5
Mary Ann esperaba una tragedia. La muerte, incluso. Estaba preparada para el impacto emocional del dolor, el remordimiento y la pena. Para la combinación de las tres cosas. Sin embargo, lo que vio la sorprendió, y sólo sintió felicidad y alivio.
La habitación de Aden estaba limpia y ordenada. Los papeles del escritorio estaban bien colocados, y olía a rosas y madreselva. Aden se hallaba tumbado en la cama, tapado con la sábana. Estaba un poco más pálido de lo normal y tenía unas ojeras muy profundas. Tenía el pelo negro, bajo el que se veían las raíces rubias, enmarañado y pegado a la cabeza. Estaba temblando, pero por lo demás parecía que estaba sano y salvo. Mary Ann se puso una mano en el pecho, para calmar los latidos desbocados de su corazón, y sonrió.
Sin embargo, Victoria se sentó junto a Aden, llorando, y le tomó la mano. ¿Por qué lloraba? Aden estaba vivo...
-No entiendo lo que pasa -dijo MaryAnn, acurrucándose contra el costado de Riley.
-Apesta a hada -dijo Victoria. Se metió bajo la sábana y lo abrazó-. Pobrecito mío -dijo-. Estás helado. Deja que te dé calor.
Aden, dormido o no, debió de reconocer a su novia, porque se giró hacia ella y le rodeó la cintura con los brazos. Poco a poco, el temblor cesó.
-¿Y qué tiene de malo oler como las hadas? -preguntó Mary Ann. Era un olor agradable a rosas y madreselva. Inhaló profundamente. Hubiera deseado tener un frasco de aquel olor para llevárselo a casa y bañarse en él.
-El hedor tiene una gran adherencia, y nuestra gente nunca lo seguirá si lo percibe. Se rebelarán. Exigirán otro líder. Pero para que pueda haber otro líder, tendrán que matar a Aden -dijo Victoria, llorando de nuevo-. ¡Y se supone que tiene que aparecer ante ellos esta noche!
-Y eso no es lo peor -dijo Riley con seriedad-. No os he contado cómo ha acabado así.
Mary Ann lo miró, y él dijo algo en un lenguaje desconocido para ella. Al oírlo, Victoria palideció.
-Señor Thomas para los humanos -añadió.
-¿Quién? -preguntó Mary Ann-. ¿Y qué has dicho antes?
-He dicho el nombre del príncipe de las hadas que arrastró a Aden al Cuento de Hadas -dijo Riley-. La lengua humana no es capaz de pronunciar los sonidos de las hadas, así que mientras están aquí usan nombres simplificados. De todos modos, él juró una vez que destruiría a todos los miembros de la familia de Victoria, porque ellos tomaron parte en la muerte de su hermano.
-Y Aden es ahora parte de la familia real -dijo Victoria con un jadeo de horror.
-Como veis, está bien, más o menos, pero hubo una lucha -continuó Riley-. Yo estaba perdiendo. Aden poseyó el cuerpo del hada y me permitió que lo matara para ganar.
Un momento. ¿El Cuento de Hadas?
-¿Qué es el Cuento de Hadas?
-Es una dimensión que coexiste junto a la nuestra. Sin embargo, mientras ellos están allí, pueden vernos a nosotros, pero nosotros no podemos verlos a ellos. Por eso todos han desarrollado un complejo de ser Dios, y se consideran dueños y protectores de este mundo.
¿Había otra dimensión? ¿En serio?
¿Y por qué se sorprendía? Mary Ann estaba empezando a comprender que todas las criaturas que ella consideraba imaginarias existían de verdad. Coexistían en secreto. Bueno, ya no tan en secreto.
Victoria miró a Riley, cuya expresión era tan grave como había sido su tono de voz.
-¿Dónde está el príncipe ahora?
-Sigue en el Cuento de Hadas. Aden puede despertar a los muertos, y no quería que hubiera un príncipe azul zombi suelto por ahí, así que traje a Aden lo más rápidamente posible. Sin embargo, hay que hacer mucha limpieza, y tengo que hacerla antes de que cualquier otra hada descubra los restos... -Riley miró a Mary Ann-. Quiero decir que... bueno, no importa. Sólo necesito ausentarme durante unos minutos.
