35.

Mientras los condicionamientos sigan afincados en la mente inconsciente, echarán nuevos brotes a la primera oportunidad, ocasionando sufrimiento. Por esta razón, el futuro Buda sabía que no había logrado la liberación, incluso después de haber alcanzado los estados más elevados posibles con la práctica de la concentración, y decidió que debía continuar su búsqueda de un camino que dejara atrás el sufrimiento y llevara a la felicidad.

Vio que había dos alternativas. La primera es la vía de la autoindulgencia, de la autoconcesión de carta blanca para buscar la satisfacción de todos los deseos; éste es el camino mundano que sigue la mayor parte de la gente, la alcancen o no. Pero él vio claramente que no podía llevar a la felicidad. No existe nadie cuyos deseos sean siempre satisfechos, nadie en cuya vida sólo suceda aquello que desea y no suceda nunca aquello que no desea. La gente que sigue este camino padece inevitablemente cuando no consigue lo que ansia, es decir, sufre desagrado e insatisfacción; pero sufre igualmente cuando alcanza sus deseos, sufre por miedo a que el objeto deseado se desvanezca, a que el momento de gratificación sea transitorio, como en efecto será. Tales personas siempre están agitadas: al buscar, al obtener y al perder sus objetos deseados, El futuro Buda había experimentado este sendero antes de abandonar la vida mundana para convertirse en un recluso, y, por tanto, sabía que ése no era el camino que llevaba a la paz.

La otra alternativa es el camino de la autorrestricción, abstenerse deliberadamente de la satisfacción de los deseos. Hace 2.500 años, este camino de renuncia era llevado en la India hasta el extremo de evitar toda experiencia agradable e infligirse uno mismo las desagradables.

La razón de este autocastigo era el creer que así se curaría el hábito de tener deseo y aversión y, por tanto, se purificaría la mente. La práctica de tales austeridades es un fenómeno común a la vida religiosa en todo el mundo. El futuro Buda había experimentado también este camino durante los años que siguieron a la adopción de una vida sin hogar. Había tratado diferentes prácticas ascéticas, hasta el punto de que su cuerpo quedó reducido a la piel y los huesos, pero, aun así, vio que no estaba liberado. Mortificar el cuerpo no purifica la mente.

No es necesario llevar la renuncia hasta ese extremo. Se puede practicar de forma más moderada absteniéndose de gratificar aquellos deseos que impliquen acciones perjudiciales. Esta forma de autocontrol parece mucho más preferible a la autoindulgencia, puesto que al practicarla se evitan al menos las acciones inmorales. Pero si la renuncia sólo se logra a fuerza de represión, es seguro que las tensiones mentales aumentarán hasta llegar a un grado peligroso. Todos los deseos reprimidos se acumularán como una riada en el dique de la autodenegación. El dique reventará algún día y provocará una inundación muy peligrosa. No podemos estar seguros o en paz mientras la mente siga llena de condicionamientos. Aun siendo sila tan beneficiosa como es, no puede mantenerse por la sola fuerza de voluntad. El desarrollo de samadhi ayudará, pero no es más que una solución parcial que no llegará a las profundidades de la mente, que es donde yacen las raíces del problema, las raíces de las impurezas. Mientras estas raíces estén enterradas en el inconsciente, no podrá haber felicidad real y duradera, no podrá haber liberación.

Para eliminar las raíces se necesita un método que nos permita penetrar en las profundidades de la mente para contender con las impurezas allí donde se originan. Este método es el hallazgo del Buda: el adiestramiento de la sabiduría o pañña, que le llevó a la iluminación. También se llama Vipassana-bhavana, el desarrollo de la propia naturaleza, visión cabal con la que podemos reconocer y eliminar las causas del sufrimiento. Este fue el descubrimiento del Buda, lo que practicó para su propia liberación y lo que enseñó a los otros durante el resto de su vida. Esto es lo que constituye un elemento único de sus enseñanzas y al que otorgó máxima importancia. Dijo en repetidas ocasiones:

Si está sustentada por la moralidad, la concentración es muy fructífera, muy beneficiosa. Si está sustentada por la concentración, la sabiduría es muy fructífera, muy beneficiosa. Si está sustentada por la sabiduría, la mente se libera de toda corrupción

La Vipassana. El arte de la meditación budista
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