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Investigar no era lo suyo.
Todo estaba en Internet y, de todas formas, para comentar un disco o valorar un concierto tampoco era necesaria la espeleología musical.
Esta vez había tenido que hacerlo.
Y tampoco había sido muy complicado.
Marc Torras estaba en una clínica, rehabilitándose. Gabi Muñoz había dejado su piso de Madrid. Silvio Paz vivía en los Pirineos y tenía un estudio en su casa. Y Gonza tocaba en el Jambore algunas noches a la semana, pero le había colgado el teléfono cuando quiso hablar con él.
La información de Ignacio Enríquez era cierta.
El notición del año era suyo.
¿Cuántas exclusivas podían darse en el mundo de la música?
La respuesta era simple: pocas. Una o ninguna.
Néstor Pujalte leyó lo que llevaba escrito.
Primero, el titular:
ARDE EL CIELO: EL REGRESO DE LÁGRIMAS DE COCODRILO
Después el texto del artículo, en bruto, a falta de ir redondeando aquí y allá. Ya le habían prometido un espacio en la portada. Lo nunca visto, salvo que actuase el dios Springsteen:
Dijeron que volverían cuando el cielo ardiese. Pues bien, el cielo está ardiendo, y de qué forma. Las llamas van a abrasarnos. Más aún: van a convertir la música de los próximos meses en un verdadero horno porque ellos, los grandes entre los grandes, el grupo que redimensionó el rock español, vuelve por la puerta grande.
Lágrimas de Cocodrilo anuncian disco y gira.
En medio de un gran secreto, por lo cual no hay apenas detalles relevantes salvo la propia noticia, Silvio, Gabi, Marc y Gonza regresan en el mismo punto donde lo dejaron hace doce años. El tiempo se ha encargado de curar las heridas y lavar la deteriorada imagen que dejaron en su adiós. Sin el malogrado Pau Rocamora, perdido en el camino, el grupo ha decidido poner fin a su separación. Y lo harán con toda su fuerza, con un álbum y una gira que les devolverá al primer plano del rock nacional y, muy posiblemente, internacional.
Todo hace pensar que en las próximas semanas la banda iniciará la grabación de su nuevo material. Y sabiendo lo minuciosos que eran, estamos seguros de que no se contentarán con un puñado de simples canciones. No vuelven para hacer revival ni vivir del pasado. Podrían, pero no es su estilo. Vuelven para ofrecer el máximo de su potencial. Posiblemente también cuente el dinero. Las cajas registradoras ya suenan. Después de la separación las carreras de los dos líderes, Silvio Paz y Gabi Muñoz, no acabaron de despegar pese a las expectativas iniciales. Sus siguientes discos en solitario apenas si despertaron interés. Gonza Iriarte desapareció hasta acabar tocando aquí y allá con otros músicos, mientras que los problemas de salud apartaron por completo de la circulación a Marc Torras, ahora internado en una clínica de rehabilitación para superar su adicción al alcohol antes de reunirse con sus compañeros.
Fuentes no oficiales mencionan otoño o comienzos de invierno para la posible aparición de su disco de regreso y la programación de su primera gira, que se convertirá en el acontecimiento musical del año. Todo dependerá de la armonía de su reencuentro y de si las viejas heridas se han curado. Sería triste que, tras las expectativas desatadas, algo se torciera a última hora.
La carrera de Lágrimas de Cocodrilo comenzó en…
Dejó de leer.
Estaba casi bien. Quitar algunas repeticiones, añadirle algo más de dramatismo, acentuar el tema económico y poco más. Para el fragmento de portada, mejor las palabras «leyenda» y «míticos». A la gente le gustaban las leyendas. Y a cualquiera que llevara quince o veinte años de vida activa ya le colgaban lo de artista «mítico». Un término recurrente. Lo importante era engordar la historia.
Toda una exclusiva.
—Puntazo —dijo en voz alta.
Le había prometido a Ignacio Enríquez esperar.
Reservárselo para el momento adecuado.
Inocente.
Cualquier periodista sabía que el momento adecuado siempre es ahora.
—Gilipollas… —sonrió malicioso pensando en el jefe de promoción de Karma Discos.
Siguió escribiendo en el ordenador. Le quedaban unas veinte líneas de espacio para sintetizar la carrera del grupo y hablar de sus éxitos, mencionar otra vez al muerto por sobredosis y redondearlo todo con los toques finales.
Y tenía tiempo.
Casi una hora.
Mucho tiempo para hacerlo bien y dar forma al artículo del año dentro del mundo de la música.