Carlos descruzó los brazos.
—No.
No podía ayudar a esa mujer loca si estaba decidida a continuar metiéndose cada vez más profundamente en ese lío. Joe sería capaz de usar cualquier recurso, incluso a Gabrielle, para aproximarse a los Fratelli.
En cuanto a Tee… sería mejor no entrar a considerar las formas ilimitadas en que usaba un recurso cuando caía en su campo. Todo el equipo estaba comprometido en la tarea de derrotar a los Fratelli, y Carlos los lideraría gustosamente, pero no estaba dispuesto a poner a esa mujer en medio de una misión.
—Entonces, como dicen aquí en Estados Unidos… estáis jodidos —dijo Gabrielle con contundencia.
—¿Quieres que otra joven resulte herida? —la presionó Carlos.
—No, pero indudablemente como mínimo con mi plan estaríais entretenidos. —Gabrielle se frotó los ojos con manos elegantes, una acción femenina y suave que Carlos interpretó como una señal de vulnerabilidad—. Pero al menos deberías considerar…
—¿Qué? —preguntó Hunter.
Gabrielle colocó la mandíbula de una forma que indicaba que estaba cansada de que Hunter la interrumpiera.
—Escuchemos tu plan —le dijo Joe, poniendo fin al debate.
—Merci. —Gabrielle miró a Carlos con ojos inseguros.
Se relamió los labios de una manera muy delicada, como aprendida en clases de buenos modales. Ondas de cabello castaño le caían en mechones despeinados, sin dirección y rozándole los hombros.
Sus rasgos eran demasiado delicados como para que pudiera ser una criatura peligrosa.
Parecía demasiado cansada para resultar amenazante.
A él lo inundó la urgencia de llevarla a una habitación donde pudiera echarse y descansar. La observó pasar del miedo a la indignación y después al miedo otra vez. Definitivamente no estaba entrenada para aquello.
¿Qué iba a hacer con ella?
De pronto, una confianza que él no le había visto antes asomó a su rostro.
—Los sistemas de contabilidad de la escuela necesitan una mejora urgente —comenzó Gabrielle—. Los libros están abiertos a revisiones de cuentas externas durante un tiempo cada año a principios de noviembre para el informe fiscal de todos los inversores.
—Espera un momento —la interrumpió Hunter—. Creí que habías dicho que no podía entrar nadie de fuera de la escuela. Pero ¿dejan entrar a los auditores?
Gabrielle suspiró y le dirigió una mirada penetrante y cansada.
Carlos no podía esperar para ver el desarrollo de aquel plan. Advirtió que cuanto más cansada y hambrienta estaba Gabrielle, más la ponían a prueba.
—Sois muy observadores a la hora de recordar mis palabras exactas —le dijo Gabrielle a Hunter con una voz refinada que hubiese llamado al orden a la Guardia Real—. Sin embargo, si me dejarais terminar un pensamiento os explicaría por qué incluso si pudierais llegar a entrar como auditores eso sería completamente inútil.
—Continúa entonces. —Rae torció la boca en un medio intento de contener la risa.
Gabrielle retomó la explicación donde la había dejado.
—Una firma de contabilidad exterior tiene que pasar la misma prueba de investigación, de hecho una más difícil todavía, porque debe ser escogida con un mínimo de seis meses de antelación. Si vuestra falsa auditoría fuera escogida, lo cual sería un verdadero milagro, no tendríais acceso hasta como mínimo al cabo de un mes. Y si pasáis la prueba, vuestro equipo estaría bajo constante escrutinio, y confinado al departamento de contabilidad. Sin duda eso es una forma de tener las manos atadas para cualquiera que pretenda investigar de forma encubierta otras áreas, lo cual significa que toda la misión resultaría una pérdida de tiempo total. Espero haber satisfecho vuestro estéril interrogatorio.
Hunter le respondió poniendo los ojos en blanco y haciendo un gesto despectivo con la mano.
—Continúa.
—La auditoría tiene lugar entre el 12 y el 15 de noviembre, pero el Consejo de Directivos requiere una auditoría previa la última semana antes de que a los auditores externos les sea otorgado el acceso.
