Poseidón, un ejemplo perfecto de concentración y dirección

Esta imagen deprimente no tiene por que cumplirse. El organismo humano posee un mecanismo reflejo que, sin esfuerzo, sostiene el cuerpo contra la gravedad. Las instrucciones que aprendimos de Alexander se proponen «fortalecer» ese mecanismo, alterado por nuestro mal uso. En una palabra, la instrucción se convierte en cuestión de pensar: «¡Arriba!»

Consideremos un poco más detenidamente esta cualidad «fortalecedora» del pensamiento. En una de sus conferencias, Walter Carrington describió una escena familiar para casi todos los profesores de técnica Alexander:

El profesor dice al alumno: «Quiero que piense que su cabeza va hacia delante y arriba»: eso obviamente es una instrucción. Luego trata de explicárselo y mostrarle a qué se refiere. Finalmente, el alumno se vuelve y exclama: «Ah, ya entiendo, sólo quiere que lo piense, no que intente hacerlo». Y lo dicen en un tono que da a entender que. desde su punto de vista, hay todo un mundo de diferencia entre hacer y pensar... que hacer algo es una cuestión práctica, tangible, concreta y verdaderamente real, algo que todos podemos entender; en cambio, pensar en algo es una cosa más bien nebulosa, no efectiva, vaga y todo lo demás. En otras palabras, pensar en algo y hacer algo no están en el mismo nivel de realidad.

Carrington hizo estas observaciones en la introducción a un comentario sobre unas investigaciones que el profesor John Basmajian presentó en un artículo en la revista New Scientist, en el título de «Control consciente de células nerviosas individuales». Estas investigaciones sugerían la existencia de una relación entre pensamiento y acción mucho más estrecha de lo que hasta entonces se había supuesto. A fin de entender plenamente el trabajo de Basmajian, es necesario describir, siquiera someramente, la forma en que funcionan los músculos.

Los músculos se componen de gran número de fibras musculares y nervios motores. Cada célula nerviosa individual, o neurona motora, tiene su origen en la médula espinal. El axón, o conexión nerviosa, se extiende desde la médula hasta un haz de fibras musculares, donde se ramifica para establecer conexiones con una parte de cada fibra denominada placa motora terminal. La célula nerviosa, el axón y el haz de fibras (incluyendo la placa terminal) constituyen juntamente una unidad motora individual. La unidad motora es estimulada por un impulso eléctrico que se origina en el cerebro, recorre la médula espinal a lo largo del axón y da lugar a la contracción de su haz de fibras particular. La acción de los músculos es el resultado de la excitación coordinada de una pauta determinada de unidades motoras individuales.

Basmajian implantó en algunas unidades motoras individuales unos electrodos sumamente finos, conectados a un osciloscopio y a un amplificador de audio. De esta forma, podía registrar la pauta electro-contráctil de cada unidad motora. (Este proceso se conoce como electromiografía.) Así pudo comprobar que cada unidad manifestaba su propia pauta característica, que siempre podía distinguirse de las de otras unidades por su forma, por la distribución de los «picos» en el osciloscopio, y por el correspondiente «chasquido» registrado por el amplificador de sonido. Con esta información, Basmajian descubrió que la pauta de las unidades motoras individuales podía ser cambiada«sencillamente pensando en ella». La descarga eléctrica de las neuronas motoras individuales podía inhibirse o incrementarse a voluntad. En su informe explicó que «la mayoría de las personas llegaron a adquirir tal habilidad que eran capaces de producir distintos ritmos, tales como ritmos dobles y triples, ritmos galopantes e incluso complicados redobles».{33} Unos cuantos sujetos, entre los que se contaba el propio Basmajian, fueron capaces de poner en actividad unidades específicas sin ayuda del equipo de feedback. «Aun hoy», añadió, «no soy capaz de explicar cómo logré poner en actividad tres neuronas motoras distintas sin equivocarme, totalmente desprovisto de ayudas artificiales».

La creencia de Alexander en el poder «fortalecedor» de la instrucción consciente cobra mayor consistencia en el contexto de estas investigaciones. En su conferencia, Walter Carrington preguntó: «¿Cuál es la diferencia básica entre optar por marcar un ritmo determinado y pensar que dejaré ir la cabeza hacia delante y arriba?». No sabemos cómo funciona ninguno de estos dos procesos, pero, como añadió Carrington, «lo que resulta claro es que la reacción que se obtiene es una respuesta a un deseo, una respuesta a la volición».

