Las implicaciones de esta actitud van mucho más allá de la cuestión de erguirse correctamente. La técnica Alexander acentúa constantemente los medios que empleamos para lograr nuestros fines. Podría decirse que el objetivo de la técnica consiste en asegurar que nuestros medios sean siempre los mejores, racional y fisiológicamente, para el logro de nuestros fines. La persona individual es el instrumento para la realización de sus propósitos, y el estado de este instrumento afecta a su capacidad de delimitar y realizar propósitos. Muchos de nosotros nos dañamos y nos corrompemos en el intento de conseguir nuestros fines. ¿Es de extrañar que con frecuencia nuestros ideales y nuestras aspiraciones se corrompan también en el proceso?
En un artículo titulado «Logro de fines y medios útiles», Aldous Huxley lleva un poco más lejos la argumentación de Dewey:
Tenemos la intuición directa del valor de los ideales morales y religiosos más elevados, y sabemos empíricamente que los métodos aceptados para inculcar estos ideales no son muy eficaces. Los políticos pueden aprender reformas sociales en gran escala con el fin de mejorar el mundo, pero tales reformas nunca podrán producir más que una fracción de los buenos resultados que se esperan de ellas, a menos que los educadores descubran medios útiles por los cuales enseñantes y enseñados puedan poner en práctica sus buenas intenciones y practicar lo que predican. La construcción de este puente entre la teoría idealista y la práctica real ha resultado tan difícil que, hasta el momento, la mayor parte delos hombres y las mujeres se han limitado a eludir el problema.