—¿Este fin de semana? —preguntó Gottliard.
Gabrielle asintió.
—Entonces ¿cuál es tu idea? —Hasta el momento Joe no mostraba ninguna señal de inclinarse hacia un lado o a otro.
Ella se puso las manos en la cintura con descaro a pesar de estar hablando con el jefe.
—Sus sistemas informáticos tienen la urgente necesidad de ser modernizados. Ellos están evitando afrontar el problema en la medida que eso significa permitir a alguien el acceso a sus archivos.
—¿Y eso en qué sentido nos ayuda? —Korbin sonaba poco convencido.
Gabrielle explicó:
—El año pasado estuve discutiendo con la escuela acerca de un programa que permite a una persona sincronizar todos los archivos electrónicos en un día o dos. Si se introdujera cuidadosamente un virus en el sistema, sus ordenadores se cerrarían y reaccionarían como si el sistema entero se hubiera venido abajo, cuando en realidad sería tan solo un fallo de administración.
Korbin golpeteó con los dedos sobre la superficie de la mesa, con los oscuros ojos muy concentrados.
—Si son tan estrictos como tú dices, quién sabe cuántas semanas tardaríamos en encontrar la forma de entrar al sistema sin ser detectados para provocar ese fallo.
—De hecho, puedo decirte exactamente cuánto tardaríamos —respondió Gabrielle sin vacilar.
Carlos advirtió la nota de confianza en su voz. Aquel era su territorio, pero ella todavía tenía que convencer a Gotthard y a Hunter de que podía producirse una brecha en el sistema de la escuela. Incluso él era consciente de la complejidad de lo que ella estaba sugiriendo.
—Quieren el programa que configuré especialmente para ellos —añadió—. La única forma de obtener la entrada rápida a la escuela sería introducir un gusano en su sistema de contabilidad, puesto que todo en una auditoría gira en torno al dinero. Tan pronto como eso ocurra creo que ellos contactarán conmigo, ya que yo tengo un pasado con la escuela y una autorización previa.
—Podemos introducir un gusano en sus sistemas —confirmó Gotthard—, si podemos acceder a ellos.
—Eso parece muy improbable —murmuró Hunter.
Carlos no creía que aquella fuera una opción viable si Hunter y Gotthard dudaban de poder entrar en los ordenadores de la escuela. Y no había forma de que lograran infiltrar a alguien si lo que ella había descrito acerca del veto a los extraños, era cierto.
—No tiene nada de improbable. Se puede hacer. —Gabrielle asintió, luego se volvió hacia Joe—. Pero solo si aceptáis un trato conmigo.
—¿Qué trato? —preguntó Joe.
—Yo os ayudaré a acceder a los archivos de la escuela si vosotros me aseguráis que no me entregaréis a la Interpol ni a la policía secreta de ningún otro país y además intentáis encontrar a Linette.
Carlos apretó los dientes. Ella no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Si hubiera podido amordazarla para evitar que se metiera en un lío cada vez mayor lo habría hecho.
¿Realmente creía que Joe la dejaría salir de allí a condición de que ella consiguiera acceder a los ordenadores de la escuela?
Joe le preguntó:
—¿Cómo sabemos que realmente serás capaz de hacerlo?
—Creo que tengo una cosa para ti —intervino Gotthard—. Tú ibas a clases con Linette, ¿verdad?
—Sí. —Ella sonaba cansada e impaciente.
Gotthard alzó la vista hacia Joe.
—Linette era brillante. Su perfil indica que tenía un coeficiente intelectual de superdotada. Era un genio. —Gotthard miró a los ojos a Gabrielle—. ¿Cuál es tu coeficiente intelectual?
—Es dos puntos más alto.
Cuando ella alzó esos bellos ojos desafiantes hacia Carlos, él solo vio a una mujer.
No a una informante. No una amenaza a su mundo.
Tan solo una mujer que podía sangrar y morir.
Él no la pondría en peligro.
Joe habló.