Ella sabía que Riley temía cuál pudiera ser su reacción ante la violencia de su naturaleza, ante las cosas que había hecho, y las que haría. También sabía que se iba a desencadenar una guerra si encontraban aquellos restos. Más violenta que la que ya había.
Así pues, no había otro remedio. Ella quería que Riley hiciera lo que tuviera que hacer para sobrevivir. Lo soltó.
-Entonces, vete. Nosotras cuidaremos a Aden durante tu ausencia.
Él se había puesto rígido mientras esperaba su respuesta, y al oírla, se relajó.
-Gracias.
Después de un beso rápido, duro, le susurró:
-Ten cuidado.
Riley se metió en el armario; se oyó ropa cayendo al suelo, y después... nada. Mary Ann se acercó y miró den tro. Había desaparecido. Ella se dejó caer sobre una silla y miró a Victoria.
-No le va a pasar nada, ¿verdad?
La muchacha vampiro estaba completamente concentrada en Aden, acariciándole la cara con las yemas de los dedos y besándole la mandíbula. El anillo de ópalo que llevaba siempre brillaba como si tuviera un arcoíris encerrado en su interior.
-Sí. Tendrá que abrir una nueva puerta, por eso ha desaparecido, y después...
De repente, alguien entró en la habitación. Era un chico a quien Mary Ann no conocía. Se detuvo en seco al ver a Victoria con Aden en la cama y a Mary Ann sentada en el escritorio. Entrecerró los ojos mientras evaluaba la situación. Tenía el mismo aspecto duro que Riley, como si hubiera hecho cosas... difíciles, peligrosas.
-Primero, ¿cómo es que Aden se lleva a todas las chicas guapas? -preguntó con una voz ronca-. Y segundo, ¿quiénes sois y qué hacéis aquí?
Oh, oh. Se suponía que Aden debía estar en el instituto. Si Dan, su tutor legal, averiguaba que había hecho pellas, lo echaría del rancho. Además, no se permitía llevar chicas allí. Si Dan se enteraba de que ellas estaban en su habitación, lo expulsaría del rancho.
Así que, de cualquier modo, Aden estaba en un lío.
Victoria se incorporó y se sentó, sin apartar la vista del recién llegado.
-Márchate de esta habitación vacía y cierra la puerta. No has visto a nadie -dijo. El poder reverberaba en su voz, tanto poder, que Mary Ann tuvo que frotarse los brazos para recordar que no era ella quien estaba recibiendo aquella orden-. Hoy no volverás por aquí.
-Vacía. Marchar. No volver -repitió el chico, y asintió con los ojos vidriosos. Después se dio la vuelta y cerró la puerta.
Victoria volvió a concentrarse en Aden, como Mary Ann. Él estaba más relajado y tenía mejor color. Sus hematomas estaban desapareciendo.
-Se está curando -dijo con un alivio palpable.
-Sí -respondió Victoria, sin mirarla. Pese al progreso, seguía preocupada.
Necesitaba una distracción
-Yo neutralizo los poderes -dijo Mary Ann-. Entonces, ¿cómo es posible que uses tu voz de poder mientras estoy aquí?
-Tú no impides a Riley que cambie de forma, ¿no?
-No.
-Porque su habilidad es natural, forma parte de lo que es. Y para mí, es lo mismo. La mayor parte de mis poderes son naturales. Nací con ellos. Como el teletransporte. Tampoco puedes impedir que haga eso.
Una pena. ¿Y... la mayor parte? Eso significaba que tenía muchos poderes. ¿Qué más cosas extrañas podría hacer? ¿Y qué era lo no natural? Mary Ann no iba a preguntárselo, por supuesto. Victoria y ella no eran amigas, y sólo estaban juntas por los chicos. No por afecto. Todavía no. Tal vez eso llegara con el tiempo.
