tiene ansiedad, uno se siente totalmente seguro, seguro en la comprensión de la impermanencia. Ésta es la mayor bendición.
Saber que eres tu propio dueño, que nada puede dominarte, que puedes aceptar con una sonrisa cualquier cosa que la vida te depare: éste es el equilibrio perfecto de la mente, ésta es la verdadera liberación. Esto es lo que puede conseguirse aquí y ahora con la práctica de la meditación Vipassana. Esta ecuanimidad real no es una mera reserva negativa o pasiva. No es la ciega conformidad o apatía de quien trata de escabullirse de los problemas de la vida, que trata de esconder la cabeza bajo el ala; el verdadero equilibrio mental está basado en la plena consciencia de los problemas, consciencia de todos los niveles de la realidad.
La ausencia de deseo y aversión no implica una actitud de indiferencia sorda en la que se disfruta la propia liberación sin dedicar un solo pensamiento al sufrimiento ajeno. Por el contrario, la ecuanimidad real se llama con razón «santa indiferencia». Es una cualidad dinámica, una expresión de la pureza de la mente que, por primera vez, en cuanto se ha zafado del hábito de reaccionar a ciegas, puede realizar una acción positiva, creativa, productiva y beneficiosa para uno mismo y para los otros. Además de la ecuanimidad, surgirán las restantes cualidades de una mente pura: benevolencia, el amor que busca el beneficio ajeno sin esperar nada a cambio; compasión ante los fallos y sufrimientos ajenos; alegría altruista ante su éxito y buena suerte. Estas cuatro cualidades son el resultado inevitable de la práctica de Vipassana.
Lo único que hacíamos con anterioridad era guardar para nosotros lo bueno y dar a los otros lo que no queríamos, pero ahora comprenderemos que la felicidad propia no puede ser conseguida a expensas de los otros, que proporcionar felicidad a los demás trae felicidad para nosotros y buscaremos compartir lo que tengamos de bueno. Habiendo salido del sufrimiento, y habiendo experimentado la paz de la liberación, comprendemos que ése es el mayor bien y queremos que los demás también experimenten este bienestar y encuentren el camino que les sacará de su sufrimiento.
Ésta es la conclusión lógica de la meditación Vipassana: metta—bhavana, el desarrollo de la buena voluntad hacia los demás. Puede que antes fuéramos muy locuaces al respecto de esos sentimientos, pero en lo profundo de la mente continuaba el viejo proceso del deseo y la aversión. Ahora, hasta cierto punto, el proceso de reacción se ha detenido y se ha ido el viejo hábito del egoísmo, y la benevolencia fluye espontáneamente desde lo más hondo dé la mente. Esta benevolencia puede, con toda la fuerza de una mente pura tras ella, ser muy poderosa creando una atmósfera de paz y armonía en beneficio de todos.
Hay quien cree que el estar siempre equilibrado significa que ya no se puede disfrutar de la vida en toda su variedad, como si un pintor que tuviera la paleta llena de colores decidiera utilizar sólo el gris, o como si alguien que tuviera un piano decidiera tocar sólo una nota. Es una concepción errónea de la ecuanimidad. El hecho es que el piano está desafinado y no sabemos tocarlo. Ponerse a aporrear las teclas en nombre de la autoexpresión sólo producirá sonidos discordes, pero si aprendemos a afinar el instrumento y tocarlo como es debido, podremos hacer música. Usamos toda la escala del teclado, desde la nota más baja hasta la más alta, y cada nota que toquemos sólo creará armonía y belleza.
El Buda dijo que al limpiar la mente y obtener «sabiduría llevada a la perfección», se experimenta «júbilo, bendición, tranquilidad, consciencia, comprensión plena, felicidad verdadera»54. Podemos disfrutar más de la vida con la mente equilibrada. Cuando se produce una situación agradable, la podemos saborear a fondo teniendo una conciencia plena y atenta del momento presente. Pero cuando la experiencia pasa, no nos aflijimos, seguimos sonriendo al comprender que tenía que cambiar. Igualmente, cuando se produce una situación desagradable, no nos alteramos, sino que la comprendemos, y al hacerlo quizás encontremos una forma de modificarla; pero si esto no está en nuestra mano, seguimos estando en paz, comprendiendo perfectamente bien que esa experiencia es impermanente, destinada a desaparecer. Y así, al mantener la mente libre de tensión, podemos llevar una vida más agradable y productiva.