—Estoy convencido de que tu plan tiene su mérito, pero solo si mi gente puede entrar.
Eso estaba mejor, pero Carlos dudaba de que Gabrielle cediera con tanta facilidad, y efectivamente no cedió.
—Eso es imposible con el poco tiempo que tenéis —rebatió Gabrielle—. Yo puedo haceros entrar en el campus porque soy una alumna a la que conocen, pero lo más importante… La razón por la que puedo ayudaros a entrar en sus ordenadores es porque cuando configuré los actuales programas incorporé una puerta de entrada trasera en sus sistemas. Sin mí no tendréis ninguna oportunidad.
Eso era cierto. ¿Cómo conseguiría Carlos convencer a Joe de que no la usara?
—¿Y crees que te vamos a dejar hacer esto a ti sola?
—No —admitió ella.
—Así que volvemos a ver que el plan no funciona. —Carlos esperaba que ella se reconociera derrotada, y no que alzara la barbilla con actitud desafiante.
—Puedo hacer que entre alguien conmigo como guardaespaldas —sugirió Gabrielle, con voz confiada y tomando velocidad.
—Tendría que ser alguien con una gran habilidad para la informática.
—No, no es necesario —se apresuró a contestar.
Hunter hizo el amago de protestar, pero Carlos se lo impidió.
—Dejemos que se explique.
La mirada de gratitud que le dirigió Gabrielle le hizo sentir una especie de caricia en el corazón.
—Necesito a alguien que pueda parecer un guardaespaldas y que no sea conocido en los círculos aristocráticos, como es vuestro caso, supongo —le dijo ella a Hunter.
Carlos sonrió. Lo había pillado. Parte de la utilidad de Hunter para BAD tenía que ver con su habilidad para conseguir acceder a los criminales ricos.
Hunter gruñó, y luego inclinó la cabeza, dándole la razón.
—Si nadie sabe nada acerca de tu vida secreta como Espejismo, ¿por qué la escuela iba a creer que necesitas protección? —preguntó Korbin.
—Yo también puedo responder a eso —dijo Gotthard sin levantar la vista del ordenador mientras seguía tecleando—. Porque… ella no es solo Gabrielle Saxe. Ya tengo el informe completo de sus huellas dactilares.
Ella se cubrió la cara con las manos y gruñó.
Gotthard leyó de la pantalla:
—Es Gabrielle Tynte Saxe, heredera de la dinastía de los Tynte, y fue víctima de dos ataques a su vida antes de desaparecer tras el divorcio.
Carlos pestañeó. Notaba que ella tenía un estatus superior al de la media, pero ¿resultaba que toda su familia venía de un linaje imperial?
Estaba muy arriba en la jodida cadena alimenticia de la realeza.
—Me dijiste que no había nada especial o diferente en ti. —Carlos esperó a que ella se destapara la cara antes de seguir—. Cuando cuentas una mentira es una trola tremenda. Ahora tenemos más razones para mantenerte protegida bajo custodia.
—¡No! —Sus ojos se llenaron de pánico. Se volvió hacia Joe—. Puedo entrar dentro del colegio con uno de vosotros… mañana mismo.
—Estaríamos poniendo a una ciudadana civil en peligro y además arriesgando a nuestra gente si hacemos eso —argumentó Carlos. No le gustaba nada la forma en que Joe parecía estar considerando la oferta.
—Desperdiciaréis la mejor oportunidad que tenéis para conseguir respuestas sobre Mandy y las otras adolescentes y averiguar quiénes son los Fratelli —contraatacó ella.
—Es difícil rebatir eso —dijo finalmente Joe.
—Pero no os ayudaré a menos que hagáis un trato conmigo. —Las cejas castañas de Gabrielle bajaron acentuando una mirada testaruda. Siguió adelante antes de que Carlos pudiera impedirlo—. Haré cualquier cosa que sea necesaria para ayudaros si me prometéis buscar a Linette y liberarme en cuanto esté dentro y comprobéis que no soy una criminal.
Joe ni tan siquiera vaciló.
—Trato hecho.