-Qué semana más horrible -murmuró Victoria-. Mi padre ha muerto, tenemos una maldición de muerte de unas brujas y Aden ha resultado herido por un hada.
Las brujas. ¿Cómo podía haberlo olvidado?
-¿Alguna vez te habían convocado las brujas a una reunión?
-No. Normalmente, las brujas y los vampiros se eluden. Ellas son... bueno, su sangre es nuestra mayor adicción. El sabor es... ni siquiera puedo describírtelo. No hay nada igual, y con sólo probarlo, pueden esclavizarnos.
Magnífico. Entonces, nadie sabía lo que podía espe
-Siempre mantenemos las distancias, y tenemos un pacto tácito. No las usamos como alimento, y ellas no nos hechizan. Hasta hace poco.
-Entonces, estáis incómodos en presencia de las brujas.
-Supongo que sí.
-Y estáis en guerra con las hadas.
-Sí.
-Y odiáis a los duendes.
-Cualquiera que tenga sentido común los odiaría.
¿Estaban los vampiros aliados con alguien? Bueno, aparte de con los hombres lobo, sus protectores.
«Tal vez te hayas unido al grupo equivocado».
Al registrar aquel pensamiento, pestañeó. ¡Equivocado! Ella se había unido al equipo correcto. Se había unido al equipo de Riley. ¿Cómo se atrevía su mente a considerar otra cosa?
«¿De verdad estás enfadada con tu propio cerebro?».
Odiaba aquella voz interior tan cínica. Además, ¿a qué otro equipo iba a unirse? ¿Al de las brujas? Sí, hubiera estado bien. Seguramente, podrían echarle una maldición cada vez que se enfadaran con ella.
Claro que podían.
Pero, Dios, ojalá consiguiera hablar con una bruja, para hacerle unas cuantas preguntas y deshacer aquel enredo. ¿Cómo? Las brujas no llevaban señales externas que las identificaran, y ella no las reconocía a primera vista.
Sin embargo, Victoria y Riley sí. ¿Y si iban al centro de la ciudad, donde se estaban reuniendo todas las criaturas para intentar averiguar qué era lo que las había atraído hasta Crossroads, aunque no se dieran cuenta de que Aden era la fuente de aquella atracción, y secuestraban a una bruja?
Abrió unos ojos como platos. Secuestrar a una bruja, interrogarla, conseguir las respuestas y... ¡Bum! El éxito. El hechizo mortal, terminado.
Le entraron ganas de bailar.
Claro que, ella nunca había secuestrado a nadie, y no tenía ni idea de cómo hacerlo. Sin embargo, pensaría en algo.
«¿Quién eres tú?».
La antigua Mary Ann nunca habría sopesado un plan tan peligroso. Sin embargo, aquél era un mundo nuevo, y tenía que adaptarse. O morir. Y no estaba dispuesta a morir.
-Volviendo al tema de las brujas...
Después de que le hubiera explicado su plan a Victoria, la muchacha vampiro la miró por primera vez desde que habían entrado en la habitación, y asintió pensativamente.
-Excelente.
Ella sonrió.
-No creía que fueras tan mercenaria, Mary Ann.
Lentamente, la sonrisa se desvaneció.
-¿Qué quieres decir?
-Sólo que me parece bien tu plan. Secuestrar y torturar para conseguir información. Y después de la reunión, incluso podríamos negociar la liberación de nuestra rehén. Si las brujas prometen que no volverán a maldecirnos, la soltamos.
¿Y si se negaban a prometerlo? A Mary Ann se le encogió el estómago. Ella no estaba dispuesta a cometer un asesinato. ¿Y a torturar a alguien? ¡No! Ella sólo quería que la bruja les diera información a cambio de su libertad. Fácil, sencillo. Sin embargo, estaba claro que Victoria pensaba de manera distinta. Y el hecho de que pudiera recurrir a la brutalidad con tanta facilidad, y sin rastro de remordimiento...
«Primero, no te importaba que Riley se comportara de manera algo autoritaria, masculina. Segundo, Victoria es una muchacha vampiro, ¿no te acuerdas?».
