FINES Y MEDIOS

El propósito de Alexander era descubrir un método para enfrentarse con un problema de hábitos y de cambio. En primer lugar, trató de cambiar su hábito directamente, poniendo la cabeza hacia delante y arriba, porque suponía que era capaz de hacer lo que creía estar haciendo. Cuando descubrió que no era así, se dio cuenta de que ese supuesto era engañoso, y de que solamente lograría cambiar sus hábitos si consideraba el organismo como un todo. Comprendió que una relación equilibrada entre cabeza, cuello y torso organizaría el resto de su sistema, y vio también que esa relación equilibrada no podía obtenerse más que por medios indirectos. En lugar de concentrarse directamente en su objetivo (pronunciar una frase), Alexander tuvo que detenerse primero a inhibir su respuesta habitual. Y para que la respuesta habitual se mantuviera inhibida tuvo que practicar el mantenimiento de instrucciones conscientes.

Mientras perfeccionaba este método, Alexander descubrió que era necesario «mantener abiertas las opciones» durante el momento crítico. En otras palabras, vio que era necesario detenerse otra vez a reconsiderar conscientemente el objetivo que quería alcanzar. En ese momento, podía elegir entre:

(1) no responder al estímulo

(2) hacer algo distinto, como alzar un brazo, o bien

(3) seguir adelante con su propósito original y pronunciar la frase. Cualquiera que fuese la alternativa elegida, había que seguir manteniendo las instrucciones para que el nuevo Uso no se perdiera. Alexander halló que la experiencia que había adquirido manteniendo las condiciones necesarias para su nuevo Uso cuando elegía una de las dos primeras opciones también le servía para mejorar su capacidad de mantenerlas cuando elegía la tercera opción, la original. Una práctica continuada le llevó finalmente al punto en que su instrucción consciente y razonada podía imponerse a la instintiva y no razonada.

Este procedimiento demuestra que Alexander se preocupó siempre por el proceso que llevaba a su objetivo y no por el objetivo en sí, enfoque que difiere del que ordinariamente suele adoptarse cuando se trata con el mundo material. Todos sabemos que la forma de hundir un clavo en un pedazo de madera es dándole con el martillo directamente en la cabeza. El problema surge cuando nos aplicamos esta manera de pensar a nosotros mismos, sobre todo si tratamos de producir algún tipo de cambio. El enfoque característico de un profesor de danza que empuja hacia abajo el hombro excesivamente elevado de un alumno, o el de un sargento instructor que grita «¡Barbilla encogida, pecho fuera!», son de escaso valor y muy probablemente producirán un desajuste de compensación en algún otro punto del cuerpo.

Arqueros zen japoneses: atención al «medio por el cual»

Somos seres tan complejos que hemos de estudiar cuidadosamente los medios que empleamos para alcanzar cualquier objetivo. Alexander descubrió que casi todos dejamos que nuestro objetivo inmediato domine el campo de nuestra atención, actitud que denominó «del logro de un fin», o método de la «pista cerebral única». Si pretendemos cambiar nuestros hábitos mediante el método «del logro de un fin», los músculos que habitualmente realizan un acto se activarán automáticamente, con lo que un estímulo como la idea de «pronunciar una frase» dará como resultado un mal uso del organismo.

Al método indirecto de cambio, Alexander lo llamó «el enfoque del medio por el cual», que cabe definir como «una conciencia de las condiciones existentes, una consideración razonada de sus causas, la inhibición de las respuestas habituales y la realización conscientemente dirigida de la serie indirecta de pasos necesarios para alcanzar el objetivo».{34} Dicho escuetamente, el método de Alexander trata de la forma de lograr inteligentemente nuestros fines. En Naturaleza y conducta humanas, Dewey hace referencia a la misma cuestión:

Recientemente, un amigo me hizo notar la existencia de una superstición compartida incluso por las personas cultas. Éstas suponen que si a uno se le indica qué debe hacer, si se le hace ver el fin correcto, lo único que hace falta para producir la acción correcta es voluntad o deseo por parte de quien ha de actuar... Me señaló que esta creencia es equiparable a la magia primitiva, en cuanto olvida atender a los medios implícitos en la consecución de un fin ... Podemos citar este ejemplo ... Una persona con un mal hábito postural se dice, o le dicen, que debe enderezar la espalda. Si la persona está interesada y responde, se prepara, acomete ciertos movimientos y ya se da por supuesto que el resultado apetecido se ha logrado en gran medida... Consideremos los supuestos que intervienen aquí. Se da por sentado que los medios o condiciones efectivas para la realización de un propósito existen con independencia del hábito establecido, e incluso que pueden activarse contra la oposición del hábito ...

Una persona que no se tiene en pie de manera correcta se forma el hábito, positivo y sólido, de estar en pie incorrectamente. La suposición generalizada de que su error es meramente negativo, de que consiste sólo en no hacer las cosas bien, y de que el error puede remediarse con una orden de la voluntad es insostenible ... Se han establecido condiciones que dan lugar a un mal resultado, y el mal resultado persistirá en tanto existan tales condiciones ... Es tan razonable pretender que un fuego se apague cuando así se lo mandan como suponer que una persona pueda adoptar una postura erguida mediante una intervención directa del entendimiento y la voluntad. Naturalmente, algo ocurre cuando una persona actúa basándose en su idea de lo que es estar erguida: por algún tiempo, adopta una postura diferente, pero no por eso menos mala. La desacostumbrada sensación que acompaña a su postura desacostumbrada se toma como prueba de que ahora está «bien» de pie. Pero hay muchas maneras de estar mal de pie, y esa persona sólo ha cambiado su manera habitual por otra manera compensatoria que está mal en algún otro punto.

Dewey no llegó a resolver del todo este problema del «logro de un fin» hasta que estudió con Alexander. Fue Alexander quien le proporcionó los medios concretos para producir un cambio, lo que permitió concluir a Dewey:

Debemos dejar incluso de pensar en estar erguidos. Pensarlo es fatal, pues nos somete a la acción de un hábito incorrecto ya establecido. Debemos encontrar un acto a nuestro alcance que esté desconectado de la idea de estar erguido. Debemos empezar haciendo otra cosa que, por una parte, nos impida adoptar la mala postura habitual (inhibición) y, por otra, sea el comienzo de una serie de actos que puedan conducir a la postura correcta (instrucción).

Mientras uno no se toma los actos intermedios lo bastante en serio como para tratarlos como fines, todo intento de cambiar de hábitos es una pérdida de tiempo. De los actos intermedios, el más importante es siempre el siguiente. El primero de la serie es el fin más importante que hay que descubrir ...

Solamente cuando el fin se convierte en medio se lo puede concebir con claridad, o definirlo intelectualmente, o sencillamente puede ser realizable ... Aladino con su lámpara mágica podía prescindir de convertir los fines en medios, pero nadie más puede permitírselo.

El cuerpo recobrado
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