Hay una historia que dice que la gente en Birmania solía criticar a los estudiantes de Sayagyi U Ba Khin, diciendo que no tenían el porte serio propio de los que practican meditación Vipassana. Los críticos admitían que durante los cursos trabajaban con seriedad, como es debido, pero que luego siempre aparecían felices y sonrientes. Cuando las críticas llegaron a oídos de Webu Sayadaw, uno de los monjes más respetados del país, él replicó: «Sonríen porque pueden sonreír.» La suya no era una sonrisa de apego o ignorancia, sino de Dhamma. Quien ha limpiado su mente no va por ahí con el ceño fruncido. Cuando se elimina el sufrimiento, la sonrisa brota espontánea. Cuando se aprende el camino que lleva a la liberación, uno se siente feliz.
Esta sonrisa que brota del corazón expresa paz, ecuanimidad y benevolencia; una sonrisa que se mantiene franca en cualquier situación, es una felicidad verdadera. Ésta es la meta del Dhamma.
PREGUNTAS Y RESPUESTAS
PREGUNTA.—Quisiera saber si podemos tratar los pensamientos obsesivos igual que tratamos el dolor físico.
S. N. GOENKA.—Limítate a aceptar el hecho de que hay un pensamiento obsesivo o una emoción en la mente. Algo que había sido profundamente reprimido y ahora ha aparecido en el nivel consciente. No entres en detalles, acepta la emoción como emoción y observa al mismo tiempo qué sensación tienes. No puede haber una emoción sin que haya una sensación en el plano físico. Comienza a observar esa sensación.
P-Entonces, ¿tenemos que buscar la sensación asociada a esa emoción en particular?
S.N.G.—Observa cualquier sensación que se produzca. No puedes saber qué sensación va asociada a la emoción, así que no trates nunca de hacerlo, sería entregarse a un esfuerzo inútil. En el momento en que hay una emoción en la mente, cualquier sensación que se experimente físicamente tiene relación con esa emoción. Observa la sensación y comprende: «Estas sensaciones son anicca. Esta emoción también es anicca. Veamos cuánto dura.» Verás que has cortado las raíces de la emoción y que desaparece.
P.—Quiere decir que emoción y sensación son lo mismo?
S.N.G.—Son las dos caras de una misma moneda. La emoción es mental y la sensación es física, pero ambas están interrelacionadas. Cualquier emoción, cualquier cosa que surja en la mente, tiene que surgir con una sensación en el cuerpo. Ésta es la ley de la naturaleza.
P.—¿Pero la emoción en sí es un asunto de la mente?
S.N.G.—Sí, con toda seguridad que es un asunto de la mente.
P.—¿Pero la mente es también todo el cuerpo?
S.N.G.—Está íntimamente relacionada con todo el cuerpo.
P.—¿La consciencia está en todos los átomos del cuerpo?
S.N.G.—Sí. Ésa es la razón de que la sensación asociada a una determinada emoción pueda surgir en cualquier parte del cuerpo. Si observas las sensaciones en todo el cuerpo, es seguro que estás observando la sensación asociada a esa emoción. Y te libras de la emoción.
P.—¿Es beneficiosa la práctica, aunque uno esté sentado y no pueda captar ninguna sensación?
S.N.G.—Si te sientas y observas la respiración, la mente se calmará y se concentrará, pero el proceso de limpieza no puede llegar a los niveles más profundos a menos que sientas las sensaciones. La reacción en lo profundo de la mente empieza con la sensación que se produce constantemente.
P.—Si en la vida cotidiana disponemos de unos momentos, ¿es beneficioso estarse quieto y observar las sensaciones?