Era hija de uno de los hombres más malos de toda la Historia. Y él la había criado durante ochenta años. Además, la misma Victoria había admitido que veía a los humanos como fuente de alimentación, ni más ni menos. La vida no tenía verdadero valor para ella. Además, las brujas no eran humanas, o al menos eso creía Mary Ann, y eran fuente de irritación para un vampiro. Seguramente, los vampiros acababan con aquellas irritaciones inmediatamente. Y dolorosamente.
Seguramente, así era como solucionaba las cosas Vlad el Empalador, y era lo que Victoria creía que debía hacer. Alguien debería haberle enseñado otra cosa.
Así pues, Mary Ann tenía otra tarea más. Enseñarle a Victoria el respeto por las otras especies. Con suerte, Riley no necesitaría aquella lección. No obstante, si la necesitaba, ella se la daría. No habría asesinatos a menos que fuera absolutamente necesario.
¿Absolutamente necesario?
«¿Quién eres tú?», volvió a preguntarse. ¿Y cómo se suponía que iba a enseñarles algo a una muchacha vampiro y a un hombre lobo, si eran mucho mayores que ella, y tenían una vida de experiencias que ella ni siquiera imaginaba?
-¿Cuándo va a despertar? -preguntó Victoria de repente.
Mary Ann salió de su ensimismamiento.
-Supongo que despertará cuando su cuerpo esté listo. El descanso le sirve para restablecerse.
-Ojalá... Ojalá pudiera transformarlo en vampiro. Entonces, su piel sería indestructible.
En realidad, Victoria tenía que desterrar aquella palabra de su vocabulario. La piel de un vampiro podía sufrir quemaduras si entraba en contacto con una sustancia lla mada je la nune; por lo menos, así la había llamado Aden. También había dicho que je la nurse era fuego sumergido en ácido, envuelto en veneno y salpicado de radiación. O algo así. Eso era lo que Victoria llevaba escondido en su anillo.
Qué manera tan dolorosa de morir... Mary Ann no estaba segura de si Aden preferiría eso a unos cuantos cortes y moretones, como los que tenía en aquel momento.
-Va a morir, ¿sabes? -dijo Victoria suavemente.
Había apoyado la cabeza en el pecho de Aden, como si estuviera escuchando los latidos de su corazón. El pelo, sedoso y negro, se le derramaba por los hombros y le cubría el brazo que ella había posado alrededor del estómago de Aden. Juntos parecían un anuncio de perfume para una revista.
-Je lo ha contado?
-¿Qué es lo que me tiene que contar? -preguntó Mary Ann-. Todos los humanos morimos.
-No. Él va a morir pronto.
Al principio, Mary Ann pensó que había entendido mal. Después se quedó paralizada.
-¿Cómo sabe que va a morir?
-Una de las almas que tiene en la cabeza es vidente. Predice la muerte.
-¿Y cuán-cuándo se supone que va a ocurrir eso? ¿Y cómo?
-Un puñal le atravesará el corazón. Cuándo, Aden no lo sabe... Sólo sabe que será pronto, como te he dicho.
Pronto, pero... ¿dentro de un día? ¿Una semana? ¿Un año? ¿Y de una puñalada en el corazón? Dios santo. Aquél era un modo de morir incluso peor que padecer el je la nurse. Realmente, Aden necesitaba una piel de vampiro.
¿Por qué no se lo había contado?
-¿Y por qué no puedes transformarlo en vampiro?
-Se han hecho algunos intentos con humanos en el pasado, pero ninguno salió bien.
-¿Y no podemos...?
-¿Impedir que suceda, sabiendo que va a ocurrir? No. Aparentemente, eso sólo empeoraría las cosas para él. Me dijo que detener una muerte, cuando ha sido predicha, no cambia el resultado, sólo la forma en que va a suceder. Y cuando cambia, ese resultado es mucho más espantoso.
Aden iba a morir pronto. ¡No! A Mary Ann se le cayeron las lágrimas.