Para trasladar la experiencia de la instrucción a un nivel consciente resulta casi indispensable trabajar con un profesor de esta técnica, pero el lector podrá obtener una impresión más práctica y específica si prueba a realizar el siguiente experimento. Preste atención a su mano derecha sin moverla en absoluto. Concéntrese en el dedo índice de la mano derecha como si tuviera la intención de apuntar ese dedo aún más en la misma dirección en que ya está apuntando, pero recuerde que no ha de moverlo. Mire hacia aquello que señala su dedo, sea lo que sea, y agudice su pensamiento de señalar esa cosa con el dedo. Este acto de atención por sí sólo puede haber producido un cambio en el tono muscular del dedo. Si sigue atento a su intención de apuntar con el dedo mientras continúa leyendo, probablemente advertirá que puede mantener el mismo grado, sutil pero acentuado, de tono muscular. Cuando no presta atención al dedo, el tono muscular disminuye, si bien es posible incrementarlo de nuevo a voluntad en cualquier momento. Con algo de práctica, el estado modificado del tono muscular puede mantenerse en el trasfondo de la conciencia mientras sigue leyendo o realizando cualquier otra actividad. Aunque esta demostración afecta solamente a una parte aislada de la musculatura, ayuda a ilustrar la naturaleza de la relación entre atención y tono muscular que es la clave de lo que llamamos instrucción.

La poderosa capacidad instintiva de erguirse se ve claramente en esta familia de leopardos.

El «estiramiento» de un impala en el plano horizontal.

La atención es muy distinta de lo que solemos denominar concentración. La concentración se asocia a menudo con un estado de tensión incrementada, que se manifiesta en el ceño fruncido y cambios en la respiración, casi como si uno estuviera intentando mantenerlo todo en su lugar a fin de poder concentrarse totalmente en cierto aspecto de lo que le rodea. La atención, en el sentido de Alexander, implica una conciencia equilibrada de uno mismo y del entorno, con la posibilidad de destacar tranquilamente lo que nos parezca relevante en un momento dado.

Frank Jones comparó este proceso con el uso de focos en un escenario iluminado: el entorno general es visible, pero ciertas partes reciben mayor énfasis según su importancia respectiva. Alexander descubrió que la mayoría de las personas no son capaces de dirigir la atención y, en consecuencia, muestran una «divagación mental» o bien una concentración excesivamente tensa. Aprender a aplicar las instrucciones, en el sentido de Alexander, representa una experiencia de valor incalculable para controlar la propia capacidad de atención. La atención puede convertirse en algo que utilizamos con facilidad, sin que nos represente un esfuerzo.

La extraordinaria capacidad de instrucción de Mikhail Baryshnikov explica su aparente poder de flotar suspendido en el aire.

A fin de ayudar a los estudiantes que tienen dificultades para concentrar la atención, algunos profesores de técnica Alexander recurren a prácticas de imaginación y visualización creativa. Por ejemplo, a un alumno se le puede pedir que visualice su cabeza flotando libremente como un globo, o que se imagina que su espalda sonríe. Estas imágenes no son más que herramientas para utilizar en una situación o un momento determinados. La visualización creativa no sustituye a la instrucción, pero puede servirle de valioso complemento.

Un fascinante estudio llevado a cabo por el psicólogo Alan Richardson demuestra el poder de la visualización. Richardson eligió tres grupos de personas al azar y midió su habilidad en el lanzamiento de tiros libres a la canasta de baloncesto. Luego, durante los veinte días siguientes, el primer grupo dedicó veinte minutos diarios a entrenarse en el lanzamiento de tiros libres; el segundo grupo no practicó nada, y el tercer grupo tampoco practicó, pero sus miembros dedicaron veinte minutos diarios a visualizarse a sí mismos encestando la pelota. Al cabo de los veinte días, Richardson midió de nuevo su habilidad. El primer grupo había mejorado su rendimiento en un 24 por ciento, el segundo grupo no mejoró y el tercero, el grupo de los que visualizaban, mejoró un 23 por ciento. Posteriores experimentos en el tiro de dardos y otras actividades arrojaron resultados semejantes.

Dado que todas las visualizaciones o pensamientos producen efectos fisiológicos inmediatos, lo que se piense resulta sin duda importante. Deslindar lo que se piensa de lo que se quiere es un proceso increíblemente complejo. La técnica Alexander no permite clarificar nuestros pensamientos e integrar nuestros deseos por arte de magia, pero sí dirige la atención hacia la importancia de este problema y nos ofrece un método para trabajar en él.

El cuerpo recobrado
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