S.N.G.—Sí. Incluso con los ojos abiertos, cuando no tengas que hacer otra cosa, debes estar atento a las sensaciones.
P.—¿Quéhace un maestro para saber que un estudiante ha experimentado el nibbana?
S.N.G.—Hay varias formas de saberlo en el momento en que alguien está experimentando nibbana realmente. Para ello, el maestro debe estar entrenado adecuadamente.
P.—¿Cómo pueden los meditadores saberlo por sí mismos?
S.N.G.—Por los cambios que se produzcan en su vida. Las personas que realmente han experimentado nibbana se vuelven de mente santa y pura. Dejan de quebrantar los cinco preceptos básicos de forma grave, y en vez de disimular una equivocación, la admiten abiertamente y tratan por todos los medios de no repetirla. Desaparece el apego a los ritos y ceremonias porque reconocen que sólo son formas externas, vacías y sin experiencia real. Tienen una confianza inquebrantable en el camino que les lleva a la liberación; dejan de buscar otros caminos y, finalmente, la ilusión del ego se hace añicos. Si la gente pretende haber experimentado el nibbana pero sus mentes siguen siendo tan impuras y sus actos tan malsanos como antes, quiere decirse que algo anda mal. Su forma de vida debe demostrar si realmente lo han experimentado.
No es adecuado que un maestro extienda «diplomas» a los estudiantes para anunciar que han obtenido el nibbana, pues se convertiría en una competición para fomentar el ego para el maestro y para los estudiantes. Los estudiantes sólo se esforzarán para conseguir el diploma, y cuantos más diplomas extendiese el maestro, mayor sería su reputación. La experiencia del nibbana se convertiría en algo secundario, mientras que cobraría máxima relevancia la obtención del diploma, y todo ello sería un juego estúpido. El Dhamma puro es únicamente para ayudar a la gente, y la mejor ayuda es tratar de que un, estudiante experimente de verdad el nibbana y se libere. El único propósito que tienen el maestro y la enseñanza es ayudar a la gente de forma genuina, no fomentar su ego. Esto no es un juego.
P.—¿Cómo compara psicoanálisis y Vipassana?
S.N.G.—En el psicoanálisis tratas de traer al consciente acontecimientos del pasado que influyeron poderosamente para condicionar la mente, Vipassana llevará al meditador al nivel más profundo de la mente, allí donde comienzan los condicionamientos. Cada incidente que uno trate de recordar con el psicoanálisis tiene también la impronta de una sensación en el nivel físico. Al observar las sensaciones físicas en todo el cuerpo con ecuanimidad, el meditador permite que surjan y desaparezcan innumerables capas de condicionamientos. Llega hasta la raíz de los condicionamientos y puede librarse de ellos rápida y fácilmente.
P.—¿Qué es la verdadera compasión?
S.N.G.—Es el deseo de servir a la gente, de ayudarles a salir del sufrimiento. Pero debe hacerse sin apego. Si empiezas a lamentarte del sufrimiento ajeno, lo único que consigues es ser infeliz tú mismo. Éste no es el camino del Dhamma. Si tienes verdadera compasión, trata con todo tu amor de ayudar a los otros al máximo de tus posibilidades. Si fracasas, sonríe e inténtalo de otra manera. Sirve sin preocuparte por el resultado de tu servicio. Ésta es la verdadera compasión, la que mana de una mente equilibrada.
P.—¿Diría usted que Vipassana es la única manera de alcanzar la iluminación?
S.N.G.—La iluminación se logra examinándose a uno mismo y eliminando los condicionamientos. Hacer esto es Vipassana, no importa con qué nombre lo denomines. Algunas personas ni siquiera han oído hablar de Vipassana y, sin embargo, el proceso ha comenzando a funcionar en ellos espontáneamente. Esto parece haber sucedido en el caso de un número de personas santas en la India a juzgar por sus propias palabras. Pero al no haber aprendido el proceso paso a paso, no pudieron explicárselo claramente a los otros. Aquí tienes la oportunidad de aprender paso a paso un método que te conducirá a la iluminación.