-¿Y tiene que vivir sabiéndolo?
«No hables así. Seguramente se puede hacer algo por impedirlo».
-No lo sé. Pero no creo que yo pudiera. Es humano, pero es más fuerte de lo que yo llegaré a ser nunca.
Victoria trazó un dibujo sobre su corazón, pero Mary Ann estaba demasiado lejos como para saber qué era. Sin embargo, supuso que era el mismo dibujo que había hecho Victoria sobre la mesa de la cafetería.
-¿Y estás segura de que no puedes convertirlo en vampiro?
-Sí, estoy segura. Nuestra sangre es demasiado... diferente a la vuestra, y en dosis grandes, las que hacen falta para convertir a alguien en vampiro, causa locura y muerte a los humanos. Algunas veces, el vampiro que está intentando la conversión también muere, aunque nadie sabe por qué.
Aden nunca arriesgaría la vida de Victoria. Eso, Mary Ann lo sabía muy bien.
-Entonces, ¿cómo te convertiste tú en vampiro?
-Yo nací así. Mi padre fue el primero en cambiar. Verás, él era bebedor de sangre, y fue cambiando lentamente. Su piel se hizo más gruesa, y perdió el apetito de todo lo demás. Su cuerpo dejó de envejecer. Él hizo que sus hombres de confianza, y las esposas de éstos, bebieran sangre y cambiaran también. Después hizo que bebieran sus amados animales, los lobos. Ellos también cambiaron, y su descendencia puede transformarse en humana, como Riley.
-¿Y por qué no puede Aden beber esa sangre, la misma que bebieron tu padre y su gente?
-Él bebía directamente de otras personas, Mary Ann, y esas personas murieron hace mucho tiempo. Se convirtieron en polvo.
-Pero si Aden bebiera de otra gente, tal vez...
-Eso también se ha intentado, sin éxito.
Entonces, ¿no había solución? ¿Tenían que rendirse y ver morir a Aden? ¿Pronto? No. Eso no era posible. Mary Ann se negaba a aceptarlo. Debía de haber algún modo de salvarlo.
De repente, Riley salió del armario y captó su atención. Estaba completamente vestido. Tenía la ropa arrugada, rasgada y manchada de sangre, y tenía tierra en la cara y en los brazos.
-Ya está -dijo-. Nadie va a saber que ha muerto un príncipe en la habitación de Aden -añadió. Miró a Mary Ann, y después de asegurarse de que estaba bien, miró a Aden y a Victoria-. ¿Cómo está?
-Mejor.
Y, como si hubiera oído la pregunta, Aden gimió.
Tanto MaryAnn como Riley se acercaron rápidamente a la cama y se agacharon a su lado. Mary Ann le tomó la mano y se la apretó.
Victoria se incorporó y se puso de rodillas junto a Aden. Comenzó a darle palmaditas en las mejillas.
-Aden, ¿nos oyes?
Lentamente, él abrió los ojos, y sus iris de colores, una mezcla de marrón, verde y azul, enfocaron lo que le rodeaba.
-¿Victoria? -preguntó en un susurro.
-Estoy aquí. ¿Cómo te encuentras? ¿Quieres que te traiga algo?
Él frunció el ceño y ladeó la cabeza. Pestañeó, y el gesto ceñudo se intensificó. Entonces, asustó a todo el mundo.
-¡No! -gritó, y agarró a Victoria por los hombros para situarla tras él, mientras se ponía de rodillas como impulsado por un resorte-. ¡No la toques!
Mary Ann siguió su mirada, pero no vio a nadie.
-¿Aden?
-¿Por qué sigues vivo? -preguntó él-. Riley te mató. ¡Yo sentí tu muerte!
-Aden -dijo Victoria, tomándolo del brazo-. ¿Con quién estás hablando?
-Con el príncipe -dijo él-. Con el príncipe, que haría mejor en marcharse.
-¿Está aquí? -preguntó Riley.
-Sí.
-Pero... Eso es imposible. Está enterrado. Yo mismo acabo de hacerlo.